Introducción
Las definiciones convencionales
del concepto de voluntariado, colocan como condición
esencial del mismo la no existencia de remuneración.
Así, una definición del voluntario es "persona
que dona su tiempo en una organización sin fin de lucro
y que no recibe compensación económica por realizar
esa acción" (García y otros, 2002). También
encontramos a los voluntarios definidos como "personas
que declararon trabajar voluntariamente para organizaciones
o entidades de bien público o sin fines de lucro, realizando
tareas sin recibir remuneración o salario" (Gallup,
1997) o "Individuos que en forma libre y espontánea,
y sin intereses económicos por su trabajo, desean donar
parte de su tiempo en pos de una causa determinada, con una
organización específica" (CENOC, 2000).
La ley argentina de
voluntariado (25855) define a los voluntarios sociales como
"personas físicas que desarrollan por su determinación,
de un modo gratuito, altruista y solidario, tareas de interés
general en
organizaciones, sin percibir por ello remuneración,
salario ni contraprestación económica alguna"
Las cuatro definiciones hacen referencia a la condición
no remunerativa, debiendo observarse sin embargo que en la tercera
de ellas dicha condición dependerá de lo que se
entienda exactamente por "sin intereses económicos".
Si bien la condición
no remunerativa puede ser de utilidad al momento de clarificar
aspectos "contractuales" entre el colaborador y la
organización, la asociación directa y excluyente
entre voluntariado y no remuneración no solo resulta
miope, sino que además contribuye peligrosamente, desde
el poder fundante del lenguaje, a mantener a las organizaciones
no gubernamentales y sin fin de lucro en la periferia del sistema,
alejando la posibilidad de que logren modificar el orden hegemónico.
Organizaciones de
voluntariado
Si definimos a las
organizaciones no gubernamentales y sin fin de lucro como organizaciones
de voluntariado, este está denotando su "racionalidad"
específica, es decir, aquello que es esencial a la identidad
del tipo de organización.
Así como las
organizaciones gubernamentales se rigen por la racionalidad
del derecho y las empresas privadas por la del intercambio -en
general por el intercambio orientado a la maximización
de las ganancias y a la acumulación, esto es, al lucro-
las organizaciones de voluntariado están animadas (mas
allá de las aberraciones y desviaciones a la media que
se presentan en toda población) por la "racionalidad"
o intencionalidad del servicio a la humanidad y la procura del
bien común.
Desde esta perspectiva,
una organización de voluntariado es aquella que se crea
y gestiona con el propósito de mejorar las condiciones
-ya sean espirituales, mentales, afectivas, culturales, sociales,
ambientales o materiales- de los seres humanos.
Si se mira con un poco
mas de sutileza, se puede comprender que el partidismo, la lucha
política y sectorial, y la búsqueda del poder
entendido como prerrogativa individual o grupal, quedan también
excluidos del espíritu del voluntariado y del servicio
a la humanidad, ya que comparten con el propósito de
lucro la búsqueda del beneficio de la parte, por sobre
la del beneficio del conjunto.
En este sentido, y
llamando procesos participativos-comunitarios de unidad en diversidad
a aquellos procesos no partidistas en el campo social, las organizaciones
de voluntariado serían aquellas organizaciones no gubernamentales
y sin fin de lucro que trabajan por la evolución colectiva
de la humanidad, a través de procesos participativos
y comunitarios caracterizados por la unidad en diversidad.
Esta última
condición es válida tanto para los procesos impulsados
en el medio social, como para aquellos que se dan en el interior
de la organización, ya que una incoherencia entre el
accionar exterior y el interior (categorías además
cuyas fronteras son abiertas y móviles) no sería
ética.
Valga aclarar que "sin
fin de lucro" pasa a ser redundante cuando se aclara que
se procura la evolución colectiva del género humano
dentro de un marco de unidad en diversidad.
Voluntariado, motivación
y remuneración
Entendiendo así
el espíritu del voluntariado, un voluntario será,
en un sentido amplio y profundo de la palabra, aquella persona
que trabaje en una organización de estas características,
es decir, animado por ese mismo espíritu. Es aquella
persona que sirve al género humano a través de
una labor particular.
Lo motivacional, aunque
difícil de juzgar desde la exterioridad, pasa a ser decisivo
para que alguien pueda ser considerado voluntario.
Poco importa que la
persona que colabora en una organización de este tipo
perciba o no remuneración, siempre y cuando el espíritu
de servicio constituya su principal motivación.
Así, una persona
que no cobre por su trabajo, pero que esté animada por
ansias de poder o figuración, por la intención
de catapultarse luego a puestos remunerados, de llenar su tiempo
libre en una suerte de terapia ocupacional o de abultar su currículum
vitae entre otras motivaciones no estará, en un pleno
sentido, animada por el espíritu del voluntariado.
Del mismo modo una
persona que abnegadamente sirve desde hace años a una
causa orientada al bien común -sean procesos de educación
no formal, defensa de derechos, abrigo y contención para
niños huérfanos, preservación de la biodiversidad
o promoción de procesos de autoorganización y
potenciación de comunidades originarias- restándole
horas diarias a su descanso y tiempo libre, no deja de pertenecer
al espíritu del voluntariado el día que le ofrezcan
una remuneración -seguramente modesta- para que pueda
dedicar mas tiempo y mejores energías a esa causa.
Queda claro, no obstante,
que en el ser humano rara vez se presentan motivaciones en "estado
puro", "blanco o negro" y que siempre estaremos
en presencia de combinaciones entre un servicio desprendido
y alguna forma de interés particular (este último,
probablemente imposible de eliminar por completo, no es incompatible
con el espíritu del voluntariado siempre y cuando, frente
a una situación de disyuntiva, no prevalezca ante el
bien común)
Y dado que el espíritu
del voluntariado no suele presentarse en estado puro, y si su
presencia, además, es imposible de determinar "desde
afuera", carece de sentido hablar del "voluntario",
separado de la "organización de voluntariado".
El voluntariado es,
por lo tanto, un fenómeno organizacional, participativo
y comunitario, que no puede atomizarse en fragmentos asociados
a cada miembro de la organización. Es un todo, un "holos"
organizacional.
El "voluntario"
será tal en tanto y cuanto la organización en
la que participa sea una organización de voluntariado,
y si además está plenamente integrado a la misma
en torno a sus valores y misión.
Otra manera sencilla
de comprender que una persona puede participar del espíritu
de voluntariado mas allá de que perciba una remuneración
es realizar una analogía entre el nivel personal y el
institucional.
En efecto, la legislación
admite que una organización puede ser declarada "sin
fin de lucro" (asociaciones y fundaciones) mas allá
de que perciba ingresos pecuniarios y opere económicamente.
Lo que establece que
su fin no es el lucro, es por un lado la declaración
de un "objeto" institucional (en general el articulo
segundo en los estatutos) el cual no puede abandonarse frente
a cualquier "oportunidad de negocios" económicamente
mas atractiva, pero, por otro lado -y por sobre todo- porque
la "lógica" de la acumulación capitalista
es ajena a este tipo de organización. Esto se traduce
en el hecho de que, en caso de producirse un ejercicio superavitario,
dicho "excedente" debe aplicarse al cumplimiento del
objeto institucional y jamás distribuirse en carácter
de ganancia o utilidades entre los miembros.
Haciendo una analogía
con la persona individual, cuando ella esta primordialmente
animada por el espíritu del voluntariado, el hecho de
que perciba remuneración por su labor, no la convierte
en "persona con ánimo de lucro". Se trata en
todo caso de una persona -como todas- con una necesidad de subsistencia.
Recibe así remuneración,
lo que le permite subsistir, puede inclusive ahorrar dinero,
pero nunca estará animada por la avidez de acumulación
ilimitada propia del capitalismo, cosa por otro lado imposible
dentro de organizaciones de voluntariado, que por estar orientadas
al servicio son ajenas a esta intencionalidad y operan conforme
a conductas de frugalidad, equidad social y respeto ecosistémico.
La cuestión
fundamental
Se abre así
una cuestión conexa y que reviste la máxima importancia:
¿son las organizaciones de voluntariado un espacio legítimo
para la resolución de la necesidad humana de subsistencia
de sus miembros?
Expresando esta cuestión
desde los operadores conceptuales del Desarrollo a Escala Humana
(1), podríamos preguntarnos: ¿son las organizaciones
de voluntariado satisfactores sinérgicos, tanto por su
origen -construidos participativamente- como por sus efectos
sobre el sistema de necesidades / potencialidades humanas, al
actualizar simultáneamente la identidad, la libertad,
la protección, el afecto, la participación, el
ocio, la creatividad, el entendimiento, la trascendencia y por
qué no también la subsistencia de sus miembros?
La organización
de voluntariado podría ser así pensada como un
verdadero satisfactor sinérgico integrador (2), que resuelve
en modo completo el sistema de necesidades / potencialidades
humanas.
Podríamos decir,
junto con Víctor Frankl (3) que las personas dotan de
sentido sus vidas sirviendo a una causa -que las hace trascendentes-
y esto lo hacen participando y trabajando comunitariamente en
una organización de voluntariado, que en cuanto satisfactor
sinérgico integrador incluye la resolución de
la subsistencia.
Muy distinta es, en
cambio, la opción prevaleciente en el modelo socioinstitucional
hegemónico: las personas deben, en una inmensa mayoría
de casos, trabajar en algo que no les interesa específicamente
ni los realiza, engrosando muchas veces a fuerza de pura plusvalía
las arcas de unos ignotos accionistas sin rostro o contribuyendo
al desarrollo de productos y "servicios" (burda degradación,
ésta, de la palabra) que forman parte de la vorágine
produccionista-consumista que destruye el planeta y expulsa
a crecientes multitudes a las sombras del hambre y la desesperación.
Se tiene así
-y cada vez menos personas lo tienen- un "trabajo"
como mero satisfactor singular de la subsistencia, por un lado,
y, esquizofrénicamente, si acaso restaran energías
y tiempo, una vida social o el servicio a una causa, por el
otro. (Es oportuno recordad aquí un origen probable de
la palabra trabajo: la palabra latina "tri viglium",
instrumento de tortura conformado por tres vigas o maderos.)
Una hipótesis
y una propuesta
Nuestra hipótesis
es la siguiente: desde el lenguaje hegemónico se promueve
una estrecha asociación entre "voluntariado"
y "organizaciones de voluntariado" por un lado, y
no remuneración, por el otro, con el propósito
aviesa o negligentemente habido de mantener en una posición
periférica y marginal a estas organizaciones, salvaguardando
la racionalidad economicista (acumulación capitalista)
como centro todopoderoso del sistema.
Las organizaciones
de voluntariado que son capaces de generar sus propios recursos,
son sospechadas de "tener fin de lucro", de ser despreciables
pantallas para los negociados de sus miembros -no se niega aquí
que pudo haber tales casos-.
En Argentina y en el
Mundo en general, las organizaciones de voluntariados no están
respaldadas por una legislación favorable, concebida
desde su propia identidad y su espíritu, lo que se manifiesta
en todo tipo de trabas en su labor, desde el no otorgamiento
de excenciones impositivas, categorizaciones inapropiadas para
el pago de "servicios", no ser consideradas sujetos
de crédito o sufrir insalvables cargas para cumplimentar
los requisitos legales y contables.
¿Surge esta
falta de visibilidad social de la cortedad de visión,
o de una política intencionalmente dirigida a limitar
la expansión del mundo del voluntariado?
Se impulsa así
mas la dependencia del financiamiento externo -privado o público-
el cual aporta su propia cuota de perversidad al hacer que las
organizaciones de voluntariado se vean estimuladas a competir
entre sí por subsidios escasos, traicionando su naturaleza
sociodiversa y cooperativa, y las obliga muchas veces a modificar
sus valores, y tener que ajustarse a las lógicas del
financiador, las mas de las veces orientadas a modalidades de
intervención funcionales o al menos inocuas para el modelo
imperante. Se favorece así mucho mas el asistencialismo
-reproductor y sostenedor de la carencia material como enfermedad
crónica o hecho natural del fenómeno humano- que
la potenciación de las comunidades en la elección
de sus propios satisfactores y proyectos, determinación
que podría ser peligrosa para intereses económicos
dominantes.
Cuando el financiamiento
finalmente se otorga, el mismo sólo con reticencia puede
derivarse parcialmente hacia sueldos y remuneraciones de los
colaboradores de la organización de voluntariado, de
los que se espera mas bien que den todo gratuita y abnegadamente.
Colaboradores que son tanto mas confiables cuanto mas dispongan
de medios de subsistencia alternativos externos a la organización.
Adicionalmente, y para
un cierre perfecto de las ecuaciones sostenedoras del modelo
hegemónico, el colaborador de una organización
de voluntariado deberá siempre correr por fuera de su
organización para lograr el sustento, lo que impedirá
sistemáticamente el crecimiento y desarrollo pleno de
la misma.
Nuestra propuesta es,
en cambio, un mundo de voluntariado orientado al servicio, poblado
de organizaciones diversas y progresivamente autosuficientes
capaces de satisfacer sinérgica e integralmente el sistema
de necesidades / potencialidades tanto de sus miembros como
de las comunidades junto a las cuales trabajan.
Un universo de voluntariado
en expansión, que cada vez integre mas personas en espacios
plenos de sentido, capaces de promover las diversas dimensiones
del desarrollo humano, incluyendo la propia subsistencia, dentro
de modelos de gestión y producción no capitalistas
y no consumistas. Esto es, modelos en los que el intercambio
satisfaga simultáneamente la doble condición de
no ser la "racionalidad" excluyente, y de no estar
orientado a la maximización de la ganancia y la acumulación.
De ese modo, estos
mundos vitales expresión social de la conciencia planetaria,
el espíritu del voluntariado podrá, progresivamente,
ofrecer nuevos espacios impulsores de una civilización
planetaria caracterizada por la unidad en diversidad, y dejará
así de ser mera periferia funcional a un "centro".
Un "centro"
que, como el Titanic, esta destinado a sucumbir en breve plazo.
Y un nuevo mundo de voluntariado, que como el Arca, enfrente
las encrespadas olas, para llevar a la humanidad hacia su más
elevado destino.
Citas:
1. Max Neef, Elizalde,
Hoppenhayn. "Desarrollo a Escala Humana: una Opción
para el Futuro"
2. Aquellos satisfactores sinérgicos que actualizan las
diez potencialidades humanas, sin exceptuar ninguna.
3. Frankl, Victor. "El hombre en busca de Sentido"