Volver a Principal
Unidit@s



Adaptación de La Fosforerita

De Hans Christian Andersen


Hola amiguito:

¿Cómo estás? Espero que muy bien.

Yo estoy muy contenta y feliz porque llegan las fiestas y las vacaciones, puedo estar más tiempo con mi familia, mis hijos y mis amigos.


Estaba recordando un cuentito que me contaron cuando tenía tu edad.

Era un pueblo muy frío y todos los inviernos nevaba muchísimo. La gente usaba gorros y bufandas largas y coloridas. También usaban orejeras para protegerse del frío. Nevaba copiosamente y los chicos, felices, se deslizaban en trineos y hacían muñecos gordotes con narices largas hechas de zanahorias, a los que les ponían una bufanda que había tejido la abuelita.

En las tardes se olía el rico aroma a leche chocolatada, a galletitas de vainilla y nueces. Era muy rico tomarlo caliente detrás de la ventana viendo como nevaba.

En esas fechas especiales todos tenían un proyecto en común. Armar el árbol de Navidad, reunirse con toda la familia, recibir regalos y comer tortas deliciosas era la costumbre porque era la época de las fiestas. La alegría era tan grande que hacia una cosquilla muy agradable en la pancita de los niños.

Los papás corrían por las calles arrastrando el árbol de pino para decorarlo junto con toda la familia que los esperaba ansiosamente en la puerta de la casa.

Había mucha alegría.

Así lo observaba Bluma, una niña huérfana que vendía fósforos en la calle. Hacía poquito que había perdido a su único familiar, su abuelita, y no tenía a nadie más en el mundo.

A ella no le hacía cosquillas la pancita, más bien sentía una opresión muy grande en el pecho.

Ese día era vísperas de Navidad y ella, como todos los días, vendía cajitas de fósforos en la calle.

La gente estaba tan apurada por llegar a sus casas que nadie se detenía a comprarle alguna caja.

Estaba triste, aburrida y con hambre. El frío no la molestaba tanto como la tristeza que sentía por dentro. Extrañaba mucho a su abuela y tenía muchas ganas de que ella la abrazara y le diera su calor.

Empezó a encender los fósforos para salir del aburrimiento. Las chispas la entretenían un poco. Prendió todos los fósforos hasta agotar todas las cajitas que tenía para vender. ¿Y ahora que iba a hacer?

No tenía nada más para vender. De pronto una angustia intensa la invadió por todo el cuerpo. Comenzó a llorar cada vez más fuerte.

Ya su llanto era tan fuerte que se escuchaba desde la distancia. Estaba oscureciendo y no había nadie en las calles.

De repente apareció alguien que la tomó por los hombros y se asustó. Miró para ver quién era y vio un hombre barbudo, flaco y alto. Le preguntó que le pasaba y ella sin mas le contó la historia de su vida.

Ese buen hombre la agarró y la levantó del piso. La miró con ternura y la invitó a su casa.

Entraron juntos a la casa que estaba a pocos metros de donde ella se había sentado en la calle. Era tal como en los sueños de Bluma. Una casa cálida, chiquita y linda. Con un árbol gigante y una bota roja enorme que colgaba de un costado y la estrella más brillante que jamás había visto, resplandecía en la punta del árbol.

La recibió una mujer con una sonrisa enorme y le dio la bienvenida. Había tres niños jugando cerca de la chimenea con sus trajes limpios y planchados que la invitaron a integrarse y le convidaron galletas.

El rico olor a pavo en el horno hizo estremecer el estómago vacío de Bluma. En una silla hamaca vio sentada a su abuela. ¡Ah… no era su abuela, pero que parecida! Se quedó con la mirada fija contemplando a la señora anciana y recordó tantos momentos gratos con su abuelita.

No pasó mucho tiempo para que hiciese amistad con la familia y pensó que a partir de ese día comenzaría una nueva etapa de su vida, con gente amorosa, y que nunca más iba a estar sola, ya que se encontraría de ahora en más con personas tan buenas como las que integraban esa familia.

Tuvo una Navidad muy linda, la pasó en familia y se sintió muy feliz, su alegría era más que la del resto de la gente, ya que ella había recibido un regalo que era indescriptible: la fuerza del amor y la amistad.

Y no lo quiso cambiar nunca por ningún otro regalo...

Te deseo muy lindas fiestas y que seas muy feliz.

Tu amiga, Haleh

   


Principal Editorial Comunidad Uniditos
Nave Tierra Uno más Uno Diez Resignificando el Desarrollo Sociedad Civil Ciudadanía Mundial
Diversidad Cultural y Conciencia Planetaria
El Desarrollo Humano como principio y fin de la Salud
Boletín Unid@s
Publicación de Fundación UNIDA
Año 3 Número 32
Diciembre de 2006
Coordinación Editorial: Sra. Haleh Maniei
Secretaría de Redacción:
Srta. Eva Cajigas
Consejo Editorial
Lucio Capalbo, Roberto Grana, Horacio Ravenna, Fabián Román, Horacio Russo, Clarisa Voloschin
Otamendi 230 - (C1405BRA) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - 54-11-4902-5234 / 4903-5751
boletin@unida.org.ar www.unida.org.ar