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Editorial



"En búsqueda de la Felicidad"


Tan pronto como la conciencia se despierta en el hombre, se manifiesta su deseo de felicidad, y cuando esta conciencia se despierta en él, le parece que su deseo de felicidad se refiere exclusivamente a su propio bien.
Pero esta misma conciencia, que le habla de su deseo de felicidad individual, le dice también que su deseo de felicidad y de vida eterna es irrealizable.
"¿Dónde está, pues, la verdadera vida?", se pregunta. Y nota que ni él, ni los seres que le rodean, viven la verdadera vida, sino que solamente desean la felicidad.
Consciente de este hecho, cesa de reconocerse una existencia corporal y efímera, aislada de los demás seres, y se ve, como ser espiritual y, por consecuencia, inmortal, inseparable de los demás hombres.
En esto consiste el nacimiento del ser espiritual en el hombre.

León Tolstoy

Todas las actividades que llevamos a cabo a través de las organizaciones sociales y comunitarias, obras de caridad, actos de filantropía, procesos de desarrollo, apuntan al bienestar del ser humano.

Quizás como dice Tolstoy, por medio de estas actividades estamos en la búsqueda de la felicidad y el propio bien.

Siguiendo esta línea de pensamiento, podemos hacer una analogía con la evolución del ser humano.

En su temprana infancia, inconsciente aún del ego, sintió que era uno con la madre Naturaleza. Llegó la niñez, y al comenzar a tener conciencia de su propia existencia empezó a reclamar como propio lo que estaba a su alrededor, por lo tanto luchó para su obtención y luego, para legitimar esta lucha, creó, entre otras ideologías, el capitalismo despótico sobre los cimientos del individualismo.

Luego la adolescencia trajo consigo el cuestionamiento de su cosmovisión y el poner en duda su propia lógica. Se originaron varios frentes: la preservación del medio ambiente, el cuidado de las especies en extinción o el uso racional de la energía, la lucha por los derechos humanos, la igualdad de la mujer y el hombre. Aún en esta etapa no podía visualizar la integralidad de las partes, que a su vez constituían los diversos subsistemas sumergidos en un suprasistema mayor.

Entonces, desde el mirador de la Nave Tierra, llegaron a visualizarse las riberas de la madurez, con la aparición de mentes inmersas en aquellas organizaciones que alcanzan una comprensión más allá de las partes y fueron capaces de apreciar un proceso sinérgico que abarca y une todo esto, y aún más.

Si analizamos el proceder del hombre a lo largo de la historia de la humanidad, podemos observar que desde el inicio hasta hoy la dimensión de las obras altruistas y las actividades de los seres humanos hacia el prójimo han ido cambiando.

Antes se consideraban como actos de filantropía los dirigidos hacia el vecino y la aldea, luego a la ciudad. Cuando se construyeron las naciones, el hombre equitativo servía a su Nación. Hoy en día esta magnitud ha cambiado. Siguiendo la Teoría holística y la Teoría General de los Sistemas, la parte depende del todo y es, por lo tanto, imposible conseguir el beneficio de la parte sin tener en cuenta la totalidad.
Y ¿a qué se refiere esa totalidad? Es la humanidad trascendiendo fronteras y límites establecidos por hombres para marcar su territorio y demostrar poder.

Todo ser humano está en la búsqueda de la felicidad y cuando la encuentra comprende que esta reside en la espiritualiad, y el ser espiritual es un ser colectivo que anhela el bien cómun donde se refleja el bien propio. El individuo se transforma en esa parte que refleja el Todo humano.

Por consiguiente este análisis diacrónico de la historia de la humanidad, permite visualizar el salto cualitativo del hombre de la etapa de la adolescencia a la madurez. En él se observa su retorno a la naturaleza, pero no en la inconsciencia, sino con una sabiduría inédita, en la que aflora ese ser espiritual colectivo que es la Humanidad en su esplendor.

Este salto depende de cada uno de los actores de la sociedad en su rol como personas, madres, padres, estudiantes, trabajadores, profesionales o artistas, y, sobre todo, miembros de diversas organizaciones. Todos y cada uno de nosotros somos responsables de disminuir en esta etapa de transición el tiempo y los sufrimientos que medien entre la adolescencia y la madurez.

La acción de cada uno es como una gota que se une con otras. Ellas, en el momento menos esperado, se transformarán en un océano de gran potencia y esplendor, en cuyas profundidades yace esa espiritualidad colectiva.

Y se manifestará en olas que acariciarán por siempre las playas de la felicidad.



 

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