“Manos dibujando” del pintor holandés M.C. Escher. El artista ha querido demostrar el engaño del dibujo, en donde cada mano dibuja a la otra y no se sabe cómo tal cosa es posible; este dibujo tiene una solución espiritual y es: hay alguien que dibuja… Ese alguien es el sujeto de la autoconciencia quien ha logrado salir del engaño presente en el mundo de las apariencias mediante el aprendizaje y el conocimiento. Este sujeto libre es capaz de poner o quitar el papel del dibujo según nos dicen las tachuelas que sostienen este papel. Es la libertad de intervenir en la realidad.
La Gestión de conocimiento y la auto-conciencia
Si por conciencia entendemos nuestra lucidez respecto a la realidad, nuestro “estar enterados” de ella, ¿qué es pues la auto-conciencia?
Diremos que durante la reflexión, tenemos la opción de desdoblarnos en: un sujeto que pregunta, y otro sujeto que responde; durante la acción, tenemos la opción de desdoblarnos en: un sujeto que dirige, y otro que actúa. Se produce entonces un diálogo interior.
La auto-conciencia es la conciencia que tenemos de que en nuestro interior existen dos sujetos en funcionamiento y de que uno de ellos es el director. ¡Es la conciencia que tenemos de nuestra propia conciencia!
Esta auto-conciencia sucede con la separación que hacemos de nosotros mismos, la distancia que tomamos, respecto al mundo objetivo; la auto-conciencia sucede con la conciencia que tomamos de nuestra relación con el mundo, con la que tomamos de nuestro propio ser como personas, de nuestra conducta, de nuestros actos, nuestros pensamientos y sentimientos, como podría ser de nuestro lenguaje por ejemplo o de nuestra cultura; y también de nuestros deseos e intereses.
La auto-conciencia trae consigo el dominio propio y con ello un dominio sobre el resto de lo existente. Trae la capacidad de dirigir.
La Gestión de conocimiento es “un proceso que facilita e incentiva dinámicas de aprendizaje para a) enriquecer o producir nuevos conocimientos desde la experiencia de la gente; b) contribuir a mayores oportunidades de autogestión y bienestar; c) organizar, administrar y difundir permanentemente los recursos de conocimiento tanto existente como adquirido.” (GNTP, 2007)
La relación de la Gestión de conocimiento con respecto a la auto-conciencia consiste en que la auto-conciencia “dirige” la gestión.
El valor del conocimiento está en su relevancia. Creemos que su valor más cierto está en su relevancia histórica.
La experiencia histórica demuestra que los recursos existen y se encuentran latentes en la conciencia de los hombres; dichos recursos se van explicitando en la medida en que se busca responder las interrogantes planteadas por la vida específica de cada sujeto individual o colectivo. Este es pues, el Norte de cualquier Gestión de conocimiento, un conocimiento que tiene valor.
Conocer nuestra historia interna nos permite “desandar” las configuraciones de vínculos en las que estamos insertos inconscientemente. Nos permite liberarnos de las determinaciones y conocernos a nosotros mismos en nuestra singularidad. Este conocernos nos da poder e independencia para no ser ya “víctimas” pasivos de la realidad, sino sujetos activos que pueden operar sobre ella, que pueden generar las situaciones en vez de sufrirlas.
Vincularse a alguien es reconocerse y tener un sentido de sí mismo específico.
Por ejemplo, el caso de una “madre que no está nunca presente o que no acude a los llamados de su hijo, la tonalidad emotiva de pérdida, abandono y desamparo serán seleccionadas en él…a ese niño su particular vínculo familiar le ha seleccionado y amplificado una tonalidad emotiva de pérdida. Todo su desarrollo emotivo se hará en esa línea, es decir, el niño va a diferenciar las otras tonalidades emotivas confrontándolas con la pérdida. Así la tonalidad emotiva de alegría es la ausencia de pérdida. El miedo, la anticipación de una pérdida. La tristeza, la vivencia de la pérdida, etc. Todas las emociones son diferenciadas desde esta tonalidad básica…”
(Fundamentos teóricos del enfoque Post-Racionalista, El vínculo humano y la construcción de la identidad personal, Alfredo Ruiz, http://www.inteco.cl/articulos/001/doc_esp10.htm)
Es de esta manera que de no conocerse a sí mismo el sujeto actor del conocimiento, de no tener distancia de sí mismo, de no ser auto-consciente, trasladará su subjetividad inmediata al conocimiento producido. Es el caso del efecto Pigmalión o la profecía autocumplida: El observador vicia la realidad que observa con su propia mirada.
Para lograr una auto-conciencia más perfecta, una mirada más pura con la cual mirar la realidad, es necesario entonces conocer la propia historia y desandarla. Luego de lograr esto, se tiene acceso al cultivo de los conocimientos que yacen latentes o “tácitos” en la conciencia, los cuales el proceso de la producción de conocimiento se encargará de “explicitar”.
Según la ciencia: la demanda que la Historia nos plantea, este cultivo de las potencialidades de nuestro interior, esta construcción de nuestro ser específico, nuestra identidad y singularidad, como individuos y como grupos, es el sentido de nuestra existencia. No hay nada más allá por lo cual haya que preocuparse. Este es el guión a seguir.
La producción de conocimiento y la auto-conciencia
En el Modelo Occidental de generación de conocimiento, esta está basada en la capacidad intelectual de las organizaciones; en él la creación y aprendizaje de conocimiento nuevo tiene su origen en las Preguntas, Cuestionamientos, Problemas o Necesidades de las personas, grupos u organizaciones, los cuales dan lugar a un conjunto de ideas en la búsqueda de las respuestas adecuadas. El fundamento del Modelo Oriental está en la experiencia de los sujetos que conforman dichas organizaciones; busca la transformación del conocimiento tácito individual en conocimiento explícito colectivo.
Para los investigadores Ikohiro Nonaka e Hirotaka Takeuchi, existen cuatro formas de conversión de conocimiento; cuatro etapas que constituyen el motor del proceso de la creación de conocimiento.
En la primera etapa, llamada de Socialización, sucede una “sintonización”. Puede ser que la auto-conciencia esté ausente, es decir que el sujeto del conocimiento viva una experiencia “inmediata” de la cual más tarde se distanciará para decodificarla; o bien puede que el sujeto sea auto-consciente en cuyo caso sabe con anterioridad que más tarde decodificará su experiencia actual. La auto-conciencia en sí es una experiencia continua de conocimiento explícito como fondo y sirve para tener dominio sobre la experiencia de turno.
En esta primera etapa la experiencia más bien “inunda” al sujeto, el conocimiento se encuentra sobreentendido “fomentando” ser descifrado.
Se transfieren las experiencias y se comparten caminando y conversando, observando, imitando; es en un nivel tácito a tácito.
Pasando de tácito a explícito, en la segunda etapa, la Externalización, se genera conocimiento nuevo. Hay conocimiento conceptual. Se ha objetivado la experiencia. Este conocimiento se expresa por medio del lenguaje común, se traduce a conceptos, analogías, metáforas, mapas y modelos. Aquí la auto-conciencia se presenta como un estado de vigilancia activa. El sujeto conocedor es director de sí mismo en el proceso de la elaboración activa del nuevo conocimiento. El sujeto participa en la elaboración desde su singularidad y formula una opinión personal, distinta y propia de él, acerca de la experiencia.
En la tercera etapa hay una conversión de conocimiento explícito a explícito: la Combinación, se sistematizan los conceptos con el conocimiento ya almacenado y la información disponible por medio de operaciones mentales colectivas. Se acumula e integra el conocimiento; se lo transfiere y difunde; se lo edita y publica. En pocas palabras se lo comparte. En esta etapa la auto-conciencia inserta el conocimiento dentro del conocimiento de la Realidad en tanto que una configuración. Aquí el conocimiento es sistémico.
La cuarta etapa es la de la Internalización. Existe una conversión de explícito a tácito. Se da una apropiación del conocimiento nuevo dentro del sujeto. El sujeto “utiliza” lo generado; lo aplica en la acción. Aprende haciendo y produciendo. En esta etapa la auto-conciencia trabaja evitando que el sujeto se aliene, se enajene en un conocimiento operativo. Si se enajena no hay para él crecimiento ni mayor cantidad ni calidad de “ser”; él no se desarrollará por el solo hecho de hacer u operar; debe ser un director consciente de su propia educación, si no, no hay sentido.
La estrategia es una herramienta de dirección que facilita la adaptación de la organización a un entorno turbulento y que garantiza la proactividad para evitar ser sorprendidos por los cambios constantes. O bien es una vía para cumplir las metas organizacionales.
Entendemos que la misión de un grupo es saludable cuando: 1) logra la unidad entre los miembros del grupo, 2) logra cumplir la tarea para la que fue convocado el grupo, y 3) logra desarrollar las potencialidades de los miembros del grupo.
La auto-conciencia conlleva la sugerencia de que cada persona individual es un actor social y como tal ha de lograr ser su propio director: un estratega.
La meta de que cada persona en sí sea un director en la medida de sus posibilidades, es la mejor estrategia para el desarrollo sostenible de las instituciones. Un liderazgo tal reconoce los méritos cabales del más capaz sin relegar a un segundo plano a los otros miembros del grupo; por el contrario, está promoviendo la construcción de sus capacidades, vale decir el proceso del aprendizaje.
Es nuestra convicción que por Derechos Humanos, ninguna persona, individual o colectiva, debiera ser relegada solo a un nivel operativo de la tarea. La adquisición del conocimiento y el aprendizaje en la exploración de la realidad, son ejes fundamentales alrededor de los cuales ha de girar la vida de la institución, y la dirección de sí mismo en este proceso es un derecho inalienable.
El auto-conocimiento y la esencia del método
La construcción de una identidad, tanto colectiva como individual son fines en sí mismos porque traen auto-realización. Esta construcción requiere del conocimiento y un proceso de aprendizaje en forma continua. Cualquier individuo y organización pueden optar por esta construcción como misión.
La dimensión tácita del conocimiento contempla un aprender en donde este es el proceso de descubrir lo que “sabes pero que no sabes que sabes”. Educar en tanto que la construcción de capacidades viene del latín “educere”, sacar y desarrollar lo que está adentro. Cuando se lo apropia en forma consciente se vuelve explícito y hay entonces un conocimiento nuevo. Así, entendemos que el Desarrollo socio-económico en sí ha de buscar el cultivo de las potencialidades latentes en la conciencia humana, pues la civilización toda es según lo demuestra la experiencia histórica, una empresa espiritual, entendiendo por espíritu, claro está, la conciencia. Nuestra intención es afirmar que la cultura proviene de potencialidades inherentes a la conciencia humana y no de otro lado por cierto.
Toda vez que la mirada del observador de un fenómeno puede producir cambios en este por efecto de la “profecía auto-cumplida”, pondremos al observador bajo su propia mirada, vale decir aplicaremos los principios de la distancia científica a su interioridad para así poder intervenir en todo lo observable, y no ser víctimas de una fragmentación de la Realidad en dos: un sistema estudiado por un lado y un observador “no-examinado por la ciencia” por el otro. Esta distancia del observador respecto de sí mismo resulta en la auto-conciencia.
Consideramos que el investigador debe contar con la opción de mirarse a sí mismo si ha de lograr no perturbar sus objetos de estudio.
La auto-conciencia, en tanto que un determinado grado de conciencia respecto a la propia conciencia, es una mirada a la propia mirada.
Un alejamiento del mundo circundante incluido el sí mismo del observador, sin enajenarse de él, un sustraerse de su fascinación por el escenario y los actores pero sin perder contacto con ellos, generan un magnetismo que es inherente al fenómeno del ostracismo. Este magnetismo de la mente, esta “atracción”, es PODER sobre el escenario y los actores.
Cuando el observador es dueño de sí mismo en semejante grado, es libre de ejercer o no influencia sobre lo observado. Puede decidir no perturbar su objeto de estudio para ser objetivo, o bien puede decidir intervenir para realizar algún cambio como actor social.
La llave es el auto-dominio del actor, científico u observador. Dominar los propios deseos, y… “no tener precio alguno”, como valores rectores.
Así, la esencia del método consiste en la capacidad de desdoblarse en mirada y observador. Esta capacidad es condición necesaria e indispensable para que el nuevo conocimiento obtenido no sea un regodeo intelectual aislado sino relevante a la Historia, la cual incluye un observador libre de sí mismo desde que ha tomado la distancia necesaria para contar con dicha libertad.
Cuando Víktor Frankl plantea el interrogante del sentido de la existencia en su Logoterapia, trae un giro dialéctico al problema: explica que no es el hombre quien debería buscar la respuesta a este interrogante, sino que paradójicamente, es la vida quien presenta los interrogantes al hombre. Luego, nos señala que el interrogante que la vida nos presenta puede ser contestado únicamente, si asumimos nuestra vida con responsabilidad. Nuestra respuesta, pues, es activa. Pero más aún solo puede concretarse, puede lograrse si asumimos nuestra vida, nuestra existencia, nuestra existencia de aquí y ahora y en su especificidad. El asumir nuestra responsabilidad es el sentido de nuestra existencia humana.
Esta especificidad de los interrogantes de la vida respecto a cada uno de nosotros es la expresión de la Historia para cada uno de nosotros en forma particular. (Y tiene un premio: nuestro “destino especial”).
La intencionalidad es parte inherente del ejercicio de este sentido de responsabilidad que hemos de tener con estos interrogantes. Y la intencionalidad se distingue por ser consciente, deliberada, “actuada” al igual que en una obra. La obra es nuestra misión histórica en el escenario de la vida. Tal como hemos sugerido más arriba esta misión es la construcción de nuestro ser tanto individual como colectivo.
Proponemos entonces, que para intervenir en la realidad y producir un cambio, el sujeto y actor, debe tomar conciencia del sentido específico de su vida, del requerimiento específico que pesa sobre sus hombros, un rol según este guión de la Historia, que es responder a los interrogantes de la vida.
Estamos proponiendo “el poder de la verdad”, “el poder del carácter” y “la fuerza del ejemplo”, como factores de cambio que permiten intervenir en la configuración histórica de los hechos o lo que es lo mismo en la Realidad.
La “organicidad” es un concepto rico que exploraremos.
Significa entre muchas otras cosas que las acciones cuando actuadas han de ser psico-físicas, es decir “significadas” desde la intención; diremos que han de ser vivas.
En forma sutil, la mente proyecta la conciencia en el ambiente. Somos libres de decidir el contenido o la información que colocaremos en dicha conciencia.
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