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Sociedad Civil

 

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UNA HISTORIA DEL VOLUNTARIADO DESDE LA MIRADA DE SUS PARADIGMAS
Por Oscar García

 


Existen por lo menos dos maneras de contar la historia del Voluntariado.
Una se refiere a aquella historia nominal que hurga en los orígenes del Voluntariado en la Argentina, pivotando en nombres y fechas y poniendo la lupa en la conformación y la actuación de las primeras instituciones de bien público, desde las cuales esta práctica se iba a desarrollar.
Es una historia que se remonta a los orígenes coloniales mismos, continúa sumida en los vaivenes de la organización institucional del país, y va atravesando - no con pocos sobresaltos- las demás épocas hasta nuestra contemporaneidad.
Esa historia rica en nombres, acontecimientos y fechas resulta de conocimiento imprescindible si deseamos entender esta realidad del Voluntariado del nuevo milenio en nuestro país.
Pero hay otra historia, cuyo conocimiento resulta también esencial.
Es la historia de las ideas subyacentes; de los paradigmas conceptuales sobre los cuáles el Voluntariado fue levantando sus torres.
Esas ideas rectoras - que pujan detrás de los hechos concretos que siempre han constituido la sustancia del Voluntariado - fueron y son su verdadera esencia.
Lejos de ser inamovibles, estos paradigmas fueron de lo más dinámicos, reflejando juicios y prejuicios de cada época, y constituyendo la identidad del Voluntariado de hoy.
Veamos un breve y seguramente incompleto repaso de esas fuerzas conceptuales que lo modelaron.
El Voluntariado nació en la Argentina - y esto es bueno reconocerlo y aceptarlo - como una manifestación del más puro asistencialismo material y cultural, donde aquellas personas que podían - es decir que tenían buena posición, educación, solvencia económica, tiempo libre y sobre todo muy buen corazón- se ocupaban de dar algo a aquellos que nada tenían, todo lo necesitaban, poco sabían.
El Voluntario era fácilmente diferenciable del beneficiario; una brecha - a veces muy grande- se encargaba de mantener las posiciones en su lugar.
Era un Voluntariado de "arriba hacia abajo", donde la reciprocidad no era moneda corriente, excepto como manifestación de gratitud.
Este se ligaba, además, a una idea "moralizadora" de la pobreza y la marginalidad: "cuando los pobres se eduquen; cuando estos desvíos se corrijan, entonces la sociedad será igualitaria... etc."
Este paradigma marcó nuestro Voluntariado durante muchísimo tiempo y como sucede con las corrientes fuertes -que retroceden pero difícilmente desaparecen - sobrevive y convive hoy con nosotros, aunque en retirada.
Junto con esta idea, hubo otra que la acompañó desde un ángulo diferente pero del todo crucial, ya que constituyó un pilar en la identidad del Voluntariado. Esa idea decía: el Voluntario debe darlo todo; sin recibir nada a cambio.
Este pensamiento posicionó rápidamente al Voluntariado como algo necesariamente puro, como la práctica de un sacerdocio, en el cual resulta entonces impensable
no sólo imaginar una retribución económica, sino mencionar que el Voluntario podía disfrutar tanto del Voluntariado como de cualquier otra práctica placentera, o recibir a cambio satisfacciones tan grandes como las que daba.
Esta combinación de dos paradigmas tan fuertes, influyó directamente en la configuración del cómo cotidiano del Voluntariado: apolítico, "puro", con notable diferenciación entre Voluntario y Beneficiario y necesariamente... silencioso.
Sí; el silencio fue siempre un elemento madre en la historia del Voluntariado en la Argentina: había que dar, había que hacer, había que servir... mas no había que contarlo.
Pero lo inexorable del tiempo y lo político de las relaciones humanas, dinamizaron estos paradigmas con el combustible del debate y el motor de la contradicción; y así en esta última mitad del siglo pasado (el XX), varios fueron los cambios.
En principio, el Voluntario comenzó a recuperar su derecho a recibir.
Esta ganancia, esta aceptación del placer blanqueó de alguna manera el disfrute de ser Voluntario y colocó esta actividad en el listado de lo que puede hacerse no sólo por sacerdocio; sino también... por placer.
Se puede hablar entonces de una alegría de ser Voluntario, de una regla que dice que lo único que un Voluntario no puede recibir a cambio es dinero, pero todo lo demás está permitido !!!!
Esto, compatibilizado con la responsabilidad de ser un buen voluntario, le cambió virtualmente el rostro al Voluntariado.
Pero lo más importante estaba aún por venir: hace relativamente poco tiempo, el Voluntariado fue redescubierto en la - tal vez - principal de sus ideas fuerza: si antes se valoraba al Voluntariado por el bien que este le hacía a la sociedad; ahora se descubrió que también es valioso el Voluntariado por el bien que este les hace... ¡a los propios Voluntarios!
Este salto cualitativo lejos de un juego con palabras resume toda una nueva visión del para qué del Voluntariado en la sociedad actual: no sólo ya para hacer cosas concretas, para actuar generar y hechos (la escuela pintada, la plaza recuperada, el plato de comida servido, etc.); sino que lo constituye en una herramienta más - tal vez no la más importante; tal vez no la mejor, pero herramienta al fin - para trabajar sobre personas que ya han quedado fuera de buena parte de los circuitos de la sociedad (los circuitos económicos, culturales, de consumo, ciudadanos, etc.) y en los que la practica del voluntariado social puede operar de puente; puede favorecer una reinserción social que de agravarse - sabemos- convierte la vulnerabilidad en marginalidad.
A estas personas cuya gran mayoría son jóvenes y jóvenes pobres a las que la sociedad ya les ha dicho NO de muchas maneras, el Voluntariado puede decirles SI.
SÍ; háganse Voluntarios, que eso no sólo significa "hacer cosas", sino que puede ser una importante escuela de ciudadanía.
A este "Voluntariado de Reinserción" todavía hay que construirlo, hay que desarrollarlo, apuntalándolo teóricamente y dándole sustento desde lo operativo.
Pero es fundamental ponerlo en marcha cuanto antes.
Así, en el camino de su evolución, el Voluntariado moderno se encontró frente a una paradoja: para poder avanzar debía dejar atrás una certeza y aceptar convivir con una contradicción.
En efecto, en el Voluntariado antiguo había una certeza: para ser Voluntario había que estar preparado; no cualquiera podía serlo ya que era necesario - como se dijo- posición, cultura, algo de status y sobre todo estar en situación de "disponibilidad" y no de "necesidad".
Hoy en día, el Voluntariado moderno convive con ésta, su contradicción inherente; en un extremo: para ser Voluntario sólo hacen falta dos cosas: tiempo y ganas.
Con ellas, cualquiera puede ser Voluntario; sea rico, pobre, analfabeto, marginal o universitario.
Este mensaje es ideológicamente muy fuerte, porque coloca las condiciones para ser Voluntario al alcance de todos y elimina para siempre al Voluntario Modelo, diluyéndolo en la más absoluta diversidad de rostros, habilidades, procedencias y saberes, sólo ligado a estos dos factores unificadores: tiempo y ganas.
No importa cuanto tiempo, mucho o poco; no importan cuantas ganas, muchas o pocas: el Voluntariado es para todos, no solo para algunos.
En el otro extremo, esta contradicción se manifiesta también plena: Cuidado; cualquiera puede ser Voluntario, pero NO cualquiera es de por sí un buen Voluntario.
Y es que habida cuenta de la complejidad de los procesos sociales de estos tiempos, ser un buen voluntario es cada vez más difícil ya que el voluntario está cada vez más exigido, cada vez más urgido por respuestas precisas y seguras; cada vez más necesitado de una permanente capacitación, cada vez mas actualizado, cada vez más comprometido, cada vez más...
Pero lo importante es que esta contradicción inherente con la que el Voluntariado carga a cuestas, es su propia fuerza dinamizadora, que amplía la base a un máximo (todos pueden ser Voluntarios) y perfecciona cada vez más la cima de su pirámide (para ser buen Voluntario hay que capacitarse cada vez más); y no al revés.
Incompleta sería esta historia - aunque vale aclarar que hemos resumido y generalizado a un máximo- si no mencionáramos cuales son los desafíos futuros que producto de ella se han generado.
En principio, creo que el Voluntariado tiene en nuestro país un doble desafío, hacia dentro y hacia fuera de sí mismo.
Hacia dentro el Voluntariado tiene dos campos para explorar y desarrollar: uno es aquel que tiene que ver con investigar y reposicionar los Valores que lo sustentan, y otro es lograr aquellos mejoramientos de su propia Tecnología, esa que lo hace más operativo, más eficiente.
Veo a ambos - Tecnología y Valores- como los dos principales campos a desarrollar; como vela y timón del futuro Voluntariado.
Hacia fuera, existen otros dos desafíos: Comunicación y Posicionamiento Ideológico.
En lo primero, el desafío es doble: aumentar desde ya la Comunicación de lo mucho que el voluntariado hace en silencio por la sociedad, pero sobre todo romper el círculo autoreferencial: esta muy bien que los que ya estamos en el tema sigamos leyéndonos unos a otros, pero es fundamental entrar en oídos nuevos, en aquellos ámbitos distantes: en el ámbito empresarial, en la política, en los negocios, en la educación, en el arte, en el espectáculo, en los adolescentes, en los pueblos, en la gente de campo... que todos oigan de qué se trata...
Posicionar ideológicamente al Voluntariado es todavía un desafió mayor.
Creo que ello puede hacerse - debate mediante - desde dos lugares clave: por un lado la Diversidad ya que el Voluntariado nace y vive necesariamente diverso; no hay un Voluntariado mejor que otro, sino muchos, porque todas las fórmulas valen si son respetuosas de la dignidad y del crecimiento mutuo de las personas ya que la homogeneidad es en el Voluntariado su debilidad; y las diferencias su fortaleza.
Por otro mostrar a quienes lo miran como salvavidas social o herramienta partidaria, que - aunque colabore a hacerlo - el Voluntariado no está para resolver problemas sociales porque el Voluntariado NO es respuesta
El Voluntariado - en cambio - es pregunta (pregunta a la sociedad cómo hacer las cosas de otra manera) y aún imaginando el mejor de los mundos posibles - un soñado mundo sin guerras, sin hambre, sin enfermos, sin odios- el Voluntariado seguirá existiendo, porque su existencia no está ligada a la resolución de los males sociales, sino a esa irrefrenable necesidad que tenemos los que nos llamamos humanos de comunicarnos, de compartir, de ayudar, de tocar, de hacer... en fin, de Ser con el Otro, que -sin dudas - es mi otro yo.

Fuente: Prof. Oscar García - http://www.iniciativasocial.net/historiavol.pdf
Fragmento de fotografía de la galería de Paco CT en Flickr (cc).

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