La
Visión Sistémica de la Vida
La
cosmovisión holística y ecológica de la física moderna
destaca la fundamental interrelación e interdependencia de todos los fenómenos
y la naturaleza intrínsecamente dinámica de la realidad física.
Para utilizar esta visión en la descripción de los organismos vivos,
debemos ir más allá de la física y adoptar un marco de referencia
que parece ser una extensión natural de los conceptos de la física
moderna. Este marco se conoce como teoría sistémica, a veces llamada
teoría general de sistemas. En realidad, el término "teoría
sistémica" es un poco engañoso, ya que ésta no es una
teoría bien definida como la teoría de la relatividad o la teoría
cuántica. Más bien, es un enfoque particular, un lenguaje y una
perspectiva específica.
La visión sistémica concibe al
mundo en términos de relaciones e integración. Los sistemas son
todos integrados cuyas propiedades no se pueden reducir a las de unidades más
pequeñas. En vez de concentrarse en "ladrillos" o sustancias
básicas, el enfoque sistémico destaca los principios básicos
de organización. Los ejemplos de sistemas abundan en la naturaleza. Cada
organismo desde la bacteria más pequeña, recorriendo el amplio espectro
de plantas y animales, hasta los seres humanos- es un todo integrado, y por lo
tanto, un sistema vivo. Las células son sistemas vivos, y también
lo son los diversos tejidos y órganos del cuerpo y el cerebro humano, siendo
este último el ejemplo más complejo. Pero los sistemas no se limitan
a los organismos individuales y sus partes. Los mismos aspectos de la totalidad
se encuentran en sistemas sociales tales como una familia o una comunidad y en
ecosistemas compuestos por una variedad de organismos y materia inanimada en interacción
mutua.
Todos estos sistemas naturales son totalidades cuyas estructuras específicas
surgen de las interacciones e interdependencia de sus partes. Las propiedades
sistémicas se destruyen cuando un sistema se descompone en forma física
o teórica en elementos aislados. Aunque en cualquier sistema podemos distinguir
partes individuales, la naturaleza del todo es siempre diferente de la mera suma
de sus partes.
Los sistemas son intrínsecamente dinámicos. Sus
formas no son estructuras rígidas, sino manifestaciones flexibles y sin
embargo, estables- de procesos subyacentes. Pensar en sistemas es pensar en procesos;
forma se asocia con proceso, interrelación con interacción, y los
opuestos se unifican en la oscilación.
Los sistemas vivos tienden a
formar estructuras de muchos niveles: sistemas al interior de sistemas. Por ejemplo,
el cuerpo humano contiene sistemas de órganos compuestos de varios órganos
y cada órgano está formado por tejidos y cada tejido está
compuesto por células. Todos éstos son organismos o sistemas vivos
que consisten de partes más pequeñas y, al mismo tiempo, forman
parte de totalidades más amplias. Los sistemas vivos, entonces, presentan
un orden estratificado, y existen interconexiones e interdependencias entre todos
sus niveles y cada nivel interactúa y se comunica con la totalidad del
medio que lo rodea.
Auto organización
Tal
como la física moderna, la visión sistémica es una visión
ecológica. Enfatiza la interrelación e interdependencia de todos
los fenómenos y la naturaleza dinámica de los sistemas vivos. Toda
estructura es vista como una manifestación de procesos subyacentes y los
sistemas vivos son descritos como patrones de organización.
¿Cuáles
son, entonces, los patrones de organización característicos de la
vida? Estos incluyen una variedad de procesos y fenómenos que se pueden
visualizar como diferentes aspectos del mismo principio dinámico, el principio
de la auto organización. Un organismo vivo es un sistema que se organiza
a sí mismo; esto es, su orden en estructura y función no lo impone
el medio, sino que lo establece el sistema mismo. Los sistemas auto organizados
presentan cierto grado de autonomía; por ejemplo, independientes de influencias
ambientales, tienden a establecer su tamaño según principios internos
de organización. Pero los sistemas vivos no se hallan aislados de su medio;
al contrario, interactúan continuamente con él, aunque esta interacción
no determina su organización.
La relativa autonomía de los sistemas
auto organizados arroja una nueva luz sobre la antigua inquietud filosófica
del libre albedrío. Desde el punto de vista sistémico, tanto el
determinismo como la libertad son conceptos relativos. Un sistema es libre en
la medida en que es autónomo de su medio; su actividad será moldeada
por influencias ambientales en la medida en que dependa de ese medio por una continua
interacción con él. La autonomía relativa de los organismos
generalmente aumenta con su complejidad, y alcanza su punto culminante en los
seres humanos.
Este concepto relativo del libre albedrío parece ser
perfectamente consecuente con las visiones de las tradiciones místicas
que exhortan a sus seguidores a trascender la noción de un yo aislado y
tomar conciencia de que somos partes inseparables del cosmos en que estamos insertos.
El objetivo de estas tradiciones es dejar caer por entero toda sensación
de ego y, en la experiencia mística, fusionarse con la totalidad del cosmos.
Una vez que se alcanza dicho estado, el asunto del libre albedrío parece
perder su significado. Si yo soy el universo, no pueden haber influencias "externas",
y todos mis actos serán espontáneos y libres. Por lo tanto, desde
el punto de vista de los místicos, la idea del libre albedrío es
relativa, limitada e ilusoria, al igual que todos los demás conceptos que
utilizamos en nuestras descripciones racionales de la realidad.
Liderados por
el Premio Nóbel belga Ilya Prigogine, una serie de investigadores de diversas
disciplinas ha elaborado, a lo largo de la última década y en considerable
detalle, una teoría de sistemas autoorganizados. Una de las características
más importantes de la autoorganización es el hecho de que los sistemas
auto organizados están "siempre trabajando". Para seguir vivos,
deben mantener un continuo intercambio de energía y materia con su medio.
Este intercambio implica asimilar estructuras ordenadas tales como alimento ,
descomponerlas y utilizar algunos de los componentes resultantes para mantener
o aumentar el orden del organismo. Este proceso se conoce como metabolismo.
Otro
aspecto importante de la continua actividad de los sistemas vivos es el proceso
de autorrenovación. Cada organismo vivo se renueva constantemente a medida
que las células se separan y forman estructuras y los tejidos y órganos
reemplazan sus células en ciclos continuos. A pesar de este continuo cambio,
el organismo mantiene su estructura y aspecto generales. Sus componentes se renuevan
y reciclan continuamente, pero el patrón de organización permanece
constante. Los fenómenos de la autocuración, regeneración
y adaptación a cambios ambientales, se relacionan estrechamente con el
aspecto autorrenovador de la auto organización.
El fenómeno de
la autorrenovación, junto con el del orden estratificado, nos proporciona
la perspectiva apropiada acerca del fenómeno de la muerte. La autorrenovación
la descomposición y elaboración de estructuras en ciclos continuos-
es un aspecto esencial de los sistemas vivos. Pero las estructuras mismas que
están siendo reemplazadas constantemente, son organismos vivos. Desde su
punto de vista, la autorrenovación del sistema más amplio es su
propio ciclo de nacimiento y muerte. Por ende, nacimiento y muerte aparecen ahora
como un aspecto central de la auto organización, la esencia misma de la
vida. La muerte, entonces, no es el opuesto de la vida, sino un aspecto esencial
de ella. Esta visión armoniza perfectamente con aquella de las tradiciones
espirituales de Oriente que conciben al nacimiento y la muerte como etapas de
interminables ciclos que representan la continua autorrenovación característica
de la danza de la vida.
Los patrones rítmicos fluctuaciones, oscilaciones,
vibraciones y ondas juegan un papel central en la dinámica de la auto organización.
A1 mismo tiempo, la noción de los patrones rítmicos constituye un
importante enlace con los puntos de vista de los místicos. La idea de las
fluctuaciones como fundamento del orden fue introducida muy recientemente en la
ciencia moderna por Prigogine, pero se la encuentra con frecuencia en las tradiciones
espirituales orientales. Es, especialmente, la esencia misma del 1 Ching chino
y de toda la tradición del taoísmo. A1 observar el mundo vivo, los
sabios taoístas reconocieron la importancia de las fluctuaciones; por ese
motivo, también pusieron de relieve las tendencias opuestas pero complementarias
que parecen ser un aspecto esencial de la vida.
La importancia de los patrones
rítmicos en la percepción visual ha sido destacada por Karl Pribram
con respecto a su modelo holográfico del cerebro. Pribram también
ha extendido la metáfora del holograma sugiriendo que la holonomía
la forma en que el todo está, de algún modo, contenido en cada una
de sus partes= puede ser una propiedad universal de la naturaleza. Este es un
tema frecuente en los escritos y enseñanzas de los místicos. Aurobindo,
por ejemplo, escribe:
En el sentido supramental, nada es realmente finito;
se funda en una sensación de todo en cada uno y cada uno en todo.
Elaborado
en forma más extensa en la escuela Avatamsaka del budismo mahayana, el
concepto de holonomia también se encuentra en dos teorías de la
física moderna: la teoría del "tirante" de partículas,
de Geoffrey Chew, y la teoría del orden entrelazado, de David Bohm.