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El Desarrollo Humano como principio y fin de la Salud

 



Antiplacebo

Por Lucio Capalbo


Es bien conocido el efecto placebo. A un paciente se le indica tomar lo que el cree que es un medicamento, siendo que en realidad se le da una sustancia inocua, por ejemplo agua coloreada. Sin embargo, un porcentaje importante, mejora como si hubiera recibido la medicina específica.

Este hecho, reconocido por amplios sectores, aún de la medicina hegemónica, es considerado sin embargo, un misterio.
La explicación, sin duda, debe buscarse en el poder de la mente sobre la salud y la enfermedad.

Sin embargo, investigar en esta dirección implicaría aceptar un postulado ignorado, soslayado o rechazado por la ciencia mecanicista: la naturaleza mental del universo y todo cuanto hay en él.

Por el mismo principio que permite a la mente producir salud, podemos suponer que también puede generar enfermedad.

Si una persona cree que tiene determinada dolencia o si le es informado un diagnóstico grave, o pero aún, cuando un médico especialista le estima plazos remanentes de vida, sin duda su organismo responderá a esta creencia, poderosa por haber sido inspirada por quién detenta autoridad en el sistema.

Nos preguntamos así si el diagnóstico sólo es un medio de detección de enfermedades preexistentes, o si tal vez las contribuya también a reforzarlas. Inclusive podemos preguntarnos si el diagnóstico crea la enfermedad, produciendo una suerte de efecto anti-placebo.

Un estudio de la Universidad de Standford sobre las causas de longevidad de una población africana, encontró que muchos de los cadáveres de ancianos presentaban tumores malignos encapsulados, siendo que habían muerto de otras causas.
Luego de mucho debate arribaron a una conclusión sorprendente: el cuerpo encapsulaba los tumores, por el simple hecho de que los portadores “no sabían que los tenían”.

Para el Dr. Sebastián Díaz Varela, este tipo de situaciones puede darse, pero para ello es necesario que exista un sustrato cultural que las sostenga.
En nuestra sociedad, dominada todavía por el pensamiento positivista, y en la que la medicina hiperespecializada del diagnóstico y tratamiento es un gran negocio, y es convalidada por una academia funcional y dentro de un pensamiento que entiende que el progreso es sinónimo de mayor tecnología, es muy difícil escapar a la corriente fatalista.

Aunque las escuelas innovadoras, holísticas, la promoción de la salud comunitaria y la prevención de la enfermedad a partir del cultivo de valores espirituales y el equilibrio psicológico se multiplican, aún no se produce una ruptura paradigmática.

Los sistemas socioinstitucionales de la salud contribuyen a evitar el giro sustantivo. Muchos profesionales, inclusive directivos de centros de salud de alta complejidad se manifiestan, desde lo personal, favorables a los procesos preventivos, sin embargo las pesadas mallas burocráticas de las instituciones oficiales, los atrapan en una contradicción paralizante.

Cuesta mucho menos educar para prevenir que la costosa aparatología que ha sido hábilmente colocada en el imaginario colectivo como sinónimo de progreso.
La poderosa industria farmacológica, aporta lo suyo.

Sin embargo hoy se ve como un signo esperanzador, el retorno del médico de familia, el de la mirada integradora, en la que la intuición se combina sabiamente con la ciencia. Estos profesionales manejan adecuadamente la disyuntiva entre ordenar estudios e investigar cuando los signos de enfermedad son incontrovertibles, y minimizar y pasar por alto presuntos síntomas, retroalimentando positivamente al paciente.

Se mueven en un modo no meramente antagónico sino verdaderamente trascendente de aquella medicina ultratecnológica de especialistas deshumanizados que ordenan decenas de estudios ante la más mínima duda, tanto para cubrirse legalmente como para, adrede o no, alimentar el negocio de la salud hegemónica.

Hace poco me fue dado oír esta frase: “La enfermedad comienza con el diagnóstico y se sostiene en el tratamiento”. Para pensarlo.

 

 

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Publicación de Fundación UNIDA
Año 5 Número 45
Enero de 2008
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