La cuestión de cómo debe ser
el líder del futuro no es nueva.
Primero se definen las características
que no se deben cambiar y luego cuales deben ser las características del
líder del futuro.
Lo que no es nuevo
En el terreno
empírico una constante de la práctica en el liderazgo es que se
debe depender de la situación en la cual debe actuar y las características
de sus subordinados. Debe centrar su atención en sus diferentes elementos.
Generalmente las teorías se centran en algunos de los elementos y no prestan
atención a los demás. Tampoco se interesan por la dinámica
organizacional. Pensando en las organizaciones como sistemas dinámicos
con un ciclo vital propio, podemos determinar cuáles son los rasgos particulares
y considerar sus consecuencias para el compromiso del liderazgo. Aunque la naturaleza
de las organizaciones cambiara con el futuro, las dificultades seguirán
siendo las mismas.
Crear: el líder como animador
Mucho se ha
dicho sobre la visión de los empresarios, pero no se ha dicho lo suficiente
acerca de la increíble energía que despliegan, haciendo frente a
repetidos fracasos en sus esfuerzos para poner en marcha una empresa.
Es una
energía que emana de las convicciones personales que motivan al empresario
y despiertan el interés de los otros. El líder infunde vida, es
un animador.
Construir: el líder como creador de cultura
La
creación de cultura tiene lugar de tres modos:
1- contratar y conservar
a los subordinados que piensan y sienten del mismo modo de los líderes.
2-
adoctrinan a sus subordinados y los adaptan a su modo de pensar y sentir.
3-
su propio comportamiento es un modelo de misión que alienta a los subordinados
a identificarse.
Es decisivo reconocer que si la organización tiene
éxito y este se atribuye al líder, la entera personalidad de éste
se incorpora a la cultura de la organización. Pero los líderes también
pueden crear organizaciones "neuróticas", que vivan con grados
de conflicto y exhiban modelos desiguales de buenas y malas conductas.
Mantener:
el líder como sustentador de la cultura
La historia demuestra que
las organizaciones que tienen éxito atraen imitadores.
Los creadores
y constructores de organizaciones suelen tropezarse con esta fase: Lo que fue
bueno para la organización joven, se convierte en negativo cuando la organización
descubre que necesita estabilizarse, ser más eficaz, ocuparse del hecho
de que sus productos se han convertido en mercancía, y lo que es más
importante, producir nuevos líderes para una clase distinta de futuro.
El problema puede presentar dos componentes:
1- el fundador creador no
quiere abandonar el papel del líder o es incapaz de hacerlo así.
2-
el fundador creador crea (a menudo inconscientemente), varios procesos organizacionales
que impiden el crecimiento de la siguiente generación de líderes.
Los
fundadores suelen realzar las funciones "técnicas" tales como
las de investigación y desarrollo, pero desvalorizan las funciones "directivas"
tales como finanzas, planificación, marketing, recursos humanos.
Los
líderes que tienen éxito son los que crecen con la organización
y cambian su propia actitud, o bien, reconocen su propia limitación y permiten
que surjan otras formas de liderazgo.
Si esto no sucede internamente se crearan
focos de poder que fuerzan al fundador a salir por completo de la misión
de director general para pasar a salir de la organización.
El crecimiento
requiere que el director comprenda la cultura organizacional, con todos sus puntos
fuertes y débiles, y consolide los elementos que la se necesitan para mantener
la aptitud de la organización para funcionar y crecer. Esta etapa la denomina
institucionalización.
Cambiar: el líder como artífice
del cambio
Cuando aumenta el ritmo del cambio las mismas fuerzas que fueron
institucionalizadas pueden convertirse en un pasivo. Entonces los líderes
deben considerarse como artífices del cambio. El desafío es lograr
desprenderse de las cosas que ya no son útiles para la organización.
Este es un proceso distinto que implica ansiedad, actitud defensiva y resistencia
al cambio.
El líder necesitará en primer lugar fuerza emocional
para apoyar la organización al mismo tiempo que se enfrentará a
la ansiedad que acompañan a los procesos de desaprendizaje que previamente
tuvieron éxito, debe crear "seguridad psicológica".
En
segundo lugar necesitaran una verdadera comprensión de la dinámica
cultural y las características de la propia cultura organizacional.
El
líder no puede cambiar de manera arbitraria los elemento disfuncionales
de la cultura organizacional. Pero puede desarrollar la cultura edificando sobre
los puntos fuertes y atrofiando los puntos débiles. Mientras se incorporan
elementos nuevos a la cultura no solo se está cambiando sino ensanchando
la misma. La transformación no se desarrolla mediante anuncios y programas
formales; el líder debe hacer lo que predica y también el sufrir
una transformación personal. En el caso de que la cambio cultural ofrezca
resistencias se tendrá que tomar medidas drásticas y el líder
tendrá que destruir elementos fundamentales de la cultura antigua. En ocasiones
implica sacar personas que representan esa cultura y que impiden el cambio. Quien
ejecuta el cambio debe también hacer frente a las inquietudes y depresión
de las personas que quedan y se consideran culpables por haber quedado en la organización.
Los líderes no deben olvidar que la destrucción de la cultura es
extremadamente costosa en el aspecto humano.
Las organizaciones que han sobrevivido
generalmente han tenido un núcleo cultural fundamentalmente útil:
compromiso de aprender y de cambiar, el compromiso con las personas y con todos
los que tienen interés en la organización. Y desde su inicio fueron
sanas y flexibles.
Una mirada hacia el futuro
Como características
históricas el líder para crear debe tener visión y convicción
para crear y animar. Para mantener, discernimiento, sabiduría y destreza
para institucionalizar. Para modificar la actitud de aprender y ser flexible par
desarrollar y modificar las organizaciones.
Por sobre todo el líder
del futuro y a medida que aumente el ritmo de los cambios, la actitud no de aprendizaje
eventual de nuevos sistemas, sino el aprendizaje en el cambio perpetuo.