Intrigados
por el temblor que el peso de tan magno animal provocaba al caminar, sintieron
deseos de saber como era.
"Hagamos esto" dijeron "vayamos
al borde del camino, y pidamos al niño que guía el elefante que
lo detenga y nos permita tocarlo". Y así lo hicieron. El
niño detuvo el elefante, y cada ciego tocó una parte distinta del
mismo. El que tocó su trompa, dijo "ah, ya se, el elefante es
como una gruesa serpiente". Otro, que toco su pata, pensó: "el
elefante es como una columna". El mas bajito, que había tocado
la parte inferior del vientre, se dijo "el elefante se parece a un gran tonel".
Y finalmente, el que había apoyado sus manos en el costado del elefante,
lo encontró semejante a una pared. Al regreso, cada uno compartió
su experiencia. No pudiéndose poner de acuerdo, todos terminaron
enemistados, cada uno convencido de tener razón, aferrado a su verdad y
pensando cuan equivocados estaban los otros. A ninguno se le ocurrió
unir sus sensaciones como las piezas de un rompecabezas. Si lo hubieran
hecho, no solo hubieran mantenido su unidad, sino que además, hubieran
llegado entender mejor lo que era un elefante. Esta historia nos muestra
que la diversidad de opiniones, cuando aprendemos a darlas en forma respetuosa
y escuchando con atención la de los demás, nos puede servir para
construir entre todos una opinión un poco mas completa, y mantenernos unidit@s. ¿Hacemos
entre todos un hermoso elefante? Hasta la próxima, Tu amiga
Haleh
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