Entre
1984 y 1988, los Centros Comunitarios de Aprendizaje (CECODAP) desarrolló
una experiencia no convencional de atención preescolar con participación
de las familias y la comunidad, que se tradujo en una Metodología Comunitaria
de Atención Preescolar (MECODAP). Los niños del programa participaban
en el centro comunitario interactuando con sus propias familias, responsables
de impulsar las actividades del centro. Si bien es cierto que por entonces no
existía la intención explícita de proporcionar en los niños
espacios para opinar, expresarse o tomar decisiones, sí que se les permitía
que tomasen contacto con su comunidad, conocer el contexto en el que vivían,
intercambiar con otros niños de la comunidad o poner en práctica
estrategias que les permitieran tomar decisiones sobre aspectos cotidianos de
las actividades realizadas.
Tras la aprobación y ratificación
de la Convención Internacional de los Derechos del Niño por parte
de Venezuela en 1990, y la aprobación y entrada en vigencia de la Ley Orgánica
para la Protección del Niño y del Adolescente (2000), el rol de
los niños cambia fundamentalmente, ya que pasan de ser objetos de protección
a ser sujetos de derechos. Esta realidad llevó a CECODAP a diseñar,
implementar y difundir el programa Derechos a mi Medida para la promoción
y defensa de los derechos de los niños de 0 a 8 años.
En este
programa se ponía en práctica una metodología dirigida a
docentes, familias y comunidades que de forma explícita contemplaba la
participación de los niños y adolescentes como ciudadanos; y no
solamente en el centro, sino también a través de actividades de
movilización.
En el marco del proceso constituyente que vivió
el país (1999) y en la celebración de la Semana Nacional de los
Derechos del Niño, se realizó la Marca de los Arcoiris, que contó
con la participación de mil niñas y niños, con el lema: "Queremos
una ley que sea un espejo y no una sombra para la Convención de los Derechos
del Niño". A través de juegos y dramatizaciones, los niños
expresaron cuáles eran sus derechos y qué necesitaban para sentirse
contentos con sus familias y comunidades.
Los últimos acontecimientos
vividos en el país, con polarización política y alto nivel
de conflictividad social, exigieron la implmentación del programa El buen
Trato Entra por Casa. Esta iniciativa contempla incorporar a los niños
como actores fundamentales en la resolución de los conflictos cotidianos,
con posibilidad de escuchar sus opiniones, expresar sus familias y maestros, para
establecer pautas de disciplina más democráticas.
La participación
infantil de los más pequeños: ¿realidad o ficción?
Ciertamente
aún existen resistencias para aceptar que un niño pequeño
pueda participar efectivamente naciendo valer sus derechos o tomando decisiones.
Esto se debe a que se subestiman o se sobrestiman sus capacidades y habilidades
en sus primeros años por desconocimiento de su proceso de desarrollo evolutivo.
Por otra parte, el poder que ejerce el adulto sobre el niño es muy grande.
Cabe
destacar también la contradicción existente en relación a
la participación. Por un lado, se estimula a los niños desde pequeños,
a través de técnicas, el desarrollo de sus capacidades motoras,
cognitivas, de socialización. Por otra parte, no se les permite que todas
estas habilidades y capacidades adquiridas les sirvan para que tomen un rol más
activo en sus hogares o en centros de educación inicial. El término
"activo" se refiere a que el niño pueda participar opinando,
expresando sus emociones, tomando parte en las decisiones.
Esto
requiere un cambio de concepción. Se trata de aceptar que los niños
son ciudadanos y que esta facultad la van ejerciendo, progresivamente, de acuerdo
con su etapa de desarrollo. El adulto debe reconocer y aceptar sus equivocaciones,
asumir su resistencia al cambio, las emociones que entorpecen la aceptación
del niño come ciudadano con derechos, el cambio en su práctica educativa
o los esfuerzos que requiere democratizar el poder. Es un proceso que requerir
tiempo. Pero también es necesario añadir que no se trata de generar
sentimientos de culpa en el adulto, con señalamiento y juicios que generen
mayores resistencias al cambio.
Añadiremos, además, que inicialmente
se crea una cultura de derechos en la medida en que los niños entiendan
que no son s610 parte de los problemas, sine que son parte fundamental en la solución
de los mismos, que la democracia se construye con la participación de todos,
que con sus opiniones pueden generar cambios en su entorno y, por último,
que son considerados por los adultos come personas y no como objetos de protección
o de asistencia.
Retos y desafíos de la participación infantil
efectiva
Es fundamental que en la participaci6n de los niños
se involucre la familia obligatoriamente. La práctica ha revelado que cuando
se estimula la participación de los niños pequeños y se convierten
en personas más dinámicas, más exigentes al pedir que se
les escuche, que se les permita opinar, al llegar a sus hogares comienzan a tener
problemas. Sus familias no saben como responder a las demandas y actitudes de
sus niños y comienzan a catalogarlos como "irreverentes", "tercos",
"maleducados" e incluso, pueden ser víctimas de castigo. Es importante
formar y sensibilizar a los adultos para que estén preparados para relacionarse
con sus niños y posibilitar la participación atenuando los conflictos
y, si estos se presentan, contar con herramientas para su solución democrática
y pacífica. También es necesario tener claro que existe una tensión
permanente entre el derecho legítimo que el niño tiene a participar
y la obligación, igualmente legítima, que tiene el adulto de protegerlos.
No todo lo que el niño exige o desea, le conviene. El adulto juega un rol
importante para orientar y garantizar su protección, apoyándolo
para el manejo de frustraciones y otras emociones.
Los niños, al
igual que los adultos, forman parte de un cultura, una sociedad, con contradicciones
y conflictos. No se trata, por tanto, de idealizar a los niños come seres
angelicales, no contaminados por todas las carencias y males que afectan a los
adultos.
En la práctica hay niños muy pequeños realizando
actividades propias de adultos, trabajando en la calle, campos, etc. y asumiendo
comportamientos violentos, manipuladores para poder sobrevivir.
Los primeros
años y la participación.
No se puede esperar lo mismo
de un niño de 2, 4 o de 8 años. Es determinante conocer el proceso
de desarrollo del niño, su entorno cultural, los estímulos del ambiente,
por que etapa pasa, etc. Esto exige un trabajo de formación y de articulación
entre docentes, familias, promotores comunitarios y demás personas vinculadas
a ellos.
No seria serio establecer un repertorio de actividades por edades
para que la participación sea efectiva porque esto va a depender de las
características y condiciones de cada niño. Lo que si es deseable
es que la actitud del adulto frente al niño sea la de preguntarle cómo
se siente, hacerle saber que lo escucha, que sus opiniones son importantes, que
puede participar en las pequeñas y grandes decisiones, etc. Sólo
así será posible que los niños desarrollen mayor auto confianza.
Los
indicadores cualitativos de la participación infantil
Para CECODAP,
los indicadores sobre la calidad de la participación se expresan a través
de las actitudes que asumen los niños al participar en la resolución
de conflictos, en la convivencia e interacción con otros (niños
o adultos), en la toma de decisiones, en la libertad para expresarse sin temores.
Si el niño se muestra reprimido, temeroso, tense o ansioso cuando tiene
que participar, se considera come un indicio de contexto que no promueve las relaciones
democráticas y ciudadanas.
De Espacio para la Infancia
Bernard
van Leer Foundation
Noviembre 2004
Número 22