Partiendo
del enfoque sistémico, donde el todo es más que la suma de las partes
y en el que por la interacción de éstas se constituye una entidad
superadora que trasciende la suma de sus componentes, podemos entender la educación
también como un sistema.
Ya llegó
a su fin la ciencia lineal y fragmentaria en la cual se encasilla el conocimiento
en diferentes compartimentos y disciplinas estancos, con las diferentes etiquetas
de Ciencias Exactas, Ciencias Sociales, Ciencias Políticas, Ciencias Humanas
y otras.
Es el momento de crear un lenguaje holístico
y sistémico, una educación integradora en la que se entrelacen todos
los aspectos que hacen al porvenir de la humanidad.
La
lógica lineal pone el énfasis en el "conocimiento" superespecializado,
partido por las diferentes corrientes que en el fondo comparten la lógica
positivista y mecanicista.
Según Edgar
Morin la parcelación y la compartimentación de los saberes impiden
captar "lo que está tejido en conjunto".
Con
el progreso de la humanidad nos damos cuenta de que la educación no se
puede concebir bajo la lógica reduccionista donde A + B = C, con énfasis
en A y en B, pero sin demasiada reflexión sobre el significado del "+",
de la relación.
La educación podría
enriquecerse y a su vez enriquecer al Ser Humano con todas sus complejidades.
Esta deberá tener carácter universal
y contener en sí todas las diversidades.
Surge así la transdisciplina,
que es como la palma que integra, da sentido y articula los "dedos"
de los diferentes saberes.
Y el signo de su universalidad
reside en la Educación Moral, una ética transversal y consensuada
por todos los pueblos del mundo, para todos los habitantes del planeta. Una educación
para la Ciudadanía Planetaria, que promueva la identificación de
la Tierra como nuestra patria común.
Recordando
el sistema de necesidades del Desarrollo a Escala Humana (1) , la educación
universal será como el elemento integrador -el satisfactor sinérgico-
que satisface todas las nueve necesidades de manera sinérgica y hará
surgir la décima potencialidad del Hombre, la Trascendencia.
Tal
como ocurre con la labor del jardinero el cual por medio de diversas acciones
y la utilización de herramientas específicas hace crecer el árbol
en un medio propicio, cuando éste alcanza su madurez por la interacción
de sus diferentes componentes, manifiesta su fruto.
El
fruto de la Humanidad es el advenimiento de una mancomunidad mundial, signo de
la trascendencia de lo humano, y ésta se desarrollará bajo el lema
de la Unidad en la expresión de todas sus diversidades.
(1)
Elizalde, Hoppenhayn y Max-Neef, "Desarrollo a Escala Humana, una Opción
para el Futuro"