- Siempre hubo algunas personas que se portaban mal - le contaron los pobladores al sabio - pero hace unos diez años comenzó a ponerse peor la situación y, desde entonces, empeora cada día más.
- ¿Qué pasó hace diez años? - preguntó con curiosidad el anciano.
- Nada importante - respondieron ellos -. Por lo menos nada malo. Hace diez años terminamos de construir entre todos el puente sobre el río que atraviesa el pueblo. Y esto trajo mucho bienestar y progreso para todos...
El sabio se sentó en un sillón junto a la ventana y empezó a decir:
- Por supuesto que no hay nada de malo en el bienestar... Y mucho menos en el progreso. Sin embargo... el mal no está en el bienestar sino en comparar mi bienestar con el de los otros. El mal no está en el progreso, pero sí en querer ser el que más ha progresado. No hay nada de malo en las cosas buenas para todos, pero sí en competir por ellas. El pueblo de ustedes tiene la enfermedad de la sílaba del medio -.
- ¿La sílaba del medio? - preguntaron los del pueblo - ¿Cuál es esa enfermedad? ¿Cómo podemos curarla?
- Tienen que enseñar a cada uno de los habitantes del pueblo que el verbo competir es un verbo que enferma, intoxica y mata. La solución es que todos aprendan a hacer un cambio de sílaba. Enseñarles que sólo con cambiar en la palabra "competir" la sílaba del medio "pe", por la sílaba "par", crearemos una nueva palabra: "compartir". Una vez que todos hayan aprendido el significado de este verbo, la competencia no tendrá sentido, y sin ella, el odio y el deseo de dañar a otros desaparecerán para siempre.
Todos deberíamos tratar de cambiar la palabra "competir" por "compartir". Es sólo una sílaba. Un cambio de sílaba por un cambio de vida. Se trata de que todos podamos ser felices, y nuestra felicidad depende de que otros también puedan sentirla.
Este cuento nos lo envía Mercedes Mones Cazon. Gracias por compartirlo!
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