Haciendo
uso de la analogía, se podría comparar el estado
actual del mundo al de un espejo cubierto de polvo, opaco. Se
requiere el instrumento de la educación para limpiarlo,
pulirlo, hacerlo brillante.
Es
en ese espejo pulido donde se revela el misterio, el brillante
rocío. En él se puede reflejar la imagen del Hombre,
el "sueño del mundo".
Ese
sueño que una vez se convirtió en pesadilla por
la manipulación de la tierra, el enrarecimiento del aire,
las guerras, la discordia, la lucha y la contienda, acaso se
esté tornando de nuevo en un bello y armonioso sueño...
Puede
ser que estemos pasando de la etapa de la adolescencia a la
edad de la madurez. La educación, es el puntapié
inicial, el primer paso en esta etapa para dirigirse hacia la
Unidad en todas sus Diversidades y trayendo consigo el equilibrio,
la razón y la intuición.
La
educación es la base del desarrollo de las potencialidades
del ser humano, por la educación se resolverán
las divisiones y surgirán los procesos sinérgicos
que lo potenciarán y pulirán el espejo para reflejar
con mayor precisión la realidad del mundo, es decir,
la realidad del Hombre. Una educación basada en valores
trascendentales.
Estos
valores son los que nos permiten dejar atrás el modelo
actual, basado en el discurso de la economía y el consumo,
y que nos llevan hacia una nueva perspectiva de lo humano, caracterizada
por una mancomunidad mundial.
Nos
sacan de esta lógica mecanicista hacia una de integración
y amplitud. Estrechan los lazos de la sociedad fragmentada y
entretejerán el entramado de una red de instituciones,
inédita, cuyo único fin será el bien común.
En
Argentina los primeros signos de estos cambios posibles comenzaron
luego del desastre económico, social y psicológico
que sufrimos. Cuanto más fuerte el cimbronazo, lejos
de hundirnos, más se propicia el surgimiento de los nuevos
valores. Es en la rareza de lo inédito, en esa soledad
e incertidumbre, donde se esconde la oportunidad.
Ahora,
todo parece haber vuelto un poco a la "normalidad".
El suelo volvió a sentirse bajo nuestros pies.
Los indicadores económicos mejoran (claro que no los
de los que menos recursos materiales tienen).
Paradójicamente,
cuanto mas "normales" vuelven a ser los tiempos, más
se aleja la esperanza... porque no hay viabilidad dentro de
este modelo.
Confiamos
en que, de todos modos, algo de esa oleada de frescura quedó
instalado. La semilla echó raíces. El espejo sacudió
algo de su polvo. Las gemas están más cerca de
dejar de estar ocultas.
Incumbe
a los actores de la sociedad civil que le demos continuidad
educando nuestros comportamientos, tanto individuales como colectivos,
con valores como la solidaridad, la justicia, una educación
popular, desde y para la sociedad civil, que propicie nuevas
relaciones humanas de Unidad en Diversidad, para que el plácido
y maravilloso sueño de este mundo comience a devenir.