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Editorial



La salud de la familia, como núcleo principal en la constitución de una sociedad, refleja el buen porvenir de la comunidad.

Si esperamos sistemas políticos y económicos justos que prevean la satisfacción de las necesidades de todos, serán necesarias relaciones basadas en la confianza desde el mismo seno de la familia.

Se requieren familias sanas basadas en virtudes. Cualquier desviación de la virtud, por ínfima que sea, como por ejemplo cuando decimos una mentira “piadosa” delante de los niños, repercute en la comunidad.

Una vez un guerrero extranjero le dijo a Alejandro Magno: por un clavo torcido la herradura no se colocó bien, por la mala herradura el caballo se lastimó la pata, por la pata lastimada el mensaje no llegó a tiempo a destino, al no llegar el mensaje, se perdió la guerra.

Puede parecer una cadena un tanto lineal, de causa y efecto pero en el mundo real existen además flujos de energías, un universo sistémico en donde todo tiene que ver con todo: la amplificación puede ser aún mayor que en el ejemplo del guerrero, un verdadero Efecto Mariposa. Y es por eso mismo que, aún esa pequeña mentira, de algún modo afecta el desenvolvimiento y desarrollo de la sociedad.

Ciertos actos pueden ser aparentemente simples y de poca importancia, pero realmente no lo son. Cada una de nuestras acciones es fundamental ya que ellas inciden y se magnifican como el eco.

Por lo tanto, si queremos una sociedad justa que inspire confianza y sea un medio para el desarrollo y la potenciación de las comunidades, empecemos simultáneamente con acciones pequeñas y con objetivos claros en la familia. Eso enseñará a nuestros hijos y a nosotros mismos la clave de la buena convivencia y la equidad social.

Podemos también realizar proyectos concretos sobre las virtudes en una comunidad, con metas claras y precisas; promover además, acciones comunitarias que reflejen la confraternidad y campañas de promoción del bien común con las correspondientes claves para lograrlo. Hoy en día, esto ya dejó de ser un pensamiento ingenuo, una utopía, para transformarse en parte de la realidad.

Como organizaciones al servicio de la comunidad debemos ser artífices del cumplimiento de metas concretas en las diversas áreas del desarrollo de las potencialidades humanas.

Cada acto, cada proyecto y planificación reflejarán así la esencia de la transparencia y confiabilidad, para que de este modo podamos llegar tan cerca del corazón de las comunidades como sea posible y de esta manera servir y apoyar la satisfacción de sus necesidades redireccionando el destino de la humanidad hacia la trascendencia.

Porque son las pequeñas acciones las que, como el clavo en la herradura, deciden el destino de los pueblos.

 

Haleh Maniei
Coordinadora del Boletín Unid@s
hmaniei@unida.org.ar

 

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Publicación de Fundación UNIDA
Año 4 Número 37
Mayo de 2007
Coordinación Editorial: Sra. Haleh Maniei
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