"Si el desarrollo
de la sociedad no encuentra propósito
Más allá de la simple mejora de las condiciones
materiales,
fracasará incluso en la consecución de esas metas"
(La Prosperidad de
la Humanidad)
"El que pasa mucho tiempo mirando dentro de un abismo,
que tenga cuidado, puede convertirse también él
en abismo"
(Nietzsche)
Maya, o el espejismo
de lo tangible
Una de las cosas que
más me ha sorprendido al observar a mi hijo durante sus
primeros meses de vida, es la avidez que tiene la atención
de un pequeño por los objetos materiales.
Las horas del niño parecen dedicadas principalmente a
tocar, manipular, degustar, golpear o arrojar todo elemento
tangible que esté a su alcance.
Entiendo esto como un proceso normal en esta etapa de desarrollo.
Pero si la misma actividad se diera en un adolescente o un joven
adulto, físicamente desarrollado, nos hallaríamos
ciertamente ante un grande problema.
Este es el caso de la humanidad en su conjunto: con un cuerpo
hiperdesarrollado de miles de millones de "células"
y con plenas capacidades físicas para construir -y también
para destruirlo todo- sigue ligada a los objetos materiales,
en la ilusión de que con su posesión algo se realiza
Para Erich Fromm se trata del "ser por el tener".
Para Ken Wilber, (Wilber, 1981) de un estado inferior de desarrollo
de la conciencia humana, en el que el poder sobre otros, las
posesiones y aún las conquistas, las guerras y el matar
al otro, son modos de perseguir lo que no es si no un espejismo:
escapar a la sombra de la muerte, que se agiganta con la emergencia
del "yo" individual en el actual período "egoico-mental".
El gran sofisma
del pensamiento económico
Luis Razeto y otros
autores (Razeto, 1994) explican con toda claridad la falacia
original de la ciencia económica.
Con marco positivista, la naciente economía "descubre"
una "ley universal": el ser humano actúa y
se relaciona con los demás guiado por una racionalidad
excluyente, la de maximizar su propio beneficio. Ya lo decía
Adam Smith: es propio de la naturaleza humana preocuparse más
por una lastimadura en el propio meñique, que por cien
millones de muertos al otro lado del mundo...
La naciente economía universaliza y naturaliza esta "ley"
del máximo beneficio propio: nace el homo económicus.
Sin embargo, Razeto muestra claramente que existen muchas otras
racionalidades humanas: la del dar, la de la solidaridad, la
del afecto, la de la cooperación, y que la pretendidamente
"objetiva" universalización del intercambio
maximizador, es simplemente una estrategia política a
favor de la clase burguesa dominante. Resulta simple comprender
que si tales relaciones son las prevalecientes en el imaginario
social, será esta última clase la beneficiada.
Se inventa así el "mercado" como un medio ambiente
invisible pero consustancial al ser humano, que lo atraviesa
todo.
El Marxismo realiza una aguda crítica que logra desenmascarar
claramente esta mentira, pero es sin embargo poco propositivo,
y no logra superar el marco científico del capitalismo.
Sigue concibiendo al hombre como eminentemente económico,
y colocando las relaciones de intercambio en la base de toda
construcción social.
Podríamos decir que ambas concepciones, al igual que
otras hegemónicas, siguen naturalizando y legitimando
las relaciones de poder como relaciones esencialmente asimétricas
y a-sistémicas.
La economía, como perfecto exponente del paradigma mecanicista
y lineal ha logrado una "victoria" a través
de la estrategia más sutil y profunda: ha logrado permear
los lenguajes y las visiones del mundo.
Victoria no obstante "a lo Pirro", ya que sobre la
cabeza del economicismo penden no una, sino tres espadas de
Damocles: la de las propias contradicciones internas desde la
emergencia del capitalismo financiero globalizado, la de las
presiones sociales y el inexorable socavamiento por parte del
proletariado interno, y, si acaso estas dos fallaran, la del
inevitable colapso ambiental a causa del sobreconsumo y la contaminación.
Hegemonía, contrahegemonía, trascendencia
Frente a tamaña
construcción paradigmática, prolífica fuente
de inequidad social, los actores sensibles y proclives a la
justicia, en particular las organizaciones de la sociedad civil,
se levantan para intentar modificar el curso de las cosas.
Aunque su intuición es muchas veces constructora de inéditos,
sobre todo a nivel microsocial, su racionalidad suele ser en
general contrahegemónica, por oponerse al sistema hegemónico
o dominante.
El discurso que comienza así a conformarse, y que tiene
un alcance cada vez mayor, tiene un agudo sentido crítico
(señalando claramente lo que no debe ser) pero, al igual
de lo que sucedió en su momento con la crítica
marxista a la economía política, tiene escaso
valor propositivo (para construir un orden inédito e
independiente).
Sus logros, y los hay, proceden mas de la intuición correcta
que del discurso explícito. Es por esto que sugerimos
que son escasos e insuficientes.
Esta débil capacidad se explica por el hecho de que,
los nuevos movimientos sociales, urgidos como se sienten por
dar respuestas pragmáticas a las innumerables injusticias
hegemónicas, no realizan un trabajo profundo y sistemático
a nivel paradigmático y conceptual.
Quedan así atrapados entre un sentir en general correcto,
y una racionalidad que no trasciende el horizonte teórico
positivista, ni la lógica bipolar y reduccionista, ni
la concepción económica de la escasez y, por sobre
todo, incapaz de repensar el propio concepto de poder y el patrón
de conflicto como connatural a los asuntos humanos.
Se opera así, con signo contrario, sobre las mismas bases
epistémicas y, como quien quisiera impulsar una barca
soplando contra su vela desde la cubierta, se provoca una reacción
igual y contraria a la acción buscada.
Mientras se cuestiona enérgicamente a los sectores o
señores hegemónicos, se los convalida en su método
entendiendo que el poder sigue siendo algo por lo que se lucha,
que se ejerce desde arriba, y procurando su cambio de manos,
o al menos su distribución parcial.
Lleva todo esto a una contradicción paralizante, y paradójicamente,
a la dilación de las soluciones urgentemente buscadas.
Un modo distinto de percibir la realidad no es solo condición
necesaria para el cambio social, si no para un cambio más
rápido.
No se trata entonces de jugar el mismo juego, con las mismas
reglas y sobre el mismo terreno, aunque con una camiseta de
color distinto, porque en ese terreno se será siempre
el equipo más débil. Se trata de inventar realidades
trascendentes, superadoras de la confrontación hegemonía-contrahegemonía,
nuevos campos para nuevas dinámicas, en el convencimiento
de que los escenarios actuales a la larga se derrumbarán,
y ese derrumbe será tanto mas rápido cuanto antes
dejemos a la hegemonía sola con su juego sin salida.
Como en un castillo de naipes, -y como la Historia ha mostrado
una y otra vez- nuestra oposición da, paradójicamente,
apoyo y razón de ser a la hegemonía.
La "revolución" mas profunda e incontrolable,
para la cual la hegemonía no tiene operadores conceptuales,
es la de construir un orden inédito e independiente,
no confrontativo, sino inclusivo de la humanidad en toda su
diversidad, lo que mas que "revolución" es
un "salto evolucionario".
De lenguajes, percepciones y venenos
Si la realidad física
es, como lo propone la cuántica, dependiente de la conciencia
del observador, la realidad cultural y social es, por excelencia,
intersubjetiva y fundada en las ideas, conceptos y lenguajes.
Mi hipótesis es que desde la percepción y la utilización
a-crítica de los lenguajes prevalecientes, estamos convalidando
un mundo hegemónico, y que sólo a partir de un
cambio en el lenguaje puede crearse un orden socioinstitucional
distinto.
Propongo examinar críticamente algunas palabras, y practicar
el difícil pero necesario ejercicio de evitar su uso,
como quien evita la cicuta o el curare. Veamos algunos casos:
Pobreza. ¿de qué pobreza hablamos? ¿de
la de elementos materiales? ¿y qué decir de la
pobreza de valores, de espiritualidad, de intelecto, de identidad,
de participación, de creatividad, de afectos? Como ya
lo señalaron agudamente Max Neef, Elizalde y Hoppenhayn
en su obra "Desarrollo a Escala Humana, una Opción
para el Futuro" (1986), no hay una, sino muchas pobrezas.
Y muchas riquezas.
Desarrollo. ¿El ingreso per cápita es un indicador
de desarrollo? El mismo PNUD dice que no, e intenta el concepto
de Desarrollo Humano... ¿cuánto de ese ingreso
se destina hoy a paliar los males ("externalidades")
de un modelo alienante? Y aún si ese ingreso aumentado
sirviera de algo ¿a quienes sirve, y a costa de qué?
¿qué decir de la destrucción ecosistémica
aberrante que ese "desarrollo" implica (ecosistema
que finalmente se cobrará su revancha)? ¿y qué
del vergonzoso ultraje a la mayoría de los humanos, ultraje
que se infiltra y retorna por las venas del desgarrado cuerpo
de la humanidad, imposibilitando la plenitud aún en las
células "privilegiadas"? Y aunque reconociéramos
como materialmente desarrollados a los pueblos con alto grado
de exterioridad material y de artefactos, ¿no son ellos
a todas luces subdesarrollados en justicia, en paz internacional,
en espiritualidad, en medio ambiente, en salud mental, en afecto,
en apertura a la diversidad?
Crecimiento. ¿de quién? ¿de qué?
¿para qué? ¿a costa de qué? La teoría
del "desarrollo" predijo que finalmente la copa de
champán (nombre que toma el gráfico de la distribución
mundial del ingreso por su ancha acumulación en la zona
superior o de mayor riqueza) derramaría, y no lo hizo,
ni lo hará. El simplista supuesto de que para repartir
primero hay que agrandar la "torta" es falso. Hoy
se podría no crecer, inclusive decrecer, mejorando la
condición material del ochenta por ciento de los seres
humanos, a condición de que el veinte por ciento que
concentra la mayor parte del ingreso, sacrifique parte de su
inútil acumulación.
Exclusión. ¿excluidos de qué? ¿deseamos
inclusión en el consumo, en el modelo, en el "mundo"?
¿o queremos construir un mundo distinto?
La lista podría continuar con tantas palabras y frases-veneno:
recursos humanos, recursos naturales, eficacia, eficiencia,
capital social, calidad de vida, carenciados, necesidades básicas,
mercado, mercado social, competencia, competitividad...
En un congreso de juventud habido en Santiago de Chile hace
unos años, un joven indígena del Perú relató
el siguiente caso:
<<Desde pequeños nos decían que éramos
pobres. Y así nos sentíamos, y así vivíamos.
Hasta que un día, en mi comunidad nos reunimos, y consultando
nos dimos cuenta que somos ricos en identidad cultural, en afecto,
en lazos comunitarios, en historia común, en relación
con la Naturaleza, en creatividad, en espiritualidad, en no
estar contaminados por el materialismo, en participación.
Desde que nos dimos cuenta de esto, comenzamos a resolver todos
nuestros problemas, incluso los materiales. La clave fue dejar
de sentirnos "pobres">>
Pirámides o sistemas: en contra del concepto de necesidades
básicas
En el campo social,
está aún profundamente arraigado el concepto de
"necesidades básicas", entendiendo por ellas
las de tipo físico o material. El enfoque de "necesidades
básicas", dominante en los setenta en el discurso
del desarrollo, al igual que la frase "necesidades básicas
insatisfechas" (NBI), circulan aún hoy por doquier.
Las necesidades básicas tales como el alimento, la vivienda,
el abrigo, la atención de la salud, son consideradas
por cientistas sociales, políticos y otros actores del
"desarrollo", como las primeras que deben ser atendidas.
También lo hacen así muchas organizaciones sin
fin de lucro.
Para hablar de cuestiones intangibles y etéreas, primero
la panza debe estar llena, reza la creencia popular (de la clase
media).
Es interesante relatar una anécdota acaecida en el seno
del Banco Mundial (cuyo lema es "Un mundo sin pobreza")
y que me relató un economista amigo.
Un grupo de técnicos del BM organizaron una encuesta,
dirigida a sesenta mil personas de todos los países del
mundo, personas todas ellas que compartían la condición
de vivir con menos de un dólar diario. Los "pobres"
en el sentido convencional de la palabra.
Se les preguntaba qué era lo más triste en su
vida cotidiana, aquello por lo que más sufrían.
Para la sorpresa de los técnicos, mas del ochenta por
ciento colocó, en la cima de sus prioridades, no cuestiones
materiales (falta de alimento, abrigo o vivienda, por ejemplo)
si no cuestiones tales como: falta de reconocimiento, de participación,
ser valorado por los demás, afecto. Intangibles...
Los propios "pobres" diciendo que su mayor pobreza
es otra.
Los técnicos tuvieron la infeliz idea de publicar el
resultado de la encuesta en el sitio web del BM, pero esa es
otra historia...
A esta idea de colocar
lo material en la base de la pirámide de las necesidades,
(esto es, en la mas alta prioridad), contribuyó en gran
medida el trabajo de Abraham Maslow, "Motivación
y Personalidad" (Maslow, 1970). Según el autor el
orden de satisfacción es: primero las fisiológicas,
luego las de seguridad, las sociales, las de reconocimiento,
y finalmente, la de autorrealización.
Esta doctrina, especialmente apreciada y aplicada en los manuales
de gestión empresarial, olvida habitualmente una idea
del propio Maslow, y es que este orden de prioridad es socialmente
construido, y aunque parece ser el prevaleciente en sociedades
occidentales y urbanas, puede modificarse en otras culturas,
o en la propia cultura occidental bajo circunstancias particulares.
Desde una perspectiva
diferente, los autores del ya mencionado Desarrollo a Escala
Humana consideran, por el contrario, que existen diez necesidades
humanas fundamentales, también llamadas potencialidades,
que no pueden distinguirse en cuanto a su prioridad de satisfacción.
(Personalmente simpatizo más con el concepto de potencialidad,
ya que necesidad es un concepto estático, que remite
a la idea de que con su satisfacción, se detiene la acción)
Estas potencialidades (o necesidades) son -no se me ocurre otro
orden que el alfabético- el afecto, la creatividad, el
entendimiento, la identidad, la libertad, el ocio, la participación,
la protección, la subsistencia y la trascendencia.
Ninguna, entonces, prevalece en orden de satisfacción
ni es mas importante que las otras, ya que constituyen un sistema
integrado.
Para entender esto, debe tomarse en cuenta que existen distintos
tipos de satisfactores (construcciones culturales que involucran
o no aspectos materiales, orientadas a la satisfacción
de las necesidades), siendo el mas deseable el de tipo sinérgico.
Los satisfactores sinérgicos permiten, no importa cual
haya sido la necesidad "puerta", producir un efecto
beneficioso en todo el sistema.
Una idea interesante es que los satisfactores sinérgicos,
suelen surgir de los procesos participativos. (Agregaría:
de cierto tipo de participación, no proselitista ni partidista)
Así como Maslow hace una aclaración para casos
en que su pirámide se altera, como contrapartida estos
autores aclaran que si cualquiera de las necesidades estuviera
por debajo de su umbral de satisfacción mínimo,
provoca un efecto acuciante que impide el funcionamiento sistémico
del conjunto.
El economista Manuel
Acevedo, chileno, cuenta que en su país, durante el régimen
de Pinochet, se encerró a miles de personas en el estadio
nacional. La alimentación, abrigo y situación
sanitaria, eran monitoreados por la OMS y otras organizaciones
especializadas, de tal modo que la mayoría de las personas
tenía su subsistencia mejor cubierta que en su vida normal.
Sin embargo, no era esta una situación expresiva de lo
humano. No contaban con libertad, con afecto, con participación,
se les negaba su identidad y su entendimiento...
Sabemos de niños que mueren no por falta de alimento
si no de afecto, de personas que se suicidan por la misma causa,
o por no vivenciar su trascendencia, aún teniendo una
situación material inmejorable. De madres que eligen
dar su vida para proteger la de sus hijos, de miembros de una
religión minoritaria que prefieren el martirio a renunciar
a sus creencias.
Los ejemplos pueden seguir ¿qué necesidad humana
han sido las prioritarias en estos casos?
Hacia una percepción consciente no materialista
No se niega aquí
la legitimidad de lo material, como parte constitutiva de la
realidad humana. Pero sí se propone que su abordaje se
dé dentro del marco más amplio de las ilimitadas
potencialidades humanas.
Desde el paradigma Newtoniano se construyó una visión
mecanicista, lineal, determinista y fragmentaria del Universo,
y la misma invadió las ciencias sociales (en particular
la economía), el discurso político prevaleciente,
y hasta el "sentido común". Se ha logrado,
además, que tal visión se proyecte más
allá de la revolución cuántica, a pesar
de que esta última, desde la propia física, desautorizó
el modelo.
Necesitamos ahora nuevas construcciones sociales para la percepción
de la realidad.
No se trata de un nuevo "paradigma" único,
ya que la unicidad paradigmática está definitivamente
ligada a un poder hegemónico, si no, mas bien, de una
multiparadigmaticidad, o mejor, de la coexistencia suavemente
articulada de una miríada de visiones en toda su diversidad,
sin exigencias de consistencia lógica por priorizar una
excluyendo a otras.
Visiones que en su conjunto, y cada una con matices, rescaten
la complejidad y la multidimensionalidad del fenómeno
humano, sin excluir lo material, pero sin ponerlo ni en su base,
ni en su centro, ni en ninguna otra posición geográficamente
privilegiada.
La racionalidad de "primero las NBI", profundamente
ligada al asistencialismo, la racionalidad de la exclusión-inclusión,
del crecimiento con distribución, pueblan todavía
muchos espacios sociales, restándoles buena parte de
su poder transformador.
Cuando todo resabio de economicismo y de materialismo, como
un virus misérrimo -capaz de dar muerte si se le da cabida
pero insignificante por si mismo-, sea desalojado de las células
de la sociedad civil, y cuando sus intuiciones -ya bien encaminadas-
se combinen con la percepción consciente no materialista
de la realidad, la configuración de formaciones sociales
inéditas, caracterizadas por las ilimitadas potencialidades
latentes en la conciencia humana, (y por añadidura, la
caída de las hegemonías opresoras), será
rápida e inevitable.