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Editorial



“Las aflicciones que le sobrevienen a la humanidad a veces tienden a centrar la conciencia sobre las limitaciones. Esta es una verdadera prisión. La liberación viene al hacer de la voluntad, una puerta a través de la cual llegan las confirmaciones del espíritu”.

Aquiescencia Radiante
de Orcella Rexford

El modelo imperante se rige bajo lo consigna de que el progreso es sinónimo de satisfacción de necesidades materiales, de inclusión social entendiendo ésta casi exclusivamente como acceso al modelo de consumo.
Ya no es novedad saber que la “producción” para satisfacer el “consumo” ha crecido monstruosamente y no hay más abastecimiento.

El mundo se nos achicó. Como dice Lucio Capalbo (1) los grandes poderes tienen claras sus futuras estrategias y no descartan siquiera la idea de continuar la depredación en Marte, ya que satisfacer el creciente consumo (de pocos) compromete ya actualmente los ecosistemas y el alimento de muchos, y en poco tiempo será incompatible con la continuidad misma de la vida en la Tierra.

Gastamos miles de millones en analizar el suelo del planeta rojo para plantar soja, mientras cada 7 segundos un niño, un “ángel”, se muere de hambre en el Planeta Azul, que con un consumo frugal podría alimentar a 30.000 millones.

Somos presos de nuestras acciones. Y además de esto hemos perdido la capacidad de oír. Estamos cansados de seguir en esta melaza que nos envuelve y asfixia cada día más. Nos quita el aliento de vida. Y no encontramos la punta del ovillo.

Según estudios científicos el ártico, en cuanto área cubierta por hielos eternos, desaparecería en un lapso de entre 5 y 10 años. Y el agua del deshielo tiene mayor “albedo”, lo que significa que absorbe mucho más que el hielo los rayos del sol, lo cual contribuiría a acelerar calentamiento global.

Todo gracias a la lógica de la producción y el consumo, que ha ganado un posicionamiento enorme en nuestra mente.

¿Qué hacemos para contrarrestar el mal? Nos quejamos de las injusticias y de la tiranía de los poderes que desgarran la humanidad, nos rasgamos las vestiduras por la desdicha que nos ha tocado sobrellevar.

Ya suena por doquier el grito del marinero justo luego de haber chocado contra el témpano y comenzar el hundimiento del barco: “Sálvese quién pueda”.

Se salvará quién tenga el poder de ir a Marte, de pagar por un bote salvavidas espacial. Irá a Marte el que poco tiene para amarte, como dice Capalbo.

Es tan simple y tan complejo. Es fácil pensar y hablar del amor al prójimo, y la paradoja reside en lo difícil de ponerlo en práctica.

¿Cuál es la solución? Estamos siendo presos de nuestras acciones y también de nuestras reacciones.

Se atribuye a Albert Einstein la idea de que un problema no puede resolverse dentro de la misma lógica que lo genera. Se requiere de pensamiento lateral, de “hemisferio derecho”, de visión holística, de creatividad.

Todos los programas de “desarrollo”, toda la cooperación técnica internacional, todo el discurso político se dirige a “combatir la pobreza”, crecer para que todos lleguen a beneficiarse…

Nuestras principales quejas y preocupaciones se centran en lo económico, el discurso mediático nos presenta el mundo en esos términos y lo hemos –aquí bien se aplica el término- comprado muy bien.
Machacando siempre en el mismo clavo, se produce el efecto contrario, se incrementa la reacción adversa.

El problema de los recursos, el problema del ambiente, el problema de la equidad social, requieren de soluciones procedentes de un plano no material que las trascienda.
Una nueva “economía y ecología” mentales de la abundancia, basadas en valores espirituales, aquellos que al darse no se agotan sino que se multiplican, son necesarias.

Para ello, el “nosotros” debe desplazar al “yo” del centro de la escena.
Renacer en lo comunitario, y repensar desde allí lo organizacional, es la tarea urgente.


(1) Capalbo, Lucio. “Decrecer con Equidad”. En “El ReSignificado del Desarrollo”. CICCUS – UNIDA, Buenos Aires, 2008

Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar


 

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Publicación de Fundación UNIDA
Año 5 Número 49
Mayo/Junio de 2008
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