Hay muchos autores, sobre todo los que se nutren del paradigma imperante, que coinciden con que la pobreza se mide por el ingreso per capita.
Otros alegan que si el objetivo principal es el desarrollo humano en forma integral, no existe la pobreza sino que deberíamos hablar de “las pobrezas”. En especial los autores del Desarrollo a Escala Humana, partiendo de la base de que las necesidades humanas fundamentales son limitadas y enumerables en diez, afirman que la falta de satisfacción de cualquiera de ellas (subsistencia, ocio, libertad, participación, entendimiento, identidad, protección, afecto, creación, trascendencia) conduce a distintos tipos de pobreza.
Si vemos al ser humano como sistema, y que la satisfacción de todas y cada una de estas necesidades hace a su potenciación, a su sinergia, podemos aseverar que la insatisfacción de alguna o varias de estas necesidades hace a la “pobreza humana”.
La homeostasis del sistema, su equilibrio dinámico, está dada por la satisfacción de estas necesidades a través de satisfactores sinérgicos. Cualquier necesidad que sea atendida en modo sinérgico contribuirá al principio de homeostasis, haciendo que el resto incremente su potencial para realizarse, de este modo el organismo como un todo busca su equilibrio y se desarrolla armónicamente.
La lactancia materna ofrece un excelente ejemplo de un satisfactor sinérgico durante las primeras etapas del desarrollo humano, ya que satisface varias necesidades a la vez: subsistencia, afecto, protección, participación, identidad, propiciando el medio para la potenciación y satisfacción de todo el sistema.
Haciendo uso de la analogía, así como la madre genera satisfactores sinérgicos y se convierte en facilitadora del desarrollo integral del niño, las organizaciones al servicio de nuestra comunidad, pueden transformarse en facilitadoras del bien común, de un desarrollo integral.
Puede alegarse que la analogía no es aplicable, que la comunidad no es un niño y nadie puede arrogarse el rol de la madre o del padre y pensar que esto es paternalismo. Pero tomo el riesgo de la analogía y paso a explicarla.
Observemos que la imagen se aplica a la díada organización - comunidad, y no de persona a persona. Y que muchas comunidades, a causa del modelo individualista moderno, al bombardeo alienante de los medios masivos de comunicación, a la manipulación y clientelismo político y a otros factores casi paralizantes, presentan un bajo grado de iniciativa, asociatividad y participación. Por ello necesitan ser impulsadas en un primer momento.
¿De qué modo? Así como los padres amorosos acompañan desinteresadamente el desenvolvimiento de sus hijos y les proporcionan la posibilidad de que crezcan en un medio sano, se desarrollen y se nutran de conocimientos, las organizaciones sociales pueden acompañar y facilitar la protección, la comunicación, el entendimiento y propiciar espacios necesarios para la creatividad. Y sobre todo, capacitar para la participación genuina, consultiva, que es lo que a la larga dará a la comunidad su independencia.
Pero como sabemos, madre se hace y no se nace. El desenvolvimiento de la comunidad en los primeros momentos depende mucho del apoyo de estas organizaciones de servicio, pero a su vez el buen servicio y desempeño de las organizaciones depende de la comunidad. Las organizaciones pueden aprender mucho de la comunidad y generar procesos de aprendizaje colectivo.
La organización re-crea su razón de ser en la apertura e intercambio dinámico con las diversidades de su comunidad.
Se trata entonces de una relación recursiva, de mutuo beneficio, en la que se procura el desarrollo del ser humano y se encaran las pobrezas humanas no como carencias sino como potencialidades a desarrollar para el beneficio de todos.
Feliz día de la Madre para todas quienes trabajan sin descanso por asegurar la abolición de la “pobreza humana”.
Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar