Conferencia en la Universidad San Francisco
de Asís, La Paz, Bolivia en el seminario taller preparatorio del Diálogo
Nacional "Sistema Político y Profundización Democrática"
el día 11 de julio de 2000 "Es decir, que, por naturaleza,
la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros. Ya que el conjunto es
necesariamente anterior a la parte. Así que está claro que la ciudad
es por naturaleza y es anterior a cada uno. Porque si cada individuo por separado
no es autosuficiente, entrará como las demás partes, en función
a un conjunto. Y el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada para su
propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios." (Aristóteles,
"La Política", Libro I, cap.II) Una breve reflexión
inicial acerca de la democracia La democracia, decía alguien
que no recuerdo, es como el aire, mientras la tenemos no nos damos cuenta de su
existencia, pero cuando nos falta, hay que ver como nos duele y como sentimos
su ausencia. Un destacado filósofo colombiano, Estanislao Zuleta
(1995), escribió algunas profundas reflexiones sobre la democracia que
quiero compartir con ustedes. Él afirmó que la democracia
implica la aceptación de un cierto grado de angustia, ya que la democracia
es la aceptación de la angustia de tener que decidir por sí mismo,
y el pensar por sí mismo es más angustioso que creer ciegamente
en alguien. De ahí entonces que la democracia es frágil. Su fragilidad
procede de que es difícil aceptar el grado de angustia que significa pensar
por sí mismo, decidir por sí mismo y reconocer el conflicto. Nos
señaló que la democracia implica igualmente la modestia de reconocer
que la pluralidad de pensamientos, opiniones, convicciones y visiones de mundo
es enriquecedora y que la propia visión del mundo no es definitiva ni segura
porque la confrontación con otras podría obligarme a cambiarla o
a enriquecerla. La verdad no es necesariamente la que yo propongo sino la que
resulta del debate, del conflicto; por tal razón el pluralismo no hay que
aceptarlo resignadamente sino como el resultado de reconocer el hecho de que los
seres humanos, no marchan el unísono como los relojes. Es la existencia
de diferentes puntos de vista, partidos o convicciones algo que nos debe llevar
a la aceptación del pluralismo con alegría, con la esperanza de
que la confrontación de opiniones mejorará nuestros puntos de vista.
En tal sentido, para Zuleta, la democracia es modestia, disposición a cambiar,
disposición a la reflexión autocrítica, disposición
a oír al otro seriamente. Afirmó asimismo que la democracia
implica igualmente la exigencia del respeto. El respeto significa tomar en serio
el pensamiento del otro: discutir con él sin agredirlo, sin violentarlo,
sin ofenderlo, sin desacreditar su punto de vista, sin aprovechar los errores
que cometa o los malos ejemplos que presente, tratando de saber que grado de verdad
tiene pero también al mismo tiempo significa defender el pensamiento propio
sin caer en el pequeño pacto de respeto de nuestras diferencias. En un
debate seriamente llevado no hay perdedores: quien pierde gana, sostenía
un error y salió de él; quien gana no pierde nada, sostenía
una teoría que resultó corroborada. También Zuleta
dice que debemos reconocer que en el ser humano existen profundas tendencias arcaicas
contra la democracia y, si queremos defenderla realmente, debemos comenzar por
reconocer una de sus mayores dificultades: nuestros orígenes no fueron
democráticos. Para él, en consecuencia la democracia es maduración.
La democracia no nos viene espontáneamente, sino como resultado de una
conquista, como aceptación de la angustia, de la duda, de la duda sobre
sí mismo y de pasar por "la prueba de la duda". Nos señaló
asimismo que somos dogmáticos cuando no hacemos el esfuerzo por demostrar.
"La demostración es una gran exigencia de la democracia porque implica
la igualdad: se le demuestra a un igual; a un inferior se le intimida, se le ordena,
se le impone; a un superior se le suplica, se le seduce o se le obedece. La demostración
es una lección práctica de tratar a los hombres como nuestros iguales."
Desafíos a la democracia En la actualidad la democracia
en cuando sistema político propio de las sociedades políticas modernas,
enfrenta un conjunto de desafíos que pueden ser a la vez vistos como oportunidades
o como amenazas. ¿Cuáles son estos nuevos desafíos? 1.El
tamaño de la polis o el tema de la escala humana. La creciente expansión
que en términos demográficos han tenido todas las sociedades modernas
ha desbordado el antiguo concepto de la polis aristotélica, que era el
espacio en el cual se conformó la noción y el ejercicio de la democracia.
Nuestras ciudades, y que decir de nuestros estados naciones, ya no tienen la escala
que tenían las ciudades griegas donde surgió la democracia y donde
fue posible desarrollar formas de democracia directa o participativa. Nada de
lo público (de los asuntos de la polis) le era ajeno a los ciudadanos que
habitaban las ciudades estado griegas. Outhwaite y Bottomore (1993) afirman claramente
que: "la democracia de la antigua Grecia fue democracia directa: el pueblo
gobernaba reuniéndose en asamblea y tomando directamente las decisiones
políticas básicas." Más aún los procesos
de globalización y la conformación de megaestados al estilo de la
Unión Europea, hacen aún más improbable el retorno hacia
formas de democracia directa. Ello en razón de que la diversidad, complejidad
y magnitud de los problemas y sobre las cuales se debe tomar día a día
decisiones y que constituyen habitualmente el ejercicio del accionar democrático,
hacen imposible que ellas sean adecuadamente oportunas, eficaces, informadas,
legítimas e impersonales, atributos estos entre otros que deben tener las
decisiones públicas en sociedades complejas como las nuestras. Surge
aquí la necesaria consideración de la tensión y a la vez
complementariedad que debe existir entre lo micro y lo macro, entre lo global
y lo local, entre lo societal y lo comunitario (o la escala humana). 2.
La emergencia de la multiculturalidad. Hemos experimentado en los años
recientes un rápido tránsito desde sociedades monoculturales o donde
predominaba una cultura única casi hegemónica a sociedades multiculturales,
donde coexisten muchas culturas. Ello implica que hemos transitado desde sociedades
con visiones relativamente compartidas que se traducían en una posibilidad
más fácil de lograr consensos a sociedades donde coexisten personas
que sustentan creencias y concepciones respecto a la realidad y a la naturaleza
humana muy diferentes, lo cual dificulta la elaboración de acuerdos y la
construcción de consensos. 3. El aumento del capital social. En
nuestras sociedades se ha incrementado notoriamente el capital social disponible
entre sus ciudadanos. El aumento de los niveles educativos de la población
y la casi desaparición del analfabetismo, no sólo ha aumentado la
población que puede y debe participar en los procesos electorales, incrementado
así la ciudadanía electoral, sino que también al hacer posible
el acceso generalizado a la información disponible en sociedades que se
comunican preferentemente por medio de la lectoescritura, ha aumentado los niveles
de conciencia respecto a derechos humanos y las expectativas en relación
al mejoramiento de la calidad de vida de la población, generando a su vez
una creciente demanda participativa. 4. El problema no resuelto de la inclusión Hasta
hace dos décadas, cuando se hablaba de los pobres se hacía referencia
a la pobreza por déficit de integración, es decir aquella parte
de la población que no había logrado integrarse a la vida moderna.
Los extremadamente pobres eran quienes no habían experimentado un desarrollo
cultural y laboral como el requerido por el proceso social moderno, y constituían
un cierto porcentaje de la sociedad que se aglomeraba en la periferia de las grandes
ciudades. En síntesis, aquella marginación resultaba de la
reorganización de la economía y la estructura social que se verificaba
por la expansión de las formas industriales y estatales modernas, que fueron
desplazando y desarticulando el tejido social y las actividades de producción,
distribución y consumo tradicionales, afectando especialmente a los grupos
sociales indígenas, campesinos y artesanales. Como el sector moderno crecía
y manifestaba capacidades para absorver fuerzas de trabajo y satisfacer demandas
de consumo, se producía adicionalmente un efecto de atracción para
muchos que abandonaron prematuramente sus formas de vida tradicionales y emigraron
hacia las ciudades en busca de otros modos de vida. Pero los que no lograron integrarse,
no pudiendo tampoco darle en el contexto marginal urbano un uso a sus capacidades
y destrezas laborales correspondientes a esos modos de producción campesinos
y artesanales, encontraban sólo en la acción social del sector público
sus posibilidades de sobrevivencia y de reinserción. Su actividad social
tendía a expresarse, entonces, fundamentalmente en términos reivindicativos
y de presión; pero también evidenciaron capacidades propias en la
solución de los problemas más urgentes, especialmente en el ámbito
de la vivienda mediante la ocupación de terrenos y el sistema de autoconstrucción
y mejoramiento progresivo de la vivienda. Aquella, pobreza y marginación
residual, sigue existiendo en la actualidad. Pero el mundo de los pobres es hoy
mucho más numeroso, porque ha sido engrosado por una masa de personas que,
habiendo anteriormente alcanzado algún grado de participación en
el mundo laboral y en el consumo y la vida moderna, han experimentado luego procesos
de exclusión: cesantía, pérdida de beneficios sociales, subempleo,
etc. Lo que ha sucedido es, en síntesis, que el proceso industrial y estatal
moderno, no sólo no pudo absorver todas las fuerzas de trabajo y las necesidades
sociales que crecían junto con la población, sino que incluso comenzó
a expeler a una parte de quienes había en algún momento incorporado.
Este fenómeno de la exclusión no sólo afecta a los sectores
populares y al mundo obrero, sino también a capas sociales medias que se
han visto rápidamente empobrecidas por la pérdida de empleo y de
beneficios sociales que habían mantenido en muchos casos por períodos
prolongados. La pobreza en que caen estas familias resulta en ocasiones extremadamente
dura, pues la experimentan por primera vez y no han desarrollado las estrategias
de supervivencia cotidiana que son connaturales a la experiencia de la pobreza
vivda desde la infancia. Se verifica también un proceso que puede entenderse
como de inversión del ascenso social de una generación a otra: muchos
jóvenes populares que habían accedido a la educación moderna
y que adquieren por su intermedio las destrezas necesarias para insertarse en
el mundo del trabajo, no encuentran las oportunidades de hacerlo y recaen en la
pobreza. Algunas disgresiones sobre la ciudadanía El
concepto de ciudadanía en su acepción actual hace referencia a tres
dimensiones presentadas hace casi cuarenta años atrás en el trabajo
clásico de Thomas H. Marshall (1965). En su análisis distingue el
surgimiento de los derechos propios de la ciudadanía en tres momentos que
se materializaron en Inglaterra en tres siglos sucesivos: derechos civiles que
aparecen en el siglo XVIII; derechos políticos que se afirmaron en el siglo
XIX; y derechos sociales que se establecen en el siglo XX. Desde esta perspectiva
es ciudadano
"aquel que en una comunidad política goza no sólo
de derechos civiles (libertades individuales), en los que insisten las tradiciones
liberales, no sólo de derechos políticos (participación política),
en los que insisten los republicanos, sino también de derechos sociales
(trabajo, educación, vivienda, salud, prestaciones sociales en tiempos
de especial vulnerabilidad)." (Cortina, 1997:66) Nuestras sociedades,
actuando reflejamente, fueron desarrollando estos derchos ciudadanos que implicaron
momentos distintos en su desarrollo histórico, la libertad de desplazamiento
y de trabajo respecto a la tierra (derechos civiles) para las grandes mayorías
campesinas fueron sólo hace muy poco tiempo plenamente logrados. Recordemos
que en la formación social histórica propia de la colonia, fueron
la plantación y la encomienda las formas productivas dominantes en nuestra
agricultura, las cuales se sustentaron en la esclavitud y en el inquilinaje como
formas de trabajo, ambas sin libertad de trabajo ni de movimiento. El momento
de la conformación de nuestros estados naciones se llevó a cabo
mediante procesos de integración nacional que requirieron el desarrollo
de derechos políticos para sustentar una forma de gobierno independiente
distinta a la monarquía colonial. Derechos estos que se fueron extendiendo
en la medida que surgieron crecientes demandas de legitimidad y a la vez de gobernabilidad. Los
derechos sociales han sido, en nuestro caso latinoamericano, el resultado de largas
y dolorosas, e incluso cruentas luchas sociales. No ha sido fácil la conquista
de esos derechos por parte de las mayorías de nuestro continente. Hoy,
sin embargo, confrontamos una tensión entre una noción restringida
y una noción ampliada de ciudadanía. Hasta hace no más de
una década predominaba y se valoraba como tal a un sólo un tipo
de ejercicio ciudadano, el de tipo político. Existía en el imaginario
colectivo una concepción fuerte de ciudadanía, aquella que transitaba
por la militancia partidaria, la permanente preocupación por lo político
electoral, la referencia a grandes utopías y propuestas transformadoras
globales. Actualmente, sin embargo, se evidencia un desinterés creciente
por la política partidaria y por los procesos electorales (aumento de la
no inscripción en los registros electorales, abstencionismo y aumento de
los votos nulos y en blanco). ¿Es posible deducir de lo anterior
un desinterés por lo público, por la política, por el interés
general o por el bien común? Aparentemente se podría concluir
que si, no obstante, es necesario considerar que en los años recientes
se ha ido configurando una práctica ciudadana que ha ampliada la noción
de ciudadanía. Han surgido nuevas formas de ejercicio ciudadano: nuevos
movimientos sociales tales como feministas, ecologistas, consumidores, reivindicaciones
étnicas, etc.; y también nuevas formas de organización social:
organizaciones de consumidores, organizaciones de usuarios de servicios, etc. Hay
algunos autores que señalan incluso el surgimiento de una concepción
"débil" o "leve" de la democracia, según Brunner
subyacen hoy dos concepciones de la democracia. La concepción "fuerte"
o "densa" y una "débil" o "leve". Él
afirma que: "Para la primera concepción, lo que vale es el idioma
de la participación política, la cooperación colectiva y
la capacidad de tomar parte en la deliberación pública. Para la
segunda, lo que interesa es el desarrollo de capacidades individuales y el involucramiento
en redes asociativas que hacen posible satisfacer necesidades personales, sea
a nivel de la familia, el trabajo, el mercado o la cooperación voluntaria
(Brunner, 1997:28) Creo importante, por último, hacer referencia
al surgimiento de la dimensión internacional de la ciudadanía. Muchas
personas encuentran sus referentes tanto en el plano de sus concepciones como
de sus actuaciones en organizaciones ciudadanas internacionales: Amnesty International,
Green Peace, etc. Algunas hipótesis respecto al devenir de nuestras
democracias Con el telón de fondo que esquemáticamente
he presentado, quiero ahora compartir un conjunto de nueve hipótesis que
buscan resumir una necesaria reflexión y debate de mucho más largo
aliento sobre el tema de la democracia. Hipótesis 1: Estamos transitando
desde una forma de ejercicio democrático de carácter elitario (de
minorías) donde las mayorías delegaban en aquellas su representación,
y así la toma de decisiones, a una forma de ejercicio democrático
donde las mayorías quieren hacerse presentes también en la toma
de decisiones. De un modelo de democracia y de organización política
donde sólo unos pocos pensaban y otros, la gran mayoría, ejecutaban
(absolutismo, regímenes de fuerza, centralización, etc.) a otro
modelo donde todos piensan y ejecutan (descentralización, desconcentración,
regionalización, municipalización, etc.). Ello se debe a varias
causas: a) el incremento generalizado de la escolaridad, a la reducción
de los niveles de analfabetismo, haciendo posible así la participación
de todos en la información escrita que fluye en las sociedades modernas. b)
la expansión y masificación de los medios de comunicación,
para los cuales no hay barreras o fronteras posibles, y que hoy llegan incluso
a los lugares más apartados, llevando al conocimiento de otras formas de
vida. c) los recientes aportes provenientes desde el ámbito de la
reflexión científica y la filosófica, en particular de la
ética y de la filosofía política que introduce varias nociones
nuevas, entre otras se pueden mencionar las siguientes: 1. los sistemas
para mantenerse ordenados (no disiparse) requieren de la novedad que aporta la
singularidad de todos sus integrantes (cada ciudadano sabe algo que el sistema
necesita) 2. la noción de etnocentrismo, que nos hace ver que "la
retórica que los occidentales usamos para tratar de hacer a todo el mundo
más similar a nosotros mejoraría si fuéramos más francamente
etnocéntricos y menos pretendidamente universalistas" (Rorty, 1998:
123) 3. la noción de justicia como lealtad ampliada. Esta noción
hace posible explicitar dilemas morales presentes en nuestras democracias expresados
en la siguiente pregunta: ¿hay que contraer el círculo de los beneficiados
por el desarrollo socioeconómico por lealtad o expandirlo por justicia?
4. la noción de multiculturalidad y la ética de mínimos.
Estamos transitando de sociedades con una cultura única hacia sociedades
multiculturales, a las primeras pudo corresponder la existencia de una ética
de máximos, propia de una sociedad y una cultura con una cosmovisión
compartida de origen filosófico y religioso. Pero en sociedades multiculturales
es necesaria una ética de mínimos propia de sociedades caracterizadas
por el pluralismo, es decir por la coexistencia de distintas visiones filosóficas
y religiosas, y por tanto por concepciones diferentes respecto a la forma de interpretar
la realidad y el sentido de la vida y de lo humano. La ética mínima
o de mínimos dice relación con aquellos consensos básicos
construidos en sociedades plurales, pero que son imprescindibles para perseguir
colectivamente la felicidad humana, los cuales han sido queridos por los afectados,
tras un diálogo celebrado en condiciones de simetría. Hipótesis
2: Hay una creciente pérdida del monopolio de lo político por parte
de los partidos políticos. Las actuales formas de organización del
sistema político requieren profundos cambios porque ya no dan adecuada
cuenta de las crecientes demandas provenientes de las nuevas formas de ciudadanía. Todo
el sistema político se configuró siguiendo el esquema de las iglesias
o sectas. Se crearon organizaciones con el propósito de luchar por el logro
del control del aparato del estado, ya sea para transformar la sociedad o para
mantenerla tal cual era. Su estructura fue copiada siendo muy similar al de las
organizaciones religiosas: iglesias, congregaciones o sectas. Se definía
un conjunto de verdades absolutas (el programa partidario), de allí derivaban
ciertas formas de comportamiento entre quienes subscribían ese programa
quienes por tal hecho pasaban a ser integrantes de esa organización, fieles
o militantes de esa causa. Se crearon diversas jerarquías internas
algunas formales y explícitas y otras informales (tácitas). Periódicamente
se producían escisiones, debido a discrepancias que no habían podido
ser resueltas (habitualmente en torno a cuotas de poder o a negociaciones con
grupos externos) transformándose en herejías que eran fuertemente
combatidas. Sin embargo, todos estos conflictos terminaban sólo siendo
pugnas internas de muy pequeños grupos (los dirgientes) que disputaban
y detentabsn el poder, quedando absolutamente ausentes a estas dinámicas
las grandes mayorías partidarias (las bases o militancia). Hipótesis
3: No bastan ya los principios clásicos de la democracia representativa:
división de poderes del estado, alternancia en el poder de las autoridades,
consultas periódicas a la ciudadanía en procesos electorales, radicación
de la soberanía en el pueblo, etc. Se requiere diseñar e introducir
nuevos principios que aseguren una real y efectiva democracia. Como se señala
en el Desarrollo a Escala Humana (1986:),
"Sólo un estilo de
desarrollo orientado a la satisfacción de las necesidades humanas puede
asumir el postergado desafío de hacer crecer a toda la persona y a todas
las personas. Sólo la creciente autodependencia en los diversos espacios
y ámbitos puede enraizar dicho desarrollo en el Continente Latinoamericano.
Sólo el inclaudicable respeto a la diversidad de los innumerables mundos
que habitan en el ancho mundo de América Latina garantiza que esa autonomía
no se confine al jardín de las utopías. Sólo el fomento y
la articulación de estas diversidades en un proyecto político democrático,
desconcentrador y descentralizador puede potenciar los recursos sinérgicos
indispensables para la decantación de un desarrollo a la medida del ser
humano." "El Desarrollo a Escala Humana no excluye metas convencionales
como crecimiento económico para que todas las personas puedan tener un
acceso digno a bienes y servicios. Sin embargo, la diferencia respecto de los
estilos dominantes radica en concentrar las metas del desarrollo en el proceso
mismo del desarrollo. En otras palabras, que las necesidades humanas fundamentales
pueden comenzar a realizarse desde el comienzo y durante todo el proceso de desarrollo;
o sea, que la realización de las necesidades no sea la meta, sino el motor
del desarrollo mismo. Ello se logra en la medida en que la estrategia de desarrollo
sea capaz de estimular permanentemente la generación de satisfactores sinérgicos." "Integrar
la realización armónica de necesidades humanas en el proceso de
desarrollo significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo
desde sus comienzos, dando origen así a un desarrollo sano, autodependiente
y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda
conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social y el crecimiento
de todas las personas y de la persona toda." Hipótesis 4: El
concepto de participación ha ido perdiendo su carácter crítico,
revolucionario o amenazante para el statu quo, y transformándose y adquiriendo
un carácter eminentemente instrumental. Se ha producido una tránsito
desde la participación vista como una utopía deseable al de una
suerte de panacea o vademecum, convirtiéndola en un instrumento imprescindible
para resolver los problemas de la planificación e incluso la gestión
de políticas y proyectos. En los años 60 la participación
fué introducida como una estrategia mediante la cual resolver los déficit
de integración social de nuestras sociedades (Alianza para el Progreso,
Promoción Popular, etc.). En los años 70 se la concibió como
la forma principal mediante la cual lograr transformaciones estructurales en nuestras
sociedades (diversos frentes populares, Castroguevarismo, Sandinismo, etc.). En
los años 80 durante la regresión autoritaria en el continente se
la interpretó como una amenaza a los bloques de poder internos y externos
(Guerra Fría, Doctrinas de Seguridad Nacional). En los años 90 se
la vió como un mecanismo de recuperación y de ampliación
de la democracia. En los años más recientes se la ha comenzado a
ver como una forma de operacionalizar y legitimar social y políticamente
las propuestas desarrollistas vigentes (en 1996 el Banco Mundial publica el libro
maestro sobre participación, en 1997 el BID publica el libro de consulta
sobre participación, durante la década la GTZ introduce y masifica
el método ZOPP y desde el mundo anglosajón se introduce y difunde
el marco lógico). Hipótesis 5: Estamos viviendo un tránsito
inevitable hacia una democracia global, hacia una democracia cosmopolita. La
constitución de un espacio unificado a nivel mundial, en la práctica
la conformación progresiva de un sólo territorio plantea preguntas
acuciantes respecto al tamaño y carácter de las actuales democracias
nacionales. La pregunta surge cuando se constata la existencia de agentes económicos
cuya magnitud de operaciones excede con creces la importancia económica
de la mayor parte de los estados nacionales. Aparecen en forma evidente la enorme
debilidad que tienen las economías nacionales frente a eventuales intervenciones
(agresiones) del capital financiero internacional. Recordemos los varios miles
de millones de dólares que debió desembosar en unas pocas semanas
el Banco Central de Brasil para defender el valor del real. ¿Quién
y desde dónde se regula al capital financiero internacional? Se está
planteando un neokeynesianismo de nivel planetario para enfrentar las crisis económicas
globales cada vez mayores y más recurrentes. Pero a la vez surgen
nuevos delitos que transgreden las fronteras nacionales, como los delitos informáticos
o el terrorismo de carácter internacional. Avanzan por otra parte, la conciencia
universal respecto a los Derechos Humanos y a la necesidad de sancionar a sus
violadores, como lo demostró el affaire Pinochet. El Fondo Monetario
Internacional y la Organización Mundial de Comercio adquieren una influencia
y poder casi omnímodo sobre los Ministerios de Hacienda y Bancos Centrales
de nuestras débiles economías. Hipótesis 6: La globalización
genera también elementos nuevos en el accionar de la sociedad civil y se
comienza a constituir una sociedad civil de carácter planetario. Hoy
observamos la globalización de los movimientos sociales: ecologistas, indigenistas,
feministas, defensores de los Derechos Humanos, consumidores, etc. Esta es una
nueva realidad que se va conformando rápidamente con notables expresiones
de capacidad de convocatoria y movilización como lo demostró recientemente
lo ocurrido en Seattle en la última reunión de la OMC. Hay
que tener cuidado con el surgimiento de lecturas paranoicas, del tipo de comenzar
a conjeturar conspiraciones internacionales propias del esquema de guerra fría
ya superado. Cada grupo al interior de un país cuyos intereses se
vean afectados tenderá a desarrollar visiones interpretativas de tipo conspirativo,
demonizante o inquisitorial, apelando a nacionalismos estrechos. Detrás
de esas miradas y conductas hay un riesgo de caer en fundamentalismos de todo
tipo. Es lo que está ocurriendo en el mundo islámico y también
en la apreciación que sectores integristas de la Iglesia Católica
tienen respecto al crecimiento de otras congregaciones cristianas de origen evangelista
o pentecostal, y más aún respecto a iglesias o sectas de otros orígenes. Hipótesis
7: Es necesaria más sociedad para gobernar el futuro. La democracia requiere
de más sociedad (Informe Desarrollo Humano Chile 2000) El Tercer
Informe sobre Desarrollo Humano en Chile 2000 recientemene entregado por el PNUD
intenta responder al pregunta ¿Cómo incrementar las capacidades
de gobierno de los chilenos? La propuesta de respuesta es simple: "Chile
requiere más sociedad para gobernar el futuro. Hay que mejorar la calidad
de la vida social para que los chilenos puedan incidir efectivamente sobre la
marcha del país." El informe trabaja sobre tres áreas
estratégicas del desarrollo. "Por una parte, una sociedad
fuerte supone la existencia de algunas aspiraciones compartidas. Tales "sueños
colectivos" esbozan horizontes de futuro en miras de los cuales pueden aunarse
esfuerzos. Por otra parte, la calidad de la vida social depende de la trama
asociativa y del "capital social". Las capacidades sociales de las personas
aumentan cuando se consolidan relaciones de confianza y cooperación en
los diversos ámbitos. Por último, la fortaleza de la sociedad
se mide por el vigor de la acción ciudadana. Esta es la forma que mejor
expresa la voluntad y capacidad de determinar el destino de la nación.
Los tres aspectos se relacionan entre sí y esa interdependencia indica
la capacidad de gobierno y la sustentabilidad social que tiene el desarrollo de
Chile para hacer frente a los desafíos del siglo entrante". Hipótesis
8: Es necesaria hoy la configuración de un sentido fuerte de ciudadanía
con la construcción y defensa de lo público mediante la participación
democrática sin exclusiones en el ámbito del uso ético de
la razón práctica. Esto será posible gracias a la conformación
del "poder comunicativo" (Arendt) como competencia ciudadana en el espacio
público y como génesis de la "política deliberativa"
y del "patriotismo constitucional" (Habermas) Ello requiere la
existencia de un pluralismo razonable que implica reconocer al otro como diferente
pero a la vez como interlocutor válido. Esto es como un "legítimo
otro" usando los conceptos de H. Maturana (1990) Requiere a la vez la búsqueda
de consensos que apunten a la inclusión del otro y a regular la xenofobia
y en particular lo que Adela Cortina llama la aporofobia (odio al pobre). Para
ello es fundamental reconocer que la base de sustentación de la democracia
radica en el reconocimiento del necesario "límite a las diferencias",
más allá del cual se arriesga el desplome democrático y el
surgimiento del síndrome autoritario con todos sus excesos. Hay que
recordar que la democracia en la polis se fue constituyendo en el diálogo
y en el debate realizado en torno al mercado, al foro o plaza pública,
al templo y al coliseo, plaza de toros o estadio. La democracia necesita del espacio
público para florecer. Hipótesis 9: La continuidad y la profundización
democrática requiere de una cultura democrática arraigada en la
vida cotidiana (en el mundo de la vida al decir de Habermas). La democracia
se siembra en el comportamiento cotidiano de los ciudadanos. No surge del aire,
es algo que se construye (o se destruye) en el día a día. ¿Cómo
construir una cultura democrática? ¿Cómo afianzar la democracia
a partir de la vida concreta de las personas? ¿Cómo hacer para que
cada uno de nosotros se sienta parte y responsable de la democracia que aspiramos
vivir? ¿Cómo conectar las conductas cotidianas de las personas con
los éxitos o fracasos democráticos? Estas son preguntas que expresan
la necesaria reflexión en la búsqueda de una democracia participativa,
donde sea el ciudadano quien ejerza, en el proceso de la cotidianeidad, sus funciones
de constituyente primario; es la búsqueda de la democracia en cada uno,
en el proceso de aprender cada día a convivir con otros. "Entendemos
por cultura democrática o democracia de la cotidianeidad, formas de conducta
que generadas en las dimensiones micromoleculares de la sociedad ( micro-organizaciones,
espacios locales, relaciones a escala humana), estimulan, a la vez que respetan,
el surgimiento de los potenciales contenidos en la diversidad, haciendo posible
así conciliar participación con heterogeneidad. Afirmándonos
en un principio sistémico ecológico, suponemos que el fomento de
la diversidad es positivo, por cuanto: la vulnerabilidad de un sistema vivo es
inversamente proporcional a la diversidad que contiene." (Max-Neef y Elizalde,
1989: 3-4) La cultura autoritaria está en la fábrica y en
la oficina, en el taller o en la sala de clase, en la familia o en la iglesia,
en el partido político, en la relación entre municipios y comunidades,
en la forma como se distribuye el ingreso, en la administración de la justicia
y en las cárceles, en el trato a los ancianos y a los niños, en
la discriminación sexual y étnica. Asentadas desde un extremo a
otro de la sociedad, y reproducidas en la relación entre Estado y Sociedad
Civil, las costumbres coercitivas tienen su arraigo más básico en
lo cotidiano: en la casa y en el trabajo, en las relaciones diarias y permanentes.
De ahí entonces que si deseamos la consolidación de la democracia
política, la base más sólida sobre la cual ésta puede
sustentarse es la democracia de la cotidianeidad. La relación entre el
Estado y la Sociedad Civil es, simultáneamente, productora y producto de
múltiples relaciones que se forjan al interior del tejido social. Revertir
el carácter autoritario que ha ido asumiendo el Estado en nuestros países
exige fortalecer la vida democrática, pero entendida ésta no solamente
como la expresión de las prácticas políticas sino que del
conjunto de nuestra existencia cotidiana. No hay democracia compatible
con la discriminación y con el trato vejatorio hacia otras personas, con
la violencia ejercida en cualquier grado o tipo sobre otros seres humanos, con
la violación de cualquier derecho humano. No hay democracia posible sin
un respeto profundo por toda forma de vida, sin una preocupación y compromiso
cotidiano por las necesidades humanas fundamentales, sin el protagonismo permanente
de las personas. Es nuestra existencia cotidiana la que va cristalizando en una
cultura democrática, en la producción de democracia como régimen
o estrategia de vida. Ella es intrínsecamente antinómica
con la existencia de dobles estándares, con la violación de los
compromisos adquiridos, con el engaño y la mentira en la relación
con otros, con todo tipo de imposición o de coacción física
o moral, con el aprovechamiento de los más debiles, con la competencia
desenfrenada, con la ausencia de crítica, con el estímulo de las
pasiones e instintos individualistas, con las verdades absolutas, con todo tipo
de milenarismo o solución final; es decir en síntesis: con la ausencia
de un profundo amor por la vida y por la diversidad. La democracia, así
entendida, implica transitar desde las concepciones tradicionales de una democracia
gobernada a una democracia gobernante, y avanzar desde la concepción liberal
de una democracia que proporciona garantías a los ciudadanos hacia el concepto
de democracia social, la cual se orienta hacia la satisfacción de las necesidades
humanas fundamentales de las personas y asegura los derechos económicos
y sociales de los integrantes de la sociedad. Referencias bibliográficas
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