La cosmovisión dominante:
la ideología de la escasez
Nuestra visión de mundo está teñida por
la ideología de la escasez. Como algunos recursos - los
económicos - son escasos y limitados, hemos tendido a
ver todos los recursos como limitados y hemos hecho invisibles
todos aquellos recursos que son abundantes. Nuestra cosmovisión
anclada en la escasez los hace invisibles.
Es necesario develar el profundo
error que subyace tras esta visión de la realidad gobernada
por el paradigma economicista. Por una parte existen recursos
escasos, es decir recursos que están sometidos a la Segunda
Ley de la Termodinámica, los cuales al ser compartidos
se pierden para aquel que los comparte. Con aquellos ocurre
lo mismo que a un cuerpo que irradia su calor a otro pero al
hacer ésto pierde su propio calor. Si alguien tiene dinero
y se lo da a otra persona, ésta última lo gana
pero aquel lo pierde. Ocurre lo mismo en aquellos juegos a los
cuales se denomina "suma cero", si alguien gana otro
pierde.
Este tipo de recursos opera dentro
de una lógica en la cual los fenómenos o acontecimientos
se encuentran vinculados unos a otros en relaciones de causalidad
y/o de secuencialidad. Unos se ubican antes y otros después,
unos se encuentran en el origen y otros en el resultado, a los
primeros se les denomina causas y a los otros se les llama efectos.
Pero también para otros efectos, cuando ya no se busca
el explicar sino el operar sobre la realidad con un propósito
determinado, se denomina a los primeros medios y a los segundos
fines. Estos recursos actúan en consecuencia inmersos
en relaciones lineales y monocausales. En ese razonamiento se
ha buscado incrementar en el máximo grado posible la
relación de adecuación o coherencia existente
entre los primeros y los segundos y a eso se le llama eficiencia.
El abuso en esta forma de razonar
sobre el universo y de buscar imponer nuestra voluntad a toda
costa sobre la realidad nos ha conducido a un creciente divorcio
entre medios y fines, entre procesos y metas. Vivimos actualmente
inmersos en una disociación casi absoluta entre la racionalidad
sustantiva, la que dice relación con los fines o metas
de nuestro existir y operar en el mundo, y la racionalidad instrumental
que tiene que ver con los medios de los cuales hacemos uso para
alcanzarlas. Esta rotunda y honda división ha ido reforzando
y a la vez retroalimentando a y de una noción de separatividad
que profundiza en nosotros mismos un quiebre o disociación
interna que nos produce infelicidad, dolor, angustia, insatisfacción
y sufrimiento.
¿Una realidad diferente
o un universo paralelo? El reino de la abundancia
Sin embargo tenemos evidencias y profundas intuiciones que nos
indican que existen otros caminos, otras formas de realidad
donde también existen otros juegos; juegos donde todos
ganan. Juegos colectivos donde lo que importa es el jugar y
no el ganarle a otros. Juegos donde el goce y la felicidad se
obtiene no en la meta sino que en el disfrute mismo del juego.
Del mismo modo es posible descubrir
que hay recursos que se caracterizan por requerir ser compartidos
para crecer. Sólo en el darse crecen. Estos son recursos
que violan la ley universal de la entropía creciente
del universo; aquella ley que señala que el universo
camina hacia su homogeneización, hacia la igualación
de las temperaturas de todos los cuerpos llegándose así
a un cese del intercambio energético y por lo tanto a
la desaparición de todo cambio, movimiento y transformación;
en fin a la muerte del universo. Hay recursos que por su naturaleza
son creadores de vida, instauradores de potencialidad y de virtualidad
transformadora, generadores de diversidad y de enriquecimiento
colectivo. Recursos sinérgicos tales como el amor, el
saber, la información, la creatividad, el poder sobre
uno mismo, la memoria colectiva, la identidad grupal.
Gran parte del dolor y de la infelicidad
humana son producto de la percepción incorrecta del caracter
de estos recursos producida por la ideología de la escasez.
¿Cuántos de nosotros, si no todos, no hemos vivido
sintiéndonos poco queridos e intentando acumular afectos
a cualquier precio, incluso al de nuestra propia dignidad? ¿Cuántos
no hemos sentido envidia y celos por que hemos visto que otro
ser humano recibía el cariño y amor que creíamos
nos pertenecía; aunque quien lo recibía era alguien
a quien queríamos muy profundamente (padre, madre, hijo/a,
hermano/a, pareja)? Sin embargo, estos recursos son los descritos
en la parábola de los talentos: pueden quedarse ocultos
y escondidos por temor a perderlos o crecer por arriesgarse
a compartirlos. ¿Existe algo que implique más
un darse que el amar? ¿No es de la naturaleza misma del
amor la donación de sí mismo a otro? ¿No
son el amor, el cariño y el afecto en sí mismos
un compartir? ¿Por qué razón, entonces
los vemos como la negación de lo anterior? ¿Es
posible amar sin compartir lo más íntimo y propio
con otro ser humano con absoluta generosidad, sin medida alguna
y sin ningún tipo de cálculo? ¿Qué
nos lleva a calcular y a medir lo incalculable y inconmensurable?
¿Por qué no vemos la profundidad de nuestro error
perceptivo?
El saber y el conocimiento son recursos
sinérgicos. Solamente llegan a ser tales en la medida
en que al darse de unos a otros fructifican en la producción
de nuevos sentidos, de nuevas significaciones, de nuevas verdades.
Si no fuesen compartidos no lograrían llegar a ser lo
que son, les estaría negado alcanzar su vocación
o naturaleza peculiar y específica. El conocimiento se
hace tal en un proceso de diálogo del sí mismo
con el otro y de confrontación crítica del pensamiento
y verdades propias con las de los demás. Es un construirse
del yo, en su dimensión cognitiva, con la alteridad.
Los saberes son conocimientos que se han ido acumulando durante
largo tiempo mediante procesos en que han participado muchos
seres humanos, interactuando de diversos modos y transmitiéndose
unos a otros los logros individuales e incrementando de esa
manera el saber individual y colectivo.
Jorge Luis Borges haciendo referencia
al sentido profundo de la conversación o diálogo
presenta de una forma magistral lo señalado en el párrafo
anterior:..."Con el correr de la conversación he
advertido que el diálogo es un género literario,
una forma indirecta de escribir... El deber de todas las cosas
es ser una felicidad; si no son una felicidad son inútiles
o perjudiciales. A esta altura de mi vida siento estos diálogos
como una felicidad... Las polémicas son inútiles,
estar de antemano de un lado o del otro es un error, sobre todo
si se oye la conversación como una polémica, si
se la ve como un juego en el cual alguien gana y alguien pierde.
El diálogo tiene que ser una investigación y poco
importa que la verdad salga de boca de uno o de boca de otro.
Yo he tratado de pensar, al conversar, que es indiferente que
yo tenga razón o que tenga razón usted; lo importante
es llegar a una conclusión, y de qué lado de la
mesa llega eso, o de qué boca, o de qué rostro,
o desde qué nombre, es lo de menos" (1)
La información, por su propia
naturaleza es antes que nada un flujo de comunicación
entre varias personas. De no existir ese flujo de comunicación
no existiría información. Asumiendo la aproximación
propia de la Teoría General de Sistemas se afirma que
la negentropía es la cantidad de información requerida
para la creación de orden; con este término se
conjugan tanto la termodinámica como la teoría
de la información. La negentropía es el dato,
el conocimiento que hace posible que disminuya la incertidumbre,
la confusión y el desorden y se genere un estado temporal
de certidumbre, claridad y orden en el sistema. Así pues,
es deseable que todo sistema tenga los canales de comunicación
que le permitan adquirir la información pertinente para
bajar su estado entrópico.
Desde la perspectiva asumida en
esta reflexión, la información tiene un carácter
eminentemente relacional. Sólo hay información
cuando existe un emisor y un receptor de ella. La información
no compartida no cumple su vocación, muere en cuanto
tal. De allí entonces su caracter fundamentalmente sinérgico.
Sinergia que es positiva si contribuye a disminuir la incertidumbre
y confusión, el temor a lo desconocido y la angustia
respecto a lo ignorado. Sinergia negativa si desinforma, oculta
o niega el antecedente, la precisión del detalle requerido,
el dato iluminador que provee sentido y significado.
Es interesante destacar en relación
al tema que analizamos algo que afirma Francisco Varela en un
trabajo sobre las tendencias y perspectivas de las ciencias
cognitivas (2):..."la inteligencia ha dejado de ser la
capacidad para resolver un problema para ser la capacidad de
ingresar en un mundo compartido"
Análisis particular de un recurso sinérgico:
la creatividad
"Todos los poetas, en esos momentos largos o cortos, repetidos
o aislados, en que son relamente poetas, oyen la voz "otra".
Es suya y es ajena, es de nadie y es de todos". (3)
Desde nuestra perspectiva la creatividad
tiene dos requerimientos fundamentales para ser tal. El primero,
una capacidad de resonancia. El segundo, un acotamiento o autolimitación
producto de su necesaria concresión, es decir su materialización
en un tiempo y un espacio específicos.
No es posible ser creativo sin que
esa creatividad tenga una forma de materializarse y hacerse
explícita ante otros. Una persona puede tener en su cabeza,
en razón de sus capacidades eidéticas, por ejemplo
los tulipanes de Van Gogh. Es o será creativa en la medida
en que logre transferir esa idea pictórica en un cuadro
posible de ser visto y valorado por otros seres humanos. De
allí entonces que así como el pintor requiere
del pincel, la paleta y el lienzo, el poeta a su vez requerirá
de la pluma o lápiz, del papel y del soneto o verso.
Toda obra creativa en el momento
de su diseño en la mente de su creador es toda virtualidad
o potencialidad, en ella puede estar contenido el Universo completo.
En ese sentido es tanto abstracción como concresión
absoluta, sin embargo al ser plasmada mediante el ejercicio
del acto creativo, al ser exteriorizada, ella se particulariza,
se historiza, se hace concreta y específica.
Por ende nuestra creatividad, aún
la más de punta, está acotada por nuestras circunstancias
sociales, culturales y políticas. Podemos sólo
ser creativos dentro de un determinado rango, ámbito
o espacio. Nuestros "temas", los que orientan nuestro
pensar, búsqueda, reflexión y nuestra comunicación,
están condicionados por el contexto histórico.
Nuestra creatividad opera dentro
de un "tiempo" histórico, es producto del clima
intelectual o cultural de ese "tiempo". Ello explica
porque se producen avalanchas de la misma idea, o porqué
si uno se atrasa en producir o publicar una idea la terminan
publicando muy luego otros.
La creatividad, incluso la genialidad
se ubica en un tiempo y un clima, si se anticipa a ese tiempo
no será reconocida como tal, pues para eso debe provocar
"resonancia" en otros. Si no hay resonancia la idea
aunque genial se pierde y no germina, pudiendo permanecer dormida
o latente durante incluso siglos. Será necesario un clima
y un tiempo apropiados para que se produzca una relectura, redescubrimiento
o reinvención que la active y la haga resonar. He allí
también la razón del permanente valor de los clásicos...(4)
y la permanente oscilación en torno a los temas planteados
por ellos.
Por otra parte el impulso creativo
se acota dentro de límites precisos, que van canalizando
la energía creadora y a la vez reprimiendo y mutilando
toda aquella energía excedentaria que desvirtúa
o distrae la intención creativa.
De allí la necesidad de detenerse
a reflexionar sobre la importancia de los límites en
el proceso creativo. Habitualmente se ha tendido a ver los límites
sólo como un obstáculo o impedimento para el creador
y se ha desconocido el papel fundamental que éstos juegan
para el despliegue de la actividad creativa.
Pero a la vez en ese papel contenedor,
en el cual el límite actúa como un elemento de
contención, hay también un aporte de una estructura,
soporte o respaldo que permite la expresión de la potencia
creativa.
Ya hacíamos alusión
a la necesidad de una concresión material que posibilite
la exteriorización del acto creativo. Lienzo, pincel
y colores para el pintor; verbo, métrica y sentido para
el poeta; volúmenes, textura y proporciones para el escultor;
timbre, altura y duración para el músico. Y así
cada creador tendrá requerimientos propios del ámbito
creativo en el cual se ubique. Sin ellos la creatividad no se
traducirá en creación, la potencia no se transformará
en acto.
El límite es la frontera
que hace posible trascender la banalidad del acaecer repetitivo,
derivado de los códigos genéticos y culturales
propios de la existencia humana. Quien crea algo trasciende
el plano de los sueños, de la fantasía, de la
imaginación y de la creatividad, y al hacer así
se transciende a sí mismo, ya que exterioriza la subjetividad
de su alma y logra construir un puente que la conecta a otras
almas. Transciende, es decir sube (scando) más allá
(trans) de lo que su naturaleza animal le permite, viola la
frontera que ésta establece.
¿Es posible, entonces, para
cualquier ser humano el crear o es sólo algo reservado
a algunos individuos selectos de la especie?
Toda creación es necesariamente
autorreferida. Es la subjetividad del ego que busca trascender
sus propios límites, lo que explica la emergencia del
acto creativo. Para ello debe superar varias barreras. La primera,
la de la irremediable soledad de nuestra existencia... nacimos
sólos y morimos sólos. La segunda, la del aislamiento
a que nos condena la especificidad de nuestra existencia social.
Somos portadores de lenguajes, de
formas de comunicarnos y de percibir la realidad que son compartidas
en parte con algunos otros seres humanos. Ello nos lleva a vivir
una permanente tensión entre la particularidad de nuestra
identidad cultural y la universalidad de nuestra vocación
creativa. Aquella es el germen y alimento esencial de nuestra
creatividad, en ella se nutre y mediante ella se expresa. De
esta última surge la necesidad de comunicarnos a otros
seres humanos, trascendiendo, por lo tanto, los límites
que derivan de nuestra inserción social e histórica
en una sociedad concreta y particular que posee sus propios
códigos culturales. La tercera barrera proviene de la
dimensión material de la existencia humana. En cuanto
entes materiales, que percibimos la realidad mediante nuestros
sentidos, requerimos también de éstos para comunicarnos.
Ello implica elementos materiales que pueden ser más
o menos apropiados para lograr dicha comunicación. Parte
importante de esta barrera está dada por la transparencia
u opacidad que los elementos nos permiten, ello dice principalmente
relación con el oficio o dominio de las técnicas
respectivas: la palabra, la imagen, el color, los volúmenes,
la melodía. el análisis, la síntesis, el
momento, la precisión, la profundidad, el ritmo, la expresividad,
etc.
Como se puede apreciar de lo anteriormente
expuesto, nuestra existencia consiste en una tensión
permanente entre nuestra individualidad y el contexto social
que le confiere sentido a nuestra individuación. Nuestra
vida es a la vez individual y colectiva, requerimos de la alteridad
para individuarnos y por otra parte la existencia social necesita
de individuos para que se produzca vida social. Sin individuos
no hay vida posible, es la diferenciación, la diversidad,
la heterogeneidad lo que produce vida, intercambio, interacciones,
flujos, cambios, oscilaciones, transformaciones, movimientos.
Sin diferencias, es decir en un espacio social absolutamente
homogéneo no existiría intercambio social ninguno:
eso sería la entropía absoluta, es decir la muerte,
la no transformación real ni potencial.
Propuesta de una inversión conceptual de un fenómeno
conflictivo: el poder
En un trabajo anterior (5) escribí algo respecto a la
necesidad de una ética de la responsabilidad que creo
tiene mucho de iluminador para reflexionar en torno al poder:..."Hoy
en día se hace urgente el revitalizar una ética
de la responsabilidad. Pero, ¿responsabilidad sobre qué?.
Pienso que la primera exigencia tiene que ver con hacerse responsable
por uno mismo. Cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad
sobre su propia felicidad, y abandonar la actitud cómoda
de esperar que otros (la Iglesia, el Partido, el Estado, los
padres, la pareja, el psicoterapeuta, los amigos u otros) asuman
por uno dicha responsabilidad. Sólo en la medida en la
cual cada uno de nosotros de haga protagonista de su propia
felicidad mejorarán mucho las cosas en el mundo. Hemos
vivido colmados de un exceso de asistencialismo y de una preocupación
casi obsesiva por el sufrimiento de otros, que incluso ha impedido
que ese dolor se convierta en fuente de crecimiento y de transformación.
Hemos desarrollado hasta niveles casi patológicos la
compasión lo que incluso nos ha impedido ser capaces
de compadecernos, es decir de empatizar, de ponernos en el pellejo
del otro, llegando incluso a perder toda delicadeza y tino para
solidarizar con el otro. Nos hemos acostumbrado a una abierta
intervención y profanación de los sentimientos
y del dolor de quien sufría, violando toda la intimidad
que ello conlleva.
En segundo lugar, responsabilidad
por las consecuencias de mis actos. Ello nos demanda el desarrollo
de una sensibilidad muy fina para percibir cuestiones que hoy
no somos para nada capaces de reconocer. Capacidad para ser
compasivos, para sentirnos formando parte del universo, de la
vida, de la humanidad. Hay una superior trascendencia en todo
lo que una existencia implica, que para poder realmente apreciarla
es fundamental una nueva forma de ver la realidad, una nueva
forma de sentir lo que somos y aquello de lo que formamos parte."
Considero que es necesario distinguir
en relación al poder tres dimensiones. La primera, la
más habitual y la cual difícilmente logramos trascender
al reflexionar sobre el poder: el poder sobre otros. El poder
dominatorio, el poder excluyente y coherente con la ideología
de la escasez. Poder visto como algo por lo cual hay que competir
y luchar contra otros para poseerlo y hacerlo propio. Poder
sentido como algo que me permite asignar a otros mi visión
del mundo, mis verdades y mis deseos, mis intereses o mis sueños
y utopías, imponiendo mi voluntad sobre sus proyectos
y protagonismo, anteponiendo mi propia realización sobre
las de otros. Sobre esta visión se ha debatido y escrito
mucho y no tiene mayor sentido abundar en ello.
La segunda dimensión dice
relación con otro tipo de poder: el poder sobre uno mismo.
Es el poder que implica ampliar el horizonte de la existencia
propia, lo cual puede ser mediante el hacerme dueño de
mi corporalidad, como cuando aprendí a caminar (emoción
que unos pocos privilegiados recuerdan) o a andar en bicicleta;
o por medio de la expansión del dominio de mi inteligencia,
como cuando comencé a leer o a hablar otro idioma; o
por medio del reconocimiento del otro, como cuando alguien provoca
nuestra admiración o cuando nos enamoramos de otra persona.
En todos estos casos se produce una expansión interior,
nos abrimos a una nueva dimensión de nuestra existencia,
aflora algo que antes no estaba, surge una fuerza, energía
o poder que amplía nuestro dominio o potestad sobre la
propia existencia, emerge un poder del cual nos hacemos dueños
y protagonistas y que nos permite protagonismo.
El tercer tipo de poder: el poder
con otros. El poder como participación. Es el poder que
tenemos sobre nosotros mismos pero cuya significación
y sentido es ampliado mediante el ponerlo cada cual en común
con otros, para asumir de ese modo colectivamente el protagonismo
sobre nuestra existencia social. Este es un poder de servicio,
de apoyo y colaboración al desarrollo de proyectos asumidos
en forma colectiva. Es una forma de poder y ejercicio de éste
eminentemente participativo, donde cada cual apoya al otro y
a la vez se apoya en el otro generando de ese modo nuevos contextos,
nuevas realidades y produciendo una suerte de potenciamiento
mutuo, donde cada cual puede alcanzar mucho más que lo
que puede en forma aislada, pero donde a la vez autolimita su
propio espacio de aspiraciones, deseos y expectativas en función
del interés colectivo.
John Friedmann (6) ha identificado
lo que él denomina las bases del poder social, éstas
son:
a) Tiempo disponible, libre, no
estructurado. Es decir más allá del requerido
para la subsistencia. Sin tiempo a su disposición las
personas están incapacitadas para mejorar su situación.
Las personas requieren por lo tanto tiempo "propio"
para organizarse, para estudiar, para desarrollar relaciones
sociales, para dedicarlo a cambiar su situación vital.
b) Espacio para llevar a cabo actividades
de soporte a la vida. El espacio más obviamente necesario
es un lugar seguro donde desarrollar la economía doméstica
misma: un pedazo de tierra, instalaciones básicas, una
morada, acceso a la locomoción. El más elemental
requerimiento para la ciudadanía económica y por
ende política es un domicilio permanente, un espacio
defendible. El derecho a un espacio vital es uno de los más
elementales derechos humanos.
c) Conocimiento relativo a saber
qué es relevante para su existencia y el saber cómo
hacer para mejorar sus condiciones de vida.
d) Información segura, la
cual es necesaria para hacer muchos tipos de conocimiento efectivos.
Ya que es variable, la información introduce un elemento
de tiempo en el conocimiento. Uno de los más importantes
tipos de información concierne a las condiciones de la
propia comunidad: ¿quienes son los vecinos? ¿cómo
son la mayoría de ellos? ¿qué partes de
la comunidad disponen de agua potable, luz, etc.? ¿qué
destrezas están disponibles? ¿cuales son las condiciones
ambientales?, y así muchas otras informaciones. Es la
información posible de obtener a través del auto
estudio. Pero también es muy importante la información
originada en el mundo exterior a la comunidad.
e) Organización social. Aquellos
que están aislados de otros carecen de una importante
dimensión de poder. Cuando las organizaciones de la comunidad
no son controladas por el Estado (o por el partido político
dominante) ellas tienden a ser vistas como una amenaza. Pero,
sin organización muy poco puede ser logrado. La lucha
por el espacio vital es típicamente una lucha colectiva,
y asimismo el esfuerzo requerido para proveer la infraestructura
esencial a la comunidad. En un medio altamente politizado, puede
ser ingenuo esperar que las organizaciones comunitarias permanezcan
ajenas a la influencia política. Pero la influencia política
no las torna inefectivas; por el contrario, es a menudo la condición
para su efectividad.
f) Acceso a redes sociales. Típicamente,
las redes sociales son de tres tipos. Existen las formadas por
parientes o parientes ficticios, como el compadrazgo. Existen
las redes clientelísticas usualmente envolviendo a una
persona intermediaria que tiene conexiones "útiles"
en el mundo laboral y político. Y finalmente, existen
las redes que crecen de asociaciones entre organizaciones de
base, inspiradas por la Iglesia Católica u otras iglesias,
organismos privados de desarrollo, partidos políticos,
etc. El que carece de poder necesita la "protección"
del fuerte ello explica la supervivencia del clientelismo a
pesar de su carácter tradicionalista. Del mismo modo
ocurre con el compadrazgo es una forma muy adecuada para la
estrategia de vida de los más pobres. Lo que es nuevo
es la auto-organización, usualmente implicando la existencia
de un catalizador externo.
g) Acceso a instrumentos y herramientas
de producción, incluyendo el acceso a una buena salud,
ya que el cuerpo de una persona es su mas importante "instrumento
de producción". Tener acceso a herramientas de producción
significa tener acceso a un trabajo o al capital para desarrollar
un negocio por sí mismo, de ahí la importancia
del acceso a recursos financieros, especialmente crédito
Por otra parte Martín Hopenhayn
(7), señala como una motivación fundamental para
la participación: la voluntad de cada cual de ser menos
objeto y más sujeto; y distingue asimismo cuatro motivaciones
derivadas:..."1) ganar control sobre la propia situación
y el propio proyecto de vida mediante la intervención
en decisiones que afectan el entorno vital en que dicha situación
y proyecto se desenvuelven; 2) acceder a mejores y mayores bienes
y/o servicios que la sociedad está en condiciones de
suministrar, pero que por algún mecanismo institucional
o estructural no suministra; 3) integrarse a procesos de desarrollo
en los cuales los sectores excluídos se constituyen en
el chivo expiatorio de sistemas que muchas veces producen mas
marginalidad de la que disuelven; 4) aumentar el grado de autoestima
"gregaria" mediante un mayor reconocimiento por parte
de los demás de los derechos, las necesidades y las capacidades
propias".
Todos los elementos señalados
por Friedmann, así como las motivaciones identificadas
por Hopenhayn, tienen que ver con un reconocimiento de nuevos
recursos, fundamentalmente sinérgicos, en cuanto su uso
dice relación con desatar energías que están
de un modo u otro encadenadas a una cosmovisión donde
la competencia y la escasez son los factores dominantes. Todos
ellos son elementos asequibles, cercanos, sencillos y posibles
de liberar en un mundo donde no prime la codicia y el egoísmo.
Humberto Giannini en un artículo
reciente (8) señala que: ..."Si algo malo nos ocurre,
en cambio, es el no estar salvando esos sentimientos, esos hábitos
que nos atan a la "dura realidad" y le dan algún
sentido; si algo malo nos ocurre es, como dice Pascal, el hecho
de quemar el presente que tenemos (lo efímero) por un
poder ser que, en última instancia, se reduce a mero
anhelo de poder".
Al parecer lo que esboza Giannini,
y es una clave al parecer fundamental, es que el poder ser nos
empuja a anhelar poder, lo que nos impide así ser libres
para vivir lo que efectivamente somos: nuestro cotidiano existir,
nuestras rutinas diarias, nuestros afectos anclados en hábitos,
nuestros lugares y rincones habituales y queridos, nuestro pasar
y nuestro quedar.
La mayor parte de la existencia
social está construída sobre la base del establecimiento
de procesos de institucionalización de las relaciones
sociales, ello implica la creación de diversas normas
y pautas de conducta que regulan los ámbitos de actuación
de las personas, gran parte de aquellas reforzadas por grados
diversos de control social. Lo anterior implica la casi absoluta
desaparición de la gratuidad en esas formas de relación
entre las personas. El mundo que tenemos nos provee de muchísimos
descubrimientos, encuentros y creaciones pero no todos son originales,
verdaderos y profundos. Y sólo en la gratuidad o mediante
la gratuidad es posible el encuentro verdadero, el descubrimiento
profundo, la creación original. Unicamente en un ámbito
de relaciones donde no prime la obsesión por la eficiencia,
por la competencia, por el logro y por el rendimiento será
posible el surgimiento sinérgico de la gratuito, de lo
inefable y de lo que yo siento como lo más propiamente
humano: la ternura y la compasión.
Notas y citas bibliográficas
(1) Jorge Luis Borges en "Borges en diálogo: conversaciones
de Jorge Luis Borges con Osvaldo Ferrari.", Grijalbo S.A.,
Buenos Aires, 1985
(2) Francisco J. Varela, "Conocer.
Las ciencias cognitivas: tendencias y perspectivas. Cartografía
de las ideas actuales.", Editorial Gedisa, Barcelona, 1990
(3) Octavio Paz, "La otra voz,
poesía y fin de siglo" en Artes y Letras de El Mercurio,
Domingo 6 de Enero de 1991.
(4) Ver de Italo Calvino, "¿Por
qué leer a los clásicos?"
(5) Antonio Elizalde, "Cambios
de paradigma, educación y crisis" en "Superando
la racionalidad instrumental", Abraham Magendzo (ed.),
PIIE, Santiago de Chile, 1991
(6) John Friedmann, "Collective
Self-Empowerment and Social Change" en "IFDA DOSSIER",
Nº 69, jan/feb 1989, Nyon, Suiza.
(7) Martín Hopenhayn, "La
participación y sus motivos" en "Revista Acción
Crítica", Nº.24, Diciembre 1988, Lima. Págs.
19-30.
(8) Humberto Giannini, "Utopía
de lo efímero" en Diario La Nación, 17 de
Agosto de 1993.
Publicado en "Debate para un proyecto de integración
sudamericana", Año VII, en los números 23,
Julio - Setiembre 1994 y 24, Octubre - Noviembre de 1994., Asunción,
Paragua