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Editorial



“En mi universo la única preocupación es si el príncipe rescató a la princesa”…

Esta frase, en este caso para vender un servicio financiero, tiene un tenor similar a tantas otras parecidas en el “marketing”. Este tipo de mensajes han dejando una huella profunda en nuestra mente, difícil de borrar.

Son los modelos mentales imperantes en el mundo, faltos de ingredientes esenciales como la cooperación, colectividad, visión de conjunto, en definitiva, visión del bien común y de servicio a la humanidad.
Colmados de consignas individualistas y despóticas. Un poder descomunal que ejerce su fuerza sobre nuestra vida y nos mantiene prisioneros.

Vivimos la prueba de la gran separación y aislamiento. La paradoja de un vacío existencial que lo llena todo.

Nos encontramos sobre la torre de Babel. Una muchedumbre, miles de voces y un gran silencio en el alma.

Las relaciones están conferidas solamente para competir, resolver algún conflicto o generar uno nuevo.

Todo esto se ha arraigado como una mala costumbre y como toda mala costumbre habrá de erradicarse.

La forma más efectiva será construir nuevas maneras de convivencia, acabar con el patrón de conflicto y competencia, y avanzar en nuevos modelos de unidad en diversidad. Una nueva cosmovisión sobre la realidad humana que parte de la conciencia de que somos seres colectivos e interdependientes.

La realidad humana es una y es la mancomunidad fraternal. Bajo esta consigna debemos construir los lazos.
Las Organizaciones al servicio de la humanidad son los nuevos espacios para recuperar la dimensión del nosotros. Creando objetivos y misiones nobles para un fin noble y creando comunidades participativas en torno al cumplimiento de estos objetivos.

La clave es la participación, pero una participación que otorgue vida, espíritu. No estamos hablando de cualquier participación, sino de una plena y activa, de construcción de unidad a partir de la sinergia generada por las diversidades.

Como el labrador que mira su meta y dirige su esfuerzo a la consecución de la misma. Este no se fija si sus compañeros labradores trabajan, ni los alecciona, ya que sabe que si se mira el surco ajeno, sólo logrará que su surco salga torcido.

Juntos labremos la tierra ennoblecida para colocar las semillas de las virtudes y valores en pos de la evolución humana hacia su gloria preestablecida.

Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar


 

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Publicación de Fundación UNIDA
Año 5 Número 46
Febrero de 2007
Coordinación Editorial: Haleh Maniei Secretaría de Redacción: Eva Cajigas
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