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Un reto para los derechos humanos y el fomento de la continuidad familiar
Cómo la pobreza separa a los niños de sus padres

Por Jean Marie Anglade, Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo


"En su esfuerzo para proteger a sus hijos, los padres con escasos recursos económicos se enfrentan a elecciones injustas e inhumanas en sus vidas diarias." (Nitin Desai, Subsecretario General de las Naciones Unidas, 2004)


"Se ha prestado una atención (…) insuficiente al impacto que las políticas tienen en las familias y la consideración tomada hacia las contribuciones que las familias aportan al bienestar de sus miembros también ha sido insuficiente.(…). Las políticas deben contribuir al fortalecimiento de las funciones de apoyo que las familias ya ofrecen, ayudándolas a afrontar los retos a los que se enfrentan de forma individual y colectiva." (Johan Schölvinck, Director de la División de las Naciones Unidas para la Política Social y el Desarrollo, 2004)


Tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, la pobreza extrema suele traer como resultado la separación de los niños de sus padres.
Sin embargo, dos estudios de investigación (1) llevados a cabo recientemente por el Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo revelaron la importancia de los lazos familiares y de las comunidades para aquellos que viven en situación de pobreza persistente. El mensaje transmitido por los niños y sus padres fue su profundo deseo de que las medidas adoptadas en nombre de los niños se basasen en estos lazos. Los temas y ejemplos que se presentan a continuación se inspiran en estos estudios.

La pobreza extrema puede romper los lazos Familiares

Al igual que en otros entornos sociales, las familias que viven sumidas en una pobreza extrema también pueden experimentar periodos de tensión y conflicto internos. Con frecuencia, las inseguridades (ingresos económicos irregulares con sus subsiguientes privaciones y frecuentes desplazamientos y traslados) y las humillaciones que sufren en sus vidas intensifican estas tensiones y aceleran la ruptura de los lazos familiares. A menudo, en los países ricos, los servicios sociales consideran que la mejor forma de proteger a los niños en tales circunstancias es apartarlos del hogar familiar mediante resoluciones administrativas o procedimientos legales. Aunque en ocasiones, dichas decisiones se adoptan con el consentimiento de los padres, la gran mayoría de las familias pobres que pierden a sus niños de esta forma indican que sufren esta experiencia como un castigo. Con demasiada frecuencia, las soluciones alternativas que se ocuparían de las causas subyacentes de las tensiones dentro del seno familiar (las inseguridades y las humillaciones mencionadas anteriormente) no se exploran lo suficiente con la familia y las aspiraciones, tanto de los padres como de los niños, no tienen el peso suficiente en la decisión final. Según unos estudios llevados a cabo en el Reino Unido y EE.UU., a menudo, la consecuencia es un diálogo muy tenso y difícil (incluso, en ocasiones, violentas confrontaciones) entre los padres y los trabajadores sociales que ejecutan el proceso de separación de los niños de sus familias.

Suele ser difícil de justificar la decisión tomada por los servicios sociales, o los tribunales, de enviar a los niños bajo la tutela de la protección social.
Aparentemente la decisión se basa en un temor de que las condiciones de vida de los niños afecten negativamente a su desarrollo o les impidan recibir la escolarización adecuada. Sin embargo, un estudio llevado a cabo recientemente en el Reino Unido demuestra que el rendimiento escolar de los niños
bajo la tutela de la protección social es bastante inferior al del resto de los niños (2).
En los países en vías de desarrollo, las razones causantes de las rupturas familiares son bastante diferentes.
Generalmente, los sistemas legal y social intervienen con menor frecuencia en las vidas de las familias en situación de pobreza extrema. Sin embargo, las realidades social y económica "continúan imponiendo" las separaciones. En Burkina Faso, por ejemplo, las duras condiciones de vida de las zonas rurales y la esperanza de una vida mejor en la ciudad lleva a los niños y a los jóvenes a abandonar el hogar familiar para trasladarse a la capital del país. En Haití, muchos padres pobres recurren a confiar a sus niños a la atención de otras familias porque carecen de los medios necesarios para criarlos o enviarlos al colegio. De forma similar, en Filipinas, los padres acaban llevando a sus hijos a orfanatos.

Es necesario preservar los lazos familiares

En todo el mundo, los equipos de ATD apuntan a la gran importancia de la familia para la población más pobre. La familia es el centro de sus vidas: proporciona un sentido de identidad; es una fuente de coraje y fuerza en su lucha por salir de su situación.

El Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo es una ONG dedicada a combatir la pobreza extrema y fomentar los derechos humanos. Fue fundada en 1957 por Joseph Wresinski (1917-1988), quien también provenía de una familia sumida en la pobreza extrema. Trabaja en 29 países de Europa, África, Asia y América. A través de su "Foro permanente sobre la pobreza extrema", una red internacional de organizaciones antipobreza y defensores de los derechos humanos, ATD Cuarto Mundo aúna la experiencia y los conocimientos de más de 100 países.

Para muchas personas pobres, el círculo familiar es también uno de los escasos lugares donde se sienten bienvenidos y completamente humanos porque son importantes para los otros. Por ejemplo, cuando los jóvenes de familias extremadamente pobres que viven bajo la tutela de la protección social cumplen los 18 años y ya no pueden seguir en las casas de acogida, es frecuente que vuelvan al domicilio de sus padres.
Llaman a la puerta de un padre o una madre que posiblemente no han visto en muchos años, con la esperanza de continuar siendo importantes para ellos.

"Con frecuencia, el envío de los niños bajo la tutela de la protección social, debilita a las familias en lugar de ayudarlas." (ver nota 2). Por lo tanto, lo más adecuado sería utilizar los recursos disponibles de forma que apoyen los esfuerzos de las familias muy desfavorecidas para permanecer unidas. La inversión en las familias podría resultar en un menor gasto que el envío de los niños bajo la tutela de la protección social, al tiempo que se proporcionaría a los niños el afecto adicional que requieren para su óptimo desarrollo.
En todo caso, sería de esperar que las intervenciones externas sirvieran de refuerzo, en lugar de debilitar la unidad familiar, que a menudo ya es frágil.

Por ejemplo, en EE.UU., una familia se quedó sin hogar. La única opción ofrecida por la institución pertinente fue la acomodación en un refugio restringido para mujeres y niños. Dado que la madre tuvo que aceptar la separación de su marido, éste no tuvo otra opción que dormir en el coche durante varias semanas. En Filipinas, una madre solicitó ayuda a los servicios sociales y se le comunicó que sólo la recibiría si aceptaba romper todos los lazos con el padre de sus hijos. En ambos casos, las madres aceptaron la tan necesitada ayuda pero, en secreto, intentaron mantener el contacto con sus compañeros, teniendo que vivir con el miedo constante de ser descubiertas.

En ninguna de las situaciones se halló un caso de maltrato o abuso paterno. A pesar de que los trabajadores sociales implicados consideraron sin dudarlo que tenían razones válidas para plantear a las madres dicha elección, su propuesta se oponía al deseo de las mujeres de mantener a su familia unida. Las madres solicitaron ayuda para sobrellevar mejor sus situaciones como familia, fortaleciendo sus propias capacidades. En su lugar, las soluciones que recibieron sólo sirvieron para perpetuar su estado de inestabilidad.

Así, de forma similar, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, los padres se enfrentan a elecciones terriblemente difíciles, con necesidades muy conflictivas a la hora de criar a sus hijos. En el Reino Unido, los padres que participaron en una reunión organizada por el Hogar para Familias Frimhurst (Centro cultural y de descanso de ATD Cuarto Mundo en Surrey) definieron su situación de "ser un padre pobre" de la siguiente forma:


o Tener que decir "no" a mis hijos cada día;
o Ver cómo los padres de acogida ganan dinero para comprar cosas a mis hijos que yo nunca podría permitirme comprar.
o Tener que ser mejor con mis hijos que ningún otro padre porque me vigilan.
o No poder elegir donde quiero vivir, a qué colegio deseo llevar a mis hijos o qué tipo de trabajo me gustaría tener.
o Necesitar ayuda, pero no solicitarla por temor a ser tachada de madre inepta.
o Tener que contar la historia de mi vida una y otra vez, sólo para obtener algo a lo que tengo derecho.
o No ser capaz de ayudar a los niños con sus deberes porque nunca fui al colegio".

Estas palabras podrían haber sido pronunciadas por muchos padres de otras partes del mundo.

La inversión en las familias podría resultar en un menor gasto que el envío de los niños bajo la tutela de la protección social.
Mantener la familia unida proporciona al niño el afecto adicional que requiere para su óptimo desarrollo.


Un reto para los derechos humanos

Las experiencias de la vida real de las familias afectadas por situaciones de pobreza extrema nos han llevado a enlazar dos conceptos ("lazos fundamentales" y "derechos fundamentales") porque la protección de los lazos entre los padres y sus hijos está intrínsecamente relacionada con la conservación de los derechos humanos de manera global. De acuerdo con nuestras experiencias con familias muy pobres, dos principios parecen ser de vital importancia a la hora de proteger estos lazos básicos: la "continuidad familiar" y los "lazos con la comunidad".

Fomentar la "continuidad familiar"

El concepto de "continuidad familiar", que apareció por primera vez en EE.UU. y posteriormente se desarrolló en otros países, especialmente en Suecia, hace hincapié en la prioridad que debería otorgarse a las relaciones de por vida y, más específicamente, a los lazos familiares, que desempeñan una función central en el desarrollo del niño. Esto significa que es necesario adoptar medidas para identificar, apoyar y mejorar los lazos existentes, no sólo entre padres e hijos, sino también entre los hermanos y entre los niños y los miembros del clan familiar. Las relaciones con estos últimos son especialmente importantes para los niños bajo la tutela de la protección social. Dichos lazos proporcionan al niño un sentido de continuidad ya que, probablemente, en su situación de acogida experimenten una serie de estancias a corto plazo, impredecibles y, a veces, interrumpidas. La red de relaciones con el clan familiar organiza "reuniones de grupos de familias" y se refuerza a través de las mismas. Este tipo de reuniones se originaron en Nueva Zelanda y, en la actualidad, se utilizan en una diversidad de países. Se convocan cuando una familia pasa por un periodo difícil o una crisis e implican la identificación por parte del clan familiar de sus propias soluciones ante el problema que se les plantea y la posterior concesión de ayudas prioritarias a estas soluciones. Las opiniones de las partes más estrechamente implicadas reciben una atención especial: las opiniones de los padres y los niños.

La comunidad: una fuente de apoyo básico para los pobres y los muy pobres

En el Foro Infantil Internacional, organizado por ATD Cuarto Mundo en Ginebra en noviembre de 1999, los niños declararon: "Para nosotros, la familia es lo más importante. Sin familia, no podemos vivir, no pertenecemos a ningún grupo. Y las familias no pueden existir a menos que existan lazos de amistad en nuestras comunidades. Sin amistad, la vida no es posible."

Por lo tanto, existe una estrecha relación entre el apoyo a los lazos familiares y el apoyo a los lazos de la comunidad, tal y como se ilustra en los proyectos llevados a cabo en diez países europeos (ver nota 2).
Algunos de los proyectos trataron de ofrecer soluciones para situaciones de crisis y otros se centraron en el reforzamiento de los lazos en el barrio o la comunidad. Uno de los objetivos de este segundo tipo de proyectos era reducir el aislamiento de los padres extremadamente pobres y ayudarles a establecer contactos positivos en su entorno inmediato. La experiencia ha demostrado que, cuando las familias se benefician de dicho apoyo, les es más fácil encontrar soluciones en tiempos de crisis. Estos proyectos lanzaron iniciativas como grupos de padres, actividades culturales con padres y niños y salidas o vacaciones.
Mientras que, actualmente, las sociedades de algunos países industrializados parecen estar volviendo a descubrir la importancia de los lazos de la comunidad, en muchos países en desarrollo, estos lazos aún ocupan un lugar central (a pesar de que se están debilitando a medida que el país avanza hacia la modernización).
En Burkina Faso, por ejemplo, los ritos de iniciación solían desempeñar un papel importante para la creación de sistemas de apoyo. Una vez completado el rito, era claro que, si un miembro del grupo se comportaba de forma inadecuada, era responsabilidad de los otros miembros el volverlo a conducir hacia el buen camino. Además, cualquier persona que viviese en la aldea, o en una aldea vecina, podía corregir el comportamiento del hijo de otra persona. Los padres nunca se encontraban solos en la crianza de sus hijos; cuando un padre decía "no", recibía el apoyo de toda la aldea. Hoy en día, dado que las familias tienden a ser más nucleares y la sociedad es cada vez más individualista, las familias más frágiles se encuentran cada vez más aisladas. La exclusión social también existía en las sociedades tradicionales. Sin embargo, estas sociedades invertían una gran cantidad de energía en la creación y el mantenimiento de lazos en la comunidad que servían de refuerzo, lo que protegía a los miembros individuales en tiempos difíciles.

Es muy importante que las familias que viven sumidas en situaciones de pobreza extrema, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, encuentren personas en su entorno social inmediato, en el colegio de sus hijos, en sus lugares de trabajo, que estén dispuestas a acompañarlos en sus vidas diarias y que crean en su potencial. En ausencia de dichas personas, es improbable que los programas o las medidas de apoyo social alcancen sus objetivos con éxito.

Obviamente, los trabajadores sociales no son los únicos responsables de la calidad de los lazos de la comunidad de los que disfrutan sus miembros. Sin embargo, es cierto que pueden desempeñar una función importante. Sus responsabilidades deberían incluir el fomento de mecanismos de apoyo dentro de la comunidad para aumentar la solidaridad y reducir la marginación de los más pobres. Esto significa que se debería proporcionar a los trabajadores sociales la formación y los recursos necesarios y se les debería asignar el tiempo necesario para realizar estas tareas. Dicho enfoque no sólo ayudaría a mejorar el bienestar de los niños, sino también el de sus familias.

Notas
1 El primer estudio, "How poverty separates children and parents a challenge for human rights", se elaboró con el apoyo del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (daes). Se inspira en la experiencia de atd Cuarto Mundo en Guatemala, Haití, ee.uu., Burkina Faso, Filipinas y Reino Unido.
El segundo estudio, "Valuing children, valuing parents", es un documento de consulta europeo preparado por el Movimiento Internacional atd Cuarto Mundo con el apoyo de la Comisión Europea. Para más detalles, ver sección "Más información".
2 "A Better Education for Children in Care", Informe de la Unidad de Exclusión Social, 2003, Reino Unido.


Bernard van Leer Foundation - Espacio para la Infancia - Diciembre 2005

 

   


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