Desmitificando
la planificación
Para
los autores Bolman y Deal, expertos en teoría de las organizaciones, muchos
de los procesos organizacionales, y en particular los procesos de planificación,
no son tan efectivos en sí mismos por su metodología, si no que
en todo caso, sirven como un estímulo a nuestra creencia de que estamos
trabajando seriamente, y por eso ayudan.
Dicho de otro modo, no logran resultados
por lo que son, si no por lo que nos hacen creer, impactando nuestros sistemas
de valores y psicosocial.
Sin llegar
a tal extremo, y por lo tanto sin desvalorizar absolutamente a los procesos de
planificación, quiero, antes de ingresar en ellos, compartir ante todo
algunos "principios" orientados a desmitificar el poder de la planificación.
Esta fe absoluta en la planificación es un resabio del positivismo,
del racionalismo, y en definitiva del paradigma mecanicista y lineal.
La realidad
es compleja y turbulenta, y la planificación permite trazar mapas que pueden
orientarnos, pero siempre recordando que son eso, mapas, de un territorio que
además cambia día a día.
La planificación,
por lo tanto, nunca será un proceso cerrado, ni garantizará el control
absoluto de los acontecimientos. El real devenir de los mismos nos obligará
a modificar lo planificado muchas más veces de las que desearíamos.
Una
definición de planificación podría ser:
"Proceso
sistemático que intenta prever los cursos de acción necesarios para
el logro de un fin"
Una
primera cuestión que se nos presenta es "quién planifica".
La
planificación puede ser individual o colectiva, por lo tanto puede ser
participativa o no.
En los modelos prevalecientes se suele otorgar la tarea
de planificación a los técnicos, salteando o soslayando el involucramiento
pleno de toda la comunidad organizacional en el proceso.
Por
lo tanto, conceptualmente diferenciaremos dos conceptos diferentes, que si combinados,
tanto mejor.
Siete principios
I.Principio
de Insuficiencia: La planificación, por lógica, metódica
y exhaustiva que sea, nunca podrá asegurar totalmente el logro de los fines
perseguidos. Es siempre un proceso abierto, lleno de incertidumbres.
II.Principio
de complementariedad: La intuición, creatividad y sinergia grupales, resultantes
de los procesos participativos (y consultivos) no pueden ser reemplazadas si no
tan sólo potenciadas por el proceso planificativo.
III.
Principio de priorización: Es preferible lograr unidad de visión
y de acción con poca sistematicidad y planificación, que imponer
planes técnicamente bien concebidos, pero no construidos por todos.
IV.
Principio jerárquico: La planificación es un instrumento subordinado
al proceso participativo, el cual es mucho más complejo y abarcativo
V.
Principio de viabilidad: La participatividad garantiza la viabilidad de un proyecto
en mayor medida que su lógica planificativa
VI.
Principio de gradualidad: La capacidad de planificación se inserta gradualmente
en la vida de la organización, siendo un proceso que debe involucrar a
todos, y jamás requiere la supresión repentina de las actividades
no planificadas
VII. Principio de
exclusión: Siempre habrá actividades no planificadas en la vida
de una organización
En resumen,
y utilizando una analogía: a través de la participación comunitaria,
la organización construye la visión de "qué casa quiere",
y la planificación nos ayuda a trazar el plano.
Pero lo más importante
es haber consensuado que casa queremos. Si además, sabemos hacer planos,
bien. Si no, siempre podremos llamar a un "arquitecto" que haga el plano
que responda a nuestra visión.
Planificación
y Participación
Un corolario
que surge de estos siete "principios" es que la participación,
desde una perspectiva comunitaria y de Desarrollo a Escala Humana, es prioritaria
a la planificación.
Dicho
de otro modo:
"La planificación es
un instrumento en mano de los procesos participativos y no a la inversa"
Lo
dicho viene al caso, si consideramos que la "dimensión participativa",
en muchas perspectivas, es un accesorio o aditamento de la planificación.
Así,
cuando un ente financiador requiere el diseño de un proyecto por el método
de Marco Lógico, agrega, además, que el mismo debe ser "participativo".
Para
nosotros, en cambio, lo participativo es un hecho central y no accesorio.
Vemos
entonces que este énfasis en lo participativo es también un énfasis
en los procesos, a diferencia de los enfoques que priorizan lo planificativo,
que ponen énfasis en los fines y resultados. El medio, el camino,
mas que el fin, es lo que importa. O en todo caso fin y medio se integran en una
única realidad inseparable.
Fines
y procesos: examen crítico del método de "Marco Lógico"
Denominemos
"procesos de unidad en diversidad" (PUD) a aquellos procesos en los
que la unidad en diversidad y la calidad de la participación son centrales,
y donde la planificación es una herramienta en mano de este proceso comunitario.
Los PUD son procesos sinérgicos, complejos, y por lo tanto no lineales.
Su naturaleza no está reñida con la orientación a objetivos
o la producción de resultados, pero no está limitada a estos
aspectos.
En el modelo hegemónico,
los planes, programas y proyectos, y los procesos socio-institucionales en general,
están prioritariamente dirigidos al logro de objetivos, que deriva de los
productos o resultados esperados de una secuencia de actividades.
La adopción
estricta del método de marco lógico, tan caro a las agencias
de cooperación internacional, gobiernos y muchas ONGs, es considerada una
condición necesaria para el financiamiento de los proyectos.
Un proyecto
será considerado serio y viable -entendiendo la viabilidad como la sostenibilidad
del objetivo en el tiempo luego de retirada la intervención- si está
formulado según el marco lógico. El método pretende asegurar,
desde el propio diseño, los resultados a obtener, a través de una
sucesión de pasos unidireccionalmente vinculados por cadenas causales (lógico-lineales),
que salvo razonables márgenes de imprevisibilidad (dados por unos factores
externos) conducirían inexorablemente a los fines buscados.
Aún
estos factores externos de tipo extraproyectual deben ser controlados o minimizados
hasta donde sea posible.
El proceso es controlado durante su desarrollo a través
del monitoreo, y es evaluado finalmente, todo esto a través de "indicadores
objetivamente verificables".
Desde
la Revolución Cuántica y también desde nuestra experiencia
en el trabajo social y comunitario sabemos, definitivamente, que el mundo no funciona
así.
Queda muy claro, en
este método y otros de inspiración similar, que se inscriben dentro
de un enfoque hegemónico del desarrollo, orientado a la producción
secuencial y lineal de "mejores condiciones de vida", entendidas estas
fundamentalmente como incremento en el acceso a la bienes y servicios, combate
a la pobreza -reduccionistamente entendida como carencia de recursos materiales
y a otras cuestiones fácilmente cuantificables.
Desde
una perspectiva mas profunda, el marco lógico responde claramente a un
paradigma lineal-determinista, y a una comprensión lineal del tiempo.
La
participación de las comunidades -y a través de ella la intersubjetividad-
es mencionada mas retóricamente que en la praxis, o, si verdaderamente
se la promueve, se lo hace siempre y cuando la secuencia lógica que lleva
a los objetivos no se altere.
Cuando el propio proceso participativo que un
programa o proyecto puede promover desemboca en un cambio de prioridades, y cuando
la intersubjetividad de los actores en terreno pueda perder de vista alguno de
los objetivos y sus indicadores objetivamente (valga la redundancia) verificables,
aparecen graves complicaciones, en particular frente al ente financiador.
Esto
nos lleva a la problemática central que tiene la independencia, aún
económica, en los procesos de la sociedad civil.
Los
PUD, en cambio, si bien pueden proponerse ciertos objetivos, -o, dicho en términos
del Desarrollo a Escala Humana orientarse a la construcción de ciertos
satisfactores sinérgicos-, lo hacen siempre y cuando dichos propósitos:
a)
sean decididos por la propia comunidad involucrada en el proceso, conforme a sus
valores y prioridades
b) sean formulados en modo flexible u orientativo, pudiendo
ser modificados a lo largo del proceso de aprendizaje colectivo.
Esto
significa, ni más ni menos, que la "inteligencia" que gobierna
un PUD reside en el propio cuerpo de la comunidad, a diferencia de otro tipo de
procesos en que la decisión es exógena y simplemente se aplica a
aquella, entendida meramente como beneficiaria.
La
participación comunitaria (sobre todo si es consultiva) involucrada maximiza
la sinergia promovida en la construcción de objetivos o satisfactores,
y por ello tienden a ser de mayor calidad que los linealmente promovidos.
Sin
embargo, aparece otra dimensión de suma importancia de carácter
netamente procesual, es decir, hasta cierto punto independiente de los objetivos
perseguidos y su grado de cumplimiento. Esta dimensión adicional se vincula
al proceso de aprendizaje colectivo (holoaprendizaje), a la calidad vincular
lograda en el colectivo -grado de concertación o sinergia-, y en definitiva
a la unidad construida.
Es una dimensión de naturaleza intersubjetiva,
ya que depende de los valores de la propia comunidad involucrada en el PUD, y
por lo tanto no es "objetivamente verificable" si no que sólo
puede ser percibida y evaluada por los propios actores comunitarios.
Una característica
destacable de esta dimensión, que adquiere un peso decisivo en los PUD
es que su magnitud normalmente es siempre creciente en el tiempo.
En los PUD,
a diferencia de los procesos lineales en los que la única dimensión
destacada es la de los fines y objetivos, existen dos dimensiones que se desarrollan
en el tiempo:
Mientras
que los objetivos pueden lograrse o no, presentando un avance mayor, menor o nulo
-e inclusive retrocesos- (crisis y victorias) con respecto a la situación
inicial (previa al proceso), en los PUD, gracias al aprendizaje comunitario, la
sinergia organizacional y la unidad van siempre en aumento.
Ambos movimientos
están ligados, y precisamente es ese aprendizaje comunitario el que permite
convertir una crisis en una ulterior victoria.

En
los PUD, los objetivos pueden lograrse por debajo de lo esperado, inclusive no
lograrse en absoluto, o cambiarse durante el proceso, pero en cualquiera de los
casos, si hay participación comunitaria y consultiva, habrá aprendizaje
colectivo y el grado de unidad se incrementará.
En
la figura representativa del PUD , puede verse que si bien durante la etapa 1-2,
(pongamos por caso que 1-2 represente un proyecto determinado dentro del proceso
global), hay una caída en los objetivos, la unidad no deja de incrementarse.
Si
bien el aprendizaje comunitario requiere de una "materia" u objetivo
que actúe como eje ordenador del proceso, ya sea que esa "materia"
o eje se oriente a la mejora de la salud comunitaria, al mejor aprovechamiento
del tiempo libre o a la generación de un espacio verde esta siempre servirá
para el aprendizaje colectivo y la generación de sinergia y unidad comunitaria,
siempre y cuando se trate de un PUD.
El
hecho de que se trate de unos objetivos y no de otros, tiene importancia exclusivamente
porque son determinados por la propia comunidad en base a su percepción,
valores y prioridades.
Los objetivos pueden verse dificultados o impedidos,
no solo en función de los "factores externos" que se toman en
cuenta en los procesos de marco lógico y lineales en general, sino que
también pueden ser modificados o dejados de lado por lo que podemos llamar
"factores internos" es decir, el permanente ajuste valórico
y los siempre cambiantes puntos de mira que la propia comunidad va adoptando en
su propio proceso de aprendizaje.
En
los PUD los objetivos son logrados a través de satisfactores sinérgicos
y por lo tanto, no serán nunca sólo punto de llegada, sino que serán
siempre la puerta y nuevo punto de partida para nuevos procesos sinérgicos,
que actualizarán nuevas potencialidades humanas.
A su vez, puede establecerse
una relación de recursividad entre el nivel finalista o de lo generado,
con el de los procesos: a mayor sinergia de proceso (aprendizaje colectivo, unidad
promovida) mayor sinergia generada, es decir, mejores satisfactores sinérgicos.
Como ya se dijo, estos son puntos de partida para nuevas sinergias.
En
los PUD, fines y procesos están cíclica (recursivamente) ligados,
y en última instancia se igualan. Los fines, como el horizonte de Galeano
(1), solo sirven para caminar.
Los PUD modifican así la percepción
del proceso de desarrollo, la percepción del tiempo y la de la propia realidad.
A
diferencia de los procesos lineales, que pertenecen a una visión mecanicista
y reduccionista del mundo, los PUD parecen consistentes con la visión cuántica
del universo indeterminado.
Devuelven a la humanidad la visión circular
del tiempo, pero sin perder la componente de avance, en una suerte de ascensión
helicoidal, similar a la de los desarrollos que aparecen bajo la dinámica
de atractores.
Escapan así a la racionalidad instrumental, a los enfoques
finalistas y utilitarios, y contribuyen a fortalecer el espíritu del don,
de gratuidad, de la recta acción por la acción misma, en un contexto
de caos creativo.
(1)
Eduardo Galeano la metáfora del horizonte para aludir a los fines en los
procesos humanos: al caminar, el horizonte se corre. Entonces ¿para qué
sirve el horizonte? Sirve para caminar.