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Al
principio el plan le funcionó perfectamente, se levantaba feliz con menos
carga, cada vez que pasaba por el río.
Pobre
agricultor
perdía la mitad de su cosecha y el burrito contento. El
pobre hombre no entendía muy bien la situación, en su mente creía
que el pobre burro se sentaba en el agua a descansar y refrescarse. Trataba de
moverlo, le tiraba de sus orejas largas y no había caso, el burro se instalaba
en el agua y por un rato largo no se movía de su lugar. El hombre
estaba desesperado, ya que a su cosecha, que había acumulado luego de tanto
sacrificio, la veía alejarse por el río. Dentro de la desesperación
decidió darle una lección. En el próximo viaje cambiaría
su carga por algodón. Ese día el burro llevaba un peso mucho
más liviano que de costumbre, pero como ya se había habituado a
su táctica, cuando llegó al río se sentó en el agua
para aligerar aún más su carga. El agricultor lo observaba atentamente. Después
de un largo rato intentó levantarse para seguir su viaje, pero hete aquí
que no pudo ni moverse. El algodón se había mojado en el agua y
se había hinchado aumentando su peso. Luego de un intento desesperado
por el castigo recibido de su amo, se levantó y a duras penas llegó
al pueblo. El burro con el lomo quebrado por el peso aprendió que
la especulación no es buena ni para los demás, ni para uno mismo
y también aprendió a ser justo con su amo y esto a la larga le trajo
más beneficios ya que el amo dándose cuenta de la situación
le aligeró la carga y todos vivieron felices. Y colorín colorado.......
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