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Introducción Durante
las últimas décadas, la participación ha tomado un lugar
central en la cuestión social y se ha vuelto un invariante universal en
el pensamiento organizacional, institucional y comunitario. Esto no sólo
afecta a las organizaciones de la sociedad civil (OSCs). También el Estado
y hasta la propia empresa privada intentan actualizarse adquiriendo dimensión
horizontal y participativa (conceptos que no son equivalentes y suelen confundirse). Sea
por principios fundacionales, por la necesidad de aproximarse a la comunidad,
y en el caso de las empresas privadas, muchas veces por el mero hecho de mejorar
la imagen o la productividad -dado que la participación promueve una mejora
en el sistema psicosocial de la empresa- la participación es practicada,
o al menos invocada, en la mayoría de las instituciones actuales. En
el imaginario social emergente, toda organización verticalista, en la que
la participación no existe o está limitada a las cúpulas
directivas, es sospechada de autoritarismo, corruptibilidad o, en modo mas general,
de ser negativa para el medio social. Desde la perspectiva del Desarrollo
a Escala Humana (1), teoría consistente e interesante que promueve un giro
sustancial en la problemática del desarrollo y que, desde nuestra perspectiva,
constituye mucho mas un modo alternativo de percibir y describir nuevas realidades
sociales propias de los procesos de la sociedad civil que una teoría a
"bajar" a terreno, la participación ocupa un lugar de máxima
relevancia. En este enfoque, se entiende que el verdadero desarrollo consiste
en la generación de satisfactores sinérgicos, siendo estos aquellas
construcciones humanas que mejor promueven la satisfacción de las necesidades
(o la actualización de potencialidades) al hacerlo con un mínimo
de bienes, artefactos o recursos materiales. Una sociedad orientada al Desarrollo
a Escala Humana, es, según Antonio Elizalde, una sociedad ecológica:
su bienestar no depende de la cantidad de bienes consumidos, sino de la mejor
calidad de sus satisfactores. Los satisfactores sinérgicos son los únicos
de tipo endógeno, es decir, generados por la propia comunidad y no impuestos
o manipulados desde afuera. Según la teoría del Desarrollo a
Escala Humana, los satisfactores sinérgicos en general surgen de los procesos
participativos. Así, la participación, en esta teoría
como en otras recientes propuestas de transformación social, es una componente
insoslayable, cuando no el propio núcleo de la propuesta. El presente
trabajo coincide con el rol central de la participación, pero aporta un
señalamiento adicional: aquella es condición necesaria pero no suficiente
para la transición hacia un mundo mas deseable. Dicho de otro modo:
no todas las modalidades de participación son transformadoras, y las que
lo son, lo son en distinta medida, dependiendo del tipo de participación
del que se trate. Inclusive, algunas formas de participación pueden
ser modalidades encubiertas de reproducción del sistema: más de
lo mismo. El tipo de participación
al que aludiremos -si es que tal término es pertinente en este caso- se
orienta a la construcción de un orden social y civilizatorio inéditos,
y es el que se da al interior de los "Procesos de Unidad en Diversidad"
(PUD). Esta es la participación que brinda la condición de suficiencia
para un cambio significativo, y constituye el tema focal del presente trabajo. Procesos
de Unidad en Diversidad: algunas definiciones
Definiremos como PUD los
"emprendimientos que, naciendo de una visión trascendente y valores
espirituales compartidos, se articulan en torno a relaciones humanas significativas,
son impulsados por una participación en la que la diversidad no es fuente
de división sino que actúa como potencia para la construcción
de la unidad del colectivo, y generan máxima sinergia, tanto en resultados
como en proceso, aspectos estos dos últimos, recursivamente ligados" Podemos
profundizar esta definición "descomponiéndola" en tres
partes fundamentales, a sabiendas de que tal análisis tiene un propósito
exclusivamente teórico-explicativo y que los tres interactúan indisolublemente
en toda praxis. ivel de los principios (Npri),
que alude a la visión trascendente, a los valores espirituales compartidos
y a unas relaciones humanas plenas de sentido en torno a tales valores. Nivel
de los procesos (Npro), que alude al tipo de participación característica
que motoriza los PUD Nivel de lo generado, que
alude a la generación de sinergia tanto en resultados como en procesos,
y a la recursividad entre ambos.
Estos tres
niveles no se hallan en una relación secuencial temporal, si no circular
recursiva del tipo: 
Figura
1 Con la Teoría General de los Sistemas,
por cuanto parten de una visión integradora y transdisciplinaria de la
realidad, y son procesos colectivos que generan sinergia y totalidades superadoras
de la suma de las partes constitutivas. Con el
ya mencionado Desarrollo a Escala Humana, ya que el tipo de participación
propio de los PUD maximiza la sinergia generada y promueve la aparición
de "satisfactores sinérgicos". Con
el enfoque del Liderazgo Orientado al Servicio (2) y la Consultividad, siendo
esta la modalidad específica que cobra la participación en los PUD
de escala microsocial y cuyo espíritu -si bien no necesariamente su metodología-
se mantiene en escalas mayores.
En el presente trabajo no se
hará una referencia extensa a la Consultividad, ya que la misma se ha hecho
en los artículos "La Consulta: una aproximación" y también
en "Buscando pautas en el caos", ambos integrantes del presente volumen. Hasta
cierto punto, podría establecerse una correlación entre los niveles
y las tres teorías, a saber:
Nivel de
los principios  Teoría
General de los Sistemas
por la visión epistemológica
subyacente y también por la percepción transdisciplinaria y uni-diversa
de la realidad que esta implica. También por dar base al Desarrollo a Escala
Humana. Nivel de los procesos  Liderazgo
orientado al sevicio y consultividad
por el tipo de participación
comunitaria implícita: Nivel de los impactos
 Desarrollo
a Escala Humana
por la generación de sinergia social
y satisfactores sinérgicos. El ciclograma de la figura 1 puede convertirse
entonces: 
Figura
2 Ciclograma que muestra la consistencia e interrelación
entre estos tres enfoques. Holoparticipación y Pensamiento
Complejo Llamamos "holoparticipación" (HP) al tipo
de participación característico de los PUD. La HP se caracteriza
por animar a aquellos colectivos humanos que constituyen todos trascendentes y
superadores de la suma de sus partes, en los que estas últimas preservan
su diversidad, y cobran sentido y significado en el cono del todo al cual contribuyen. Mientras
que el término usual "participación" hace referencia a
la parte, HP remite también al todo, siendo que aquella está resignificada
en éste. En los colectivos holoparticipativos se verifican los "tres
principios" del pensamiento complejo de Edgar Morin (3): - El principio
dialógico, por el cual unidad y diversidad no son opuestos, si no dos niveles
compatibles de una misma realidad. Al igual que en el "orden implicado"
de David Bohm (4), la diversidad (de los miembros del colectivo) es la manifestación,
en el mundo fenoménico y sensible -el orden explicado- de una realidad
profunda -el orden implicado- que es el "ser organizacional" que emerge
y se sostiene a partir de la construcción del valor superior de la unidad.
- El
principio de recursividad, por el cual el desarrollo personal de un miembro del
sistema, esto es, su transformación individual, contribuye al desarrollo
del conjunto, es decir, la transformación colectiva. Esta, a su vez, promueve
el crecimiento personal de los miembros.
El principio de recursividad organizacional
introduce una visión sensiblemente diferente a la lineal convencional,
que entiende los todos como resultantes de las partes y por eso considera que
el cambio personal es previo al cambio organizacional y social. - El principio
hologramático. No sólo el todo (el colectivo HP) contiene la parte,
sino que esta contiene a su vez el todo. Cada miembro es una manifestación,
en su diversidad, del ser organizacional profundo, en el que subyace el principio
de unidad.
La HP puede ser entendida como la modalidad general de
la cual la participación consultiva es la modalidad específica para
colectivos microsociales, intraorganizacionales y comunitarios. Tal como se
dijo en la introducción, no toda participación es promotora de un
orden social superador, inédito y trascendente, aquel que permita aflorar
las ilimitadas potencialidades latentes en la conciencia humana. Podemos decir
ahora, simplemente, que no toda participción es holoparticipación. Muchas
modalidades de participación, incluida la participación democrática
convencional se inscriben en lo que, por contraste con la HP, puede ser llamado
participación lineal-fragmentaria. En estos casos, subyace el patrón
de conflicto, deseado o lamentado pero legitimado como algo intrínseco
a la naturaleza humana. Se acepta que cada parte o sector bregue por sus propios
intereses parciales, si reconocer ni buscar un todo superador y trascendente,
o, lo que es lo mismo, sin aceptar la unidad como valor superior. Desde
una perspectiva sistémica podría decirse que los procesos de participación
lineal y fragmentaria logran, en el mejor de los casos, todos iguales a la suma
de las partes dado que los resultados del proceso estaban contenidos entre las
opciones aportadas por las diversas facciones, o resultan de términos intermedios
-soluciones de compromiso- entre las propuestas de aquellas, cual es el caso típico
de la negociación. Cuando varias o todas las partes parecen beneficiarse
a un mismo tiempo, esto ocurre por su afinidad y condescendencia hacia intereses
circunstancial y temporalmente coincidentes, sin que nada a nivel de visión
compartida, valores, principios sostenga la aparente unidad. En muchos casos
el proceso produce resultados inferiores a la suma de las partes (lo que significa
que hubiera sido preferible que actuaran por separado), produciéndose frecuentemente
la desagregación del espacio participativo u organización en sus
partes constitutivas enfrentadas. Se trata de espacios altamente entrópicos,
disipativos en los que la mayor parte de la energía interna se disipa en
fricciones y luchas partidistas. Es el caso de muchas cámaras legislativas
y la política partidaria en general, las mesas paritarias entre gremios
y patronal, las negociaciones y competencia interempresarial y otros foros que
bajo una apariencia -a veces- mas civilizada, no difieren en esencia de la dinámica
de hinchadas de futbol, pandillas callejeras u hordas paleolíticas. Pero
también resabios de la participación fragmentaria se deslizan aún
hacia muchos procesos de la propia sociedad civil, sea por infiltración
aviesa, por imitación de modelos hegemónicos o por la incapacidad
de operativizar procesos holoparticipativos. Y, desde el punto de vista que
sustenta el presente trabajo, la potencialidad histórica de la sociedad
civil reside prioritariamente en su capacidad de establecer procesos de unidad
en diversidad, animados por la HP. Aunque la HP cobrará diversos
matices y contará con metodologías y técnicas específicas
en función de la escala geodemográfica y la característica
de las comunidades e instituciones involucradas, los rasgos básicos que
caracterizan su esencia y espíritu pueden resumirse como sigue: - Los
espacios HP no se constituyen a partir del proselitismo. Sus integrantes entienden
su membresía como un servicio y jamás como un privilegio.
- La
HP desconoce el concepto arcaico de poder, esto es, relaciones asimétricas
de fuerza a través de las cuales las partes mas poderosas obtienen sus
"beneficios" a expensas del resto.
La HP concibe el poder desde un
principio radicalmente diferente: el poder está en el todo, en el holos,
distribuido entre todos los individuos intervinientes, y se manifiesta sólo
a partir de las relaciones, concertación y sinergia que se logre generar. - En
los espacios HP no se concibe que las intervenciones sean a favor de sectores
o parcialidades, si tal favor no se da dentro del beneficio conjunto.
Esto
no impide que, en los espacios HP de segundo orden (redes, federaciones) los miembros
puedan actuar en representación de sus respectivas organizaciones o comunidades,
pero no están allí para "llevar la mejor tajada" para
los "suyos", si no para contribuir a la sinergia en pro de los propósitos
de la red (el holos en este caso). Para ello, tales propósitos deben estar
claramente establecidos sobre valores y principios compartidos, cuestión
que suele soslayarse en este tipo de organizaciones, con indeseables consecuencias. - Los
espacios HP no admiten bloques ni alianzas, sean estas formales o informales,
permanentes o ad hoc, ni en modo previo a las sesiones ni durante las mismas.
- Los espacios HP toman decisión por mayoría simple y el
conjunto de miembros apoyan sin reserva la decisión adoptada, independientemente
de las posturas que hubieran tenido durante el proceso.
Para entender esto,
tan distinto de los conceptos prevalecientes en la democracia partidaria, se debe
comprender que el valor de la unidad es prioritario al de la verdad. Esto se debe
a que, desde un marco epistemológico consistente con los PUD, no existen
verdades "objetivas" a defender, si no "verdades" intersubjetivas
a construir o completar. En los PUD la componente de proceso es, como veremos
a continuación, mas importante que la de fines y objetivos, ya que mientras
estos, en caso de error, pueden corregirse, el aprendizaje no puede continuar
si el espacio HP se fragmenta a causa de un disenso originado en las distintas
"verdades" parciales.
Fines y procesos Los
PUD son procesos sinérgicos, complejos, y por lo tanto no lineales. Su
naturaleza no está reñida con la orientación a objetivos
o la producción de resultados, pero no está limitada a estos aspectos. En
el modelo hegemónico, los planes, programas y proyectos, y los procesos
socio-institucionales en general, están prioritariamente dirigidos al logro
de objetivos, que deriva de los productos o resultados esperados de una secuencia
de actividades. La adopción estricta del método de marco lógico,
tan caro a las agencias de cooperación internacional, gobiernos y muchas
ONGs, es considerada una condición necesaria para el financiamiento de
los proyectos. Un proyecto será considerado serio y viable -entendiendo
la viabilidad como la sostenibilidad del objetivo en el tiempo luego de retirada
la intervención- si está formulado según el marco lógico.
El método pretende asegurar, desde el propio diseño, los resultados
a obtener, a través de una sucesión de pasos unidireccionalmente
vinculados por cadenas causales (lógico-lineales), que salvo razonables
márgenes de imprevisibilidad (dados por unos factores externos) conducirían
inexorablemente a los fines buscados. Aún estos factores externos de
tipo extraproyectual deben ser controlados o minimizados hasta donde sea posible. El
proceso es controlado durante su desarrollo a través del monitoreo, y es
evaluado finalmente, todo esto a través de "indicadores objetivamente
verificables". Pero, sabemos hoy que, definitivamente, el mundo no funciona
así. Queda muy claro, en este método y otros de inspiración
similar, que se inscriben dentro de un enfoque hegemónico del desarrollo,
orientado a la producción secuencial, lineal de "mejores condiciones
de vida", entendidas estas fundamentalmente como incremento en el acceso
a la bienes y servicios, combate a la pobreza -reduccionistamente entendida como
carencia de recursos materiales y a otras cuestiones fácilmente cuantificables. Desde
una perspectiva mas profunda, el marco lógico responde claramente a un
paradigma lineal-determinista, y a una comprensión lineal del tiempo, concepciones
que no se sostienen desde ningún marco epistémico post-cuántico
medianamente respetable. La participación de las comunidades -y a través
de ella la intersubjetividad- es mencionada mas retóricamente que en la
praxis, o, si verdaderamente se la promueve, se lo hace siempre y cuando la secuencia
lógica que lleva a los objetivos no se altere. Cuando el propio proceso
participativo que un programa o proyecto puede promover desemboca en un cambio
de prioridades, y cuando la intersubjetividad de los actores en terreno pueda
perder de vista alguno de los objetivos y sus indicadores objetivamente (valga
la redundancia) verificables, aparecen graves complicaciones, en particular frente
al ente financiador. Esto nos lleva a la problemática central que tiene
la independencia, aún económica, en los procesos de la sociedad
civil, tema que ha quedado esbozado en "El espíritu del voluntariado". Los
PUD, en cambio, si bien pueden proponerse ciertos objetivos, -o, dicho en términos
del Desarrollo a Escala Humana orientarse a la construcción de ciertos
satisfactores sinérgicos-, lo hacen siempre y cuando dichos propósitos: a)
sean decididos por la propia comunidad involucrada en el proceso, conforme a sus
valores y prioridades b) sean formulados en modo flexible u orientativo, pudiendo
ser modificados por dicha comunidad a lo largo del proceso de aprendizaje colectivo.
Esto
significa, ni más ni menos, que la "inteligencia" que gobierna
un PUD reside en el propio cuerpo de la comunidad, a diferencia de otro tipo de
procesos en que la decisión es exógena y simplemente se aplica a
aquella, entendida meramente como beneficiaria. La HP involucrada maximiza
la sinergia promovida en la construcción de objetivos o satisfactores,
y por ello tienden a ser de mayor calidad que los linealmente promovidos. Sin
embargo, aparece otra dimensión de suma importancia de carácter
netamente procesual, es decir, hasta cierto punto independiente de los objetivos
perseguidos y su grado de cumplimiento. Esta dimensión adicional se vincula
al proceso de aprendizaje colectivo (holoaprendizaje), a la calidad vincular lograda
en el colectivo -grado de concertación o sinergia-, y en definitiva a la
unidad construida. Es una dimensión de naturaleza intersubjetiva, ya
que depende de los valores de la propia comunidad involucrada en el PUD, y por
lo tanto no es "objetivamente verificable" si no que sólo puede
ser percibida y evaluada por los propios actores comunitarios. Una característica
destacable de esta dimensión, que adquiere un peso decisivo en los PUD,
es que su magnitud normalmente es siempre creciente en el tiempo. En los PUD,
a diferencia de los procesos lineales en los que la única dimensión
destacada es la fines y objetivos, existen dos dimensiones que se desarrollan
en el tiempo: la finalista o de objetivos, ligada al valor "verdad"
y la procesual, ligada al valor "unidad". Mientras que los objetivos
pueden lograrse o no, presentando un avance mayor, menor o nulo -e inclusive retrocesos-
(crisis y victorias) con respecto a la situación inicial (previa al proceso),
en los PUD, gracias al holoaprendizaje, la sinergia organizacional y la unidad
van siempre en aumento. Ambos movimientos están ligados, y precisamente
es el holoaprendizaje el que permite convertir una crisis en una ulterior victoria. 
ProcesosLineales
PUD
Figura
3 En los PUD, los objetivos pueden lograrse por debajo de
lo esperado, inclusive no lograrse en absoluto, o cambiarse durante el proceso,
pero en cualquiera de los casos, si hay HP, habrá holoaprendizaje y el
grado de unidad se incrementará. En la figura representativa del PUD
en la Fig. 3, puede verse que si bien durante la etapa 1-2, (pongamos por caso
que 1-2 represente un proyecto determinado dentro del proceso global), hay una
caída en los objetivos, la unidad no deja de incrementarse. Si bien
el holoaprendizaje requiere de una "materia" u objetivo que actúe
como eje ordenador del proceso, poco importa que esa "materia" o eje
se oriente a la mejora de la salud comunitaria, al mejor aprovechamiento del tiempo
libre o a la generación de un espacio verde. Cualquiera sea la sustancia
del eje de objetivos, esta servirá para el holoaprendizaje y la generación
de sinergia y unidad comunitaria, siempre y cuando se trate de un proceso HP,
es decir, un PUD. El hecho de que se trate de unos objetivos y no de otros,
tiene importancia exclusivamente porque son determinados por la propia comunidad
en base a su percepción, valores y prioridades. Esos objetivos pueden
verse dificultados o impedidos, no solo en función de los "factores
externos" que se toman en cuenta en los procesos de marco lógico y
lineales en general, sino que también pueden ser modificados o dejados
de lado por lo que podemos llamar "factores internos" es decir, el permanente
ajuste valórico y los siempre cambiantes puntos de mira que la propia comunidad
va adoptando en su propio proceso de holoaprendizaje. En los PUD los objetivos
son logrados a través de satisfactores sinérgicos y por lo tanto,
no serán nunca sólo punto de llegada, sino que serán siempre
la puerta y nuevo punto de partida para nuevos procesos sinérgicos, que
actualizarán nuevas potencialidades humanas. A su vez, puede establecerse
una relación de recursividad entre el nivel finalista o de lo generado,
con el de los procesos: a mayor sinergia de proceso (holoaprendizaje, unidad)
mayor sinergia generada, es decir, mejores satisfactores sinérgicos. Como
ya se dijo, estos son puntos de partida para nuevas sinergias. En los PUD,
fines y proceso están cíclica (recursivamente) ligados, y en última
instancia se igualan. Los fines, como el horizonte de Galeano (5), solo sirven
para caminar. Los PUD modifican así la percepción del proceso
de desarrollo, la percepción del tiempo y la de la propia realidad. A
diferencia de los procesos lineales, que pertenecen a una visión mecanicista
y reduccionista del mundo, los PUD parecen consistentes con la visión cuántica
del universo indeterminado. Devuelven a la humanidad la visión circular
del tiempo, pero sin perder la componente de avance, en una suerte de ascensión
helicoidal, similar a la de los desarrollos que aparecen bajo la dinámica
de atractores. Escapan así a la racionalidad instrumental, a los enfoques
finalistas y utilitarios, y contribuyen a fortalecer el espíritu del don,
de gratuidad, de la recta acción por la acción misma, en un entorno
de caos creativo. El problema de la visión, los valores y
los principios compartidos
Retornando a nuestro ciclograma, vemos
que la visión compartida, sustentada en valores comunes, mantiene lazos
recursivos con los otros dos niveles en los que conceptualmente hemos desglosado
los PUD.

Figura
4 Está claro que los valores comunes contribuyen a la
participación. A su vez, es necesario que aquellos tengan una base profunda,
trascendente, espiritual, para que lleguen las relaciones humanas generadas se
tornen significativas, comunitarias, y la participación se transforme en
HP. La HP parte del reconocimiento de un todo común al cual los miembros
reconocen su pertenencia, un suprasistema en pro del cual cedan, no su diversidad,
pero si su "soberanía", esto es, abandonen todo partidismo y
en definitiva, disminuyan su nivel egoico en la confianza de que es en el suprasistema
donde encontrarán su verdadero beneficio y desarrollo. Para ello, es
necesario que los nexos, los vínculos que re-ligan a los miembros del colectivo
lo hagan en torno a algo más que al mero intercambio de beneficios particulares,
e inclusive en torno a algo mas que intereses circunstanciales en común. Se
requiere de unos valores suficientemente profundos, abarcativos, vitalmente movilizadores,
que doten al espacio HP, a la organización, de unos objetivos equiparables
a una "causa" (6). Recíprocamente la HP promueve
el valor superior de la unidad, su práctica concierta y perfecciona las
relaciones intragrupales. El proceso de HP desarrolla la mente del colectivo
entendida como un conjunto de relaciones concertadas de las que emana una inteligencia
distribuida -esto es, no controlada por ninguna de las partes en modo fragmentario-
y da origen y permite el fortalecimiento del ser organizacional. Esa mente
colectiva y ser organizacional tiende a una mayor comprensión de los propios
principios y valores, y la relación se recrea recursivamente. La visión
fundada en valores y principios compartidos, promueven una mayor sinergia, tanto
en generación como en proceso, al guiar el holoaprendizaje, el cual será
intersubjetivamente evaluado precisamente en relación con dichos valores,
tomados como referencia. A su vez, esa mayor sinergia generada amplía
y profundiza la mente organizacional, la concertación de diversidades,
y expande así la conciencia sobre valores, en un proceso hasta cierto punto
comparable al desarrollo neuronal y al aumento de interconexiones sinápticas. Parece
interesante, en este punto, abrir un espacio de reflexión acerca de la
fuente de los valores espirituales y principios compartidos característicos
de los PUD y requeridos por el HP. Sin duda que, como ya vimos, la HP retroalimenta
los valores, aumentando su comprensión y permitiendo ajustarlos en modo
progresivo. ¿Son estos valores de intraorganizacionales, es decir,
de generación interna? ¿son los valores enteramente construidos
a partir de la participación? Una respuesta afirmativa parece poco probable,
si consideramos en general las organizaciones no se forman en torno a un vacío
de principios, si no que precisamente nuclean a quienes ya los comparten, si bien
dichos principios evolucionarán y se perfeccionarán durante el desarrollo
organizacional. Al inicio los valores y principios pueden estar en un estado
germinal, borroso. Pero la HP y la sinergia generad contribuirán al despliegue
de dichos valores. Parecería así que el proceso HP, mas que a
la construcción de valores "desde cero", se dirige al progresivo
descubrimiento, a la cada vez mas profunda comprensión de unos valores
preexistentes, o, en todo caso, a completar y perfeccionar según el cariz
organizacional propio, estos valores predados. No sin cierta reminiscencia
platónica, podría decirse que hay unos valores (unas ideas) allí,
en el mundo inmaterial, y los colectivos HP los intuyen, los decubren, los "materializan"
y tal vez, los terminan de tallar conforme su sello propio. Nos enfrentamos
entonces al siguiente problema: si los valores trascendentes y espirituales son
completa o parcialmente externos, si los colectivos humanos significativos se
ordenan en torno a valores "preexistentes", ¿cuál es su
origen? Podría responderse, en primera instancia que aquellos valores
capaces de poner en marcha los PUD, proceden del actual estado de desarrollo de
la conciencia humana colectiva.
En este caso, sería estado actual
de la conciencia colectiva humana, que Edgar Morin y otros llaman "Conciencia
Planetaria" (7) -de la cual la conciencia ecológica sería una
expresión inicial- quien inspira y dota de valores y principios a los colectivos
humanos capaces de PUD. Estas organizaciones y comunidades pueden ser vistos
como subsistemas inmersos en un amplio suprasistema -el de la humanidad y su evolución
social colectiva- que es su fuente de inspiración y principios.Si así
fuera, lo que hemos hecho es desplazar la pregunta sobre la fuente de los valores
de cada colectivo, a una nueva pregunta orientada a indagar por la fuente impulsora
de la evolución de la conciencia humana. Nuevamente podremos preguntarnos
si tal energía es intracultural, o intrasocietal, o si se recibe desde
una fuente externa. Se abre una cuestión de enorme magnitud, sobre
la evolución cultural y su energía motriz, hasta cierto punto similar
a la cuestión de la fuerza evolutiva biológica. En este último
caso podemos cuestionarnos ¿por qué, en un universo que en su conjunto
está sujeto a la segunda ley de la termodinámica, esto es, la entropía
o desorden creciente, a la degradación, la evolución ha tomado el
rumbo de la mayor complejidad y orden creciente? Aplicando un pensamiento isomórfico
para el caso sociocultural, podríamos decir ¿de dónde procede
el conjunto de energías impulsoras de la evolución cultural humana?
¿a expensas de qué impulso se ha arribado al estado de "conciencia
planetaria"? Y, nuevamente, ¿se trata de un proceso endógeno,
enteramente autogenerado? Las estructuras disipativas de la Teoría del
Caos (8) y la dinámica de atractores, inspiran respuestas posibles. Si
todas las potencialidades humanas ya estuvieran desplegadas, y los distintos fenómenos
culturales se trataran de recombinaciones al azar a partir de lo ya existente,
de lo presente en las partes, tal las olas del mar, entonces ¿cómo
es posible que aparezca la innovación sobre la faz de la tierra? Ciertamente
todo sería una deriva sin forma ni sentido. Pero cuando hablamos de
evolución social humana, y de Conciencia Planetaria, habrá que preguntarse
por su "código genético", su causalidad. No estamos
atados a colocar tal causalidad en el pasado -la dinámica de atractores
o la complejidad creciente de Teillhard de Chardin visualiza el proceso en cierto
sentido como traccionado desde el futuro-, pero, en cualquier caso, parecería
ser necesario un impulso externo para que exista tal evolución. Las
propias sociedades podrían ser copartícipes en la forja de tal evolución,
pero precisamente porque hay una luz de guía que les llega desde afuera.
Desde la caída del positivismo y el racionalismo cartesiano a ultranza,
son cada vez más los pensadores, intelectuales, actores sociales y científicos
que han vuelto sus miradas hacia el fenómeno religioso. Se ha revalorizado
el rol educativo y socialmenteorganizador de las grandes revelaciones como las
de Krishna, Moisés, Buda, Cristo o Mohammad. Dicho reconocimiento no
se dirige hacia las formas institucionales -denunciadas justamente en casi todos
los casos como traidoras del espíritu original que declaraban servir- si
no hacia el mensaje del fundador o Educador Universal. Hoy en la sociedad civil
existe una creciente aceptación de la contribución de estos mensajes
a los valores que animan los procesos sociales profundos -esto es, los PUD- una
aceptación de la diversidad religiosa y un cierto consenso en que los principios
fundamentales de estas diferentes mensajes son consistentes entre sí y
pueden constituir un código áureo, una carta fundacional para la
convivencia en diversidad, que podría orientar los valores de los diversos
movimientos y colectivos sociales. En este caso, estaríamos llevando
la cuestión al problema de la "revelación". Si se trata
de un producto de la cultura, estaríamos inclinándonos por la respuesta
intracultural: los mensajes llamados "revelados" no son si no creaciones
de la historia y de la cultura humana. Si se adopta esta hipótesis,
cabría preguntar: ¿Cómo es que un solo hombre, que no es
sino producto de su cultura y uno más de su época, es capaz de promover
cambios civilizatorios tan profundos? Si, por el contrario, aceptamos que esta
figuras fundacionales están divinamente inspiradas, encontraremos allí
el "quantum" extracultural y transhistórico capaz de motorizar
los grandes cambios en el proceso de la evolución social humana. Se trataría
de una "energía externa" que produce esa complejidad creciente,
con el rol de "atractor universal". A la luz de esta segunda perspectiva,
la mera yuxtaposición sincrética o búsqueda de denominadores
comunes entre los distintos mensajes y sistemas religiosos, considerados como
elementos aislados e independientes, no parece ser un modelo suficientemente consistente
como fuente de realidades sociales superiores. Parecería necesario encontrar
un modelo de articulación sistémica y coherente entre estos distintos
mensajes espirituales. La Fe Bahá´í, fundada por Bahá´u´lláh
(1817-1892), ofrece una propuesta consistente que merece ser considerada, y que
ya ha sido tratada en el artículo anterior. En dicho enfoque, llamado
"revelación progresiva" las diversas "religiones" son
entendidas como etapas sucesivas e integradas de un único proceso sistémico. En
cada etapa se incorpora ese "quantum" de energía adicional capaz
de promover el desarrollo civilizatorio, resolviendo los problemas y superando
los desafíos propios de cada época conforme al grado evolutivo de
la conciencia humana que le es característico. Conforme a esta visión,
la revelación bahá´í sería la última
etapa hasta el momento -aunque no la última por siempre- de dicho proceso,
y aporta claves y valores que, en el siglo XIX anticiparon lo que durante el siglo
XX y XXI se va tornando cada vez mas universalmente aceptado: la unicidad de la
raza humana, la igualdad de derechos y oporutunidades para mujeres y hombres,
la educación universal, la moderación en el manejo del medio ambiente
y los recursos de la Tierra, la eliminación de extremos de riqueza y pobreza,
la valorización de las culturas originarias, la eliminación de prejuicios
y formas de discriminación que dividen y enfrentan a los humanos, la paz
mundial entendida como un proceso activo de cooperación y entendimiento
entre los pueblos, es decir mucho mas que la mera ausencia de guerra. Pero
dejemos ahora esta propuesta para quienes deseen investigarla, para referirnos
al tema de los PUD en el ámbito institucional. Compatibilidad
institucional
Como ya fue dicho, los PUD pueden desarrollarse en diversas
escalas, desde el nivel microsocial hasta el planetario. Las cuestiones vinculadas
a los principios y a la sinergia generada no requieren de mayor análisis
con respecto a la escala, ya que están presentes independientemente del
tamaño y características del colectivo considerado. Nos enfocaremos
ahora en aquellas características de los PUD que sí varían
en función de la magnitud del ámbito de aplicación, la cantidad
de personas involucradas y, sobre todo, de la naturaleza de las instituciones
involucradas. Reflexionemos en primer lugar, brevemente, sobre la compatibilidad
de la holoparticipación con los distintos tipos de organización
o procesos sociales. Haciendo uso, debido a su claridad, de una poco feliz
analogía -ya que recurrimos a una imagen fría y tecnológica
para aludir a algo vital y trascendente- podríamos decir que la HP es equivalente
al "software" y el tipo de organización al "hardware".
El software no "corre" del mismo modo en cualquier hardware. Un hardware
obsoleto, no podrá soportar adecuadamente un software innovador, por así
decirlo. Hay naturalezas y modelos institucionales que son incompatibles con
la HP. En primer lugar, tenemos el requerimiento de principios espirituales
y relaciones significativas. Esto excluye ya de por sí a un amplio
número de instituciones y organizaciones que por su propia naturaleza y
objetivos, no parten de tales principios. Las organizaciones cuyo propósito
y razón de ser exclusivos o prioritarios son el lucro y la maximización
de la ganancia, no son aptas para aplicar la HP. Sector privado
de
sentido para las mayorías
La lógica de la competencia
insaciable por los mercados y la acumulación capitalista es incompatible
con la HP. No quedan excluidas, por lo tanto, organizaciones que generan e intercambian
recursos pasibles de valoración económica, siempre y cuando este
intercambio no esté regido por la racionalidad de la generación
de excedentes para acumulación de capital, y se dé en el contexto
del cumplimiento de una misión de servicio a la humanidad. Esto no impide
que complementariamente tal intercambio facilite la subsistencia institucional
y la de sus miembros. Este tema ha sido tratado en el artículo "El
espíritu del voluntariado". Pero la empresa privada no sólo
es incompatible con la HP por su naturaleza y razón de existencia, por
sus objetivos y principios (subsistema de valores) si no porque establece -excepción
hecha de las cooperativas- una división infranqueable entre titulares,
patrones o empleadores, por un lado, y empleados o trabajadores. Mas allá
de la tendencia creciente en el "sector privado" a abrir espacios pseudoparticipativos,
o participativos convencionales, existe un punto de divergencia y contraposición
de intereses, y este es un punto no menor. El lucro o utilidades, principal objetivo
de accionistas o titulares, se contrapone al pago de mejores haberes, lo que en
este tipo de empresas constituye la motivación prioritaria de la mayoría
de los empleados. Los espacios pseudoparticipativos pueden contribuir a una
mejora del clima psicosocial, y son promovidos como modo de aumentar la productividad
y las utilidades, o bien para disminuir la tensión y los potenciales conflictos
gremiales. Sin duda hay más de un patrón bienintencionado que
involucra a sus empleados en las decisiones, y promueve cierto tipo de participación,
sin embargo esto lo hace a pesar de la racionalidad dominante de su organización
y no como expresión de la misma. El sistema productivo, de servicios
y de intercambio en general, requiere profundísimas resignificaciones,
si es que alguna vez ha de dejar de ser un espacio alienante para la mayoría
de quienes entregan casi la mitad de sus vidas a él. Sin duda hoy es un
sector privado, sobre todo de sentido. Problemas con la democracia
nominal
Por otro lado el Estado y los procesos democráticos
en general, si bien nacidos de principios que en su momento pudieron expresar
la conciencia humana en un determinado momento de su evolución, requiere
un análisis cuidadoso de cara a la posibilidad de permitir la HP y los
PUD. Por un lado los principios y valores que originan el estado y sus instituciones,
si bien en su momento fueron significativos y vitales, no pueden ya hoy, ligados
como están a la causa de los "estados nación", satisfacer
los anhelos profundos de una humanidad que ya asoma a la Conciencia Planetaria.
La democracia nominal ha mostrado ser un ejercicio pseudoparticipativo, en
el que la manipulación mediática impide que exista relación
alguna entre los ideales (fragmentarios y anacrónicos ya de por sí)
y la imagen o posicionamiento de los candidatos que se coloca en el medio social
maquinaria propagandística mediante. Estudios europeos muestran que
en ese continente, menos del 5 % de los votantes conocen un mínimo de la
propuesta política de los candidatos. No hace falta hablar de la posterior
praxis y cumplimiento de objetivos declarados y promesas que logran las instituciones
del gobierno en un sistema que otorga un "cheque en blanco" por varios
años a los gobernantes electos, sin instancias vinculantes fuertes y operativas
para el contralor de la ciudadanía. Los compromisos con los financiadores
de campañas, las presiones de la banca internacional, de grupos internos,
la propia corrupción y el hecho de que el servicio a la comunidad y el
ascenso y sostenimiento del poder alcanzado responden a racionalidades disjuntas
son algunas de las causas para la pésima praxis política, éticamente
insostenible, que exhiben prácticamente todos los gobiernos del planeta.
Otro factor que dificulta seriamente la HP en el ámbito estatal,
es la profusa burocracia que se genera en sus instituciones, en el cono de un
diseño organizacional mecanicista y verticalista. Nuestra experiencia
de trabajo con miembros y técnicos de muchas organizaciones del estado,
en particular aquellas que trabajan o intentan trabajar con la comunidad (municipios,
escuelas públicas, instituciones públicas de la salud) muestra que,
a partir del contacto real con la gente, comienzan a surgir iniciativas de transformación
conforme a nuevos valores. Sin embargo tales iniciativas proceden mas de
la sensibilidad particular y personal de los funcionarios que de la dinámica
propia de la organización. Se abren así algunos espacios vitales
tales como procesos abiertos a la comunidad y sus propuestas, proyectos surgidos
informalmente en una comunidad educativa ampliada con padres y alumnos, procesos
participativos en la salud comunitaria por mencionar solo algunos casos. Pero
estos espacios vitales suelen tener una naturaleza "intersticial", ocupan
los espacios dejados libres o no atendidos desde la organización formal,
aún más, en las fisuras resultantes de su resquebrajamiento. Son
espacios periféricos, marginales, que se asemejan a la planta creciendo
en las grietas del cemento. La organización formal, sus procedimientos
burocráticos, fijan límites inelásticos, ponen el "techo"
a tales iniciativas. Los funcionarios de este tipo de organizaciones, a veces
sus máximos responsables, expresan su deseo de promover las nuevas iniciativas
a un estado menos periférico, dándoles mayor alcance y potencia.
Pero se declaran prisioneros de racionalidades que "bajan" desde el
supraespacio institucional: los ministerios, los gobiernos estatales y otras entidades
que planifican normativamente a espaldas de la comunidad. Viven una verdadera
esquizofrenia, cumpliendo con las formas y rutinas, y haciendo extraoficialmente
-a veces fuera de su horario laboral formal- lo que sienten importante y transformador.
Estos pequeños pero cada vez mas frecuentes focos de vitalidad, parecen
pequeños tejidos vivos al interior de grandes organismos muertos, es decir,
están rodeados de tejidos necrosados. Su futuro parece depender más
de que sean capaces de dar un salto y echar raíces afuera del organismo
muerto, que de lograr una casi imposible revitalización de este. Fuera
de estas iniciativas focales y alternativas que se dan en el medioambiente de
algunas instituciones estatales tradicionales, en particular las que deben trabajar
junto a la comunidad y que se deben mucho más a la iniciativa de sus miembros
que a políticas institucionales formales, la mayoría de los empleados
del estado parecen condenados a la alienación resultante de las burocracias,
las jerarquías verticalistas, la acción mecánica y el departamentismo
sin visión de conjunto, condenados a la imposibilidad de conectar su sentido
existencial con una realidad institucional desvitalizada y anacrónica.
El Estado es hoy por hoy un terreno poco fertil para la HP. Una redefinición
profunda de su rol, aún mas, un nuevo Contrato Social, ciertamente mas
impulsado por los procesos de la sociedad civil que por propia voluntad, podría
gradualmente impulsarlo a evolucionar hacia la aún inédita democracia
participativa. A diferencia de la empresa privada, no es su racionalidad
última lo que le impide al Estado incorporarse a los PUD y una transformación
social sin precedentes, pero sí su concepción anacrónica
-asociada a los estados nación como invención de la modernidad que
hoy a todas luces es insuficiente para dar cuenta de los problemas de un mundo
interdependiente-, su diseño mecanicista y un contrato social que permite
nulas o muy pocas instancias de participación ciudadana con efectos vinculantes
y que legitima el sistema partidista-proselitista como su motor. Será
difícil que esto ocurra mientras los estados no cedan algo de su soberanía
a alguna forma de suprasistema mundial, que sin duda no es el que ofrecen hoy
las empresas multinacionales, ni las instituciones de Breton Woods, ni siquiera
el sistema de Naciones Unidas. Por otra parte la racionalidad partidista
que legitima la lucha por el poder, promueve dinámicas altamente entrópicas.
Allí donde se requiere sinergia en el anhelo de servir a la comunidad,
se produce la disnergia de las luchas por el poder. Las minorías se
constituyen en oposición, y la lógica partidista se lleva al propio
gobierno, prueba de lo cual son las cámaras legislativas donde es el interés
de cada bancada y no el beneficio del conjunto lo que orienta las votaciones,
situación que resulta el antagonista perfecto del espíritu de Unidad
en Diversidad y la HP. El patrón de conflicto en el espacio suprainstitucional
Mas allá de las limitaciones al interior de organizaciones gubernamentales
y privadas, aparecen las limitaciones a la HP en los procesos interinstitucionales
que conforman este tipo de organizaciones. La dinámica rectora de las
organizaciones con fin de lucro es la competencia por los mercados. Los grupos
o alianzas transitorias de empresas no reflejan verdadero espíritu colaborativo,
si no una concomitancia circunstancial de intereses. En el fondo, cada empresa
nace para lograr la mayor penetración en el mercado, y esto a costa de
disminuir e inclusive destruir al competidor, dentro de una lógica de escasez
en la que el beneficio de una parte requiere del perjuicio de la otra. Los
partidos políticos, en cuanto aspirantes a gobierno, participan de la misma
racionalidad de la escasez: el poder está dado, y cada cual tomará
una porción tanto mayor cuanto menor sea la que toman los demás.
Esto se mide en votos sobre un electorado que se disputan proselitistamente. Los
espacios pluripartidistas están en general dotados de la lógica
de conflicto, las minorías se declaran oposición, como si esto fuera
algo legítimo y normal. Los gremios, los grupos de presión, responden
también a una racionalidad de lucha de poderes, economía de la escasez
y conflicto. Inclusive las iglesias tradicionales han manifestado históricamente
no solo la incapacidad de renunciar a sus dogmas absolutistas en aras de un suprasistema
ecuménico genuino, sino inclusive la guerra directa producto del fanatismo
ignorante. Los estados nación pugnan por el poder en un planeta donde
la aspiración común es el mayor peso económico y el armamentismo
avasallador. La conformación de bloques regionales aparece aún
como un fenomeno cohesivo debil, mas alentado por los mercados en búsqueda
de expansión que por una clara vocación de ciudadanía trasnacional
y planetaria. Las Naciones Unidas aún no han manifestado estar a la
altura del requisito urgente de la época, esto es un superestado mundial
de bases democráticas, que articule las diversidades respetándolas
y asegure el bien común de la humanidad. ¿Y las Organizaciones
de la Sociedad Civil?
Resta preguntarnos si las OSCs son, por excelencia,
el tipo de organización que puede encarnar los procesos de unidad en diversidad
y la holoparticipación. Nuestra respuesta preliminar es afirmativa,
dentro de una condición de potencialidad. La naturaleza que por constitución
tienen las organizaciones de la sociedad civil, las convierte en portadoras de
una racionalidad (9) no lucrativa o de acumulación capitalista y no normativa
o del derecho, si no de servicio a la comunidad y procura del bien común. En
ese sentido, las OSCs ofrecen la mejor plataforma para el desarrollo de PUD y
la holoparticipación. No obstante, entendemos que esta racionalidad
es genérica y apriorística respecto de las prácticas que
finalmente las OSCs desarrollen. En ese sentido el hecho de estar constituidas
como sin fin de lucro y ser no gubernamentales constituye una condición
necesaria pero no suficiente. La condición de suficiencia se presentará
cuando la organización pueda desarrollarse sin caer en las diversas amenazas
tratadas en el artículo "Organizaciones de la Sociedad Civil, expresión
social de la Conciencia Planetaria" y haga, además, ejercicio pleno
de una participación consultiva (holoparticipación). Queda claro
que el tipo de constitución jurídica por si sola -Asociaciones,
Fundaciones- es poco relevante a la hora de decidir el verdadero espíritu
de la organización. Pero sería también una simplificación
extrema el suponer que estas organizaciones, por el solo hecho de estar constituidas
por un conjunto de personas que comparten unos objetivos orientados al bien común
y que, en general, se organizan a través de esquemas que tienden a ser
horizontales y participativos, son verdaderamente espacios de unidad en diversidad,
de holoparticipación y capaces por ende de impulsar una transformación
sociohistórica sin precedentes. Como ya ha sido planteado, que las OSC
en su conjunto sean capaces de ofrecer el soporte orgánico a los procesos
de expansión de la conciencia planetaria, y logren pasar de su actual condición
de actor social relevante, a la de actor histórico trascendente, es un
hecho que se halla sólo en potencia y que probablemente su cristalización
o su ausencia se manifestarán en los próximos años. Digamos
entonces que el universo en expansión ofrecido por las OSCs por un lado,
y la expresión de la conciencia planetaria a través de los PUD son
dos procesos acoplables pero hasta cierto punto independientes. No nos cabe
duda que si las OSCs no están a la altura de tal desafío histórico
e inédito, la conciencia planetaria y los PUD en cuanto expresión
colectiva de la misma buscarán nuevas maneras de organización. Al
asistir a los procesos de la sociedad civil y sus actuales formas de organización
nos encontramos ante un gran interrogante. Responderlo hoy en forma taxativa sería
imposible. Sin embargo, es factible analizar un aspecto del proceso que puede
echar luz sobre la cuestión. Antonio Elizalde y Manfred Max-Neef se
preguntaban hace ya años por qué las ONGs (y nosotros la aplicamos
a las OSCs, por extensión) constituyen miles de historias aisladas incapaces
de constituir Historia (10). Veamos una línea de análisis: la que
ofrece la dimensión colectiva de las OSCs articuladas. Redes
y comunidades de organizaciones
Ya habíamos dicho que la HP puede
ser entendida como la modalidad general de la cual la participación consultiva
es la modalidad específica para colectivos microsociales, intraorganizacionales
y comunitarios. Vamos a explorar brevemente ahora las posibilidades de expandir
los PUD y la HP a niveles más amplios en los procesos de la sociedad civil. Al
preguntarnos por una posible transformación histórica sin precedentes
que pudiera ser liderada por las OSCs, aparecen distintas visiones acerca de la
dinámica del cambio. En un extremo aparecen quienes piensan que las
OSCs actuando individualmente, sin articulación expresa alguna, serán
capaces de provocar el cambio. El cambio resulta de la masa crítica
o de la sumatoria holística de los miles de organizaciones trabajando cada
una en su campo, ya que todas sin saberlo, se desenvuelven dentro de un plan que
aparece como una suerte de inconsciente colectivo de la sociedad civil o atractor
transorganizacional. Quienes esperan el cambio como resultado espontáneo
de miles de focos de transformación sin articulación explícita
o consciente, suelen rechazar cualquier superestructura, inclusive modalidades
moderadas de articulación de acciones, considerando que cualquier estructura
formal podría tornarse un obstáculo al libre flujo espontáneo
de las organizaciones individuales. En el Forum Global de la Segunda Conferencia
de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, habido en Rio de Janeiro
en 1992, uno de los tratados alternativos de la sociedad civil en el que tuve
ocasión de intervenir fue el de "Mecanismos globales para la toma
de decisión de las ONGs". Mas allá de que la primera palabra
del nombre de este tratado no es muy feliz, luego de un amplio debate se concluyó
en que no sería conveniente generar una coordinadora mundial de las ONGs
puesto que esto llevaría inevitablemente a vicios del poder. Las grandes
ONGs trasnacionales, se decía, tendrían mayores posibilidades de
colocar miembros propios en la coordinadora, con lo que este organismo mundial
terminaría sirviendo a los intereses de unas pocas organizaciones poderosas,
y excluiría a una inmensa diversidad de organizaciones pequeñas. Estos
supuestos surgen claramente de la incapacidad para concebir modelos participativos
y coordinativos que no sean los ofrecidos por el modelo partidistas o sectorial. El
espíritu de los PUD y la HP son garantías para generar espacios
de articulación y coordinación pensados como servicio al conjunto
y no como prerrogativas para quienes acceden a ellos y sus organizaciones. Por
lo tanto, los miembros de la coordinadora mundial -volviendo al caso del tratado
del Forum Global- podrían haber sido pensados no como representantes o
promotores de los intereses de sus propias organizaciones, si no como fideicomisos
del bien del conjunto o suprasistema. Pero está claro que estas dinámica,
cuando se trata de organizaciones de segundo orden (organizaciones de organizaciones),
deben ser aún desarrollados y experimentados. En el otro extremo
del espectro de pensamiento acerca de la dinámica del cambio, aparecen
quienes consideran que, sin alguna superestructura relativamente "dura"
que alinee los esfuerzos de las OSCs, esperar tal cambio es una utopía
irrealizable. Para ellos, la supuesta emergencia espontánea de nuevos
modelos a partir de la labor de millones de organizaciones aisladas, no es si
no una modalidad del pensamiento mágico, y un juego que los poderosos y
las transnacionales dejan jugar a las OSCs sabiendo que así el cambio jamás
llegará. Desde este pensamiento se propone en cambio identificar a los
enemigos históricos -sean las empresas transnacionales o el imperialismo
norteamericano- y dirigir la lucha contra ellos. Desde las izquierdas, que
realizan hoy intentos de "aggiornamento" e interpretar el rol de las
ONGs y muchas otras organizaciones no proletarias en el acompañamiento
de los movimientos de base y populares en espacios tales como el Foro Social Mundial,
se considera que el verdadero reservorio de energía para una transformación
sigue siempre ligado a los movimientos proletarios, al campesinado o a los pueblos
indígenas, y que las ONGs no proletarias pueden actuar como acompañantes
del proceso dándole la necesaria apoyatura técnica. Mas la izquierda
en general considera, como lo expresa Emir Sader en un artículo reciente,
que finalmente, si se desea realmente un cambio, las organizaciones de la sociedad
civil deberán convertirse en una fuerza política de choque. Otros
enfoque similares, aunque no necesariamente desde el marxismo, proponen que las
OSCs deben aglutinarse dentro de una estructura férrea, sectorial, capaz
de enfrentarse a otros actores sociales desde una relación de poder más
equilibrada. Las estructuras rígidas, en general, son concebidas dentro
de una visión contrahegemónica, sectorial y partidista, que en última
instancia legitima el conflicto como móvil del cambio y que acepta la lucha
de poderes como connatural al ser humano. Otras posturas, en nuestra experiencia
las sostenidas por un mayor número de actores de la sociedad civil, se
sitúa en una zona alejada de ambos extremos -lo que no significa una postura
intermedia o híbrido, si no modelos cualitativamente diferentes-, considerando
propicias modalidades de articulación flexibles y coordinaciones suaves,
que sin anular ni mermar la potencia de la diversidad, logren impactos significativos
desde el colectivo de organizaciones a partir de la sinergia generada por estas
modalidades innovadoras de cooperación. Sin embargo, el desconocimiento
de la HP y de su método de aplicación en organizaciones de segundo
orden, tales las redes y foros de ONGs, hace que con frecuencia fracasen, o no
pasen de ser meros espacios de intecambio informativo, cuando no meras cajas de
resonancia para los intereses particulares de las organizaciones miembro. La
participación convencional, a diferencia de la HP, efectivamente promueve
que, en caso de crearse estructura en la organización de segundo orden,
esta pueda derivar hacia la burocratización o hacia el abuso del poder.
Es muchas veces por temor a esta posibilidad que no se frena la generación
de estructura formal suficiente y los espacios quedan empobrecidos y limitados
a algunas funciones mínimas. ¿Cuáles podrían ser
las pautas para diseñar organizaciones de segundo orden -redes, foros,
federaciones- , y también de tercer orden -confederaciones- que funcionen
conforme a la racionalidad holoparticipativa? Vamos a presentar tres, entre
varias otras posibles: Desde la perspectiva de la modalidad de integración,
estructura y dinámica propia de estos espacios, puede pensarse una asamblea
general, formada por los representantes de todas las organizaciones miembros,
en la que dichos representantes, si bien hablan en representación y por
la potestad que su organización les confiere, no están allí
para defender o impulsar los intereses de su organización, si no para holoparticipar
junto con el resto en la construcción de proyectos comunes conforme a la
misión explícita de la organización de segundo orden.
A su vez, dicha asamblea puede delegar funciones ejecutivas, coordinativas y operativas,
en un órgano directivo colegiado, en el que no necesariamente deban estar
representadas todas las organizaciones. Sus miembros actúan como custodios
del objetivo común o misión de la organización de segundo
orden, sin que la organización de procedencia tenga ninguna relevancia
ni influencia en su intervención. En segundo lugar, estas organizaciones
de segundo orden, más que como redes, pueden ser concebidas como comunidades
de organizaciones, sin perjuicio de que se valgan complementariamente de algunas
potencialidades del trabajo en red. El concepto de comunidad de organizaciones,
introducido por Eloy Anello de la Universidad Nur, es significativamente diferente
del de red o foro, puesto que la comunidad exige relaciones significativas y vitales,
en torno a unos valores compartidos por todas las organizaciones miembros. Así,
la comunidad de organizaciones tendrá su propia visión, misión,
marco conceptual del desarrollo y otros supuestos organizacionales propios del
proceso de construcción de organizaciones individuales La comunidad
de organizaciones, materializada en la asamblea y operativizada por el órgano
directivo, tiene autonomía para tomar decisiones y aplicarlas en todo lo
tocante a la misión de la comunidad, mientras que no tiene ingerencia sobre
las cuestiones internas, misión u actividades propias de las organizaciones
miembros. Aunque en el proceso de toma de decisión en torno a los
objetivos de la comunidad no se impide, en cuestiones de gran importancia, que
los representantes consulten la postura con sus propias organizaciones antes de
expedirse, es conveniente que puedan hacerlo libremente según su mejor
parecer, en base a unas relaciones de confianza de su organización hacia
ellos, y entre todas las organizaciones respecto de la comunidad de las mismas
y sus objetivos. En todos los espacios participativos de la comunidad de
organizaciones -asamblea, órgano directivo colegiado, equipos de trabajo-
se aplica, como puede suponerse, la metodología consultiva. Desarrollo
Local: ¿holoparticipación o mas economicismo?
Consideremos
ahora como estas comunidades de organizaciones pueden articularse, a su vez, con
otros actores sociales, en procesos de Desarrollo Local -por ejemplo bajo el modelo
de Agendas 21 Locales- y otros procesos de ciudadanía y democracia participativa,
impulsando en estos espacios mayores, los PUD y la HP. Queda claro que en estos
procesos interactorales locales, las comunidades holoparticipativas se encontrarán
con otros actores -gubernamentales, empresariales- cuyas racionalidades son otras
y que no han suscripto el "pacto" holoparticipativo. No obstante,
las comunidades de OSCs holoparticipativas pueden liderar los procesos locales
y regionales de ciudadanía, aproximándolos gradualmente a los PUD. Digamos
en principio que el rol del liderazgo de las comunidades de OSCs en el contexto
de procesos interactorales mayores, puede resumirse en las siguientes pautas: 1.
Educar a los otros actores en las pautas básicas de la holoparticipación,
básicamente en la promoción de confianza, la búsqueda de
la visión suprasistémica y el reconocimiento del bien común
por sobre los intereses particulares. 2. Inspirar al actor gubernamental para
que considere efectivamente las recomendaciones de la sociedad civil en su toma
de decisión final (bajo el pacto democrático convencional en el
que el pueblo no gobierna si no a través de sus representantes) y aportar
elementos tendientes a la creación de nuevos marcos normativos e inclusive
de un nuevo contrato social donde el mandato de la sociedad civil resulte vinculante
(democracia participativa) 3. Procurar que el actor empresarial privado someta
sus intereses lucrativos al bien común, oriente su actividad en función
de las reales prioridades de las mayorías, e impulsar cambios normativos
que limiten la posibilidad de acumulación y estimulen la cooperativización
y descentralización del aparato productivo. Estas pautas colocan
como centro del proceso de Desarrollo Local a las organizaciones de la sociedad
civil, en tanto estas puedan efectivamente expresar la voz de la propia sociedad
civil. De este modo, el proceso de Desarrollo Local se transforma en un proceso
de desarrollo endógeno pues su sujeto es la misma comunidad. Es también
un proceso de Desarrollo Cultural, ya que si la fuerza impulsora del mismo procede
de un amplio número de personas expresadas vía organizaciones de
la sociedad civil con inserción comunitaria, será necesariamente
conforme a la cultura y valores de esa comunidad, pueblo o nación. Será
al mismo tiempo un Desarrollo a Escala Humana, pues los satisfactores que surjan,
al hacerlo a partir de la participación y a los valores culturales, tenderán
a ser sinérgicos. Y por ende, será un proceso de Desarrollo Sustentable,
por cuanto la diversidad de visiones (sociodiversidad) involucrada, llevará
via satisfactores sinérgicos a soluciones de baja intensidad en el uso
de recursos materiales y bienes económicos. Un proceso de Desarrollo
Local de base endógena y liderado por las organizaciones de la sociedad
civil, en cuanto portadoras de racionalidades múltiples vinculadas a la
solidaridad, la equidad, la sostenibilidad, el servicio, el bien común
y en cuanto capaces de aplicar e impulsar la HP, se diferencia claramente del
concepto dominante de Desarrollo Local, que contempla a los tres actores (Empresas
Privadas, Gobierno y OSCs) Consideremos la definición de Desarrollo
Local de Vazquez Barquero, que puede ser considerada representativa del concepto
dominante: "Un proceso de crecimiento económico y de cambio estructural
que conduce a una mejora en el nivel de vida de la población local, en
el que se pueden identificar tres dimensiones: una económica, en la que
los empresarios locales usan su capacidad para organizar los factores productivos
locales con niveles de productividad suficientes para ser competitivos en los
mercados; otra, sociocultural, en que los valores y las instituciones sirven de
base al proceso de desarrollo; y, finalmente, una dimensión político-administrativa
en que las políticas territoriales permiten crear un entorno económico
local favorable, protegerlo de interferencias externas e impulsar el desarrollo
local". Se observa claramente que las tres dimensiones (económica,
sociocultural y político-administrativa) no son igualitarias, ya que la
sociocultural porta los valores e instituciones que "sirven de base al proceso
de desarrollo" pero no gozan de total libertad para darle dirección
al mismo, ya que en él las instituciones políticas y administrativas
deben crear un entorno económico favorable al proceso de desarrollo local,
que es ante todo y desde el mismo inicio de su definición "un proceso
de crecimiento económico". Sin duda la concepción hegemónica
de desarrollo local es una concepción funcional al concepto economicista
de desarrollo, desde la cual el proceso es entendido como una estrategia para
potenciar a la localidad, comarca, región o "cluster" desde una
perspectiva eminentemente productiva, con el fin de insertar su productividad
en los "mercados mundiales" No es el propósito de este artículo
detenernos en el particular, pero hay suficientes estudios y evidencia de que
la colocación de la producción local en los mercados mundiales,
aún bajo tipos de cambio favorables, no beneficia ni siquiera económicamente
a los pequeños productores. El de la omniconveniencia del crecimiento de
las exportaciones es uno de los mitos del desarrollismo denunciados por Antonio
Elizalde, que citando un caso guatemalteco escribe "Cuando en EE.UU. se compra
un melón de Centroamérica, cada dólar se distribuye así:
US$ 0,79 a los distribuidores en EE.UU. ("broker", transporte, venta
mayoreo y detalle); US$ 0,09 al transporte internacional; US$ 0,02 a quién
procesa y exporta: US$ 0,05 agroquímicas y semillas importadas; US$ 0,04
agroquímicos, semillas y transporte nacionales; y US$ 0,01 al productor"
(11) Mucho mas próximo a los procesos de unidad en diversidad y afín
a un modelo de desarrollo local endógeno, liderazgo de la sociedad civil
y de dinámica holoparticipativa es el enfoque de Schumacher (12) quien
propone repensar el problema de la producción, dotándola de "rostro
humano" a través la descentralización demográfica y
la producción local, a partir de materias primas y recursos locales, a
través de tecnologías apropiadas y escala humana, y para consumo
local. Y mas allá
Finalmente, unas reflexiones finales
orientadas a pensar los procesos de Unidad en Diversidad a escala planetaria. Para
muchos autores, intelectuales y actores sociales, la globalización -mas
allá del probable colapso de la globalización única a partir
de 2001, con la contraglobalización islámica y la emergencia de
China como nuevo este contrahegemónico- es un proceso que tiene una contracara
y esta es la mundialización, a la que se prefiere denominar aquí
proceso de "Unidad Mundial en Diversidad". La mundialización
es en francés una palabra utilizada para referirse a la misma globalización,
pero diversos autores en otros idiomas la utilizan para connotar las dimensiones
interculturales, sociales, políticas y organizacionales, en contraposición
a una globalización preeminentemente económica. Mientras que
la globalización nace del acto de unos pocos o de un centro de poder para
"englobar" al resto según sus intereses y someterlos, y puede
definirse como la expansión del capitalismo a escala mundial apoyado en
las nuevas tecnologías informáticas y comunicacionales, la Unidad
Mundial en Diversidad, es un proceso de encuentro entre los pueblos y comunidades
del mundo, fuertemente ligado a la sociedad civil, que procura una articulación
para la convivencia planetaria pacífica, respetando y potenciando las diversidades
culturales como fuente de sinergia social. Para Gustavo Bueno (13) puede haber
varias globalizaciones así como puede haber varios centros mundiales de
poder, mientras que la mundialización, (o Unidad Mundial en Diversidad)
es una sola, porque el mundo es uno por definición, y por ende, su actor
y sujeto es también solo uno: la humanidad. El proceso de mundialización,
o de Unidad Mundial en Diversidad, se ha presentado junto con un reordenamiento
territorial y de unidades socioculturales en el que a expensas de un debilitamiento
del rol del estado nación y desacoplándose de fronteras las más
de las veces artificiales, se han fortalecido las administraciones locales y sus
procesos de desarrollo, hecho que algunos autores han denominado "Glocalización". Desde
estas bases locales, que proponemos reorientar hacia procesos de desarrollo endógenos
y participativos, y potencialmente PUD holoparticipativos, es necesario a su vez
preguntarse cómo se puede establecer una articulación local-mundial
que proyecte las racionalidades propias de la sociedad civil al nivel planetario. En
ese sentido, recogemos una propuesta de Hector Leis (14) hecha en ocasión
del cincuentenario de la creación de las Naciones Unidas, en las propias
palabras de su autor: "La creación e institucionalización dentro
del sistema de Naciones Unidas de tres espacios públicos transnacionales,
integrados respectivamente por representantes de organizaciones de la sociedad
civil de destacada jerarquía en los campos ético (que entendido
en sentido amplio comprende a todas las organizaciones no gubernamentales sin
fines de lucro), epistémico (abrazando a las asociaciones científicas
y culturales) y espiritual (conteniendo a las iglesias y tradiciones espirituales
en general)" La propuesta de Leis prevé la formación de
otras tantas Asambleas o Foros paralelos y con cierta autonomía pero articulados
con la Asamblea General. Aunque podría discutirse si son estos los únicos
o principales tres espacios a integrar, analizarse la legitimidad de estos tres
foros para expresar a la sociedad civil mundial, y preguntarse si de este modo
las comunidades indígenas, campesinas, movimientos sociales y organizaciones
de base quedarán representados, el concepto fundamental es que ya no se
trataría de un sistema de Naciones Unidas, si no de Naciones y Pueblos
Unidos. ¿Podrán unas Naciones Unidas significativamente renovadas,
-ya no controladas por las instituciones de Bretton Woods cancerberas del orden
económico global-, unas Naciones y Pueblos Unidos, ofrecer las bases para
un Gobierno Mundial, que sea garante de la paz internacional, de la justicia y
equidad, de los derechos de personas y comunidades humanas, de la sustentabilidad
ambiental y de la diversidad cultural? ¿Una mancomunidad de naciones,
un planeta unificado, cuyas instituciones mundiales expresarán a la sociedad
civil, a la humanidad en su conjunto? Mas allá de la institucionalidad
inédita que deberemos edificar para promoverla, una Civilización
Planetaria animada por el espíritu de Unidad Mundial en Diversidad, es
el sueño grande al que los invitamos desde las últimas palabras
de este libro.
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