Origen de la palabra amistad del latín: amicitia. Se define como: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
La amistad es una realidad que puede buscarse, inducirse. Bien podríamos sembrar la semilla de la amistad por el entorno, ese medio sin límites y sin restricciones, incluso sin exclusividades de especie ni forma.
La amistad es una luz que irradia alegría y felicidad a cada ser. Entonces ¿por qué hundirnos en el abismo de la oscuridad y la enemistad?
Podemos encender esa llama en todos los corazones mediante cada acto puro y desinteresado, procurando así un destino maravilloso y muy distinto a lo que visualizamos hoy en día a nuestro alrededor. Este es un signo de la madurez de la humanidad, como dice Miguel Grinberg, de que estamos mutando.
Fortalecer la amistad nos pone en una condición de centralidad respecto de nuestro entorno, pero ya no desde un lugar de poder, sino de sabiduría puesta en acción.
Nos convierte en constructores del equilibrio de nuestro planeta. Por un lado, del equilibrio social, procurando la equidad para todas las personas, el cumplimiento de los derechos humanos y reivindicando el rol de la mujer en los asuntos de la sociedad, pero sobre todo resguardando el tesoro más grande de la humanidad, los niños. Por otro, equilibrio en los asuntos ambientales sentando las bases para un uso racional y adecuado de los regalos de la Naturaleza.
Y procurando, a la vez, el equilibrio en torno a todo lo que concierne al desarrollo del ser humano hacia la trascendencia.
La amistad y el procurar un cambio de actitud hacia la búsqueda del ser noble, es un hábito y un bien por adquirir. No cuesta mucho, y no se necesita un presupuesto aparte para poner sus pautas en marcha.
La amistad se nutre en la nueva economía de la abundancia, en la que cuanto más se da, más queda. Bien podría incluirse como un contenido relevante en las enseñanzas escolares.
La amistad incluye la cooperación, la búsqueda de la armonía, la comunicación, la empatía, la colaboración y los sentimientos más nobles que un ser humano puede expresar.
Con ojos perspicaces observamos los signos de esta amistad como faros iluminando todos los rincones del mundo. Ya no como luces aisladas, sino como miles y miles de lámparas unidas en lo profundo, que están disipando los últimos bolsones de oscuridad.
Estas luces aparecen cuando se realizan recitales simultáneos en los distintos continentes como un llamado a detener el efecto invernadero, con la labor de miles y miles de OSC que ofrecen todo su ser organizacional a un cambio favorable para la humanidad, con las marchas pacíficas en contra de la guerra, con los nuevos movimientos sociales y procesos de ciudadanía plena y en muchas otras nuevas creaciones del genio colectivo humano.
Se trata de adoptar esa realidad como una presunción básica en todos los quehaceres de nuestra vida, ya que somos habitantes de un solo planeta y no hay más espacio para discordias y disensiones.
Nos convertiremos así en seres alcanzando la madurez, una madurez amistosamente universal.
Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar
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