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Carta a los Señores Reyes Magos

Por Alvaro Yunque



“Nadie se cura de su infancia”
León P. Fargue

Manuel pregunta:
- ¿Qué hacés, Poroncha?
- Estoy escribiendo una carta a los Reyes Magos.
- ¿A los Reyes Magos? ¿Estás loca?
- ¿Por qué?
- ¡Si no hay Reyes Magos! Y además, si hubiera, ¿sabés dónde viven?
- ¡En el Cielo, pues!


- ¿Y tu carta va a ir al Cielo?
- La voy a echar en el buzón que está a la otra cuadra de la Chacarita. ¿Quién te dice que un ángel ka vea y se la lleve al Cielo, a los Reyes Magos?
- ¡Estás loca de remate!
- Vos dejame escribir la carta. ¡Ya verás! Les pido una muñeca para mí y una pelota de fútbol para vos.
- Sí. Me voy a sentar esperando la pelota de los Reyes Magos. Me voy a hacer viejo esperando una pelota.
- ¡Ya verás!
- ¿Conocés al doctor Funes, el de la esquina? Ese me dijo que no hay Reyes Magos.
- Mamá dice que sí.
- ¿No te has fijado que a los chicos de familia ricas les traen juguetes costosos y a los de familias pobres no les traen nada o les traen una chuchería? ¿Sabés por qué sucede eso?
- ¿Por qué?
- Porque son los padres quienes compran los juguetes, los ponen en el botín que los chicos dejan en la ventana y dicen que fueron los Reyes Magos. Los padres ricos tienen dinero y compran juguetes caros, los padres pobres juguetes baratos o no compran nada. Además, ¿te acordás el año pasado que a vos te trajeron un vestido y a mi un par de botines?
- Sí.
- Fue mamá quien los compró. Una semana antes del 6 de enero yo se los vi en un cajón de la cómoda. No dije nada.
- ¿Por qué?
- Para que nos siguiera regalando. Si yo decía eso este año no traería. ¡Bueno! Este año no tendremos nada. ¿Sabés por qué? Porque este año mamá está sin trabajo. No puede gastar en regalos para nosotros. Ya nos dijo: este año los Reyes no pasarán por este barrio.
- ¿No pasarán? Y Pirulo, el hijo del almacenero de la esquina, me dijo que este año le van a traer un juego de platos voladores. ¿Por qué los Reyes Magos van a pasar para él y no para nosotros?
- Porque el padre de él gana mucho y mamá no gana. ¿Entendés?
- No importa – insiste Poroncha-, vos tendrás razón, pero y quiero escribirles al os Reyes Magos.
- Perdés el tiempo. Haceme caso a mí. Yo tengo doce años y sé muchas cosas que vos no podés saber todavía, vos sólo tenés siete años.
- ¿Siete? ¡No! ¡Tengo ocho!
- ¡Bah! Siete u ocho años es lo mismo. Sos una chiquilina.
- ¿Y vos te creés un hombre, Manucho, porque tenés doce años? Si de noche tenés miedo como yo, cuando mamá nos deja a oscuras para nos gastar luz.
- Yo no me creo un hombre, pero pronto voy a ser un hombre. A los quince años voy a ser un hombre.
- ¡Y yo, una mujer!
- Todavía te faltan siete años para los quince. Tenés que comer mucho pan todavía.
- ¡Bien! Dejame escribir la carta. Ves, ya tengo el sobre. Dice: “A los Señores Reyes Magos, Baltasar, Melchor y Gaspar en el Cielo”. Detrás pongo el remitente: Violante Torres o Poroncha. Calle Tupac-Amarú 5005, Buenos Aires, República Argentina. Pongo todos los datos para qué no se equivoquen.
- ¿Por qué no le ponés América, la Tierra, así les das más datos?
- Burlate, pero no te vas a burlar cuando te veas con tu pelota de fútbol. Ahora dejame escribir la carta.
- Escribila con buena letra – prosigue Manucho burlándose- Hasta luego, no hagas faltas de ortografía.
Y sale.
Poroncha escribe. Despaciosamente, en una hoja que arrancó de su cuaderno, escribe. De pronto, un borrón. Arruga la hoja de papel, la tira, arranca otra de su cuaderno y escribe.
- ¡Ya está!- Lee en vos alta:
“Señores Reyes Magos Baltasar, Melchor y Gaspar: Les escribo esta carta porque yo soy una chica pobre. Soy hija de la señora Clemencia que trabaja a veces de mucama donde halla trabajo. Les digo a veces porque no siempre  mi mamá tiene trabajo. Ahora, por ejemplo, está sin trabajo. Yo quiero que Uds. Me traigan una muñeca para mí y una pelota de fútbol para mi hermano. Mi hermano dice que no hay Reyes Magos, pero no importa. El es bueno a pesar de que dice eso. Lo dice porque el Dr. Funes, es doctor gordo de la esquina de casa, se lo dijo a él, y él lo cree porque se lo dijo un doctor. Yo no lo creo, señores Reyes Magos. Yo creo que Uds. Son buenos y que me van a traer la muñeca para mí y la pelota de fútbol para mi hermano. Yo soy estudiosa. Tengo ocho años, sé leer, sé la tabla de multiplicar hasta el 9 y empecé a hacer divisiones. Mi hermano también es muy estudioso y trabaja. Va al colegio y por la tarde trabaja de cadete en una librería. El lee muchos libros, pero dice que no hay Reyes Magos. También leyó en un libro esa mentira. Para que se convenza que sí, que hay Reyes Magos, tráiganle la pelota de fútbol sin olvidarse de traerme a mí la muñeca. Si hacen esto los voy a querer mucho, mucho, mucho, ¡muchísimo! Los voy a querer más todavía de lo que ahora los quiero.
Acabo aquí la carta para que no se cansen. Además ustedes tendrán que leer las cartas de todos los chicos pobres del mundo que les escriben, y eso es mucho trabajo. Me despido de ustedes, señores Reyes, deseándoles salud y que sean muy felices en el Cielo.
Violante Torres, ocho años (Poroncha)
N/Del otro lado del sobre está mi dirección”.
Poroncha cierra la carta, le pega una estampilla y sale a echarla al buzón. Cuando vuelve encuentra al hermano.
- ¿De dónde venís?
- De echar la carta para los Reyes Magos.
- Bueno. Ahora sentáte a esperar y hacéte vieja esperando. ¡Criatura!
- ¡Ya verás!
- ¿Qué voy a ver?
- Cómo te traen la pelota de fútbol para vos y para mí la muñeca.
- Si no estuviera ésta – y Manucho enarbola una deforme pelota de trapo-, ¡pobre de mí! No jugaría al fútbol en mi vida.
Policarpo Amaya es empleado de correos. Es un hombre silencioso, casi triste, trabajador. Viudo, vive solo en el cuarto de una casa de inquilinos. Ya las sienes le blanquean.
Está clasificando las cartas, para la capital, para las provincias… De pronto se detiene ante una. Lee, relee el sobre. Sonríe melancólicamente. En voz alta, repite lo leído: “A los Señores Reyes Magos Baltasar, Melchor y Gaspar en el Cielo”. Lo da vuelta y lee, relee: Remitente Violante Torres o Poroncha, calle Tupac-Amarú 5005, Buenos Aires, Argentina… Se dice: ¡Pobre chica! Queda un momento pensativo. Se rasca la cabeza. Vuelve a quedar pensativo. Y toma una resolución:
- Consultaré al jefe – se dice
Deja su asiento y va a ver al jefe.
- Buen día, señor Espino. Mire la carta que ha llegado.
El jefe también lee y relee el sobre, lee y relee la dirección al dorso.
- Se me ocurre una cosa- dice el jefe
- ¿A ver si es la misma que se me ocurrió a mí? – pregunta Policarpo Amaya.
- Abrila.
- ¡Justo! Seguramente es una chica que pide algo.
- Y posiblemente una chica pobre.
El jefe abre la carta. La lee. La estira al empleado para que la lea y dice.
- Se me ocurre…
- ¿Qué se le ocurre, jefe?
- Mañana, al salir de la oficina, vamos. ¿Qué le parece? ¿Me acompaña?
- ¡Encantado!
A la tarde siguiente Juan Espino y Policarpo Amaya, golpean con las manos en el zaguán de la casa Tupac-Amarú 5005:
- ¿Vive aquí una chica llamada Violante Torres?
- Sí, señor – responde la mujer que ha acudido-, se la traeré. Y entra gritando:
- ¡Poroncha! Dos señores te buscan.
Aparece Poroncha, detrás de Manucho, azorados.
- ¿Vos te llamas Violante Torres?
- Sí, señor, y él es Manucho, mi hermano.
- ¿Está tu madre o tu padre?
- Somos huérfanos de padre. Mi mamá fue al trabajo. Hoy encontró trabajo en una casa de la esquina. Si quiere la llamo.
- No hay necesidad- responde el jefe-; nosotros, él y yo, somos secretarios de los Reyes Magos Baltasar, Melchor y Gaspar. Recibimos esta carta – se la muestra-. ¿La escribiste vos?
- Sí, señor.
- Recibieron tu carta y nos entregaron una muñeca y una pelota de fútbol para ustedes. Aquí están.
Alarga los juguetes. Poroncha no acierta a estirar la mano para cogerlos.
- Tomá- dice Policarpo Amaya-, la muñeca para vos y la pelota de fútbol para vos.
Manucho es el primero que la coge.
- ¿Están contentos? – pregunta el jefe.
- ¡Sí, sí!- responde Poroncha.
- ¿No nos das un beso?
Poroncha besa a ambos. Manucho se adelanta y estira la diestra.
- Hasta la vista, chicos.
Los hombres salen. Ya en la esquina se dan vuelta y ven a Poroncha y a Manucho en la puerta de calle, mirándolos, sin salir aún de su asombro. Les hacen un saludo.
Cuando Juan Espino y Policarpo Amaya desaparecen, Poroncha dice a Manucho:
- ¿Has visto cómo hay Reyes Magos?...

 



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Publicación de Fundación UNIDA
Año 5 Número 52
Diciembre de 2008

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