La sed no es nada, la imagen
es todo (hacele caso a tu imagen)
En el marketing convencional, existe
un doble mensaje o distancia entre lo que se dice explícitamente, entre
el objetivo declarado y el verdadero objetivo de esta comunicación.
Se
comunica con la intención de que saciemos la sed, se nos comunica que disfrutemos
un destino turístico, se nos ofrece alegría, felicidad, integración,
pero, las verdaderas intenciones son otras.
Es en este desdoblamiento entre
lo explícito y las intenciones subyacentes, donde se produce el problema
de la comunicación y la promoción de la pseudosatisfacción
de necesidades, aplicando el concepto de pseudosatisfactor desde las categorías
del Desarrollo a Escala Humana.
El análisis de la diferencia entre
el marketing convencional y la comunicación de las organizaciones sociales
y culturales, puede profundizarse tomando como referencia el trabajo de Norberto
Chaves en su libro de "Imágenes Corporativas"
Chaves propone
el análisis de la comunicación institucional a través de
una matriz de doble entrada.
Sus columnas se corresponden con lo material,
por un lado y lo representacional por el otro.
A nivel de filas
aparecen las categorías del Ser y del Decir:

Esta
matriz nos permite imaginar una circulación antihoraria entre sus cuatro
cuadrantes:

La
preguntas pertinentes, al considerar este circuito, son:
¿Hay coherencia
entre las categorías?
¿Es lo que hacemos coherente con lo que
somos?
¿Comunicamos lo que somos y hacemos?
¿Se nos ve conforme
a lo que comunicamos, hacemos y somos?
Desde una perspectiva ética
entendida como coherencia, un circuito apropiado sería aquel en el cual
existe consistencia y equivalencia entre las categorías.
Así,
lo que se hace en realidad responde a lo que se es, a la identidad organizacional.
Lo
que se comunica (con el texto y contexto) responde a lo que se hace.
Finalmente
la imagen lograda en el contexto externo, coincide con lo que se comunica y por
ende la imagen es próxima a la identidad.
Queda claro así
que la coherencia entre el ser y el hacer, y entre este y el decir / comunicar
es condición necesaria para lograr una imagen próxima a la identidad.
Para
lograr la condición de suficiencia, es requisito, además, un buen
diseño de la comunicación.
Pero, volviendo al marketing convencional,
propio de organizaciones con propósito de lucro, las categorías
de la matriz de Chaves nos permiten también conceptualizar la diferencia
entre éste y la comunicación externa en organizaciones sociales
y sin fin de lucro.
En organizaciones sociales y sin fin de lucro la consistencia
entre las diversas estaciones del circuito propuesto es factible, puesto que por
la propia racionalidad de servicio que este tipo de organización puede
tener, lo que se es, lo que se hace y lo que se comunica pueden coincidir. Se
comunica para dar a conocer la verdadera identidad, la cual incluye la misión
o razón de ser organizacional.
En el caso del marketing, en cambio,
siendo la racionalidad dominante la del lucro, lo que se comunica tiende apartarse
de la identidad (lucrativa) de la organización, persiguiendo una imagen
distinta de aquella, lo que en nuestra opinión involucra problemas en el
orden de lo ético.
Dicho de otro modo: mientras que las organizaciones
sociales y culturales, sin fin de lucro, pueden comunicar realmente lo que son,
ofrecer un servicio y ser realmente de servicio, en el pleno sentido de la palabra,
las organizaciones con fin de lucro hallan allí una incoherencia desde
una perspectiva ética.
Una organización de servicio, sin fin
de lucro, puede decir "nuestro objetivo es que usted se sienta mejor"
porque realmente la naturaleza y razón de ser de esa organización
es brindar mejores condiciones a una población determinada.
Lo que se
dice y lo que se es, pueden coincidir.
En cambio, si una organización
con fin de lucro dice "nuestro objetivo es que usted se sienta mejor",
está ocultando, está no diciendo "nuestro objetivo es incrementar
nuestras utilidades y para eso queremos su dinero".
Aún cuando
además pueda pretender que la gente se sienta mejor, no puede renunciar
al "objetivo oculto" del lucro, porque esa es su naturaleza y razón
de ser.
Lo dicho no significa que las organizaciones sin fin de lucro automáticamente
hagan cerrar coherentemente el circuito de Chaves; lo que se dice es que su naturaleza
y constitución lo hacen posible, que comuniquen la verdad de su hacer y
su ser, sin ocultamientos, sin mentir.
Esto nos da una línea más
de análisis para repensar la legitimidad de las empresas privadas orientadas
a la acumulación, por un lado, y un motivo para buscar conceptos y lenguajes
distintos al del marketing, cuando de organizaciones sociales y sin fin de lucro
se trata.