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SOBRE EL CONCEPTO DE CALIDAD DE VIDAJ. Grau (2003)
plantea que la tendencia actual en los estudios de calidad de vida, está
centrada en la medición de los aspectos subjetivos que refractan las condiciones
materiales de vida. Adquiere también relevancia en este enfoque la cuestión
de quién realiza la evaluación, si un observador externo o la propia
persona (evaluación externa o evaluación interna respectivamente
terminología propuesta por González-Marín 1994). Gran
parte de los investigadores se inclinan por la segunda opción, es decir
por la propia persona. Muchos autores, entre ellos R. Pérez Lovelle (1987),
abogan por la indudable ventaja que tiene el ser humano de poder atisbar directamente
algunos aspectos de su propia vida psíquica, lo cual puede servir para
adelantar hipótesis sobre los mecanismos de regulación psíquica
que posteriormente pueden ser comprobados con otros métodos de observación
y registro de la actividad. Esto impregna de un valor incuestionable entonces
al estudio de la fenomenología (subjetividad), ésta puede ser un
antídoto eficaz para evitar la simplificación de la psiquis humana. Es
por ello que, la tendencia actual de estudiar la categoría calidad de vida
centrándose en el análisis desde su evaluación interna (es
decir por el propio sujeto), exige, desde nuestro punto de vista, tener en cuenta
en el estudio, el estado y desarrollo de la autovaloración sobre el cual
se erige la evaluación y el juicio emitido. Trujillo, Tovar y Lozano
(2004) nos proponen tres ejes temáticos que consideran que la psicología
puede aportar al diálogo interdisciplinario sobre la calidad de la vida.
Cada uno de dichos ejes tiene dos polos y relaciones entre éstos, y también
guarda relaciones interactivas con los demás. Ellos son: a) Persona-sociedad
y las relaciones entre ellos hacen referencia a los distintos tipos de individuos,
grupos sociales y entornos en que transcurre la vida, como por ejemplo la familia,
el vecindario, la iglesia, la escuela, el pueblo o ciudad, las instituciones,
etc. Este eje puede llamarse eje ecológico, siguiendo la inspiración
de Urie Bronfenbrenner, y busca dar cuenta de los diferentes ámbitos en
que se construye o destruye la calidad de la vida. Puesto que son personas individuales
las que pueden conservar o modificar sus propios estilos de vida, pero no lo hacen
aisladamente de la sociedad en que viven, la cual procede a mejorar o empeorar
las condiciones de la existencia de sus miembros. Se pueden reconocer (distinguir
más no separar) "estilos" de vida personales, por una parte y
"condiciones" inmediatas y mediatas del entorno, por otra, siendo posible
precisar en la calidad de la vida desde sus componentes personales hasta los ambientales
y culturales. Este eje podría también llamarse eje del nivel de
resolución, puesto que podemos precisar a qué nivel desagregamos
el modelo de la calidad vital en sus componentes, por ejemplo, a nivel individual,
familiar, grupal, comunitario, social, sincrónico o diacrónico,
etc. En lenguaje ecológico: microsistemas, mesosistemas, exosistemas, macrosistemas
y cronosistemas. b) Objetivo-subjetivo, En este eje los polos se relacionan
según las diferentes formas y tipos de intersubjetividad. Puesto que,
así como hay aspectos de la calidad de vida objetivables, algunos de los
cuales son cuantificables y mensurables, también hay aspectos de la calidad
vital que no son medibles, sino que constituyen valoraciones subjetivas de algo
que, interna o externamente, incide en la calidad vital. Así, nos es posible
encontrar cómo el efecto de una misma realidad objetiva particular en el
bienestar, puede ser valorada diferencialmente por dos o más personas que
se relacionen con ella. Este es un eje epistemológico en la medida en que
alude a las maneras en que el sujeto interactúa con los objetos de su conocimiento
(que pueden ser otros sujetos o él mismo), y por tanto, tiene que ver con
el viejo problema entre la razón y la experiencia como fuentes de conocimiento
válido. Al fin y al cabo, la calidad objetiva de la vida no siempre coincide
con la subjetiva. No puede pensarse que este eje replica los polos persona-sociedad
del eje ecológico, puesto que se entiende que, lo objetivo de la calidad
de vida, puede referirse a características de una persona, de un grupo,
de una sociedad o de una cultura, al igual que respecto de una persona o de una
colectividad pueden precisarse algunos criterios subjetivos de la calidad vital,
por ejemplo, en función de una cultura regional. Por otra parte se encuentra
que la sociedad funciona como un agente regulador con un conjunto de acuerdos
intersubjetivos, sobre el cual descansa buena parte de la mirada objetiva, y también
una evaluación social compartida que se interioriza y es subjetiva (Brock,
1997). Dichos acuerdos se hacen en pro del bienestar tanto individual como colectivo,
en esta medida y siguiendo los planteamientos de Diener (2000), (quien define
la calidad de vida como bienestar), el carácter subjetivo de la calidad
de vida estaría dado en términos de la satisfacción y la
percepción que tiene un sujeto sobre su propia vida en dominios como el
laboral, el afectivo, familiar y social entre otros. Lo que caracteriza al juicio
subjetivo es que los juicios de valor concernientes a la persona y su condición
respecto a hechos materiales y psicológicos, corresponden al mismo individuo
acerca de cómo éstos afectan su propia calidad de vida (Brock, 1993).
Por otro lado, el carácter objetivo de la calidad de vida estaría
dado por categorías o indicadores cuantificables y mensurables tales como
aspectos de la salud, vivienda, educación, ingreso económico, estabilidad
laboral y funcionamiento social en general, entre otras. Es prudente considerar
que "subjetivo" no es necesariamente sinónimo de "particular",
puesto que también lo universal tiene una dimensión subjetiva, o
dicho de otro modo, lo subjetivo es también universal. c) Biografía-historia:
Buscando representar la dimensión temporal de la calidad de la vida, se
formula el tercer eje que se podría llamar eje del desarrollo a través
del ciclo vital. En él se distingue un polo histórico, en el sentido
de la historia colectiva (tiempo histórico y tiempo social) y un polo biográfico,
en el sentido de la historia de cada individuo (tiempo de vida), en la cual podremos
reconocer características heredadas, otras aprendidas y también
aquellas que son fruto de decisiones de cada persona, y que contribuyen con el
mejoramiento o empeoramiento de la calidad de vida. De allí se deriva que
en este eje del desarrollo, histórico y ontogenético, se puede incluir
lo que acontece en el curso de la vida y lo que las personas hacen con lo que
les acontece, de donde fácilmente se desprende que la calidad de la vida
cambia evolutivamente en función de factores heredados, aprendidos y de
la libertad que es posible gracias al ejercicio de la voluntad. Entonces, durante
el curso de la vida se transforma su calidad en función de la interacción
dinámica entre los diversos factores que la constituyen, por cuanto una
tarea necesaria en su estudio será la de identificar estos componentes
y la de reconocer las diferentes interrelaciones y cambios que pueden asumir a
lo largo del devenir individual y colectivo. Este modelo teórico
responde a una opción epistemológica por un modelo contextual dialéctico
del desarrollo, como el que caracteriza a la perspectiva del Ciclo Vital, opción
enmarcada en un paradigma sistémico como posibilidad de abordaje de la
complejidad, que permite la utilización respetuosa de distintas teorías
y métodos de investigación. CALIDAD DE VIDA EN LA TERCERA
EDAD El estudio científico de la vejez desde la psicología
hace su aparición en el siglo XIX asociado al interés surgido en
torno al envejecimiento como parte de la psicología del desarrollo (Riegel,
1977). Con el fin de concretar el desarrollo histórico del estudio de la
psicología de la vejez y el envejecimiento, se van a establecer para su
descripción una serie de etapas, siguiendo el clásico trabajo de
Birren (1961) sobre la historia de la psicología del envejecimiento. Así,
se pueden distinguir las siguientes fases: un período inicial, desde 1835
hasta el final de la segunda década del siglo XX, una etapa referida al
comienzo de la investigación sistemática, entre 1918 y 1945, y un
período de constitución a partir del fin de la segunda guerra mundial
(1945-1960). A las etapas anteriores se suma una última fase de consolidación
y desarrollo que, comenzaría con la década de los 60 y se extendería
hasta la actualidad La calidad de vida ha sido estudiada desde diferentes disciplinas.
Socialmente calidad de vida tiene que ver con una capacidad adquisitiva que permita
vivir con las necesidades básicas cubiertas además de disfrutar
de una buena salud física - psíquica y de una relación social
satisfactoria. Entre los investigadores no hay consenso en la definición
de "calidad de vida". N concepto que involucra muchas variables subjetivas
satisfacción, felicidad, autoestima...es difícil de medir. Las variable
s objetivas son de medición más fácil, la economía,
el nivel socio - cultural los déficits funcionales, problemas de salud. Los
investigadores con orientación clínica suelen definir calidad de
vida en términos de salud y/o de discapacidad funcional. Rivera, aporta
que "no hay duda que la variable salud es la de mayor peso en la percepción
de bienestar de los ancianos y, que los déficits de salud constituyen el
primer problema para ellos" . En las sociedades que envejecen a ritmo
creciente, promocionar la calidad de vida en la vejez y en la vejez dependiente
es el reto más inmediato de las políticas sociales. El creciente
aumento de la esperanza de vida, el descenso sin precedentes históricos
de la tasa de natalidad, los cambios en la estructura, en el tamaño, en
las formas en la familia, los cambios en el status de las mujeres, la reducción
creciente de las tasas de actividad laboral entre las personas de cincuenta y
cinco y más años, han convertido el envejecimiento de la sociedad
en una cuestión de máximo interés. Son muchas las consecuencias
de todos esos procesos, tanto a nivel macrosocial como en las experiencias individuales.
Cómo dar sentido a la vida tras una jubilación llegada en muchas
ocasiones de forma anticipada e imprevista, cómo hacer frente al mantenimiento
de un hogar -en ocasiones con hijos/as dependientes- con una pensión, cómo
enfrentarse a la enfermedad crónica y a la dependencia de uno o más
miembros ancianos de la familia. Son sólo algunos temas que necesitan un
abordaje teórico y práctico responsable y riguroso. La sociedad
se encuentra ante nuevos retos para los que necesita instrumentos nuevos. Se requiere
un concepto nuevo de solidaridad entre las generaciones y entre los distintos
grupos, en un mundo cada vez más complejo, más inseguro, más
indeterminado. La calidad de vida en la vejez tiene que ver con la seguridad
económica y con la inclusión social que se asegura por medio de
infraestructuras de apoyo y redes sociales. Todo ello promoverá la participación
de las personas de edad como miembros activos de la comunidad, una de cuyas funciones
puede ser transmitir sus experiencias a las generaciones más jóvenes,
al tiempo que comprenden su estilo de vida y los desafíos que les son propios.
Todo ello en una sociedad inmersa en procesos que la llevan también a ella
a aprender a envejecer. R. Fernández-Ballesteros (1997) enmarcado en
un paradigma sistémico, ha formulado un modelo teórico de calidad
de vida específico para el grupo de mayores, fruto de un análisis
multidimensional tanto en sus aspectos objetivos como subjetivos que circunscriben
la realidad diferencial de cada persona. Tales dimensiones están asociadas
o bien a un factor personal (salud, habilidades funcionales, satisfacción,
relaciones sociales y actividades de ocio) bien a un factor socio-ambiental (factores
culturales, calidad del ambiente, servicios de salud y sociales, apoyo social,
relaciones sociales, condiciones económicas). Bajo estos condicionantes,
el constructo "calidad de vida" se manifiesta como un proceso activo,
abierto y dinámico susceptible de transformar la realidad cotidiana de
la persona a través de promover el aprendizaje (Velázquez, Fernández,
1998) y potenciar el conjunto de recursos y hábitos que satisfacen las
necesidades humanas (salud, relaciones, autoestima, competencia y confianza en
otros, creatividad, espacios de participación, oportunidades educativas,
vivienda, situación económica), en concordancia con el funcionamiento
de la sociedad (con los valores, normas y avances sociales). .En la lucha
por la supervivencia y la mejor adaptabilidad a un medio determinado, toda persona
mayor ha de, al menos, mantenerse y procurar una estabilidad de mínimos;
ya que, en este grupo generacional, cualquier cambio asociado a cierto riesgo
implica un potencial de pérdida mayor que en otro grupo generacional (
Cuadro 1)
Cuadro Nº 1
Todo individuo (en su potencialidad como organismo
vivo) se ve mediado por un entorno (Max-Neef, 1986) que adapta y construye a lo
largo de toda la vida, convirtiéndose esta existencia (binomio entre lo
personal-ambiental al que se hace referencia) en única e irrepetible; convirtiéndose
en diferencial (Fernández-Ballesteros, 1997) de cualquier otra. Así,
cada dimensión incluida como factor personal depende y se manifiesta en
constante competencia con una dimensión específica de lo ambiental;
esto es: - aspectos específicos del estatus socio-cultural estarán
mediatizados por diferentes calidades de entorno (continente, latitud, riqueza,
urbano-rural, etc.), - la salud biopsicosocial dependerá de los servicios
sociosanitarios disponibles y accesibles, - la habilidad funcional que demuestre
una persona estará mediada por unos factores económicos específicos,
- las relaciones sociales con que cuente, al apoyo social que reciba y le
resuelva, - el uso y disfrute de un tiempo ocioso (jubiloso) estará
adscrito a una oferta/demanda generacional. A partir de un
análisis integral de esta fase del desarrollo evolutivo se posibilita la
detección de situaciones de fragilidad, asociada esta, a la tendencia fundamental
del individuo, conforme avanza la edad, a la pérdida de adaptabilidad debido
a cambios fisiológicos (homeostaticos, sensorioperceptivos, acumulación
de síndromes geriátricos..) y psicosociales (acontecimientos vitales
estresantes, estilos de vida, recursos económicos, redes sociales...);
de tal manera que aumenta la probabilidad de claudicación funcional ante
diferentes agresiones externas. Ello implica que habrán de contemplarse
factores personales, así como socio-ambientales y socio-culturales propios
de cada entorno (además de específicos para dicho grupo de edad)
a la hora de detectar, valorar y comprender las necesidades de este sector de
población. INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL El
desarrollo a escala humana incorpora a los viejos junto con otros miembros de
la sociedad en la definición y construcción de su futuro. Este
tipo de desarrollo supone una democracia directa y participativa, significa llevar
adelante el concepto de ciudadanía, entendido como:
" la competencia
histórica para decidir y concretar la oportunidad del desarrollo humano
sostenible, indica la capacidad para comprender críticamente la realidad
y sobre la base de esta conciencia crítica elaborada, de intervenir de
manera alternativa, se trata de transformarse en sujeto histórico y como
tal participar activamente, en este sentido la capacidad organizativa es fundamental
porque potencia la competencia innovadora, en el reverso de la moneda, la cuestión
consistiría en la superación de la masa manipulable y la pobreza
política." Pensar en términos de desarrollo a escala humana,
de acuerdo a los escritos de Max Neff, significa crear las condiciones para que
los mayores sean los protagonistas principales en este desarrollo, esto implica
respetar las diferencias y la autonomía de los espacios en que actúan,
alentar soluciones creativas que asciendan de las bases a la cima. La satisfacción
de las necesidades debe considerarse no sólo como superación de
carencias sino también como la capacitación de los mayores como
participantes activos en el desarrollo de su sociedad y como protagonistas del
crecimiento personal de cada cual como ser humano, pasar a ser personas sujeto
y no objeto. Este desarrollo supera la antinomia entre lo individual y lo social,
fomenta la adopción de medidas que combinan el crecimiento individual y
social como dos aspectos de una misma realidad. Lo que se busca en el desarrollo
a escala humana es una planificación global de la autonomía local,
con estrategias capaces de movilizar a las diferentes organizaciones de los mayores
de modo que puedan transformar su lucha por sobrevivir en opciones y alternativas
vitales basadas en la dignidad y creatividad y no en la pobreza y degradación
humana. Al ser la vejez una construcción social, el desarrollo a escala
humana cambiaría desde el inicio las fuerzas que estigmatizan a los viejos
y los empujan al margen de la sociedad. Avanzar en esta modalidad podría
dar lugar al ejercicio activo de los principios propuestos por las Naciones Unidas
a favor de los Adultos Mayores: "independencia, participación, cuidado,
realización personal y dignidad". En otro aspecto, y en relación
a la salud de la comunidad, un objetivo importante es ofrecer un encuadre conceptual
y metodológico para el trabajo con la comunidad, que supone una serie de
actividades referidas al equipo, a la comunidad y a otros sectores involucrados. Con
respecto al equipo se plantea la necesidad de: oRecuperar la historia del grupo
y realizar un diagnóstico sobre la situación presente, la inclusión
de nuevos integrantes, el grado de acercamiento y compromiso con la propuesta
de "salud de la comunidad". - Sondear las expectativas
y actitudes relativas al trabajo en el centro de salud. - Promover espacios
de trabajo interdisciplinario. - Analizar las dificultades cotidianas, los
obstáculos que impiden la realización de las tareas programadas,
revisando las consignas surgidas en las reuniones de equipo. - Registrar las
actividades, proyectos y programas colaborando en el establecimiento de prioridades
y la planificación de las actividades. - Incorporar la dimensión
sociocultural e histórica al interior del equipo, para ampliar su concepción
de los procesos de salud-enfermedad-atención. - Incentivar los procesos
de reflexión sobre la institución: su historia, organización,
normativas, relaciones de poder. - Brindar información sobre la población
del área programática en lo referente a composición sociodemográfica,
historia, organizaciones, grupos e instituciones. - Reflexionar sobre las estrategias
de trabajo comunitario con el fin de coordinar las actividades extra muro. Esto
significa con respecto a la comunidad, profundizar el conocimiento de la historia,
las formas de organización, instituciones, liderazgo, redes, formas de
comunicación, lógicas existentes. Avanzar en el conocimiento
de las distintas instituciones, organizaciones y grupos que estaban trabajando
en el barrio, intentando en la medida de lo posible una coordinación de
acciones. Reflexionar sobre la relación centro de salud comunidad, el
grado de acercamiento, las imágenes, expectativas, experiencias, las demandas
en lo asistencial y en los programas, intentando fortalecer los vínculos
existentes y formulando una metodología adecuada de trabajo. Entrar
en un mundo conocido desde la experiencia social pero desde una posición
distinta, una experiencia que se asocia al padecimiento, a la enfermedad y a la
muerte, que genera angustia, temor. Intervenir, conocer para transformar, para
pensar alternativas, involucrarse. Esta experiencia supone aprender a trabajar
de otro modo, muchas veces con problemas enunciados por otras disciplinas, redefinir
una problemática desde diferentes perspectivas, trabajar con un ritmo distinto,
atravesados por urgencias, contradicciones, frustraciones. El supuesto teórico
implícito es trabajar sobre las diferencias no como oposiciones sino como
relaciones (nosotros-otros), trabajar sobre los espacios de intercambio, las interacciones,
las mediaciones entre los individual y lo social, lo micro y lo macro, la teoría
y la práctica : las relaciones entre el C.S. y la comunidad, entre clases
sociales. Las modalidades a través de las cuales se me impone el otro,
el lugar que ocupamos, las formas de comunicación, las distancias, las
relaciones de poder. Relacionar lo macro y lo microsocial, analizando cómo
el contexto histórico, político y económico, las modificaciones
en las políticas sociales, podemos verlas en la cotidianeidad y en las
rupturas de esa cotidianeidad, asociadas a experiencias colectivas. EL
ENFOQUE DE RESILIENCIA En lo fundamental, en intervención
nuestro trabajo supone un cambio de enfoque. El que proponemos: la resiliencia.
Promover la resiliencia apunta a mejorar la calidad de vida de las personas a
partir de sus propios significados, del modo como ellos perciben y enfrentan el
mundo. Entonces nuestra primera tarea es reconocer aquellas cualidades y fortalezas
que han permitido a las personas enfrentar positivamente experiencias estresantes.
Estimular un comportamiento resiliente implica potenciar estos atributos involucrando
a todos los miembros de la comunidad en el desarrollo, la implementación
y la evaluación de los programas de intervención. El desarrollo
de la resiliencia no es otro que el proceso de desarrollo saludable y dinámico
de los seres humanos en el cual la personalidad y la influencia del ambiente interactúan
recíprocamente. El desarrollo humano, es un proceso y no un programa.
Rutter estimula el uso del término proceso protector, el cual comprende
la naturaleza dinámica de la resiliencia en lugar de los elementos protectores
más comunes: "No se refiere a elementos en un sentido amplio, sino
simplemente a mecanismos para desarrollar el proceso de protección"
(Rutter,1987). Las investigaciones son una esperanza para que los programas de
prevención, educación y desarrollo de jóvenes no giren alrededor
del programa en sí, sino más bien en el proceso y en cómo
realizamos lo que hacemos; es decir, no concentrándonos en el contenido,
sino en el contexto. Existen factores internos como la autoestima, el optimismo,
la fe, la confianza en sí mismo, la responsabilidad, la capacidad de elegir
o de cambio de las competencias cognoscitivas. Una vez fortalecidos estos aspectos,
se refuerzan las posibilidades del grupo de apoyar a las personas como ser humano
integro, seguro y capaz de salir adelante. Por ello es importante, además
de desarrollar factores internos, afianzar los apoyos externos. Sin embargo, si
la autoestima es baja o no se conjuga bien con las destrezas sociales, o si la
esperanza en uno mismo no fluye no se canaliza de la mejor manera y si se le quita
al individuo el apoyo externo vuelven a derrumbarse. A continuación
detallamos diez puntos que fortalecen internamente el poder personal: 1.Trato
estable con al menos uno de los padres u otra persona de referencia. 2.Apoyo
social desde dentro y fuera de la familia 3.Clima educativo emocionalmente
positivo, abierto, orientador y regido por normas. 4.Modelos sociales que estimulen
un conductismo constructivo. 5.Balance de responsabilidades sociales y exigencia
de resultados. 6.Competencias cognoscitivas. 7.Rasgos conductistas que favorecen
a una actitud eficaz. 8.Experiencia de autoeficacia, confianza en uno mismo
y concepto positivo de uno mismo. 9.Actuación positiva frente a los
inductores del stress. 10.Ejercicio de sentido, estructura y significado en
el propio crecimiento. Son condicionantes externos los de carácter
social, económico, familiar, institucional, espiritual, recreativo y religioso,
los cuales son promovidos o facilitados por el ambiente, las personas, las instituciones
y las familias que intervienen en la atención, el trato y el tratamiento
de los grupos e individuos que están en situación de riesgo y vulnerabilidad. Al
margen de los ya mencionados, caben otros ámbitos y claves que la resiliencia
genera no pocos insisten en la necesidad de contar con buenos modelos de rol en
la vida diaria especialmente cuando se trata de niños, personas de las
cuales los individuos u otros niños pueden aprender. En la actualidad algunos
educadores han desarrollado estas técnicas con experiencias realizadas
en el campo con bosques, flores y demás. También constan entre los
factores externos los factores de riesgo que pueden ser muchos, los cuales vulnerabilizan
la integridad psíquica, moral, y social. No basta con compartir su cotidianidad
y diluirse en ella, ni reflexionar su problemática identificando los factores
de riesgo que los llevó a tomar esta opción, pues sería vulnerabilizar
aún mas sus condiciones de vida, sobre todo se fomenta una doble estigmatización,
marcándoles con una etiqueta como de callejero, drogadicto, etc. En
estos casos, es la luz interior la que en determinados casos sirve para determinar
una decisión y tomar una oportunidad privilegiada que se presenta en el
momento justo. Esto representa fortalecer los factores de protección que
promueve la resiliencia, revalorizando el potencial interno y externo de cada
persona para reconstruir su proyecto de vida personal y comunitaria. Se puede
considerar que las principales actitudes que fortalecen en los factores protectores
o resilientes en los humanos son: - Demostraciones físicas
y verbales de afecto y cariño en los primeros cuatro años de vida. -
Reconocimiento y atención a sus éxitos y habilidades. - Oportunidades
de desarrollo de destrezas. - Actitud de cultivo, cuidado y amor por parte
de todos sus semejantes y especialmente de los encargados de su cuidado y protección. -
Apoyo de un marco de referencia ético, moral. En lo
fundamental, contar con un proyecto para vivir genuinamente. Estos proyectos son
posibles hoy en día, sin necesidad de acudir a sectas o a voces mesiánicas
para la solución a los grandes interrogantes de la vida. Primero tenemos
que reconocernos como seres humanos con valores y potencialidades y en ese espejo
mirar también a los otros con una visión holística que apunta
al crecimiento, al fortalecimiento interior y al cultivo de la autoestima. Las
investigaciones sobre resiliencia son un llamado para que se dé un cambio
a nivel social -- un toque de trompeta para crear relaciones y oportunidades para
todos los seres humanos durante toda una vida. Si deseamos cambiar el "status
quo" de la sociedad, esto significa cambiar paradigmas, tanto a nivel personal
como profesional, cambiar los riesgos por la resiliencia, el control por la participación,
la resolución de problemas por el desarrollo positivo, el no percibir a
los y las jóvenes como problemas, sino como recursos, el edificar instituciones,
por la edificación de comunidades, etc. El fomentar la resiliencia es un
proceso estructural profundo que se inicia de adentro hacia afuera, en el cual
cambiamos nuestra forma de pensar para poder percibir a los y las jóvenes,
a sus familias y su cultura como recursos y no como problemas. Sin embargo,
el fomentar la resiliencia también significa que se debe trabajar a nivel
de las políticas educativas, sociales y de justicia económica. Asimismo,
significa transformar no sólo a nuestras familias, centros educativos y
comunidades, sino también crear una sociedad cuyo interés principal
sea el darle una respuesta a las necesidades de los ciudadanos, de los y las jóvenes
y de las personas de mayor edad. Para hacer esto una realidad, nuestra mayor esperanza
recae en los y las jóvenes y en la credibilidad que ellos y ellas nos inspiren. Si
bien es cierto que las acciones que haya que emprender dependerán de los
recursos disponibles y del estado actual de la atención en salud. Necesitamos
claros lineamientos de política y programas que deben formularse partiendo
de información actualizada y fiable acerca de la comunidad, los indicadores
de salud, los tratamientos eficaces, la estrategias de prevención y promoción
y los recursos de salud, a ser revisados periódicamente para modificarlos
o actualizarlos si es preciso. *Sociedad Peruana de Resiliencia sociedadderesiliencia@yahoo.es
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