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Ciudadanía Mundial



Vaclav Havel:
Valores Esenciales para una Nueva Humanidad

Por Luis Eduardo Yepes


La humanidad está dando un nuevo paso,
y cada uno de nosotros puede participar en forma
consciente y activa en este esfuerzo planetario. 
Václav Havel nos da algunas ideas al respecto.

En Vaclav Havel la síntesis de vivencias y experiencias se convierte en activo compromiso con los destinos del planeta, compromiso que empieza con una inquebrantable lealtad al dictado de la propia consciencia.
Havel personifica al servidor de nuestro tiempo y al servidor de los tiempos venideros. Alguien capaz de fusionar en sí mismo un amor incondicional pero sin concesiones sentimentalistas (artista y hombre del Ser), una inteligencia crítica, aguda y profunda (intelectual y filósofo), y una voluntad manifestada en una acción efectiva, como lo fue su reconocida gestión como presidente durante trece años de la República Checa (antes denominada Checoslovaquia).

Las meditaciones y vivencias de Havel lo conducen a las mismas preguntas que nos hacemos millones de personas en todo el mundo: ¿Cómo entender el complejo mundo de hoy? ¿Cuál es el próximo paso que podemos dar nosotros y que debe dar la humanidad? ¿Por dónde empezar a forjar una visión tan universal que nos abarque a todos, aunque tan íntima y profunda que compenetre y comprometa hasta la última fibra de nuestro ser? 

“Soy consciente de cuán difícil es ser guiado en la práctica por los principios e ideales en los que creo. Pero no los he abandonado en forma alguna”.
[Summer Meditations, Vintage Books, Random House, New York, 1992, Preámbulo]

Martin Luther King y Gandhi fueron dos de los grandes prototipos en su momento porque percibieron el estado de ánimo, el sentimiento, la necesidad y el potencial de su pueblo y lo canalizaron hacia una positiva transición a través de un plan de acción definido y eficaz.  Desde entonces la humanidad ha experimentado drásticos cambios. El hombre de hoy, interconectado espiritual y tecnológicamente con toda la humanidad, y acosado por grandes peligros globales, empieza a reconocer la necesidad de unirse en torno a unos cuantos valores esenciales. Vaclav Havel responde intuitivamente a ese llamado y desde una consciencia amplia y profunda nos da ideas sobre cómo cimentar este trabajo en algunos valores universales.

“¿Qué podría cambiar las tendencias de la civilización de hoy? Mi convicción más profunda es que la única opción reside en un cambio en la esfera del espíritu, en la esfera de la consciencia humana, en la actitud actual del hombre hacia el mundo y su comprensión de sí mismo y de su lugar en el orden general de la existencia.  El invento de nuevas máquinas, nuevas regulaciones, nuevas instituciones no será suficiente. Cada vez que encuentro un profundo problema de la civilización en cualquier lugar del mundo –ya sea la tala de bosques, la intolerancia étnica o religiosa, la destrucción brutal de paisajes y lugares culturales creados a lo largo de centurias– en alguna parte al final de la cadena de causas siempre encuentro una causa única: la incapacidad para rendirle cuentas al mundo y la falta de responsabilidad frente a él”.
[Project Syndicate / Responsibility and the Spirit / http://www.project-syndicate.org/commentary/havel]

En esta época fascinante, compleja, llena de desafíos, oportunidades y cambios, las exigencias individuales y mundiales son cada vez mayores y los grandes problemas sociales, ecológicos y de convivencia cada vez apremian más. De los escritos y discursos de Havel hemos extraído ciertos valores esenciales para una nueva vida y una nueva humanidad: Verdad, Trascendencia, Identidad, Responsabilidad, Coexistencia y Practicidad. Lejos de ser valores fáciles, en Havel tienen un significado específico y hay que trabajar arduamente en uno mismo para comprenderlos, encarnarlos y aplicarlos.

 

VERDAD

¡Cuánta entereza se requiere para vivir en verdad en un mundo en donde todavía se campea tan olímpicamente la mentira!  Havel inspira credibilidad porque con entereza única expuso su vida y su libertad en aras de contribuir a la liberación de su país, Checoslovaquia. Considerado como disidente por el régimen soviético, pasó cerca de 5 años en cárceles y prefirió permanecer allí antes que negociar el exilio.  El “vivir en la verdad” en Havel es un acto de consciencia que implica la constante vigilancia de nuestras más arraigadas formas de engaño, propias o ajenas.

Uno de los más potentes ensayos de Havel, “El poder de los desposeídos”, pone en evidencia el demoledor alcance del pensamiento como herramienta de transformación individual y social.  Allí él expone su filosofía existencial y práctica del “vivir en la verdad”.  Aunque dicho documento fue su arma de lucha para contribuir a la liberación checa del régimen soviético, es tal su profundidad que al leer hoy en día ese ensayo uno se pregunta en qué medida sus observaciones se aplican también a los vacíos existenciales y sociales que provocan las condiciones de nuestra época.

“Una persona que ha sido seducida por el sistema de valores del consumo, cuya identidad se disuelve en una amalgama de atavíos de la civilización de masas, y que no tiene sus raíces en el orden del ser, ni ningún sentido de responsabilidad hacia nada por encima de su propia supervivencia personal, es una persona desmoralizada. El sistema depende de esta desmoralización, la hace mayor, y de hecho es una proyección de ella en la sociedad. Vivir en la verdad, como una rebelión de la humanidad contra toda posición obligada, es un intento por recuperar el control sobre el propio sentido de responsabilidad”. [El poder de los desposeídos].

Los objetivos básicos de la vida están presentes naturalmente en toda persona. En cada uno hay un anhelo de legítima dignidad de la humanidad, integridad moral, libre expresión del ser y un sentido de trascendencia sobre el mundo de existencia. Sin embargo, al mismo tiempo, cada persona es capaz, en mayor o menor grado, de aceptar el hecho de vivir en la mentira.  Cada persona sucumbe de alguna manera a la profana trivialización de su humanidad inherente, y al utilitarismo.  En cada persona hay algún anhelo de fundirse con la multitud anónima y fluir confortablemente en el río de la falsa vida. Esto es mucho más que un simple conflicto entre dos identidades. Es algo mucho peor: es un desafío a la noción de la identidad misma. [El poder de los desposeídos – Parte VI]

“El compromiso genuino con la verdad significa asumir una firme postura sin importar si trae sus frutos o no, si logra el reconocimiento universal o la condena universal, si la lucha por la verdad lleva al éxito o a la burla y oscuridad”. [Universidad de Michigan, Septiembre de 2000]

“Los seres humanos son coaccionados a vivir en la mentira, pero tal coacción sólo puede ocurrir porque de hecho son capaces de vivir en esa forma.  Por consiguiente, no solamente el sistema aliena a la humanidad, sino que al mismo tiempo la humanidad alienada respalda el sistema como su propio plan maestro involuntario, como una imagen degenerada de su propia degeneración, como un registro del propio fracaso de las personas para vivir como individuos”. [El poder de los desposeídos – Parte VI]
Masaryk nos recordó, con su ejemplo, que la única piedra angular válida y viable para una nación es la verdad. [Universidad de Michigan – Septiembre de 2000]

Vivir en la verdad tiene más que una mera dimensión existencial (el retorno de la humanidad a su naturaleza inherente), o una dimensión noética (revelar la realidad tal como es), o una dimensión moral (trazar un ejemplo para otros). También tiene una dimensión política. Si el principal pilar del sistema es vivir en mentira, entonces no sorprende que la amenaza fundamental a dicho sistema sea vivir en verdad. [El poder de los desposeídos - Parte VII]

 

TRASCENDENCIA

Cada día es más necesario ascender hacia una vivencia más profunda, a la que Havel denomina “consciencia trascendente”. Ella nos conecta con las más elevadas fuentes de inspiración y nos permite llevar ese caudal de energía a los asuntos humanos, empezando por nuestra propia vida. 

Sólo un lenguaje común, latente en todas las culturas y religiones, abierto a lo mejor del pasado y del presente, tiene el potencial para unirnos en torno a unos mismos objetivos. Hoy es más necesario que nunca aprender a “hablar” ese lenguaje común, ese lenguaje que el corazón comprende intuitivamente.  Y aunque la consciencia trascendente es innata en el ser humano, es necesario estar despiertos y abrirnos paso, con la determinación del mejor guerrero, hacia nuevos estados de percepción. 

Havel nos recuerda que hay que volver a aquellas verdades fundamentales que han pasado la prueba del tiempo, atesoradas por las más variadas culturas y religiones como patrimonio moral por excelencia e intuidas por el hombre de hoy en sus propios términos.  Realizaciones tan propias de cada uno, tan elevadas, tan simples, que forman parte del vínculo colectivo con “Aquello que nos trasciende”. 
“Es casi imposible encontrar una cultura que no se derive de la convicción en un misterioso orden superior al mundo, más allá de nuestro alcance, una alta intención, fuente de todas las cosas, una memoria elevada registrándolo todo, una autoridad ante la cual de una u otra forma todos somos responsables.  Ese orden ha tenido mil caras.  La historia humana ha conocido una vasta gama de dioses y deidades, creencias religiosas y espirituales, rituales y liturgias. 
“Sin embargo, desde tiempos inmemoriales, la clave para la existencia de la raza humana, la naturaleza y el universo, así como la clave para lo que se requiere de la responsabilidad humana, siempre ha estado en lo que trasciende a la humanidad, en lo que permanece sobre ella.  La humanidad debe comprender el respeto que esta relación implica, si quiere sobrevivir”.  
[National Press Club / Canberra / Australia, 1995 /, 1995 /TLY]

“La única esperanza real para la gente de hoy es, probablemente, la renovación de nuestra certidumbre de que estamos enraizados en la tierra y, al mismo tiempo, en el cosmos.  Tomar conciencia de ello nos confiere la capacidad para la auto-trascendencia.  En los foros internacionales los políticos pueden reiterar miles de veces que la base del nuevo orden mundial debe ser universal en cuanto a los derechos humanos, pero ello puede no significar nada en tanto ese imperativo no derive del respeto al milagro del Ser, al milagro del universo, al milagro de la naturaleza, al milagro de nuestra propia existencia.
“Sólo alguien que se someta a la autoridad del orden universal y de la creación, que valorice el derecho a ser parte y participante de ellas, puede valorarse genuinamente a sí mismo, a sus vecinos y honrar también sus derechos.  Lógicamente se sigue que en el actual mundo multicultural, la verdadera vía de coexistencia pacífica y de cooperación creadora debe comenzar en aquello que constituye la raíz de todas las culturas y que yace infinitamente inmerso en la profundidad de los corazones y mentes humanas y que, más que en opiniones, convicciones, antipatías o simpatías políticas, debe estar enraizado en la auto-trascendencia:

  • Trascendencia como mano tendida a aquellos cercanos a nosotros, a los extraños, a la comunidad humana, a todas las criaturas vivientes, a la naturaleza, al universo.
  • Trascendencia como necesidad profunda y gozosa experimentada al estar en armonía aún con aquello con lo que nosotros no lo estamos, con lo que no comprendemos, con lo que parece distante de nosotros en el tiempo y el espacio y con lo que, no obstante, nos sentimos misteriosamente ligados y unidos, constituyendo todos un único mundo.
  • Trascendencia como la única alternativa a la extinción”.
[Filadelfia, Julio de 1994.  Traducido por Esteban Ierardo]

IDENTIDAD

La búsqueda de la identidad individual es un proceso más intenso y complejo de lo que parece.  Implica arduas batallas con uno mismo, con las propias limitaciones y espejismos, hasta hallar poco a poco sendas hacia el descubrimiento de lo que realmente somos.  Pero es un proceso fascinante, porque a medida que se progresa se perciben indescriptibles formas de belleza, verdad y altruismo.

El concepto de identidad global surge a medida que nos esforzamos por hallar respuestas prácticas a preguntas concretas: ¿Cómo hacernos más conscientes de los principales desafíos de nuestra época? ¿Por dónde empezar a trabajar en la solución de los grandes problemas humanos con mayor amplitud de miras, con más coherencia global, con mayor unidad de propósito?

Todo hallazgo y realización en cuanto a la identidad planetaria nos capacita para hacer valiosos aportes a nuestra identidad nacional y regional, e igualmente enriquece las posibilidades de descubrimiento de nuestra identidad grupal e individual. 

La civilización global ya es un hecho incuestionable y la humanidad busca con apremio valores que le ayuden a alcanzar su propia identidad planetaria y por ende una mejor convivencia.

“La búsqueda de nuestra identidad, nuestra individualidad, de aquello que nos hace lo que realmente somos, siempre implica comprender aquello que es diferente. Como Presidente, tuve la oportunidad de verlo en muchas ocasiones. Siempre que en mis visitas a decenas de países en todos los continentes, me enfrentaba con otras naciones y sus culturas, otras esferas de la civilización y otros estilos de vida, pensaba qué poca modestia y qué poco respeto por ‘lo distinto’ nosotros, los europeos, demostramos. Creo que el mundo global al que estamos ingresando –el planeta envuelto en una única civilización interconectada– debe crecer a partir del respeto natural por las distintas identidades, distintas culturas y distintas instancias de ‘lo distinto’ y del compromiso con el principio de igualdad de todas esas culturas”. [Academia Universal de Culturas, París, 1 de febrero, 2001 / TNMY]

“Nuestra civilización tiene el desafío de comenzar a comprenderse a sí misma como una civilización multicultural y multipolar, cuyo significado no reside en socavar la individualidad de distintas esferas de cultura y civilización sino en permitirles ser plenamente como son. Esto sólo será posible, incluso concebible, si todos aceptamos un código básico de convivencia común, una especie de mínimo común que todos podemos compartir y que nos permita vivir en comunidad. Pero dicho código no será fructífero si es producto de unos pocos que intentan forzarlo sobre el resto. Debe ser la expresión de la auténtica voluntad de todos, debe surgir de las genuinas raíces espirituales que subyacen bajo la piel de nuestra civilización común”. [Universidad de Harvard, 1995]

“Un desafío para la civilización es comenzar a comprenderse a sí misma como una civilización multicultural y multipolar, cuyo significado no reside en socavar la individualidad de distintas esferas de cultura y civilización sino en permitirles ser plenamente como son. Esto sólo será posible, incluso concebible, si todos aceptamos un código básico de convivencia común, una especie de mínimo común que todos podemos compartir y que nos permita vivir en comunidad. Pero dicho código no será fructífero si es producto de unos pocos que intentan forzarlo sobre el resto. Debe ser la expresión de la auténtica voluntad de todos, debe surgir de las genuinas raíces espirituales que subyacen la piel de nuestra civilización común. Si se disemina a través de los capilares de esa piel del mismo modo en que algunos anuncian los avisos de Coca-Cola como un producto básico, un commodity, no se puede esperar que dicho código quede arraigado de un modo profundo o universal.
“Pero, ¿es capaz la humanidad de semejante esfuerzo? ¿No es una idea utópica? ¿No hemos perdido el control de nuestro destino hasta el punto de condenarnos a la extinción gradual en luchas cada vez más tecnificadas entre culturas debido a nuestra terrible falta de cooperación ante catástrofes inminentes, ya sean ecológicas, sociales o demográficas o ante peligros generados por el estado de nuestra civilización como tal? No lo sé. Pero no he perdido la esperanza, porque me convenzo una y otra vez de que en las profundas raíces de la mayoría de las culturas existe una similitud básica, un verdadero punto de partida para el nuevo código de convivencia humana, que se anclará firmemente en la gran diversidad de tradiciones humanas”. [Harvard Univesity / 1995]

 

COEXISTENCIA

Un hombre o un pueblo que se conocen poco a sí mismos en sentido profundo, que se identifican con lo que no son o se valoran erróneamente, son agentes conflictivos en su entorno, constructores de barreras.  Por el contrario, quienes ahondan en su ser, son agentes armónicos, creadores de puentes.  De ahí que cada persona que avance con firmeza hacia un mejor conocimiento de sí misma, está contribuyendo –en mayor proporción de lo que imagina– para la gestación de unas mejores relaciones con los demás y con la humanidad.

El sentido global solamente adquiere sentido cuando implica la transformación de nuestra humanidad en una civilización capaz de hallar fórmulas eficaces para la coexistencia. Pero la coexistencia planetaria no puede ser comprendida a menos que crezcamos en el sentido de la convivencia, en el respeto por el otro, empezando por la forma como nos relacionamos con nosotros mismos y con aquellas personas que tenemos a nuestro alrededor.

“La paz y la cooperación sólo son imaginables entre pueblos y naciones que saben quiénes son. Si no sé quién soy, qué quiero ser, qué quiero lograr, dónde comienzo y dónde termino, mis relaciones con los que me rodean, y con el resto del mundo, serán inevitablemente tensas, llenas de suspicacias y tendrán la carga de un complejo de inferioridad que puede ocultarse detrás de bravuconerías vistosas. La falta de confianza en uno mismo y las dudas sobre la identidad propia generan necesariamente una falta de confianza en los demás, la imputación de intenciones perversas al resto del mundo y, a la larga, una agresividad que puede imponer el dominio propio sobre aquéllos que no lo desean.  [Proyect Syndicate – Rusia: Conócete a ti misma]

“Las normas para la coexistencia humana en esta Tierra pueden funcionar solamente si parten de la experiencia más profunda de todos y cada uno, no simplemente de algunos.  Tienen que ser formuladas para que estén en armonía con aquello que todos nosotros –como seres humanos, no como miembros de un grupo en particular – hemos aprendido, con aquello que ha permanecido y perdurado”(1) .   [Discurso ante el Senado Francés, 3 de marzo de 1999]

 

RESPONSABILIDAD

Un valor fundamental que determina nuestra verdadera capacidad para responder con altura a los nuevos retos actuales es la responsabilidad.

“Siempre que me enfrento con un problema de la civilización actual, inevitablemente llego a la misma conclusión: el tema de la responsabilidad humana.  Esto no significa simplemente la responsabilidad de un ser humano hacia su propia vida o subsistencia, hacia su familia, su empresa o comunidad.  También significa la responsabilidad ante lo infinito y lo eterno, en una palabra, responsabilidad por el mundo.  En rigor de verdad, creo que el objetivo principal que debemos perseguir en esta era de la globalización es el sentido de la responsabilidad global”.  [Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Nueva York, EE.UU. 8 de septiembre, 2000].

“Debemos percibir con más intensidad que nunca, que no sólo somos miembros de nuestra familia, empleados o dueños de nuestra empresa, habitantes de nuestro pueblo o ciudad, representantes de nuestra profesión, miembros de nuestra asociación o partido e individuos de una nación sino también somos habitantes de la Tierra. Debemos comprender que hoy más que nunca el destino de cada uno de nosotros se ve afectado por el destino de toda la raza humana y, al mismo tiempo, que cada uno de nosotros tiene una mayor responsabilidad conjunta por el destino del mundo”. [Discurso de Año Nuevo a la República Checa / 1 de enero de 2000]

 

PRACTICIDAD

Si queremos ayudar a remediar los grandes problemas humanos, debemos ser realistas y prácticos.  Ante todo debemos observar estos problemas cara a cara, por desgarrador que sea el rostro del dolor.  Hay que pensar en profundidad y con eficacia.  Pero hay que empezar por algo concreto, pues de lo contrario el pensar se convierte en un interminable laberinto.

Si el sentido trascendente es uno de los grandes tesoros de Oriente, cuya magnitud apenas vislumbramos, el sentido práctico es uno de los grandes legados de Occidente.  
Los excesos y desequilibrios tanto en lo trascendente como en lo práctico pronto acarrean terribles consecuencias, como lo evidencia el fanatismo oriental o el consumismo occidental.  Sin embargo, cuando son debidamente comprendidos y complementados, los resultados son extraordinarios. “Rebosante de jugo es la fruta cuando las raíces son fuertes” se ha dicho acertadamente.  Cuando hay firme arraigo en lo trascendente la practicidad redobla su efectividad.

La practiciad es la habilidad en la acción surgida del pensar con poder.  Una voluntad pura y potente, regida por la inteligencia y motivada por el amor, se convierte en una herramienta demoledora.  Un ejemplo concreto del pensar con poder se tiene en el ensayo de Havel “El poder de los desposeídos”, un escrito que contribuyó al “empoderamiento” de muchos ciudadanos checos a fin de expulsar al régimen soviético que cada vez los asfixiaba más.

La practicidad se aprecia de muchas formas en Havel, entre ellas, en sus aportes para la unificación europea y la reestructuración de la OTAN. Propone que la ONU sea financiada por todos los ciudadanos del planeta, de modo que todos podamos sentirla y considerarla como propiedad de la entera humanidad, no de gobiernos. Si vivimos en la verdad, en sentido profundo, con la consciencia afirmada en lo trascendente, asumiendo nuestras responsabilidades individuales y globales, nuestros esfuerzos en pro de la coexistencia serán efectivos y estaremos haciendo un aporte digno para una nueva humanidad.

Encaminarse en la senda de la razón, la paz y la justicia significa un arduo trabajo, sacrificio, paciencia, una reflexión cuidadosa, predisposición para arriesgarse a los malos entendidos. Además significa que todos deben poder juzgar su propia capacidad y actuar en consecuencia con la posibilidad de que las habilidades propias crezcan junto con las metas que uno se establece o que la fortaleza se termine. En otras palabras, ya no es posible basarse en cuentos de hadas o héroes fantásticos. [Despedida de la Política]

Al mirar el mundo desde la perspectiva con que el destino me ha permitido contemplarlo, no puedo evitar la impresión de que muchas personas en Occidente aún comprenden poco sobre lo que está en riesgo en nuestra época.
[Política y Consciencia – III]

Toda la humanidad enfrenta este crucial dilema: mirar en silencio el suicida autoimpulso de nuestra civilización, o volverse participantes activos del mantenimiento de los recursos públicos globales, incluyendo el más preciado de todos, el planeta y su biósfera, del cual todos somos parte. Pero el concepto de comunidad también se compone de cosas concretas. Depende, por ejemplo, del cuidado que se le dé al ambiente. Depende de si la gente permite que sus ciudades y pueblos sean avasallados por una arquitectura universal trivial, sin creatividad ni imaginación. Esas frustraciones no son impuestas por la Unión Europea o por el capital global y sus corporaciones transnacionales, o por forasteros maléficos. Toda esta degradación física –resulta– es lograda con el consentimiento y la asistencia activa locales. En otras palabras: somos principalmente nosotros mismos quienes corrompemos “nuestra” identidad, cuando somos nosotros quienes deberíamos ser sus protectores y guardianes.  [Project Syndicate - ¿Quién amenaza nuestra identidad?]

Ningún mal ha sido eliminado nunca suprimiendo sus síntomas. Debemos atender la causa misma [Política y Consciencia – Parte 3]

Cada persona debería estar en condiciones de juzgar su propia capacidad y actuar en consecuencia, esperando que la propia fortaleza crezca con las nuevas tareas enfrentadas.  [Despedida de la Política]

Me parece que todos nosotros, en Oriente y Occidente, tenemos una tarea fundamental de la cual se debe desprender todo lo demás. La tarea consiste en resistir con vigilancia, reflexión y atención, pero al mismo tiempo con total dedicación, en cada paso y en todas partes, la arremetida irracional de poder anónimo, impersonal e inhumano –el poder de ideologías, sistemas, aparatos, bucrocracias, lenguajes artificiales y eslógan políticos. Debemos resistir su compleja y alienante presión, ya sea que adopte la forma de consumo, publicidad, represión, tecnología o cliché– todas las cuales son hermanas de sangre del fanatismo y el manantial del pensamiento totalitario. [Política y Consciencia, Parte 4]

Anexo:

SÍNTESIS BIOGRÁFICA

Havel nació en Praga en 1936 en una familia adinerada.  Su madre, hija de un embajador y periodista, fomentó en él el interés por el arte.  A los 15 años de edad Havel se interesó por la poesía, aunque la literatura, a través de Kafka, marcaría gran influencia en él.  La posición social y las tendencias políticas de su familia le impidieron una educación normal, así que apenas en 1954 pudo terminar sus estudios, mientras trabajaba como asistente de laboratorio.  Pero el pensador ya empezaba a abrirse paso y sus escritos para la revista Kveten, como integrante del Grupo 42, lo fueron dando a conocer como escritor.  Desde 1956 entabló una gran amistad con Olga Šplíchalová, con quien se casaría en 1964.

En 1960 Havel incursionó más formalmente en el Teatro y hasta 1969 trabajó como escritor residente del “Teatro la Balaustrada” de Praga, a la vez que continuó su educación en la Academia de Arte de Praga, en donde se graduaría en 1967.  Su primera Obra, Fiesta en el Jardín (The Garden Party), escrita en 1963, una sátira contra la tramitología y la burocracia, fue un éxito en su país y en el exterior.
Desde principios de la década de los 60 Havel participó como activista en la búsqueda de la reivindicación los derechos ciudadanos, pues el regimen totalitario soviético cada vez asfixiaba más a lo que entonces era Checoslovaquia.  En esa fértil época de su vida, Havel escribió El memorando, en 1965, considerada por muchos como su obra principal. El Memorando muestra cómo un lenguaje artificial, supuestamente en aras de una mejor comunicación, conduce a una completa ruptura en las relaciones interpersonales.  Tres años más tarde Havel escribe otra obra teatral: La aumentada dificultad de la concentración.
Pero la obras teatrales de Havel estaban muy relacionadas con la denuncia política.  Havel satirizó a la burocracia comunista y respaldó el movimiento reformista de Praga de 1968.  Junto con sus demoledores ensayos, su obra teatral llamaba la atención del mundo sobre las luchas de Checoslovaquia.  Los esfuerzos políticos llegaron a un punto culminante en las históricas jornadas de la “Primavera de Praga” en 1968, en las que actuarían violentamente los ejércitos del Pacto de Varsovia.  Havel fue unos de los principales líderes en el alzamiento popular contra la represión política, la cual era ejercida bajo la denominada “normalización comunista”. 
Con el paso de los años y el peso de la represión, la paciencia de la sociedad checoeslovaca con el régimen totalitario llegó a su límite.  Havel estuvo de nuevo entre los primeros en defender los derechos humanos.  Fue co-gestor de la célebre Carta 77 y en 1979 del Comité de Defensa de los Perseguidos Injustamente.
Aunque en 1977 y 1978 había sido arrestado en diversas ocasiones por sus actividades como disidente, en 1979 fue sentenciado a más de siete años de prisión por su abierto rechazo al régimen comunista.  Las autoridades le ofrecieron la opción de emigrar, pero Havel optó por permanecer en cautiverio.  En 1983, a los cuatro años y medio de encarcelamiento, fue liberado por motivos de salud y debido a las presiones internacionales a su favor.  Su estadía en la cárcel marcó una profunda huella en su Ser.  Pese a las duras circunstancias allí vividas y a extenuantes jornadas y presiones, Havel ahonda más y más en sí mismo y en su responsabilidad frente al destino que le ha correspondido vivir.  Esta transición hacia el Ser profundo la refleja en forma hermosa y dramática en las misivas enviadas su esposa, las cuales habrían de dar origen a uno de sus libros: Cartas a Olga.  Havel dice que el trabajo creador para elaborar este libro lo salvó de la destrucción en la cárcel, pese a que lo escribió en horrendas condiciones psicológicas, escondiendo material escrito en sitios inesperados, como la lavandería de la cárcel.

Tras el período de encarcelamiento, Havel continúa produciendo obras teatrales, esta vez con un contenido más filosófico y planteando hondos problemas morales.  Esta revaluación de la moral lo lleva a proponer el restablecimiento de la moral individual como contribución al cambio del orden social.
Luego de la brutal represión aplicada a estudiantes y jóvenes músicos en Praga, el 17 de noviembre de 1989, se produjo un violento levantamiento popular.  A los pocos días surgió un grupo opositor claramente definido: el Foro Cívico, el cual canalizaría y catalizaría los esfuerzos de las organizaciones e individuos que exigían cambios políticos fundamentales.  Havel, ya considerado popularmente como el líder indiscutible del movimiento por los derechos humanos en Checoslovaquia, fue elegido como el vocero y representante de este grupo. Luego de la caída del comunismo en 1989, Havel llegó al poder en las prometidas jornadas electorales de 1990.   Nunca había pensado en semejante cargo, pero comprendió que aceptar la candidatura a la presidencia era la forma de ser consecuente con sus ideas.
Las agudas divergencias entre checos y eslovacos lo obligaron a renunciar al poder en 1992, pero al año siguiente, con la República Checa constituida definitivamente, Havel habría de ser consagrado como primer Presidente Oficial.  Entre 1995 y 1997 Havel se apartó de la vida pública debido a severos problemas pulmonares.  En 1998 fue reelegido nuevamente como Presidente por el voto de ambas cámaras legislativas, cargo que ocupará hasta el año 2003.
Pero Havel no es solamente estadista y artista.  Es también pensador y hombre del Ser.  Su profundidad es fruto de un gran rigor filosófico.   Walter H. Capps, quien fuera miembro de la Casa de Representantes de los Estados Unidos, en un serio ensayo denominado “Interpreting Václav Havel”, publicado por CROSS CURRENTS, afirma que Havel forma parte de la tradición intelectual Checa y que su pensamiento es producto de una cultura de más de 50 años en la que los artistas e intelectuales se destacaron por su valiente compromiso con el gobierno democrático. 

Entre los pensadores que más influyeron en Havel, nos cuenta Capps, están Tomas Garrigue Masaryk (1850-1937), brillante filósofo que durante 15 años formó parte del Parlamento de Austria.  Masaryk fue un paladín de la independiencia de Checoslovaquia y entre 1919 y 1938 sería Presidente de la primera República Checa.  También el filósofo Jan Patocka (1907-1977), a su vez influido notoriamente por Husserl, causaría impacto en Havel.  Patocka fue uno de los gestores de la célebre Carta 77. Tras la muerte de Patocka, Havel le dedicaría su demoledor libro “El Poder de los desposeçidos”. Al leer este documento se comprende el porqué las ideas claras y potentes tienen tanto poder.

Además de la obra teatral, una faceta de la producción vital de Havel son sus ensayos, los cuales revelan una honda inspiración interior sabiamente inmersa en la grandes realidades sociales de la humanidad.  Entre sus muchos artículos destacamos en especial “La necesidad de trascendencia en el mundo postmoderno”. [The Need for Transcendence in the Postmodern World].

(1) Václav Havel. Discurso ante el Senado Francés, 3 de marzo de 1999.
 


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