En
el contexto de las guerras actuales, cuando un acuerdo de paz rara vez significa
el fin de la inseguridad física, el entorno posterior al conflicto no puede
caracterizarse como aquél en el que la vida vuelve a ser invariablemente
"normal" para las mujeres. El trastorno causado por la guerra, cuando
las sociedades y las relaciones de género se han transformado y los sistemas
de subsistencia han sido quebrantados, tiene su propia repercusión en las
relaciones intrapersonales y en las expectativas de la sociedad.
Por lo general,
las mujeres encuentran que sus contribuciones a la guerra y sus esfuerzos por
la paz son marginados o desechados en los relatos sobre la guerra, tanto oficiales
como populares (como sucedió en Europa después de la Segunda Guerra
Mundial). Más aún, parentemente se niega el hecho de que se haya
requerido hacer cambios en las relaciones de género a fin de que las mujeres
adoptaran roles nuevos en tiempos de guerra. La retórica ideológica
a menudo se refiere a "restaurar" o "retornar" a una situación
de relaciones de género semejantes a aquéllas que, en el pasado,
se consideraba que estaban relacionadas con la paz, aun cuando la propuesta "restauración
de la normalidad" pudiera socavar más los derechos de las mujeres.
El desafío de las relaciones de género durante la guerra les parece
excesivo a las sociedades patriarcales como para mantenerlo en tiempos de paz.
Sin
embargo, también hay oportunidades significativas para un cambio favorable
en circunstancias de posguerra.
Algunos de los conflictos bélicos terminan
en una atmósfera en la que se infunde el deseo de establecer un nuevo tipo
de sociedad; donde en el transcurso de algún conflicto se prestó
mucha atención a la situación de las mujeres, podría ser
posible presionar para que haya cambios legales o en las políticas a fin
de lograr que se cumplan sus derechos. Donde se mantenga la paz o reconstrucción
a nivel internacional, puede haber presiones externas a favor de políticas
que apoyen a las mujeres, y puede haber fondos disponibles directamente para las
organizaciones femeninas. Sin embargo, las mujeres deben ser ágiles y estratégicas
en las iniciativas que adopten: los organismos responsables del diseño
de nuevas instituciones gubernamentales tenderán a descartar los reclamos
en cuanto a la distinción por género a menos de que se les planteen
de manera convincente.
Cuando no es así, las oportunidades de subsistencia
pueden ser descartadas deliberadamente, y pueden generar otros tipos de discriminación.
En acciones posteriores a algún conflicto tales como la resolución
a las demandas de tierra, las mujeres pueden perder los derechos que ellas habían
hecho valer previamente. La reconstrucción rápida de los servicios,
sobre todo los de asistencia a la salud y de educación, es especialmente
importante para las mujeres.
En el entorno inmediatamente posterior a la guerra,
a menudo se adoptan medidas especiales para proporcionar apoyo a los excombatientes
antes, durante y después de los procesos de "desmovilización,
desarrollo y reintegración". Todavía es común que las
mujeres y los niños (en especial las niñas) excombatientes sean
relativamente marginados, si no es que olvidados por completo en dichos programas,
a pesar de la atención que se ha dado a este estado insatisfactorio de
la cuestión por cerca de un decenio.
No obstante lo anterior, las mujeres
han logrado abrirse paso en defensa propia aunque menos de lo que hubieran deseado.
En
reconocimiento a la vulnerabilidad de las mujeres en todas las etapas de la guerra,
en el año 2000 y como acontecimiento histórico, en la Resolución
1325 del Consejo de Seguridad de la ONU se exhorta con urgencia a los Estados
miembros a que garanticen la representación de las mujeres en todos los
niveles de toma de decisión de los mecanismos para prevenir, manejar y
resolver conflictos, a fin de promover acciones necesarias para su protección
y apoyo. Esta es una señal favorable de que las mujeres están ganando
terreno en las actividades posteriores a un conflicto. Una indicación importante
de esto lo constituyen los primeros procesamientos judiciales de quienes perpetraron
algún tipo de violencia contra las mujeres en tiempo de guerra, en la antigua
Yugoslavia y en Rwanda.
En el caso de este último país, en 1997
se estableció un "Caucus de Mujeres para la Justicia de Género"
dentro de la Corte Penal Internacional (CCI, por sus siglas en inglés),
con lo cual se ayudó a garantizar que se incluyera en la Corte una perspectiva
de género que fuera clave para su funcionamiento.
A pesar de este avance,
la mayoría de los crímenes sexuales contra las mujeres en tiempos
de guerra siguen impunes. Lo que es más, los procesamientos judiciales
al respecto tienden a ser penosamente lentos. Las mujeres supervivientes de dichos
abusos son estigmatizadas aun más que los supervivientes masculinos que
han sufrido abusos contra sus derechos humanos. Por lo tanto, no es de sorprender
que la mayoría de las mujeres encuentren muy difícil plantear una
demanda legal y aportar las pruebas correspondientes.
Los procedimientos de
"verdad y reconciliación" han sido utilizados para atender esos
casos de mujeres ultrajadas y lograr que participen más, como ha sucedido
de manera notable en Rwanda donde el sistema tradicional denominado Gacaca ha
sido restablecido para dar cauce a las disputas posteriores al genocidio. Sin
embargo, el problema de amnistía y "recuento de lo verídico"
sigue siendo controvertido; cuando se ofrece amnistía a cambio de decir
la verdad, la impresión de ser tratado injustamente podría provocar
una extensión de la violencia.
Los abusos más comunes que no
son suficientemente reportados a las Comisiones de Verdad y Reconciliación
(CVR)) son aquellos cometidos contra las mujeres y que, en efecto, son también
los menos procesados judicialmente. Aunque algunas veces las mujeres constituyen
la mayoría de aquéllas que en la corte fungen como testigos de los
actos de violencia cometidos contra otras mujeres, sólo unas pocas denuncian
los actos de violencia sexual cometidos contra ellas mismas, a menos que se establezca
una estrategia de compromiso activo en su favor y en pro de la comunidad más
amplia (como en el caso de la CVR del año 2001 en el Perú).
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