"Dedicad
vuestra particular atención a la escuela para niñas, pues la grandeza
de esta edad maravillosa se hará manifiesta como resultado del progreso
del mundo femenino. Es por ello que observaréis en todos los países
que el mundo femenino está en marcha debido al impacto de la Más
Grande Manifestación, y al poder de las enseñanzas de Dios" Educación
Bahá'í "Trata con el corazón y con la vida
de enseñar a vuestros hijos, especialmente a las niñas." Abdúl-Bahá
La
siguiente es una traducción no oficial del artículo escrito por
el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, elaborada por el Centro
de Información de Naciones Unidas para Argentina y Uruguay para las páginas
Web de Naciones Unidas en español. Por Kofi Annan, Secretario
General de las Naciones Unidas.
Shalina es una niña de Bangladesh
que está por terminar la escuela. No obstante, para Shalina, nunca existirán
los nervios típicos anteriores a la rendición de los exámenes,
ni la inscripción en la universidad, ni diplomas, ni planes para realizar
una carrera profesional. Tampoco habrá una graduación. Shalina tiene
13 años y está a punto de unirse a los más de los 73 millones
de niñas de todo el mundo que no completarán sus estudios escoalres. Para
los padres de Shalina, y para millones de otrs padres como ellos, educar a una
hija es un malgasto de tiempo y de dinero. Ellos casaron a su hija mayor a los
15 años, después de decidir que usarían sus escasos recursos
para la educación de su hijo varón, postergando la formación
e instrucción de sus hijas. Shalina acostumbraba a preocuparse por estudiar
las lecciones y superar las pruebas, pero ella está mucho más preocupada
por el matrimonio y la crianza de sus hijos, aunque sabe que deberá hacerlo
mientras aún es una niña. Shalina soñaba con ser médica,
pero debe dedicarse a limpiar casas durante el día y a cuidar niños
durante la noche. Shalina era una niña feliz, pero ahora empieza a lamentarse
de no haber nacido varón. A Shalina y a las 73 millones de niñas
no sólo se les ha negado una posibilidad que muchos de nosotros tomamos
como un derecho garantizado. No se les reconoce un derecho humano fundamental,
reconocido y establecido en los instrumentos internacionales firmados por sus
propios países como la Declaración Universal de los Derdechos Humanos
y la Convención de los Derechos del Niño: me refiero al derecho
a la educación. Suele decirse que la educación da poder a
las niñas porque fortalece su confianza y las capacita para tomar decisiones
adecuadas y fundamentadas sobre temas importantes para sus vidas. Los lectores
de este artículo pueden pensar que dicha afirmación se refiere a
la educación universitaria, a los ingresos o al cumplimiento de una carrera.
Pero para la mayoría de las niñas del mundo se trata de algo mucho
más elemental. Se trata de no ser forzadas a casarse cuando todavía
son adolescentes; se trata de poder tener decidir la, procreación de los
hijos de manera que ni su vida ni su salud se vean dañadas; se tratat de
poder contar con el cuidado médico necesario para sus hijos y para ellas;
se trata de poder contar con un cuidado adecuado y buena nutrición para
los hijos; o de asegurarse que sus hijos concurran, como mínimo, a la escuela
primaria. Se trata de ser capaces de conseguir un ingreso cuando las mujeres
que las precedieron no pudieron hacerlo; de conocer sus derechos y de poder gozar
de ellos cuando tus predecesoras ni siquiera supieron que tenían derechos;
se trata de educar a tus hijos para que hagan a su vez lo mismo con los que vengan
después. Se trata de comenzar a detener una espiral de pobreza y de falta
de poder de decisión. Se trata, en definitiva, de asegurar una vida decente
para toda esta generación y para las generaciones que la sucederán.
La educación es, básicamente, una inversión que brinda
mayores beneficios que cualquier otra. La educación es lo que hace posible
el progreso de comunidades, países y continentes. Es la forma más
efectiva de invertir en la defensa de una sociedad. ¿Porqué,
entonces, a millones de niñas se les niega el acceso a la educación?
En muchas sociedades, las mujeres son marginadas sistemáticamente; y cuando
las catástrofes golpean enfermedad, conflicto, o lo que fuera- ellas
cargan con la peor parte. Nada ilustra mejor esta realidad que el impacto
del SIDA. Las niñas son habitualmente quienes tienen que cuidar a un miembro
enfermo de la familia y, simultáneamente, ayudar al sostenimiento de la
casa. Como consecuencia no pueden ir a la escuela, ni acceder a la información
acerca de cómo protegerse del contagio del virus. Privadas de educación,
corren el riesgo de ser forzadas por hombres mayores a tener relaciones sexuales
o de iniciarse en la prostitución y, por lo tanto, a contraer el virus.
Muchas veces pagan con su vida el precio de no haber podido ir a la escuela. Si
queremos cambiar este cruel e injusto estado de cosas, tenemos que hacer algo
más que construir aulas. Debemos acabar con los prejuicios que llevan a
los padres a no enviar a las niñas a la escuela. Y una vez que están
en la escuela, debemos asegurarnos de que las escuelas las preparen para hacer
frente a los desafíos de la vida, desarrollando sus programas de estudio,
utilizando los libros de texto escolares y aprendiendo actitudes que pongan énfasis
en la enseñanza de comportamientos y contenidos dirigidos a poder desempeñarse
en la vida. Pero el primer paso debe ser que las sociedades reconozcan que educar
a las niñas no es una opción, sino un paso necesario e ineludible.
En Medio Oriente, unos pocos países casi han logrado reducir la
brecha de género en la escuela primaria. Otros países de la región,
han empezado a reconocer que necesitan educar a las niñas, aunque sólo
sea coomo forma de asegurarse una fuerza laboral entrenada y calificada. Algunos
países africanos también han progresado en la reducción de
las diferencias educacionales de género. Malawi ha bajado el costo directo
de la escolarización eliminando la cuota escolar y aboliendo la obligación
de usar uniformes. Guinea ha reducido la carga del trabajo doméstico para
las niñas proveyendo molinos mecánicos a las familias de agricultores.
También introdujo regulaciones para que los niños y las niñas
compartan las tareas escolares, y una legislación que tipifica como delito
el hecho de forzar a las niñas a casarse antes de haber realizado y concluído
al menos nueve años en la escuela. Se trata de ejemplos alentadores.
Pero no son suficientes porque son individuales e inconexos. Se necesita una estrategia
coordinada que se adapte al tamaño de este desafío. Necesitamos
que todos aquellos que posean poder de decisión para cambiar este estado
de cosas se unan en una alianza para la educación de las niñas:
gobiernos, grupos de voluntarios, comunidades locales, escuelas y familias. Por
eso las Naciones Unidas están a punto de lanzar una nueva iniciativa global
a favor de la educación de todas las niñas. En el siglo XII
después de Cristo, el filósofo árabe Ibn Rushed afirmó
que "una sociedad que esclaviza a sus mujeres es una sociedad destinada a
la decadencia". Novecientos años después, tenemos la oprtunidad
de demostrar que una sociedad que da poder a sus mujeres es una sociedad que asegura
su progreso. |