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Los Niños son Chicos, las Niñas Mujercitas

Por Mónica Tarducci

Seminario Nacional de Capacitación sobre Derechos Humanos de las Niñas
Rosario- 27 de junio de 1998

El 23 de marzo de 1998 se realizó El Tribunal de Violación a los Derechos Humanos de las Niñas. En él se expusieron algunos de los problemas más graves que ellas sufren: analfabetismo, falta de información sobre salud reproductiva, cuyo efecto más violento es una maternidad no deseada, discriminación en el ámbito educativo, sobrecarga de tareas pagas y no pagas, trastornos alimentarios y abuso sexual.
Los testimonios presentados, además de la lógica conmoción que nos provocan, nos permiten destacar la tarea incesante de las organizaciones de mujeres que como CLADEM y el Instituto de Género, Derecho y Desarrollo realizan en la búsqueda de la ampliación de la definición del concepto de Derechos Humanos, que día a día va incorporando nuevos sujetos de demandas, haciendo visibles los abusos y discriminaciones que se producen en la esfera doméstica. Esta tarea, permite ampliar el conocimiento y encarar acciones concretas en un tema como el que nos convoca, ausente por lo general en la bibliografía de ciencias sociales, que aún hablan de la "niñez" en general, sin desagregar por sexo los datos demográficos. Como anécdota quisiera hacer notar, que en las tres más importantes revistas antropológicas, a nivel internacional, cuyo contenido en todos sus volúmenes de los últimos 5 años revisé, los datos sobre niñez son prácticamente inexistentes, de los que encontré, sólo en un artículo había información donde se diferenciaban los casos entre niñas y niños. Esto sucedía porque trataba acerca de la salud de las mujeres en la India, lugar paradigmático de la discriminación femenina, como veremos más adelante.
Si no fuera por las cada vez más importantes investigaciones realizadas desde el feminismo, no hubiera tenido siquiera los pocos datos que he traído hoy a la discusión.


I
Existe una relación entre la discriminación a las mujeres y su supervivencia, ya que los valores patriarcales imperantes en todas las sociedades hacen que desde el momento de la concepción, las niñas se enfrenten a un trato diferencial.
En la mayoría de las familias del mundo el nacimiento de una mujer es recibido con desilusión o incluso con un sentimiento de inquietud. En muy pocas culturas se prefiere a las niñas. Inclusive en algunas se consultan a los astrólogos para que indiquen los períodos de fecundación más propensos a la concepción de un varón. 0 se siguen dietas específicas para tal efecto.
Siempre se pone el caso de la India porque es el más dramático y mejor documentado Existen allí clínicas cuya especialidad es la detección del sexo del feto, por lo tanto la mujer embarazada puede optar por el aborto si éste es femenino. Las estadísticas dan resultados escalofriantes: de los 1000 abortos realizados en 1990 en un establecimiento `de Bombay, todos los fetos menos uno eran femeninos.
En los llamados países desarrollados, estudios realizados demuestran que la preferencia, sobre todo para el primer hijo, es el nacimiento de un varón.
Numerosos refranes o dichos populares, reafirman ese deseo; como el de lengua árabe, que ante el silencio inesperado en una reunión, se acostumbre preguntar: "Por qué el silencio" Ha nacido una niña? 0 la frase en idioma coreano cuya traducción dice: "Una niña defrauda dos veces, una cuando nace, la otra vez cuando se casa". Un proverbio holandés dice: "una casa llena de hijas es como una bodega llena de cerveza agria".
La práctica del infanticio femenino fue y sigue siendo mucho más común hacia las niñas que hacia los niños y existe una sutil gradación que va desde métodos directos a indirectos, así como mecanismos inconscientes que ningún padre o madre reconocería.
Los patrones de morbilidad y mortalidad son notoriamente más altos entre las niñas. Las investigaciones se han hecho con sociedades campesinas europeas del siglo XVIII y XIX por ejemplo en Alemania, así como en el caso de la India contemporánea, lo demuestran.
La principal causa de muerte de las niñas entre 1 y 4 años en América Latina, según datos de la OPS, derivan de deficiencias nutricionales, de la falta de inmunidad para el sarampión, la tos convulsa, difteria, poliomielitis, tétanos; las enfermedades respiratorias y de la falta de atención oportuna. Tanto en Perú como en Bolivia los varones tienen más posibilidad de ser llevados a un puesto de salud que las niñas.
El exceso de mortalidad de las niñas es parte de una estrategia explícita de los padres para obtener la medida y composición por sexo de la familia deseada.
Los varones son vistos como una fuente de ingresos y ayuda económica. En sociedades sin cobertura social ni jubilaciones el hijo es la única protección de los padres contra las privaciones. Los hijos son también quienes perpetúan el linaje del padre y el conducto de sus aspiraciones tanto materiales como espirituales.
La carga del sexismo para las niñas se mide en las consecuencias sobre su menor supervivencia, su salud, sus condiciones nutricionales, así como su preparación educacional y laboral. El género inhibe la igualdad de oportunidades y aspiraciones de las niñas. En países pobres es más visible. Más allá de las razones históricas, culturales y económicas, que crean diferencias entre los países y culturas, en todas las sociedades las niñas enfrentan desventajas comparadas con los varones.


II
La niña es percibida como menos que el niño. Una de las más tempranas nociones que recibimos en la vida es la idea de que una es una niña o un niño. El género es la primera identidad determinada culturalmente y compartida por los agentes socializadores del niño y la niña. Las expectativas conductuales de los padres y de la sociedad y los patrones fomentados en apoyo de eso, refuerza la identidad de género de una persona.
No existen los niños en general, sino dos tipos de niños. Su preparación para vida difiere: las niñas son preparadas e informalmente entrenadas para la maternidad. Pero para los niños, su niñez no es el preámbulo de la paternidad. Los modelos de crianza aseguran que los niños permanezcan como tales mientras que las niñas se vuelvan mujercitas. La socialización tiende al logro de la autoconfianza de los niños, mientras refuerza en las niñas el sentido de la responsabilidad por el cuidado de los otros. La escolaridad refuerza las relaciones de género.


III
Existe una contradicción entre el potencial reproductivo de una niña, que es un valor social y su posición desventajosa en la familia y la sociedad.
La menarca muchas veces es vivida como trauma físico y como el comienzo del control estricto de su sexualidad, control cuyo extremo más repugnante es la práctica de la clitoridectomía que es sufrida en la actualidad por 85 millones de niñas en el mundo.
El riesgo reproductivo, el verla como potencialmente corruptible lleva al casamiento temprano. En Bangladesh la edad promedio de nupcialidad es 11.6 años, mientras que en la India es 14.3 años. Un cuarto de los casamientos en Nigeria tiene lugar antes de que la niña tenga 13, la mitad antes de los 15 años. En los Estados Unidos la proporción de adolescentes casadas entre los 15 y 19 años es tres veces mayor que la de los varones.
El casamiento temprano implica la ampliación del lapso reproductivo e incide en los niveles de morbo-mortalidad de las madres y de sus hijos e hijas.
Retrasar la edad del matrimonio no implica desterrar el problema del embarazo adolescente ni los problemas de salud como consecuencia de los abortos.
El embarazo adolescente es un problema creciente en América Latina. En Argentina el 33 por ciento de los nacimientos proviene de mujeres de menos de 20 años. En Guayaquil, el 70 por ciento de las niñas que comienzan su actividad sexual antes de los 20 años, quedan embarazadas. (UNICEF, 1995) Existen estudios que asocian la alta mortalidad en el parto con la edad, así se comprueba que el riesgo más significativo es para aquellas menores de 15 años, cuyas posibilidades de morir en el embarazo o parto es entre cinco y siete veces mayor que para las mujeres de 20 a 24 años.


IV
El abuso sexual a menores es cometido en una abrumadora mayoría contra las niñas.
Las niñas representan el 76 por ciento de los casos de abuso sexual infantil en América Latina.
En un hospital de Perú una encuesta reveló que el 90 por ciento de las madres entre 12 y 16 años había sido violada por su padre, padrastro o pariente cercano. En Costa Rica, 95 por ciento de las niñas embarazadas menores de 15 años eran víctimas de incesto.
En Nicaragua de los 1000 crímenes cometidos contra niños, más del 70 por cierto de las víctimas eran niñas. (UNICEF, 1995).
La gran mayoría de estos crímenes no son denunciados, en algunos casos por la oposición de los padres a su divulgación y en otros porque son los propios padres los agresores.
Otro hecho a tener en cuenta con respecto a las estadísticas es que son realizadas en base a datos de los hospitales públicos, con lo cual aparecen sólo quienes recurren a él: las familias de pocos recursos. Como afirma la psicóloga Ana María Fernández, las víctimas, "ya mujeres, relatan en su análisis lo que nunca lo contaron a su familia, a ninguna amiga, mucho menos a su marido. De esto podría inferirse que los sectores sociales más altos poseen estrategias más contundentes para sostener pactos de silencio y ocultamiento de sus delitos de alcoba". (Fernández, 1993)
En nuestro país, sólo el 5 por ciento de los casos son denunciados a la justicia.


V
Más del 40% de los niños y niñas del mundo nacen en la pobreza y enfrentan un consumo nutricional limitado. Las investigaciones sobre la distribución de alimentos en las unidades domésticas, muestran que ésta esta sesgada por género, favoreciendo a los trabajadores masculinos o quienes son vistos potencialmente como tales, los niños. El consumo de las mujeres y las niñas es menor en cantidad y calidad. En muchas sociedades es costumbre que los hombres adultos coman antes, después los muchachos y niños; por último las mujeres y las niñas. Cuando las proteínas son escasas, las consumen sólo los hombres.
En muchas culturas existen tabúes alimentarios que afectan la ingestión de alimentos. Estudios realizados en Filipinas, por ejemplo, demuestran que los niños en edad preescolar y las adolescentes son los mejores alimentados y las peores respectivamente.
Las prácticas discriminatorias en el amamantamiento, el destete y la dieta de los primeros años, que se continúa en la adolescencia, traen consecuencias en el peso y estatura de las niñas, que se prolongan en todo su ciclo vital, influyendo incluso en la edad de la menarca.
Asistimos a la presencia de trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia, que están estrechamente vinculados con la baja autoestima y la necesidad de responder a la imagen que de las niñas y adolescentes se impone socialmente.


VI
En muchos casos, las niñas pierden su derecho a la niñez, debido a la sobrecarga de obligaciones. La falta de registros sobre el trabajo pago y no pago de las niñas repite el esquema de invisibilidad del trabajo de las mujeres adultas. Numerosos estudios etnográficos refuerzan lo que comprobamos en nuestra vida cotidiana: la cantidad de tareas que realizan en la unidad doméstica, siendo la más visible el cuidado de su hermanos. Pero también buscan agua, consiguen combustible, prepararan la comida, trabajan la tierra, limpian la casa, etc. Informes de la UNICEF aseguran que el volumen de trabajo es mayor en las niñas que en los varones de misma edad dentro de la familia.
La mayoría de los niños que trabajan lo hacen fuera del ámbito doméstico, afirmando desde temprano la división del trabajo por sexo. Las labores que esas "mujercitas" realizan seguirá siendo "no-trabajo" cuando sean mayores.
El hecho de que sean trabajos invisibles subestima el valor de económico de las niñas. La mayoría de los padres considera que el trabajo de los hijos es más productivo que el de las hijas de la misma edad. Se ha comprobado además que en los países desarrollados, los padres están más dispuestos a pagar a sus hijos que a sus hijas por las tareas que realizan. El mensaje que reciben los niños es que deben trabajar por un pago, mientras que las niñas lo deben realizar "por amor". Y ya sabemos lo que entiende esta sociedad por amor y lo que ha significado históricamente para las niñas y mujeres esa educación sentimental e hipócrita.



Bibliografía consultada


Fernández, Ana María. 1993. La invención de la niña. Buenos Aires, UNICEF.

Sohoni, Neera Kuckreja. 1992.'The Status of Female Children and Adolescents in Development and Corrective Strategies. En Feminist Issues. Vol 12, 1.

Torres, Carmen. 1996. Niñas de hoy, mujeres de mañana. En Agenda Salud. 2. Isis Internacional.

UNICEF. 1995. Perfiles en desarrollo de niñas y mujeres en América Latina y el Caribe, resúmenes por países. Bogotá.


   




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