La globalización
y la deslocalización de las inversiones han incrementado los niveles de
competitividad entre las diversas ciudades, regiones y estados; en este marco
algunos autores se realizan dos preguntas: una, ¿cuál es el nuevo
papel de estado nacional?; y otra, ¿sí es posible ser competitivo
y mantener los actuales niveles de bienestar?
Todos los autores que intervienen
en este debate están de acuerdo en la existencia de dos procesos. El primero
es la pérdida de autonomía de los gobiernos nacionales, ya que la
globalización ha reducido su capacidad histórica para regular la
economía y las políticas sociales nacionales, al tiempor que el
nivel de independencia económica de los estados se ve restringido por las
necesidades del mercado global. El segundo de los procesos es que los Estados
se ven obligados a competir por atraer las inversiones de las multinacionales,
lo que condiciona a un país, para ser competitivo, a sacrificar sus actuales
niveles de cohesión social, independencia, libertad política y bienestar
social.
No obstante, existen dos formas diferentes de valorar estos procesos.
Los neoliberales, (en nuestra recopilación representados por Fagan y Le
Heron) valoran positivamente la reducción del control estatal sobre la
economía, puesto que la nación, en su opinión, no es el espacio
natural para la circulación monetaria, por lo que la disminución
de las trabas estatales representa una clara ventaja. Consecuentemente valoran
de manera positiva la desregularización y la privatización de los
servicios que en los años 80 impulsó el Estado, ya que aseguran
que en manos privadas serán más eficientes. También valoran
positivamente el desmantelamiento de los sistemas de protección social,
dentro de la línea liberal más tradicional, que considera que las
políticas de protección al desempleo impiden la financiación
de las políticas activas de empleo, imposibilitando a su vez la generación
de puestos de trabajo.
Por su parte, Korten (1995) atribuye la emergencia
de un sistema global a una convergencia ideológica, política y tecnológica
que favorece intereses sociales sin compromiso con el bienestar colectivo; ésta
sería la razón principal del fracaso del Estado del Bienestar, que
no puede rearticularse a partir de este nuevo ordenamiento de la economía
mundial. Según el autor, las alternativas a un sistema económico
y político de este siglo - capitalismo y comunismo - no se centran hoy
en la búsqueda de bienestar y mayor calidad de vida para la humanidad.
Y considera que las políticas de bienestar son un artificio histórico
para el mantenimiento de la estabilidad de un sistema que, hoy por hoy, concentra
suficiente poder para mantenerse sin ellas.
A su vez, la organización
ANON (1995), aún manteniendo las tesis liberales dominantes en estas instituciones,
afirmó que es fundamental recrear políticas de bienestar con el
avance de la globalización. Para eso, propone medir los efectos sociales
de este proceso por medio de una identificación de los ganadores y los
perdedores en la reestructuración económica e investigar como cada
uno de estos responde a las nuevas circunstancias. Solamente así, dice
el autor, se puede proceder a la planificación de una acción local,
nacional e internacional hacia unas propuestas de políticas de bienestar
coherentes con la nueva realidad.
Paralelamente, existen otros autores que
denuncian que las políticas de bienestar han sido muy afectadas por los
ajustes fiscales de los Estados nacionales. Miller (1995), alerta en su investigación
que la retirada de políticas de bienestar está produciendo un incremento
de los niveles de pobreza en todo el mundo y una creciente polarización
social entre ricos y pobres. Su artículo aboga para que el sistema político
mundial actúe sobre las condiciones necesarias para el crecimiento económico
global con equidad a través de un espacio de discusión global de
los rumbos del desarrollo, como en su momento fue la Conferencia de Bretton Woods.
Para el autor, ésta sería una fórmula eficaz para establecer
unas condiciones sociales previas a la globalización de las economías.
Más radical es la crítica efectuada por Diskin y Koechlin, para
quienes la globalización es únicamente una parte del discurso justificativo
neoliberal con el fin de convencer de la imperiosa necesidad de desregularizar
la economía para mantener la competitividad de los distintos estados; pero,
en último término, para imponer todas las concesiones que solicitan
las grupos de presión que determinan la economía global. En esta
línea Hirst y Thompson aseguran la continuidad del Estado-nación
en el seno de la economía global, ya que éste ha demostrado su capacidad
para ejercer el poder sobre la sociedad, un poder que sería ingestionable
a escala mundial.
Por otra parte, R. Dahrendorf (1995) denuncia que en los
países desarrollados se están produciendo unas tasas de desempleo
del 5-10 por ciento (que en España alcanza el 20%) a pesar de la aplicación
de las políticas neoliberales. En estos países crece una clase desfavorecida
excluida del sistema, pero incapaz de producir un conflicto social que se manifieste
de otra forma distinta al "conflicto individual", ya que los mecanismos
de control social en estas sociedades han alcanzado unos niveles de elaboración
que impide las fisuras. De todas formas, advierte el autor, que existen diferentes
grados de conflictividad, siendo la población asiática más
estable que la europea.
Globalización e identidad cultural
El
impacto de la globalización sobre las identidades culturales locales ha
despertado un gran interés tanto en la geografia humana como en otras ciencias
sociales. El núcleo central de la cuestión sería el estudio
del impacto que sobre las culturas posee el avance imparable de la cultura de
mercado; lo que implica discutir las relaciones causales entre la dinámica
capitalista y la superestructura social.
E. Berner y R. Korff (1995) parten
del supuesto que la globalización no es la extensión global de una
cultura o sociedad particular, sino la selectiva transnacionalización de
diversas partes de las diferentes culturas. Estos autores afirman que caracterizar
la globalización como un fenómeno de "norteamericanización"
es despreciar la cultura local como elemento de la producción-reproducción
de una sociedad. En su investigación acerca de las ciudades de Bangok y
Manilla, observan que es en las relaciones locales donde las sociedades actúan
de manera resistente a la globalización, ya que los individuos tienen una
conducta que no es heredada ni inducida por la globalización; sino que
son las sociedades locales quienes producen su própio universo de relaciones
y un patrón de conducta ajeno a la transnacionalización de las culturas,
que se manifiesta "hacia fuera" de cada local, y no "hacia dentro".
El tipo de relaciones que tienen los vecinos en Bankgok y de Manila, con sus lazos
de solidaridad y sus redes sociales locales es un ejemplo de una cultura que se
mantiene a pesar de la globalización y que no se transforma de acuerdo
a ella.
En franca oposición a esta perspectiva, D. Ghai y C. Hewit
(1994) argumentan que los cambios en la cultura acompañan una desintegración
social, hecho que está ocurriendo bajo un contexto de un colapso económico
global. Afirman estos autores que la crisis estructural en la sociedad capitalista
está produciendo nuevas formas de organización y control social.
En este caso, la globalización afectaría a las distintas formaciones
culturales sin que éstas posean la capacidad para deslocalizar el proceso
de su eje director, ya que desempeñarían un papel pasivo en la reestructuración
de los mecanismos de poder. En su opinión, este proceso tiene lugar no
sólo en el mundo de la organización sociopolítica y en las
expresiones macrosociales de la ideología y la cultura, sino sobre todo
en los núcleos familiares y en las relaciones personales, considerando
que las sociedades son crecientemente multi-étnicas y desagregadas desde
un punto de vista de lo coletivo.
P. Sparr (1995) aporta al debate el tema
de las relaciones de género como cuestión seriamente afectada por
los cambios culturales fomentados por la globalización. El autor analiza
la evolución de las políticas sociales en el estado capitalista
desarrollado, y estima que en éste la reestrucuturación económica
global ha tenido un profundo impacto sobre el trabajo feminino y en la pobreza,
y que el paradigma neoliberal ha provocado graves consecuencias para la mujer.
Analizando el caso de los Estados Unidos, propone que se estudien con mayor amplitud
los cambios acerca de la relación entre la perspectiva social de la mujer
y sus nuevos espacios en tiempos de reestructuración económica.
Para finalizar, Gunn (1994) aborda la relación entre historia y ciencia,
y entre herencia y proceso, rescatando una relación de causalidad entre
cultura y medio físico que hoy es condenada por las ciencias sociales en
general. La globalización, en su tendencia homogeneizadora, levantaría
el supuesto velo de las diferenciaciones culturales como fenómeno intrínsicamente
social. Esta visión ahistórica, aparentemente una crítica
posmoderna a la geografía humana, propone un examen global de los efectos
de las mudanzas climáticas en las culturas regionales, buscando maneras
de correlacionar fenómenos como "El Niño", el vulcanismo,
la inestabilidad de las temperaturas globales, etc., con comportamentos sociales
colectivos y desarrollo culturales.
Los sistemas urbanos han resultado profundamente
afectados por los procesos de reestructuración productiva, y globalización
económica, iniciados hace ya casi tres décadas.
En una primera
etapa, se observó una aparente ruptura en el proceso de crecimiento acumulativo,
que las aglomeraciones urbanas habían experimentado desde la Revolución
Industrial, y conceptos como los de desurbanización y contraurbanización
fueron incorporados al discurso habitual.
Pero la recuperación experimentada
por las grandes ciudades desde la segunda mitad de los ochenta, demostró
que éstas interpretaciones eran prematuras, revalorizándose, de
nuevo, el papel de las aglomeracioines urbanas.
En este contexto general de
referencia, el análisis del sistema urbano de Andalucía cobra un
renovado interés, siendo éste objetivo propuesto en estas páginas.