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Editorial


Alas para la Civilización


Se suele decir que el núcleo vital de la sociedad es la familia. Compartimos esto, sin perder de vista el hecho de que entre la familia y la sociedad en general, existe un vacío a llenar por organizaciones comunitarias, que compartan con la familia la vitalidad de los lazos, el sentimiento de pertenencia y el sentido existencial, y con el plano social, el compromiso ciudadano organizado.
Es de acuerdo al desempeño y la interacción de los miembros de cada unidad con sentido y a su vez de las interrelaciones entre las diferentes unidades, que se puede lograr una sinergia social y allanar el camino hacia un desarrollo humano sostenible.

Una familia con valores morales y educativos fuertemente establecidos procura por lo tanto la realización y el bienestar de la sociedad y de la entera humanidad.
Y esto depende en gran medida de la labor de las mujeres. Ellas son las primeras educadoras, y tienen en sus manos el poder inicial para dar ese salto trascendental.

Hoy en día la mujer está tomando un rol cada vez más protagónico en los espacios públicos, siendo esto un signo de la madurez de la humanidad. Podemos observar más mujeres a cargo del hogar y como jefas de familia, otras, ocupando los bancas de los parlamentos, cargos ejecutivos, profesionales y un rol activo en programas y procesos de desarrollo.

Esto es propicio, muestra el indicio de un crecimiento equitativo, siempre y cuando la mujer tenga la oportunidad de crear nuevos espacios y de resignificar los antiguos, de modo que se impulse un verdadero desarrollo humano sostenible y no se trate en cambio solamente de ocupar los espacios tal como son dejados por el hombre.

Por otro lado podemos observar el deterioro de la sociedad, la devastación, la ausencia de los códigos morales, jóvenes existencialmente vaciados o la desintegración de los lazos afectivos.

Siendo la mujer una clave en el desarrollo de la familia y primera educadora podría garantizar el bienestar de la sociedad desde una perspectiva integradora. Como lo expresara Alain Turraine, mientras que el hombre opta entre espacios y se destaca en uno sólo, -es "o" "o"-, la mujer es "y" "y" y apuesta a la sinergia y a la complejidad.
No se trata entonces de abandonar ese espacio tan valioso, cuya importancia no se compara con nada, sino conjugarlo con una perspectiva cualitativa e innovadora en el espacio público. Su rol es más idear nuevas instituciones y dinámicas sociales cooperativas -y no competitivas- que alcanzar puestos decisorios en una estructura de fuerte impronta masculina.
Si ocupa en cambio, espacios externos obligadamente y muchas veces ajenos a su sensibilidad, desarrollo y crecimiento personal, es la mujer quien se masculiniza, y no podrá contribuir al desarrollo humano sostenible, sólo contribuirá a más de lo mismo.

Durante los siglos y las décadas la mujer ha quedado al margen de los planes maquiavélicos y bélicos, las conquistas y las luchas para el logro del poder. En otras palabras, la mujer está menos contaminada con estos hechos.
Tiene este enorme valor y por consiguiente podrá contribuir cooperativamente, junto con el hombre, a construir una nueva sociedad basada en iguales derechos y oportunidades para mujeres y hombres.
La humanidad está formada por ambos, es esencial entonces el aporte de los dos en la construcción de nuevos códigos sociales.

Dirigir los esfuerzos hacia la educación de los niños y en especial la de las niñas, es apostar a crear una sociedad mundial caracterizada por la paz, equidad, justicia y en definitiva, la felicidad de toda la Humanidad.

El ave de la Humanidad no podrá volar sin sus dos alas perfectamente desarrolladas y armonizadas: lo femenino y lo masculino.


 

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