Introducción
Durante
las primeras tres décadas de este siglo ha ocurrido un cambio impactante
en los conceptos e ideas de la física. Los nuevos conceptos, que aún
están siendo elaborados en nuestras actuales teorías acerca de la
materia, han modificado radicalmente nuestra cosmovisión llevándonos
del pensamiento mecanicista de Descartes y Newton a una visión holística
y ecológica.
La nueva visión no fue de ningún modo fácil
de aceptar por los físicos de principios de este siglo. La exploración
del mundo atómico y subatómico los hizo contactarse con una realidad
extraña e inesperada. En sus esfuerzos por captar esta nueva realidad,
los científicos se percataron dolorosamente de que sus conceptos básicos,
su lenguaje y toda su forma de pensar eran inadecuados para describir los fenómenos
atómicos. Sus problemas no se limitaron al ámbito intelectual, sino
que se extendieron a una intensa crisis emocional e incluso existencial. Les tomó
largo tiempo superar dicha crisis, pero al final fueron recompensados con profundas
introvisiones respecto a la naturaleza de la materia y su relación con
la mente humana.
He llegado a creer que las naciones y sociedades del mundo
se encuentran hoy en una crisis similar. Todos los días leemos en los periódicos
acerca de las numerosas manifestaciones de esto. La mayoría de nuestras
economías producen una alta inflación y desempleo, con niveles de
pobreza y hambruna que no disminuyen; existe una crisis energética, una
crisis en el cuidado de la salud, una crisis ambiental y una creciente ola de
violencia y crimen. Creo que todas éstas son diferentes facetas de la misma
crisis, que esencialmente es una crisis de percepción. Tal como la crisis
de la física en la década del 20, ella se deriva del hecho de que
estamos intentando aplicar los conceptos de una visión del mundo anticuada
la cosmovisión mecanicista de la ciencia newtoniana cartesiana a una realidad
que ya no se puede comprender mediante estos conceptos.
Aun cuando la cosmovisión
cartesiana es más característica de la cultura occidental que de
la oriental, muchos de sus principios básicos también se aplican
ahora en Oriente, debido a la adopción mundial de la ciencia y tecnología
occidentales. La cosmovisión cartesiana ya ha alcanzado sus límites
en muchos campos, incluyendo la física, la biología, la medicina,
la psicología y la economía. Hoy vivimos en un mundo globalmente
interconectado, donde todos los fenómenos biológicos, sicológicos,
sociales y ambientales son interdependientes. Para describir este mundo en forma
apropiada, necesitamos una perspectiva ecológica y esto no lo ofrece la
cosmovisión cartesiana.
Lo que necesitamos, entonces, es un nuevo paradigma
una nueva visión de la realidad y un cambio fundamental en nuestros pensamientos,
percepciones y valores. Los inicios de este cambio desde la concepción
mecanicista de la realidad a la holística, son visibles en todos los campos
y es probable que dominen la década. La gravedad y extensión global
de nuestra crisis indica la probabilidad de que ésta desemboque en una
transformación de dimensiones sin precedentes, un punto de giro para el
planeta como un todo.
La Nueva Visión
de la Realidad
La nueva visión
de la realidad es ecológica, pero va mucho más allá de las
preocupaciones inmediatas por la protección ambiental. Es respaldada por
la ciencia moderna, pero tiene sus bases en una percepción de la realidad
que se extiende más allá del marco de referencia científico
hacia una conciencia intuitiva de la unidad de la vida entera, la interdependencia
de sus múltiples manifestaciones y sus ciclos de cambio y transformación.
Cuando se comprende el concepto del espíritu humano en el sentido transpersonal
como la forma de conciencia en que el individuo se siente conectado al cosmos
como un todo se vuelve claro que la conciencia ecológica es verdaderamente
espiritual. De hecho, la idea de que el individuo está unido al cosmos
aparece expresada en la raíz latina de la palabra religión, religare
("unir con fuerza"), así como en el sánscrito yoga, que
significa "unión".
Por lo tanto, no es sorprendente que la
nueva visión de la realidad se acerque mucho a las visiones de los místicos
de todos los tiempos y tradiciones, y en especial, a las visiones sostenidas en
las tradiciones espirituales de la India. Hace diez años me asombré
al hallar las similitudes más increíbles entre la física
moderna y el misticismo oriental. Ahora estas semejanzas se pueden extender con
igual validez a la biología, la psicología y otras ciencias. Hoy
podemos afirmar, con considerable seguridad, que la sabiduría antigua de
Oriente resulta ser el fundamento filosófico más compatible con
nuestras teorías científicas modernas.