La crisis medioambiental y
ecológica es sólo una de las facetas de una crisis más vasta
y profunda. Sin embargo, a diferencia de las otras caras de la crisis, como la
injusticia económica y social, o la permanente matanza en los campos de
batalla, ella ha logrado despertar una conciencia amplia -aunque aún superficial-
y ha movilizado nuevos mecanismos de organización de la sociedad civil
alrededor del mundo entero.
Hemos visto que las medidas pragmáticas
económicas y técnicas que pretenden disminuir la contaminación
o salvaguardar los recursos, no tienen posibilidades de resolver el problema,
por cuanto atacan la enfermedad en sus síntomas y no en la raíz.
Al
buscar las causas profundas, hemos detectado una errónea concepción
del desarrollo, que lo asocia casi exclusivamente a la industrialización.
Por
debajo del concepto industrial del desarrollo se esconde la filosofía materialista.
Es el materialismo y la no observación de principios espirituales
básicos la raíz común a la crisis ecológica, la injusticia
social y la ausencia de paz en el planeta.
Se consideró entonces la
necesidad de transformar el concepto de desarrollo hacia un enfoque no materialista,
y hemos delineado ejes referenciales para esta nueva visión del desarrollo,
como son el establecimiento de un sistema planetario, que a su vez reconozca y
mantenga la expresión de la diversidad cultural, abarcando así simultáneamente
una dimensión mundial y otra comunitaria y participativa. Entre ambas,
se esbozaron las pautas de un nuevo orden institucional para una administración
no partidaria de los asuntos humanos.
De acuerdo con un segundo documento
de la Casa Universal de Justicia, publicado a principios de 1995 y titulado "La
Prosperidad de la Humanidad", el propósito del desarrollo es nada
menos que "la fundación de un Nuevo Orden Social que permita desplegar
las ilimitadas posibilidades de la conciencia humana".
Bajo tales perspectivas,
el planeta en su conjunto está, todavía, subdesarrollado.
Hemos
visto que es necesario reestablecer los puentes entre religión -redefiniendo
lo que se entiende por ella- y ciencia, emprendiendo el dificultoso sendero de
revertir los prejuicios nacidos del supuesto divorcio entre ambas, originado en
un grave sofisma y un complejo malentendido histórico.
Nuestras consideraciones
finales se dirigen entonces a la convergencia del fenómeno religioso con
los planos científico-tecnológico y social proceso que ya se ha
iniciado, y que hará posible una transformación sin precedentes
de la cultura y la mayor revolución de la conciencia humana.
La triple
convergencia
Definamos tres polos conceptuales a fin de establecer entre
ellos una relación triangular.
En un vértice del triángulo
ideal podemos ubicar la religión, en otro la problemática social,
y en el tercero la ciencia y la tecnología.
Esta triangularidad es
sólo una esquematización, con el propósito de visualizar
más claramente las relaciones bilaterales entre cada uno de los vértices.
En
modo alguno presupone horizontalidad, y mucho menos igualdad de rangos o funciones.
En
realidad, las directrices fundamentales, la "luz de guía", proceden
de lo religioso, iluminando el campo de lo social. La ciencia, por su parte, explora
un espacio hasta cierto punto independiente, pero su intencionalidad y sus consecuentes
desarrollos tecnológicos deben quedar al servicio del interés social
y comunitario.
Nuestro postulado es que, en la medida en que estos tres
vértices se aproximen mutuamente, estrechen sus lazos, aúnen sus
"objetivos" y cooperen sin recelo, se hará manifiesta en la escena
humana la mayor revolución de su historia.
Analizaremos, brevemente,
cada uno de los "lados" del triángulo.
Religión
y Sociedad
Hemos visto cómo, en el modelo de sociedad saliente, aquél
que es ya altamente insostenible tanto ecológica como socialmente, la religión
ha sido pretendidamente relegada a un espacio estanco, a la esfera de lo espiritual,
y hasta cierto punto de lo individual.
Así, lo "político"
se maneja en todo Occidente dentro de una esfera "secular" o laica.
No
nos extenderemos demasiado en describir la relación deseable entre la religión
y la cuestión social.
Ya se ha explicado en el artículo "La
Religión como motor de la historia" que los Educadores Universales
han portado no sólo un sistema de leyes para gobernar el espacio espiritual,
sino también para estimular una civilización en continuo progreso,
promoviendo el interés social y comunitario.
Así, hemos visto
cómo en el pasado se han levantado civilizaciones enteras bajo el influjo
de estas revelaciones, tal el caso del Islam y la vasta sociedad de naciones que
abarcando todo el norte de África, el Cercano Oriente y hasta regiones
de la India, se desarrolló vertiginosamente sobre las bases del Corán.
También
hemos considerado, en la tercera parte del libro, cómo en este tiempo Bahá'u'lláh
ha dispensado las claves no sólo para que la humanidad supere su angustiosa
crisis contemporánea, sino también para el establecimiento de la
Paz Mundial, y más allá, la Unidad del Género Humano expresada
a través de una civilización planetaria a la vez una y diversa.
Se
ha mencionado el extendido modelo constituido por la Comunidad Bahá'í,
que materializa la visión de su fundador y establece el núcleo del
Nuevo Orden
Hemos también considerado cómo ese nuevo sistema
mundial requiere un orden institucional novedoso, ya que es altamente incompatible
con el sistema político partidario. Se requiere, utilizando una metáfora
de Jesucristo, "odres nuevos, para el vino nuevo".
En el último
artículo, "La Red", se discutieron las posibilidades que tiene
el vasto sistema mundial de ONGs de no quedar cautivo en los estrechos límites
de los "odres viejos" en la medida que cumpla ciertas condiciones, de
las cuales el reconocimiento de la unidad esencial del genero humano es el requisito
primordial.
Es esperable entonces que de la cada vez más estrecha
cooperación entre la red de ONGs y la red constituida por las decenas de
miles de comunidades bahá'ís y sus proyectos, proceda la energía
decisiva para la aproximación de los vértices religioso y social.
Ciencia
y Sociedad
Sin ninguna pretensión epistemológica consideraremos
el antiguo sofisma de que la ciencia siempre es neutral.
Esto no es cierto,
porque siempre existe una clara intencionalidad previa a la investigación
científica, que la orienta hacia objetivos definidos en función
de los "intereses" de los decisores.
Se colocan fuertes inyecciones
de recursos humanos y dinero en dirección a líneas de desarrollo
tecnológico que interesan más, e inclusive se condicionan los campos
de investigación científica básica. En algunos casos, se
llevan a cabo acciones para frenar las líneas de investigación que
pudieran constituir una amenaza para los intereses de un sector tradicional.
Más
aún, de acuerdo con ciertas líneas epistemológicas más
recientes, el paradigma y el sistema teórico desde el cual se aborda una
problemática científica, condiciona los mismos hechos que habrán
de ser encontrados.
Aparece aquí la interacción y la interdependencia
entre las condiciones del observador y lo observado.
En este contexto, es
obvio que la investigación privada sirva a los intereses del sector empresarial
que la sostiene, teniendo por objetivo excluyente incrementar el lucro de los
productores.
Pero el abordaje produccionista-materialista afecta también
-y profundamente- a la investigación pública. En primer lugar, porque
los decisores políticos que la orientan adhieren al modelo industrialista
y priorizan la investigación para el desarrollo tecnológico dentro
de los patrones del viejo modelo.
Además, debe considerarse el afán
frenético por no "perder el tren" de las "nuevas tecnologías"
e incorporar, aunque más no sea tardía e imitativamente, los desarrollos
de otras naciones. Se alega que existen "tendencias" dadas -cuyo origen
no se analiza- que deben ser seguidas so pena de quedarse "afuera"...
Una
mención particular merece la investigación para el desarrollo bélico,
ya que se ha llegado a estimar que involucra en modo más o menos directo
a uno de cada tres científicos del mundo.
Finalmente debe considerarse
la circunstancia no poco frecuente por la que amplios sectores de la investigación
pública, carentes de recursos económicos para subsistir v trabajar,
salen a la búsqueda de convenios con el sector privado, con el propósito
de recibir fondos, debiendo subordinar sus proyectos y prioridades en la investigación
a los intereses de los entes financieros.
Todo esto determina que la ciencia
y el desarrollo tecnológico estén lejos de servir a necesidades
y anhelos de las comunidades de base y de la vasta mayoría de la población.
Por
otra parte, los proyectos científicos y tecnológicos se aplican
sin consulta alguna con quienes habrán de experimentar sus consecuencias
-lo que prueba que ellos no son los verdaderos destinatarios de sus beneficios-,
provocando opresión y transculturización.
En el marco de un
nuevo concepto de desarrollo esta mecánica debe necesariamente quedar trastocada.
Si
quienes administran la sociedad están imbuidos de valores espirituales
y de una visión no materialista ni divisionista del universo, orientarán
las prioridades científicas y tecnológicas hacia los intereses del
conjunto de la comunidad, la paz, la justicia y lejos de construir pseudosatisfactores,
se abocarán a la atención de las genuinas necesidades humanas.
Por
otra parte, el escenario de decisión debe ser radicalmente distinto. Serían
las mismas comunidades involucradas, en un proceso de consulta participativa,
quienes decidirán, dentro de su jurisdicción, los objetivos a los
que deben destinarse los recursos humanos y económicos para la investigación
científica y tecnológica.
Ciencia y Religión
Mientras
muchos políticos y personas poco informadas continúan, con décadas
y hasta siglos de atraso, imbuyéndose de la mentalidad positivista, de
la idea del universo mecanicista con firme sustrato material, las ciencias fácticas,
empezando por la física, iniciaron hace ya tiempo un giro fundamental.
La
física cuántica describió un Universo radicalmente distinto
al de Newton. Las partículas subatómicas dejaron de ser sólidos
ladrillos individualizables, para pasar a ser explicadas como espacios de probabilidad.
El principio de incertidumbre de Heisenberg admite diversas interpretaciones:
desde la más conservadora, que propone que no es posible conocer a un mismo
tiempo la posición y el estado de una partícula con total exactitud,
y que la observación perturba lo observado, hasta la más radical,
según la cual en realidad no existe un estado definido a observar que sea
independiente del observador.
Las partículas dejaron de ser cosas
individualizables, perdieron su "ipseidad" (la propiedad de ser ellas
mismas) y el espacio se pobló de agujeros interdimensionales, partículas
que retroceden en el tiempo, adquiriendo una característica dinámica
e indisoluble en su conjunto.
La famosa paradoja de Einstein-Rosen-Podolsky
es por demás elocuente. Dos partículas subatómicas son disparadas,
en direcciones opuestas, a la velocidad de la luz. Puesto que ninguna comunicación
es posible a mayor velocidad que esa, una partícula no tiene modo de informarse
acerca del estado de la otra.
Sin embargo, si el estado de una de las partículas,
por ejemplo su polarización, es observado, la otra "automáticamente"
muestra la misma condición. Puesto que no hay "causalidad" propagable
en el espacio-tiempo para tal sincronicidad, la explicación a la que arriban
los científicos ante tal experiencia es asombrosa: lo que determina el
estado común de dichas partículas es la conciencia del observador.
El
Universo, lejos de ser una maquinaria integrada por engranajes de nítidos
contornos, es un "caldo" de probabilidades; coexisten en realidad muchos
universos potenciales, cuya realidad "precipita" hacia uno u otro estado
cuando es observado.
Es interesante recordar la historia del gato de Schrödinger,
que lleva la incertidumbre cuántica al plano macroscópico. Schrödinger
propone un experimento mental según el cual un gato está encerrado
en una cámara sin que pueda ser observado. Un cañón dispara
una partícula elemental capaz de accionar, si da en el blanco, un detonador
que difunde un gas venenoso dentro de la cámara. Las probabilidades de
que la partícula elemental dé en el blanco son del 50%. Se dispara
la partícula. Como hasta que no se abra la cámara y se observe lo
ocurrido carece de sentido físico hablar de la condición de la partícula,
ya que lo que define su condición de haber o no activado el detonador es
la observación, del mismo modo carece de sentido hablar del estado del
gato hasta que no se lo observe. Entender esto es de radical importancia: no es
que en la cámara, entre el momento del disparo y el de la observación
el gato esté vivo o muerto, sólo que no lo sabemos. No. En la cámara
hay un gato vivo-muerto cuya realidad de vivo o muerto cristalizará al
ser observado por una conciencia superior.
La Física cuántica
establece la dependencia de la realidad con la conciencia, violando nuestro "sentido
común".
Más recientemente, el físico David Bohm
ha propuesto su teoría del universo holográfico.
Si la etimología
de "uni-verso" sugiere lo diverso con una raíz única,
Bohm describe el universo con dos niveles: un plano de lo manifiesto y lo visible,
el orden "explicado", y por debajo, al igual que la parte sumergida
de un iceberg, subyace el "orden implicado", donde todos los fenómenos
encuentran su raíz común y su unidad.
Todo está relacionado
con todo, porque como las islas, diversas en la superficie pero unidas por debajo
de las aguas, todas las cosas del orden explicado están vinculadas en lo
profundo. Así se explica que las dos partículas de la paradoja de
Einstein-Rosen-Podolsky adquieran el mismo estado sin que haya habido comunicación
alguna en superficie; se trata no de dos realidades distintas sino de una única
realidad con una manifestación doble.
Y como lo señala la
palabra holográfico, si todo es uno en lo profundo, cada parte encierra
el todo, por cuanto le subyace. Así se explican procesos de reorganización
espontánea o sincronicidades sin causa aparente en superficie.
Pasando
a otras ciencias, debemos también hacer una breve mención de las
teorías de sistemas. En el campo particular de la psicología, la
teoría sistémica ha aparecido como una alternativa al enfoque psicoanalítico
freudiano. Como habíamos dicho, este último no sólo pretendía
explicar la cultura y la conducta humana por bajas pulsiones, desplazamientos,
catexias y contracatexias, sino que era fuertemente determinista.
La teoría
de sistemas propone en cambio un modelo diferente: no tenemos una estructura fija
y determinada, sino que actuamos roles en función del grupo, contexto o
sistema en el que nos movemos. No somos de una determinada manera, sino que somos
polifacéticos y tendemos a manifestar la faceta que encaja mejor en el
sistema.
Para nuestra conducta, influye grandemente la visión que
los demás tienen de nosotros, lo que ellos esperan que hagamos, y, lógicamente,
cómo nos vemos a nosotros mismos en función de la visión
que creemos que los demás tienen de nosotros.
Nuevamente no existe
una realidad determinada, sino que la visión aparece fundando o al menos
interactuando fuertemente con la "realidad".
Sería muy
extenso citar las nuevas teorías que comienzan a cobrar fuerza en las ciencias:
la interacción de la mente sobre el organismo y la gestación de
enfermedades psicosomáticas, junto con el enfoque holístico en medicina,
la influencia de la visión que los pueblos tienen de sí mismos en
la gestación de su propia realidad social, o explicaciones sistémicas
no deterministas de los procesos que han llevado a la actual diversidad biológica,
apareciendo fuertes dudas con respecto al neo-darwinismo.
En definitiva,
la ciencia está contorneando la idea de que aquello que llamamos "realidad"
es mucho más mental que material, que la mente es quien sostiene y condiciona
al mundo contingente.
Podemos considerar que estos nuevos puntos de vista
científicos no aparecen casualmente, sino que, al igual que en el Renacimiento,
son consecuencia del nuevo aliento que ha recibido la humanidad a través
de la Revelación más reciente, la de Baha'u'llah.
Sin embargo,
las vanguardias científicas y la mayor parte del género humano permanecen
inconscientes de la fuente de esta nueva visión.
Pero será
cuando estos nuevos paradigmas comiencen a interactuar con esa Revelación,
que se producirá la combinación capaz de transformar completamente
el orden social.
Ahora bien: es sabido que numerosos físicos y científicos
en general, inspirados en estos nuevos paradigmas por los cuales la materia dejó
de ser la sólida roca y el sustrato de todo parece ser la mente, han buscado
relaciones con el pensamiento místico y las filosofías orientales.
El terreno predilecto ha sido la mística hinduista o la taoísta.
El holomovimiento y el orden explicado han sido comparados con la danza de "maya"
(ilusión), y el espacio-tiempo cuántico, con sus partículas
que aparecen y desaparecen desde la nada, al burbujeante cuerpo de Brahma, o el
Universo pulsante, con su sucesión indefinida de big-bangs, explosiones
e implosiones, a sus días y noches de evos de duración. El Tao de
la Física, de Fritjof Capra, entre otros trabajos, se halla en esa dirección.
Sin
embargo, en esa búsqueda de conexiones con lo espiritual, la religión
en cuanto cuerpo orgánico ha sido soslayada. La Fe Bahá'í,
si bien poco conocida por su escaso siglo y medio de historia, no ha sido considerada
seriamente hasta el presente quizás por involucrar un orden institucional
y un sistema administrativo organizado.
El divorcio entre la ciencia y la
estructura religiosa medieval-renacentista, como ya se explicó, ha dejado
la idea de que la religión organizada es antagónica a la ciencia.
Pero en verdad lo que ocurre es que no es la religión organizada la que
involucra un mal en sí misma, sino la religión organizada anacrónica,
aquella que ya ha perdido su espíritu original.
Posiblemente el planeta
y la humanidad deberán atravesar todavía situaciones inéditas,
conmocionantes y traumáticas, para poder liberarse de su infundado prejuicio
hacia la religión.
Si los científicos logran comprender que
no es la religión en sí, ni siquiera la religión organizada,
un obstáculo para la ciencia, sino que el verdadero obstáculo son
los dogmas, ritos y leyes religiosas cuando son sostenidas por cleros con ansias
de poder, mucho tiempo después de que el período para el cual la
revelación original había sido destinada hubiera acabado, entonces,
inmensas posibilidades se abren ante la humanidad.
En primer lugar, por
la interacción enriquecedora entre ambas esferas, desde el punto de vista
conceptual.
Podrían así establecerse operadores transdiciplinarios
que permitieran descubrir leyes básicas comunes tanto al mundo de lo espiritual
como al de la naturaleza.
A su vez los textos revelados, aceptados como
conocimientos adquiridos por una vía diferente y no como dudosas creencias,
podrían inspirar la creatividad y estimular la intuición, que indiscutiblemente
ha sido un elemento clave en el desarrollo de la ciencia.
En segundo lugar,
científicos que no sintieran rechazo sino admiración por la revelación
de la época, serían mucho más proclives a orientar sus esfuerzos
en pro del nuevo concepto de desarrollo que estaría estructurándose
bajo la inspiración de aquélla, y al servicio de toda la comunidad
humana.
La gran travesía
Esta triple convergencia, algunos
de cuyos aspectos bilaterales han sido planteados, implica no solo el desarrollo
de cada uno de sus polos o vértices - el religioso, el social y el científico-
sino también, y muy especialmente, el estrechamiento de los lazos que los
vinculan.
Se trata de compatibilizar los tres campos, antes que continuar
el desarrollo de alguno o de todos ellos por carriles separados.
Pero no
se trata de una integración anárquica, sino que se propone el campo
de lo espiritual como aquel que encierra los valores y principios básicos
que han de orientar a los otros dos.
Habría un cuarto polo en la
cultura, que es el del arte. Sin embargo, éste no puede ser regulado o
legislado. Sería más bien consecuencia y expresión de la
armonía alcanzada gracias a esta convergencia.
Cada vez que los pueblos,
motivados por una nueva revelación, una fe común, se han levantado
para hacer renacer la justicia en lo social junto con el progreso científico,
han alcanzado concomitantemente las cumbres de su expresión artística,
nacida de la espiritualidad renovada.
Esta triple convergencia implica un
desarrollo armónico en todos los niveles de la realidad humana, tanto individual
como colectivamente.
De ese modo, nuestro planeta abandonará su actual
estado de descompensación, causado por un desarrollo exclusivamente centrado
en su aspecto material, y aun ésto, para una pequeña fracción
de la humanidad.
La persistente crisis -ambiental, social, existencial-
vista con actitud positiva, es en realidad una oportunidad, un estímulo
para hallar soluciones de fondo.
Como se trata de una crisis sin precedentes,
tanto por las amenazas que conlleva -de colapso ecológico global, de superpoblación,
de exterminio bélico- como por las posibilidades que la acompañan
-proliferación de recursos tecnológicos, comunicaciones instantáneas,
alto intercambio étnico y cultural, nuevas redes institucionales, y un
naciente anhelo de renovación espiritual- es esperable una travesía
que nos lleve hacia espacios de grandeza y capacidades colectivas inimaginables.
Al
escribirse estas líneas, en los primeros meses del último lustro
del milenio, tal vez estemos ingresando en años decisivos de la historia
mundial.
Fue mucho el sufrimiento del género humano hasta el presente,
y aun así es probable que la hora más oscura todavía no haya
llegado. Será un tránsito fugaz, imprevisible; luego, por encima
de la humareda, el conjunto de los hombres comenzará a vislumbrar el amanecer.
Nuestros
descendientes vivirán en un mundo no sólo más justo, sino
de un atractivo, dinamismo y belleza apasionantes.
Llevarán adelante
una civilización mundial en continuo progreso, y alabarán a Bahá'u'lláh,
el Señor de la Historia.
Extraído del libro "El Planeta
Subdesarrollado" de Lucio Capalbo.