El mundo en equilibrio dinámico
La búsqueda del equilibrio implica la armonía entre las partes. En el sistema societal esa armonía conlleva a procesos sinérgicos que nos ayudarán a resignificar la realidad social.
Una de los aspectos fundamentales para el logro de ese equilibrio es la reivindicación de los derechos de la mujer .
Sólo cuando esto se logre se estará en condiciones de sentar las bases de una nueva civilización de alcance mundial, en conjunto con el hombre.
Para que esto ocurra es necesario priorizar la educación, en especial la espiritual y moral de la mujer, siendo ésta una multiplicadora social por excelencia en su rol maternal. En sus manos están muchas soluciones para las problemáticas que hoy día nos hostigan.
La responsabilidad de que esto ocurra depende de cada uno de nosotros.
Hay que procurar que la mujer adquiera conocimientos, se instruya en las artes, se nutra de valores morales y espirituales. Si queremos una sociedad fuerte, armoniosa, equilibrada, tendremos que orientar nuestras energías hacia eso, ya que del grado de educación integral de una mujer depende la educación de sus hijos y el resguardo de una sociedad armoniosa.
Parafraseando un dicho popular: dime cómo son las madres y te diré como funciona tu sociedad.
La educación de la mujer hace al bienestar de su comunidad.
Cuando el hombre y la mujer estén dotados de los mismos derechos y mismas oportunidades y cuenten con los espacios adecuados para intervenir, es entonces cuándo se producirá el bien de todos.
¿Cuál sería el aporte de las organizaciones de la sociedad civil? Propiciar los medios para la educación de la mujer, interviniendo con sus aportes valiosos en la construcción de nuevas leyes educativas, contribuyendo con propuestas innovadoras para la educación de la mujer en las escuelas y también procesos innovadores de educación no formal desarrollados por ellas mismas, campañas de sensibilización y la promoción de la participación de las mujeres en los espacios decisorios de estas organizaciones.
Como ya habíamos mencionado en notas anteriores, paralelamente a los procesos de destrucción, se está gestando otro proceso mucho mayor de construcción. Si bien aún es silencioso y no es tan apreciable, pronto se tornará más visible y esto depende de todos nosotros, de nuestro gran esfuerzo. Para que esto suceda, un aporte no menor sería elevar el rol de la mujer y su incumbencia en los asuntos sociales.
Mas no se trata de ocupar los roles del hombre en una sociedad patriarcal, individualista, autoritaria y despótica, de masculinizar a las mujeres para que gerencien el mismo orden injusto, si no de que juntos, mujeres y hombres, resignifiquemos la sociedad según valores que equilibren lo masculino y lo femenino -el yin y el yan-, que hagamos de la humanidad un pájaro que, dotado de sus dos alas, emprenda su alto vuelo.
El día en que la mujer, con la misma fuerza, entone junto con al hombre la melodía de la unidad desde su rol y función, aportando la armonía intuitiva que la distingue, ese día, será el inicio de la Paz Universal.
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