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La Participación y los Niños más Pequeños

Gerison Lansdown

La autora es consultora independiente sobre los derechos del niño. En este artículo reta a opiniones ampliamenteextendidas sobre la necesidad de los niños pequeños en asuntos que les afectan, argumentando que, además de que tienen todo el derecho a hacerlo, es un elemento importante en su desarrollo, que les ayuda a aumentar su autoestima, confianza, así como a fortalecer su resiliencia y habilidades sociales.

Niveles de participación

Los niños pueden participar en los asuntos que los afectan a distintos niveles. Cuanto más profundo es el nivel de participación, mayor es la influencia que pueden ejercer en lo que les ocurre y mayores son también sus oportunidades de desarrollo personal. Las siguientes categorías presentan un cuadro general de tres diferentes niveles de participación. Todos ellos exigen la voluntad de escuchar a los niños y de tomarlos en serio, pero cada uno distingue distintos tipos de intervención concreta. No obstante, es importante reconocer que los límites entre un nivel y otro raramente son del todo nítidos y que numerosas iniciativas pueden abarcar más de un nivel.

Procesos de consulta

Las consultas se llevan a cabo cuando los adultos reconocen que los niños tienen sus propias opiniones y experiencias, que pueden representar una valiosa contribución para afrontar las cuestiones que los afectan. La disponibilidad para realizar consultas refleja la toma de conciencia, por parte de los adultos, de que no poseen toda la pericia necesaria para ocuparse adecuadamente de los niños. Por ello crean mecanismos para sacar a luz la perspectiva de estos últimos, a fin de utilizarla luego para influenciar e impregnar las leyes, políticas y prácticas relacionadas con la vida infantil. Por lo general, los procesos de consulta se caracterizan por:

• ser iniciados por adultos;
• estar guiados y administrados por adultos;
• carecer de cualquier posibilidad de control de los resultados por parte de los niños.

Aunque el alcance de participación efectiva que permiten es limitado, estos procesos desempeñan, pese a todo, un papel apreciable ya que incorporan los puntos de vista de la niñez en ámbitos que, por lo demás, están dominados por los adultos.

Procesos de participación

Los procesos de participación brindan a los niños la oportunidad de intervenir activamente en el diseño, implementación, monitoreado y evaluación de proyectos, programas, investigaciones o actividades. Tales procesos se caracterizan por:

• ser iniciados por adultos;
• desarrollarse en colaboración con los niños;
• proporcionar a los niños el poder de influenciar o cuestionar tanto los procesos, como sus resultados;
• permitir a los niños niveles cada vez mayores de acción independiente con el paso del tiempo.

Este nivel de participación infantil, aunque puesto en marcha por los adultos, brinda a los niños la oportunidad de compartir con ellos el poder y de desempeñar un rol significativo en la configuración de las actividades en las que se ven involucrados. Los procesos de participación pueden desarrollarse en ambiente preescolar, escolar, familiar y en el marco de proyectos relativos a la infancia. Pueden, asimismo, encontrar aplicación en las decisiones o actividades relacionadas con cada niño en particular, como por ejemplo en los tratamientos médicos. Además, es posible transformar los procesos de consulta en procesos de participación donde a los niños:
• se les permite identificar cuáles son las cuestiones de mayor pertinencia;
• se les brinda la oportunidad de contribuir a elaborar la metodología seguida en la investigación;
• se los invita a que representen el papel de investigadores;
• se los involucra para intervenir en discusiones sobre resultados obtenidos, en la interpretación de los mismos y en sus implicaciones para actividades futuras.

Procesos autónomos

Los procesos autónomos son aquellos en los que los niños mismos toman la iniciativa y no se limitan simplemente a cumplir con un plan de acción establecido por los adultos. Se caracterizan por:

• la identificación de las cuestiones de interés por parte de los niños mismos;
• la participación de los adultos como facilitadores más que como guías;
• el control del proceso por parte de los niños.
En estos procesos, los adultos respetan la capacidad de los niños de plantear sus propias inquietudes y establecer su propio orden de prioridades, así como el diseño de las estrategias.
Esto implica el compromiso de crear una alianza auténtica con los niños en la que los adultos desempeñan funciones clave, por ejemplo como consejeros, asesores, defensores, administradores y recaudadores de fondos.

Descargar artículo completo:

Fuente:
Bernard van Leer Foundation
Revista Espacio para la Infancia N°14
http://es.bernardvanleer.org




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