La transparencia del agua además de brindar confianza al bebedor por su pureza es el fiel para que el gran observador pueda percibir la realidad.
El agua pura y cristalina tiene varias propiedades: se puede beber con tranquilidad, permite ver que hay en ella y en el fondo, y a su vez refleja nuestra imagen bajo el sol.
Cómo organizaciones al servicio de la comunidad, podemos adquirir estas cualidades y transformarnos en un instrumento, un facilitador que refleja y potencia la realidad humana.
De la misma manera que el agua de por sí deja de ser el objeto central de la observación y se transforma en un medio para visualizar diferentes realidades, las organizaciones de la sociedad civil también podemos dejar de sentirnos el centro en sÍ mismo y transformarnos en un noble instrumento y catalizador para potenciar las realidades de sus comunidades en pos del beneficio del conjunto.
Las comunidades podrán así ver a través nuestro, reflejarse en nosotros, beber y refrescarse en nuestras aguas.
Es un desafío muy grande. Pero los resultados y el disfrute serán sorprendentes.
La tendencia que nos marca la cultura del individualismo y el conflicto nos lleva a que cada uno se aferre a su propia realidad instrospectivamente y deje de mirar al entorno, pero esta actitud carece de grandeza y acarrea finalmente la implosión y desaparición de la organización como servidor de la sociedad.
Nuestras realidades organizacionales son el reflejo de las realidades de nuestras comunidades objetivo. Si nuestra comunidad es beneficiada y goza de ímpetu para generar permanentemente satisfactores sinérgicos en pos de la satisfacción de sus necesidades, entonces el objetivo de nuestras organizaciones ha sido cumplido.
El cumplimiento de nuestra misión verdadera sólo es proporcional a la satisfacción y la potenciación de las comunidades a las cuales servimos.
Un instrumento límpido y fluido, uno transparente, puede transformarse en flujo de energía y permitir que la luz lo atraviese y trascienda mas allá de la realidad propia, reflejando una realidad integral, compleja, completa y verdaderamente humana.
Cuando alguien nos observe verá todo lo que hay dentro nuestro, formas vivas y cambiantes, y también verá su rostro y el de las comunidades a las que servimos.
Y así serán las organizaciones de esta era que algunos han querido llamar de “acuario”: fluidas, renovadas, cambiantes, transparentes, y sin embargo con identidad propia, con su propia diversidad.
Sus miembros como las moléculas del agua y todo lo que en ella habita podrán cambiar o desplazarse, el cauce podrá inclusive variar, el caudal aumentar y disminuir, pero aunque no nos bañemos dos veces en las mismas aguas, como Heráclito decía, el río, que es más que la suma de sus partes, será el mismo.
Lo importante es que las aguas no se enturbien y que el río no se seque.
Brindemos por un año más que estamos dejando atrás en este permanente fluir, y por uno nuevo que está por llegar y estará seguramente colmado de desafíos, retos, glorias y trascendencia para todos nosotros, nuestra querida comunidad y la humanidad toda.
¡Feliz año nuevo!
Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar