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El Panadero y el Comerciante


Hola amiguit@:

¿Cómo estás? Espero que hayas tenido hermosas vacaciones. Voy a compartir con vos un cuento que leí hace mucho tiempo.

Había una vez un pueblo muy, pero muy lejano, con gente muy trabajadora y buena que lo habitaba.


Sólo había una persona que ganaba mucho dinero ya que se dedicaba al comercio con pueblos vecinos. Se decía que tenía muchos burros y camellos y que transportaba diversos artículos en grandes caravanas.

La gente no lo quería mucho. Decían ¿cómo un hombre tan rico puede vivir en una casa tan modesta, y vestirse tan pobremente?

Lo creían un hombre avaro, que acumulaba inmensas riquezas sin gastarlas en nada. No ayudaba a sus vecinos y ni siquiera gastaba en sí mismo.

En contraste, había un único panadero que era considerado la persona más generosa del lugar, ya que horneaba pan fresco y rico y lo regalaba diariamente a todos los del pueblo.

La gente lo quería mucho. Decían que era un hombre de tanta bondad que trabajaba todo el día con gran esfuerzo para luego regalar el resultado de su labor.

Un día se enfermó el hijo de un matrimonio anciano. El joven vivía en otro pueblo y necesitaron dinero para ir a visitarlo y cuidarlo, pero no lo tenían y muy a su pesar fueron a ver al comerciante del pueblo.

Este los recibió, y les dijo en voz baja que no tenía nada para ofrecerles, y les sugirió que vayan a pedir al panadero.

Pasaron los días y el comerciante se enfermó; por supuesto que nadie lo fue a cuidar por no ser querido, a causa de su fama de avaro.

Lo dejaron en el olvido, ni siquiera pasaron por la puerta de su casa para ver si vivía aún o había muerto. Todos lo juzgaban por ser muy egoísta y por no tener capacidad de compartir, ni siquiera de vivir bien él mismo.

El cuerpo de este pobre hombre no resistió más, y su alma abandonó este mundo.

La gente siguió viviendo su vida normal y como de costumbre fueron a pedir el pan del día alabando la generosidad del panadero.

Pero éste les dijo: a partir de hoy no hay pan gratis.

Hasta ahora el que pagaba por todo el alimento que comían era el comerciante. Pero él ya no esta y no puedo darles más, si quieren pan, tienen que pagar…

Situaciones como estas se repiten. Nunca podemos llegar a conocer bien a las personas que nos rodean, no podemos conocer que hay oculto en los corazones.

Pero hay una cosa importante y estoy segura de que vos ya lo sabes: querer a todos más allá de sus actitudes y ser bueno con todos.

¡Hasta la próxima!

Tu amiga Haleh

 

   


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Publicación de Fundación UNIDA
Año 4 Número 34
Febrero de 2007
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