Las Yungas, como se llama a la selva de las montañas del
norte argentino, son una extensión del macizo amazónico que hasta
marzo de 2004 se consideraban área protegida. Pero ese año el Gobierno
salteño votó una ley para desafectar como tal a esta área
protegida y autorizar su venta, con el objetivo de recaudar fondos para pavimentar
las rutas provinciales 5 y 30 y potenciar el desarrollo económico de la
zona. De esa manera, a un promedio de 700 pesos por hectárea, el
23 de junio de 2004 se vendieron aproximadamente 13 mil hectáreas del Área
Natural Provincial Protegida -lotes 32 y 33-, que fueron desmontadas para destinarlas
a actividades agropecuarias, principalmente para producir y exportar soja.Pero
la venta de áreas protegidas en el 2004 es un dato más dentro del
avance acelerado de la frontera agrícola en el norte argentino. Si se observan
las fotos satelitales de la región entre 1984 y 2001 es fácil comprobar
el aumento de las tierras destinadas a la agricultura para lo cual se realizaron
desmontes indiscriminados. Otras actividades realizadas en la zona para
las cuales se debieron realizar desmontes fueron gasoductos y pozos petroleros. ¿Cuáles
son las consecuencias para un área desmontada?
- Cuando se deforesta
la selva, el suelo queda desnudo y muy frágil, tornándose proclive
a deslizamientos de tierra provocados por lluvias y crecidas de ríos. -
Las gotas de lluvia impactan sobre el suelo desnudo, cuando antes caían
sobre las copas que funcionaban como amortiguación. Consecuentemente, la
superficie del suelo comienza a lavarse, perdiéndose la capa más
rica en nutrientes, porque se carece de los elementos que detienen la erosión. -
Además las raíces de los árboles ya no funcionan absorbiendo
el exceso de agua y reteniendo la estructura del suelo. - Sin la vegetación
propia del lugar, la estructura de las laderas de los ríos se vuelve cada
vez más inestable, si en el año hay más precipitaciones,
sin retención suficiente del agua de lluvia, se acelera el escurrimiento
superficial. Con poca retención y excesivo escurrimiento, las crecidas
de los ríos no se regulan. Con grandes crecidas, no hay puentes ni caminos
que resistan, mucho menos si no se ha invertido adecuadamente en ellos. Todo
esto se ve agravado porque según las estadísticas, desde 1930 se
duplicó el promedio de agua caída en el norte salteño que
pasó de 700 ml anuales a 1400 ml. En resumen, la ecuación
es sencilla: llueve más y hay menos elementos de absorción. Sin
embargo, Gustavo López Asensio, secretario de Medio Ambiente de la provincia
de Salta desmiente que la tala indiscriminada tenga relación con el fenómeno
que ocurrió en Tartagal. Asegura que "las fotos satelitales muestran
que aguas arriba, donde se produjo el descauce del río, no hay ningún
desmonte, más allá de alguna extracción ilegal, que es mínima".
"Los desmontes están aguas abajo de Tartagal, con lo cual es imposible
que hayan sido la causa del desastre que hoy vive esa región". Pero
los expertos tienen otro diagnóstico:
- El físico y doctor
en Meteorología Osvaldo Canziani, vicepresidente del Panel Intergubernamental
sobre Cambio Climático, advirtió que "estudios internacionales
señalan la relación entre los desmontes y la crecida de los ríos
debido al aumento en el nivel de erosión". - Noemí Cruz,
coordinadora de la Campaña de Biodiversidad en el NOA de la agrupación
ecologista Greenpeace, comentó que "No hubo desmonte en la cuenca
alta sino en la parte media y baja. Allí hay 3166 hectáreas depredadas.
Es decir que la superficie de los árboles que fueron talados en la cuenca
es tres veces mayor que la superficie de la cuenca misma. Esto hizo que el curso
del río, en vez de seguir encauzado, produjera anegamientos. Al aumentar
las lluvias el río acrecentó su capacidad de carga y generó
una erosión "retrocederte". Es decir que la deforestación
en la parte baja del río afectó hacia atrás a la parte alta,
aunque allí no se hubieran hecho desmontes", dijo. A este panorama
desalentador se suma que sólo el 40 por ciento de la madera de los desmontes
es utilizada. El resto se quema o se abandona. De esta manera, los gases de efecto
invernadero liberados por la quema, que son cinco veces más que los emitidos
en procesos industriales, acentúan el problema del Cambio Climático,
uno de cuyas consecuencias es el incremento de las lluvias. Cómo
frenar este círculo vicioso
La lluvia está aumentando
mucho en la región y esto debería tomarse en cuenta para las planificaciones
territoriales inmediatas y futuras, espacialmente en lo que hace a la protección
de los bosques de las cuencas del río Seco y del río Tartagal. Las
intervenciones antrópicas en ambientes naturales avanzan a pasos agigantados
en post del desarrollo económico de una región, pero deberían
asegurar el menor impacto ambiental posible y la conservación de los recursos
renovables o no renovables.
|