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Comunidad



"Venezuela: Metodología comunitaria de atención preescolar"

Por Fernando Pereira y Oscar Misle, Centros Comunitarios de Aprendizaje, Venezuela


Entre 1984 y 1988, los Centros Comunitarios de Aprendizaje (CECODAP) desarrolló una experiencia no convencional de atención preescolar con participación de las familias y la comunidad, que se tradujo en una Metodología Comunitaria de Atención Preescolar (MECODAP). Los niños del programa participaban en el centro comunitario interactuando con sus propias familias, responsables de impulsar las actividades del centro. Si bien es cierto que por entonces no existía la intención explícita de proporcionar en los niños espacios para opinar, expresarse o tomar decisiones, sí que se les permitía que tomasen contacto con su comunidad, conocer el contexto en el que vivían, intercambiar con otros niños de la comunidad o poner en práctica estrategias que les permitieran tomar decisiones sobre aspectos cotidianos de las actividades realizadas.

Tras la aprobación y ratificación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño por parte de Venezuela en 1990, y la aprobación y entrada en vigencia de la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente (2000), el rol de los niños cambia fundamentalmente, ya que pasan de ser objetos de protección a ser sujetos de derechos. Esta realidad llevó a CECODAP a diseñar, implementar y difundir el programa Derechos a mi Medida para la promoción y defensa de los derechos de los niños de 0 a 8 años.

En este programa se ponía en práctica una metodología dirigida a docentes, familias y comunidades que de forma explícita contemplaba la participación de los niños y adolescentes como ciudadanos; y no solamente en el centro, sino también a través de actividades de movilización.

En el marco del proceso constituyente que vivió el país (1999) y en la celebración de la Semana Nacional de los Derechos del Niño, se realizó la Marca de los Arcoiris, que contó con la participación de mil niñas y niños, con el lema: "Queremos una ley que sea un espejo y no una sombra para la Convención de los Derechos del Niño". A través de juegos y dramatizaciones, los niños expresaron cuáles eran sus derechos y qué necesitaban para sentirse contentos con sus familias y comunidades.

Los últimos acontecimientos vividos en el país, con polarización política y alto nivel de conflictividad social, exigieron la implmentación del programa El buen Trato Entra por Casa. Esta iniciativa contempla incorporar a los niños como actores fundamentales en la resolución de los conflictos cotidianos, con posibilidad de escuchar sus opiniones, expresar sus familias y maestros, para establecer pautas de disciplina más democráticas.

La participación infantil de los más pequeños: ¿realidad o ficción?

Ciertamente aún existen resistencias para aceptar que un niño pequeño pueda participar efectivamente naciendo valer sus derechos o tomando decisiones. Esto se debe a que se subestiman o se sobrestiman sus capacidades y habilidades en sus primeros años por desconocimiento de su proceso de desarrollo evolutivo. Por otra parte, el poder que ejerce el adulto sobre el niño es muy grande.

Cabe destacar también la contradicción existente en relación a la participación. Por un lado, se estimula a los niños desde pequeños, a través de técnicas, el desarrollo de sus capacidades motoras, cognitivas, de socialización. Por otra parte, no se les permite que todas estas habilidades y capacidades adquiridas les sirvan para que tomen un rol más activo en sus hogares o en centros de educación inicial. El término "activo" se refiere a que el niño pueda participar opinando, expresando sus emociones, tomando parte en las decisiones.

Esto requiere un cambio de concepción. Se trata de aceptar que los niños son ciudadanos y que esta facultad la van ejerciendo, progresivamente, de acuerdo con su etapa de desarrollo. El adulto debe reconocer y aceptar sus equivocaciones, asumir su resistencia al cambio, las emociones que entorpecen la aceptación del niño come ciudadano con derechos, el cambio en su práctica educativa o los esfuerzos que requiere democratizar el poder. Es un proceso que requerir tiempo. Pero también es necesario añadir que no se trata de generar sentimientos de culpa en el adulto, con señalamiento y juicios que generen mayores resistencias al cambio.
Añadiremos, además, que inicialmente se crea una cultura de derechos en la medida en que los niños entiendan que no son s610 parte de los problemas, sine que son parte fundamental en la solución de los mismos, que la democracia se construye con la participación de todos, que con sus opiniones pueden generar cambios en su entorno y, por último, que son considerados por los adultos come personas y no como objetos de protección o de asistencia.

Retos y desafíos de la participación infantil efectiva

Es fundamental que en la participaci6n de los niños se involucre la familia obligatoriamente. La práctica ha revelado que cuando se estimula la participación de los niños pequeños y se convierten en personas más dinámicas, más exigentes al pedir que se les escuche, que se les permita opinar, al llegar a sus hogares comienzan a tener problemas. Sus familias no saben como responder a las demandas y actitudes de sus niños y comienzan a catalogarlos como "irreverentes", "tercos", "maleducados" e incluso, pueden ser víctimas de castigo. Es importante formar y sensibilizar a los adultos para que estén preparados para relacionarse con sus niños y posibilitar la participación atenuando los conflictos y, si estos se presentan, contar con herramientas para su solución democrática y pacífica. También es necesario tener claro que existe una tensión permanente entre el derecho legítimo que el niño tiene a participar y la obligación, igualmente legítima, que tiene el adulto de protegerlos. No todo lo que el niño exige o desea, le conviene. El adulto juega un rol importante para orientar y garantizar su protección, apoyándolo para el manejo de frustraciones y otras emociones.

Los niños, al igual que los adultos, forman parte de un cultura, una sociedad, con contradicciones y conflictos. No se trata, por tanto, de idealizar a los niños come seres angelicales, no contaminados por todas las carencias y males que afectan a los adultos.
En la práctica hay niños muy pequeños realizando actividades propias de adultos, trabajando en la calle, campos, etc. y asumiendo comportamientos violentos, manipuladores para poder sobrevivir.

Los primeros años y la participación.

No se puede esperar lo mismo de un niño de 2, 4 o de 8 años. Es determinante conocer el proceso de desarrollo del niño, su entorno cultural, los estímulos del ambiente, por que etapa pasa, etc. Esto exige un trabajo de formación y de articulación entre docentes, familias, promotores comunitarios y demás personas vinculadas a ellos.
No seria serio establecer un repertorio de actividades por edades para que la participación sea efectiva porque esto va a depender de las características y condiciones de cada niño. Lo que si es deseable es que la actitud del adulto frente al niño sea la de preguntarle cómo se siente, hacerle saber que lo escucha, que sus opiniones son importantes, que puede participar en las pequeñas y grandes decisiones, etc. Sólo así será posible que los niños desarrollen mayor auto confianza.

Los indicadores cualitativos de la participación infantil

Para CECODAP, los indicadores sobre la calidad de la participación se expresan a través de las actitudes que asumen los niños al participar en la resolución de conflictos, en la convivencia e interacción con otros (niños o adultos), en la toma de decisiones, en la libertad para expresarse sin temores. Si el niño se muestra reprimido, temeroso, tense o ansioso cuando tiene que participar, se considera come un indicio de contexto que no promueve las relaciones democráticas y ciudadanas.

De Espacio para la Infancia
Bernard van Leer Foundation
Noviembre 2004
Número 22


 



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