Los niños que viven en calles arboladas tienen menos riesgo de asma, afirma un estudio.
Según los investigadores de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, los árboles quizás contribuyen a la calidad del aire que respiran los niños.
Pero también podría ser que al vivir en una calle arbolada los niños se sienten más estimulados para jugar en el exterior.
Aunque la razón no es clara, los científicos descubrieron que las tasas de la enfermedad entre niños de 4 y 5 años disminuían 25% por cada 343 árboles por kilómetro cuadrado.
El estudio aparece en la publicación Journal of Epidemiology and Community Health (Revista de Epidemiología y Salud Comunitaria).
Incremento
En las últimas dos décadas, el asma ha aumentado en un 160% en todo el mundo. Se calcula que actualmente este mal afecta a unos 300 millones de personas.
La enfermedad es causada por la inflamación de las vías respiratorias, pero no se sabe qué provoca esta reacción y por qué algunas personas la desarrollan y otras no. En Estados Unidos, las tasas de asma infantil aumentaron 50% entre 1980 y 2000, y los niveles más altos se registran en las comunidades urbanas pobres.
En Nueva York, donde se llevó a cabo el estudio, el asma es la principal causa de admisión de menores de 15 años en los hospitales.
Los científicos estudiaron datos de las tasas de asma en toda la ciudad.
Encontraron que en promedio, la ciudad tiene en sus calles 613 árboles por kilómetro cuadrado y que un 9% de la población infantil tiene la enfermedad.
Al comparar los datos se dieron cuenta de que existía una relación entre el número de árboles y los casos de asma, incluso tomando en cuenta factores como contaminación, nivel socioeconómico y densidad de población.
Factores
Hasta ahora no se conoce con exactitud qué provoca el asma, pero se ha sugerido que el exceso de limpieza en los hogares -que resulta en una menor exposición a microbios en los primeros años de vida- podría ser una causa.
Debido a que el niño no está expuesto a patógenos, su sistema inmune no está preparado para combatir infecciones.
Esto podría explicar por qué la enfermedad es más prevalente en el mundo desarrollado, afirman los expertos.
Y el hecho de vivir en una calle arbolada, en la que el niño podría sentirse estimulado a jugar, ayudaría a reducir el riesgo de la enfermedad aumentando las posibilidades de que el niño se exponga a microbios.
A pesar de que los árboles también son una fuente de polen (que podría afectar el asma de niños vulnerables) los autores creen que debe haber algo beneficioso en las zonas arboladas.
Las calles con árboles a menudo se asocian a barrios de niveles socioeconómicos más altos.
Y quizás, dicen los autores, estas zonas más verdes también reciben mejor mantenimiento en otras áreas.
Estudios previos han demostrado el efecto nocivo de la contaminación en el asma infantil.
Y, tal como señalan los expertos, hay otros factores que también pueden contribuir a los riesgos desarrollar la enfermedad.
Es por eso, afirman, que aunque este estudio es interesante, no significa que si plantamos árboles en las calles nuestros hijos quedarán protegidos contra ese mal.
De cualquier forma, las autoridades neoyorquinas planean plantar un millón de árboles adicionales para 2017.
Es probable que, para entonces, se podrá estudiar con más exactitud el efecto de la densidad del arbolado en el asma infantil.
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