Esta presentación
pretende abrir un espacio de reflexión acerca de las distinciones a tomar
en cuenta para poder observarnos como personas desde una perspectiva que estructure
nuestra experiencia como seres individuales íntimamente ligados a organizaciones
más amplias de las cuales somos partes componentes, manteniendo nuestras
propiedades como unidad simple.
El orden de exposición de este trabajo
será:
1. Considerar brevemente
el marco teórico de referencia en el que me situó en la Terapia
Familiar.
2. Situar al individuo en relación con el grupo de pertenencia
que le es más natural, la familia, y observar las secuencias de eventos
que la organiza en el proceso de construirse a sí misma participando con
su entorno.
3. Distinguir el cambio en la visión de mundo (epistemológico)
que ocurre tanto con los terapeutas como con los consultantes cuando participan
en una relación que atiende especialmente a los distintos niveles de organización
de la interacción.
4. Efectuar las distinciones que surgen de la observación
de un ecosistema cualquiera cuando se atienden a las regularidades que lo organizan.
La
Terapia Familiar es señalada en este trabajo como un cuerpo diverso de
métodos teorías que se aproxima a los dilemas humanos desde la perspectiva
de la T.G.S. la cibernética y la ecología. AI situarse como terapeuta
familiar quiero decir que mi unidad de trabajo es la familia a la que veo como
un sistema interaccional definido como un conjunto de personas así como
de las relaciones entre ellas y, sus atributos, vale decir sus comportamientos
comunicacionales.
M. Selvini define
a la familia como un grupo natural con historia que se forma en el tiempo a través
de una serie de ensayos intercambios y retroalimentaciones correctivas a través
de lo cual asimila experiencia, acerca de lo que esté o no, permitido en
la relación, hasta convertirse en una unidad sistémica original
que se sostiene por medio de reglas que le son propias y peculiares. Estas reglas
se refieren a los intercambios que se suscitan en su seno mediante la comunicación
verbal y no verbal.
Cuando hablo de experiencia estoy queriendo señalar
ese conjunto de regularidades establecidas a lo largo de la deriva ontogénica
y que es diferente entre un ser humano y otro (y entre una familia y otra) y que
surge desde una base irracional, sustentadora de una visión globalizadora
primaria del mundo, necesaria para plantearse cualquier quehacer que decante en
esta experiencia, paso necesario para llegar a la reflexión lógica
cuando lo logramos. En este sentido es un cambio de estado gatillado por las perturbaciones
del medio o por las propias perturbaciones internas tal como ocurre con la persona
humana o con la familia y que trae como consecuencia modificaciones estructurales
globales.
Cambio de estado está
usado tal como lo señalan Maturana y Varela, como el cambio que sufre una
unidad en su estructura sin perder su organización. Por eso mientras más
desconocida me sea la experiencia de la familia, y en otro plano, la modalidad
de experiencia de la familia, tanto más difícil me será acceder
a lo que le pasa.
Ver a la familia
como sistema significa observarla a través de sus miembros, en las relaciones
que estos miembros establecen entre sí, y las regularidades que aparecen
en sus secuencias de comportamientos. Observar a la familia desde el modelo interaccional
significa observar las secuencias de conductas que se repiten en el tiempo con
regularidad y que dan origen a las normas o reglas de funcionamiento para esa
familia. La comprensión de la dinámica de un sistema familiar permite
averiguar cómo las conductas (descripción que hace un observador
de los cambios de estado de un sistema con respecto a un medio al compensar las
puntuaciones que recibe de este -Maturana y Varela-) cumplen una función
adaptativa al sistema.
Los miembros
de la familia son vistos en la secuencia de sus interacciones las que no se entienden
en términos individuales sino en las redundancias interactivas que conformarán
las reglas y los patrones recursivos que son la característica de la circularidad
del sistema y la vía de pasaje a otros niveles recursivos superiores. (Estoy
usando el término recursivo para denotar en la T.S. aquella espiral que
vuelve sobre sí misma en diferentes órdenes de abstracción
como ocurre, por ejemplo, a través de los distintos niveles de feedback
-positivos y negativos- que mantienen la estabilidad y el cambio dentro de la
organización familiar). En este sentido un sistema es tal en la medida
que contiene regularidades además de miembros. La identidad colectiva está
dada por esa recursividad de patrones, por patrones que tienden a perpetuarse
a sí mismos, compuestos por diferentes tipos de comportamientos. Cuando
ocasionalmente uno distinto se cautiva o se integra a uno de esos patrones da
lugar a un comportamiento sintomático,
Un
ejemplo tomado de la clínica ilustrará mejor cómo el interjuego
de los patrones provee una definición de la realidad de una relación.
Se trata de una familia compuesta por el padre, la madre, un hijo de 11 anos y
otro de 5 años. La secuencia de comportamientos es la siguiente:
1.
Hijo no hace las tareas.
2. Madre las hace por él.
3. Hijo llega
tarde del colegio.
4. Madre pide ayuda al padre.
5. Padre reta al hijo con
violencia.
6. Madre se enoja con el padre por abusador.
(1) 7. Hijo empieza
una tarea a las nueve de la noche.
(2) 8. Madre le ayuda mientras el hijo se
duerme en el escritorio.
(3) 9. Hijo se pasa del colegio a los flippers.
(4)
10. Madre se pone a llorar.
(5) 11. Padre deja al hijo en cama castigado.
(6)
12. Madre le levanta el castigo sin que el papá sepa.
(1) 13. Hijo se
saca malas notas.
(2) 14. Madre culpa al colegio en sus métodos pedagógicos.
(3)15.
Hijo hace la cimarra.
(4) 16. Madre se desespera y consulta un psicólogo
con el padre.
(5) 17. Padre intenta encargarse de las tareas con el hijo.
(6)
18. Madre critica la forma de hacerlo del padre.
¿Cuál
es el patrón de este ejemplo? Veamos.
(1)
Hijo irresponsable. (2) Madre sobreprotectora. (3) Hijo irresponsable. (4) Madre
incompetente. (5) Padre se involucra. (6) Madre descalifica al padre. (7) Hijo
irresponsable. (8) Madre sobreprotectora. (9) Hijo irresponsable. (10) Madre incompetente.
(11) Padre se involucra. (12) Madre descalifica al padre. (13) Hijo irresponsable.
(14) Madre sobreprotectora. (15) Hijo irresponsable. (16) Madre incompetente.
(17) Padre se involucra. (18) Madre descalifica al padre.
En
este ejemplo se observa cómo los comportamientos son diferentes pero permanece
el mismo patrón de organización. Como observadores nosotros nos
podemos preguntar si los miembros felicitan esas conductas intencionalmente y
respondernos con una alta probabilidad de acierto que no lo hacen intencionalmente,
sino que simplemente les pasa, y les pasa así porque ha sido la manera
de definir su relación. En este caso se trata de una familia sintomática,
pero en cualquier familia es esencial definir la naturaleza de su relación
a través de reglas y patrones de funcionamiento para no tener que inventar
a cada momento qué hacer y cómo hacer frente a nuevas contingencias
del medio, es decir, confeccionar un programa que les resulte útil para
mantener su estabilidad y crear novedad cuando se requiera. En otras palabras,
para mantenerse adaptada en un proceso en que familia y ambiente permanecen en
un continuo acoplamiento estructural, con lo que quiero decir, que se mantiene
la compatibilidad entre unidad (familia) y ambiente o medio (familia extensa,
red, sociedad, etc.) que permita que ambas sean fuentes mutuas de perturbaciones
en su situación gatillando mutuamente cambios de estado (usando la terminología
de Maturana y Varela).
La familia
se asemeja a un sistema cibernético en el sentido de que la cibernética
es una ciencia general de patrones y organizaciones. Esto trae a la mano una transformación
de nuestra epistemología lineal poruña epistemología circular,
recursiva o cibernética. La consecuencia para nosotros como terapeutas
y participantes de un contexto con la familia consultante, implica un cambio en
nuestros hábitos de acción, no sólo dentro de la terapia,
sino fuera de ella, en nuestra visión de mundo, al vernos ahora cómo
totalidades y parcialidades, pares complementarlos que nunca dejan de estar presentes.
Me encuentro ahora con la necesidad de distinguir brevemente algunas consideraciones
sobre esta modificación epistemológica y sobre los sistemas cibernéticos.
En
el contexto del presente trabajo estoy usando el término epistemología
para indicar las premisas básicas que subyacen a acción y cognición,
especificando cómo los seres humanos o grupos sociales conocen, piensan
y deciden. Cómo las personas, o grupos sociales (familia), conocen cosas
y cómo ellos creen que conocen cosas. El estudio de la epistemología
se convierte en una manera de reconocer cómo las personas construyen y
mantienen sus hábitos de cognición.
Como señalan Maturana
y Várela, hay una estrecha relación entre nuestro ser, hacer y conocer
si tratamos a nuestra experiencia más allá de la certidumbre cotidiana.
Esta relación es una relación circular en que se encadena mi hacer
(acción), con mi experiencia, vale decir, entre ser de una manera particular
y cómo se me aparece el mundo. Se puede decir que todo acto de conocer
trae un mundo a la mano. Que todo hacer es conocer y que todo conocer es hacer.
Y que todo lo dicho es dicho por alguien, o sea, toda afirmación sobre
el conocer existe en el contexto de una situación comunicativa humana.
Es
así como en el campo en que nos movemos los psiquiatras y psicólogos
hemos sido impresionados por las batallas que se han librado entre las orientaciones
individuales y familiares de tratamiento; las intervenciones experienciales y
estratégicas; las terapias orientadas hacia el pasado y las terapias orientadas
hacia el presente, y otras dualidades en que sólo un lado de la inscripción
es sostenida como verdadera o útil. Así por ejemplo el modelo médico
de psicopatología y la nomenclatura psiquiátrica clásica
pertenece a una epistemología lineal caracterizada por ser atomicista,
reduccionista, no contextual, que emplea una lógica analítica, preocupada
por las combinaciones de elementos discretos. La epistemología no lineal
llamada circular o cibernética, se caracteriza por atender a las interrelaciones,
la complejidad y el contexto.
Demás
está decir el progreso que la ciencia ha alcanzado a través de principios
contenidos en una epistemología lineal desde los tiempos de Galileo y Descartes,
pero la aplicación de procedimientos analíticos no funcionan cuando
nos las vemos con estas entidades a las que llamamos sistemas, en el sentido de
Von Bertalanfy, o sea complejidades organizadas en las cuales las interacciones
entre las partes son no triviales. Las dificultades de acceder a la descripción
de una epistemología circular que encierra una transformación en
la visualización de experienciar el mundo a la cual se está tan
firmemente modelado, se manifiestan también en la explicación de
esta epistemología recursiva a través del lenguaje escrito que por
su ordenación posee características lineales.
En
este sentido como Terapeutas Familiares estamos condenados a una epistemología
de transición dramáticamente reflejada en una frase del poeta Mathew
Arnold: "Vagamos entre dos mundos, uno muerto y el otro sin poder nacer".
La epistemología circular partiendo de la operación básica
de hacer una distinción, de que un observador haga distinciones de manera
de observar, de crear una diferencia, nos revela que podemos crear una infinidad
de universos en que atendamos a la formalidad de las interacciones, a ese espacio
que M. Buber llama "entre", donde por ejemplo el Terapeuta influye en
el cliente y el cliente influye en el Terapeuta, o donde los límites del
síntoma ya no están en el individuo sino "entre" la familia;
o en un nivel más amplio en la respuesta dada por Bach al ser consultado
acerca de como hacía para tocar de una manera tan divina: "yo toco
las notas, en orden, como están escritas. Es Dios el que hace la música".
La implicancia, es que la descripción que yo hago de lo que ocurrió,
es secundarla al acto. El observador primero distingue y después describe.
Una pregunta al proponer una descripción en el acto de distinguir construye
su respuesta.
En el caso de nuestro
quehacer como terapeutas nuestras preguntas terapéuticas y sus hipótesis
ayudan a crear una realidad del problema que está siendo tratado. Nos unimos
a nuestros consultantes para construir con ellos una realidad compartida a través
de las descripciones epistemológicas que se establecen, tal como lo señala
Keeney. Dicho de otra manera, accedemos a la experiencia sensorial de un consultante
y luego distinguimos a través de una descripción algo que le ocurrió,
pero donde participa con nosotros en otro acto encerrado por la descripción.
Ahora, nosotros (terapeutas) y él estamos capturados en otra realidad que
establecemos con la descripción que hacemos, de manera de prescribir esta
realidad. Un ejemplo de lo ocurrido con una paciente puede ilustrar mejor lo que
se ha dicho.
Una paciente me señalaba
metafóricamente que ella se veía iluminada, con vitalidad, sólo
cuando se relacionaba con un compañero, como pareja, al que consideraba
con luz propia suficiente como para trasmitirle algo de esa luminosidad a ella.
El problema que se le presentaba era aceptar un grado de fusión con el
otro y condenarse a vivir así o rebelarse a través de observar cómo
en ciertos momentos, el otro aparecía en su cotidianeidad también
como un ser oscuro, en su terminología. La lucha que se desencadenaba en
ella era acceder a su propia individuación e intentar una redefinición
de la relación con el otro en la que ella aparecía más exigente
y controladora. El resultado era volver permanentemente a los patrones de la definición
previa de la relación y la perpetuación de las secuencias.
Le
señalé que la luz y la oscuridad (o su nombre) eran caras de una
misma moneda y que era difícil que existiera una sin la otra. Al hacer
esta definición y señalarla en el nivel descriptivo la paciente
sintió un alivio no explicable con el hecho de haber oído simplemente
una frase. ¿Qué ocurrió? En este caso creo que la descripción
actuó como una prescripción, después que frente a la dificultad
de acceder a su sola y pura experiencia sensorial de angustia, me entendí
con ella, aceptando su experiencia sensorial, agregando en otro nivel, experiencia
sensorial -descripción, en la que yo participo con ella posibilitando en
este nivel que la descripción actúe como prescripción. Es
decir fue posible distinguir y distinguir en otro nivel de distinción,
pasando de un dominio de existencia sensorial a uno de experiencia sensorial -descripción-
con otro, en otro nivel de proceso recursivo en el cual participamos (paciente
y terapeuta) en una relación mutuamente modificante.
La
secuencia que plantea la epistemología cibernética es que se trata
de procesos recursivos, en que cualquier intento de fijar una epistemología
es invitar a nuevas investigaciones y modificaciones. Bugental lo expresa así:
"En realidad debemos reconocer que el proceso mismo de describir la experiencia
humana cambia esa experiencia, y que mientras más tal descripción
se aproxime a ser completa, más es apta para construir una base para el
cambio en la misma experiencia que describe". Esto parece ser particularmente
cierto para las ciencias que tienen que ver con el hombre. La conciencia del hombre
sobre sí mismo actúa como un constante agente de reciclaje para
producir cambios en él mismo.
Como
dice G. Bateson: "El teórico sólo puede construir sus teorías
sobre lo que ei práctico estaba haciendo ayer, y mañana el práctico
estará haciendo algo distinto debido a esas teorías".
En
otras palabras, el conocimiento que tenemos sobre terapia, cambia la terapia,
lo que trae como consecuencia que nosotros cambiemos lo que sabemos sobre la terapia.
De esta manera podemos expandir y alterar en niveles progresivos el conocimiento
sobre nuestro mundo y al mismo tiempo quedar capturados en ese conocimiento. En
palabras de Maturana y Varela, el observador está en lo observado. Quedamos
atrapados en modelos autorreferenciales y autoverificantes. Baste señalar
cómo cualquier enfermedad mental que es descubierta, necesita de enfermos
que la padezcan, que se publiciten sus riesgos que se la busque con afán,
que se inventen nuevas técnicas y tratamientos, que finalmente producirán
nuevos pacientes con problemas que permitan usar el nuevo tratamiento.
El
ser humano percibe y sabe en gran parte por las distinciones que hace. Pero estas
distinciones pueden traer concepciones del mundo tan diferentes que como indica
Keeney, un cientista dado dirá que las corrientes de eventos se encadenan
entre sí de tal modo que concluirá que todo está predeterminado.
Mientras que otro afirmará que las corrientes de eventos tienen las regularidades
necesarias como para hacerlas susceptibles al control.
Control
y predeterminación pueden ser vistas como cualidades abstractas sobre las
que aplicamos nuestros variados hábitos de puntuar la corriente de experiencia
de manera de darnos algún tipo de coherencia y sentido. Cualidades abstractas
estas que nos llevan a preguntarnos sobre la ligazón entre lo total y lo
parcial. El terapeuta sólo puede entender la experiencia individual, observando
cómo es puntuado su contexto social y cómo esta puntuación
responde a una categorización de la experiencia muy diferente a la del
terapeuta, de manera que, éste tiene que puntuar la puntuación del
consultante y ¡levarlo a una categoría epistemológica más
abstracta que las categorías en las que él divide, distingue y puntúa
su vida (puntuación es entendido aquí como una distinción
sobre sí misma) -Keeney-. Esto nos lleva como terapeutas a trabajar en
un primer nivel en la organización de los datos; en un segundo nivel en
la organización de los patrones; y en tercer nivel en el examen de lo que
se ha hecho. Esto es, distinguir, distinguir que hay o-tras formas de distinguir
y distinguir sobre lo que se distinguió.
Nuevamente
estamos frente a la recursividad. Como Terapeutas Familiares nuestra tarea es
marcar las órdenes de recursión que están en cualquier descripción
y explicación dada. Cabe señalar que al final nos encontramos con
una paradoja general autorreferencial que subyace a todos los sistemas de observaciones
y es que las observaciones del observador pueden incluir su observar. Como dice
Keeney: "Es la operación recursiva de hacer distinciones sobre distinciones
lo que nos lleva al mundo de la cibernética, donde la acción y la
percepción, la percepción y la descripción, y la construcción
solipsista y la representación objetivista están entrelazadas".
Una forma metodológica de
proceder con la recursividad para distinguir las regularidades que organizan cualquier
ecosistema es a través de lo que Bateson llamó "la dialéctica
de la forma y proceso". Un ejemplo cotidiano me permitirá explicar
mejor de que se trata:
Un antropólogo
norteamericano filmó desde un auto abandonado, el recreo de clases en una
escuela primarla durante 6 minutos. Lo que observó fue la interacción
de los niños durante el recreo. En esta observación, le llamó
la atención una niña que se movía más que el resto
y era la única que en su desplazamiento abarcaba el espacio completo del
patio. Los otros niños se movían más lentamente con una regularidad
de movimiento conectado al movimiento de la niña y se desplazaban por el
patio de una manera más limitada, y con un ritmo específico. Al
pasar la película en velocidad rápida y lenta las regularidades
que aparecieron fueron semejantes a la analogía de un director de orquesta
con sus músicos. La niña era la que pautaba una serie de secuencias
de acción interconectadas con relación al desplazamiento por el
patio y con un ritmo de movimiento tal que la regularidad que se observaba pudo
ser traducida a un lenguaje musical, y no sólo eso, sino además
componer la música de sólo 3 minutos de película de tal manera
que fuera coherente con 3 minutos más de composición, los que calzaron
perfectamente con la observación de los restantes 3 minutos de recreo.
En
términos de la dialéctica de forma y proceso podemos distinguir
un primer nivel de descripción de acción simple al decir que observamos
una niña desplazándose con movimientos de piernas, y conectarlo
con lo que como expresión de la forma llamamos niños corriendo.
En un segundo nivel de descripción, ahora de la interacción, observamos
una niña desplazándose por el patio en relación al desplazamiento
de otros niños a lo que llamamos niños Jugando entre ellos en una
relación complementarla, como expresión de la forma. En un tercer
nivel de descripción, ahora de coreografía, observamos a una niña
y niños relacionados complementariamente en el patio de una escuela durante
6 minutos a lo que llamamos recreo de clases rítmicamente organizados en
secuencias de movimiento como expresión de la forma.
Este
ejemplo tomado de la vida cotidiana nos muestra sorprendentemente cómo
participamos al parecer de manera ineludible en órdenes de organización
de. las cuales no somos concientes. Es como estar en una verdadera danza de parcialidades
que van y vienen, complementándose para formar totalidades más abarcadoras
en un orden tal que recrea una verdadera estética del cambio donde formas
y procesos, letra y espíritu, rigor e imaginación, son expresión
de necesidades dialécticas del mundo viviente como lo señala G.
Bateson.
En fin, he expuesto cómo
desde e¡ modelo de Terapia Familiar nos acercamos a la persona de una manera
distinta y como este acercamiento diferente nos lleva a un cambio en la visión
de mundo, atendiendo, sin un lenguaje todavía apropiado, a aquello que
denominamos recursividad o sistema cibernético donde partes y todo se entremezclan
ordenadamente confiriéndose identidad mutua en variados niveles de distinción.
BIBLIOGRAFLA
1.
Maturana y Várela, El árbol del conocimiento. Ed. Universitaria,
Santiago de Chile, 1984.
2. Bradford Keeney, Aesthetic of Change. Guilford
Ed.
3. Martín Buber, ¿Qué es el hombre? Fondo Cultura
Económica, 1949.
4. Gregory Bateson, Espíritu y Naturaleza. Amorrortu
Ed. Trad, 1979.
5. M. Selvini Palazzoli y otros, Paradojas y Contraparadojas.
ACE Ed., 1982.