INDICE
1) Presentación
2) Las reformas educativas
2.1 La gobernabilidad democrática de los Sistemas Educativos
2.2 Condiciones objetivas y subjetivas para una reforma
2.3 Capitales intangibles: la reciprocidad
3) El desarrollo económico
local: Las posibles sinergias del Sistema Educativo
3.1 Capitales Intangibles
3.2 Capital Social
4) Educación y desarrollo:
un posible espacio de trabajo articulado entre el Estado y la
Sociedad Civil
1- Presentación
Entre el conjunto de problemas y
desafíos que enfrenta el Sistema Educativo Nacional hay
tres que en este trabajo se quieren analizar:
Ø Uno hace a los temas relacionados
con la descentralización y a la tan mencionada autonomía
de los establecimientos educativos.
Ø El otro tiene que ver con alguna de las posibles funciones
que le cabe a la educación dentro de las políticas
de desarrollo.
Ø El tercero radica en la posibilidad que tiene el Sistema
de promover la incorporación activa de Organizaciones
de la Sociedad Civil en los planes y proyectos educativos.
Dentro de los cambios que se vienen
planteando en el Sistema Educativo especialmente a partir de
la última década, hay uno que ha despertado el
interés de quienes trabajan el tema, tal es el intento
de dotar de amplia autonomía a las escuelas como parte
del proceso descentralizador, en la medida que se lo vislumbra
como el principal procedimiento para lograr elevar la calidad.
En general como se verá más adelante, este es
un tema donde los avances fueron mínimos y en este artículo
se sostiene que tal situación es explicable por la falta
de gobernabilidad democrática- participativa en el Sistema.
Hace un tiempo que quienes analizan
los problemas relacionados con el crecimiento económico
han planteado la importancia que tiene la educación para
el desarrollo de la competitividad en el marco de la "sociedad
del conocimiento" y de la "información".
Por otra parte algunos autores que trabajan los temas de desarrollo
económico y lo diferencian del crecimiento, han llegado
a la conclusión de la necesidad de profundizar en aquellos
capitales intangibles que una sociedad tiene o puede adquirir
y que son básicos para el desarrollo de las mismas. Dichos
bienes están en la cultura social expresada en la confianza
entre los actores, la capacidad de reciprocidad, la cooperación
y un conjunto de valores y actitudes que se expresan en el "capital
social comunitario". De tal manera y más allá
de los aportes que la educación pueda brindar al crecimiento,
hay seguramente contribuciones definitorias para el desarrollo
desde la perspectiva de aumentar el capital social comunitario.
Hasta el momento el Sistema Educativo
demostró que solo no ha podido obtener avances significativos
en ninguno de estos dos aspectos, ya que para ambos es necesaria
una aproximación con prácticas democráticas-participativas
que faciliten la construcción intersubjetiva de múltiples
actores. De tal manera que una de las posibilidades, hasta ahora
débilmente explorada en la práctica por la conducción
de los Sistema Educativos, es ampliar la participación
a las Organizaciones de la Sociedad Civil que tengan inserción
real en la comunidad y que estén dispuestas a trabajar
desde estas perspectivas. En torno a estos problemas se ha estructurado
el presente artículo.
2- Las reformas
educativas
Desde hace algunas décadas se ha iniciado un proceso
de considerables transformaciones educativas tanto en los países
centrales cuanto en los periféricos. En estos últimos
uno de los temas iniciales, y donde quizás se haya puesto
más esfuerzo es el referido a reformas de tipo institucional
y dentro de estas, principalmente a la descentralización
de los sistemas, pese a que los discursos de las reformas pusieron
énfasis en diversos aspectos.
Hacia 1992 un trabajo que procuró
reflejar las principales tendencias que se expresaban en las
agendas de las reformas en nuestro continente fue el de CEPAL/UNESCO.
(CEPAL: 1992) Por una parte se planteó la necesidad de
superar el aislamiento de los sistemas educativos, insertándolos
dentro de las necesidades sociales; por la otra desde el planteo
de equidad ( y como producto de la apertura señalada)
se pretendía asegurar el acceso universal a los códigos
de la modernidad; finalmente se señalaban aspectos de
carácter instrumental tales como nueva gestión
institucional, profesionalización de los docentes y aumento
del presupuesto educativo. (Gajardo 1999)
El trabajo de CEPAL/UNESCO señala
como una de las ideas-fuerza de la estrategia "la formación
de la moderna ciudadanía y la competitividad internacional
de los países" (op. cit.: 125.
Con relación a las políticas
que permitirían viabilizar la propuesta se destacaron
dos criterios centrales: el de equidad y el de desempeño.
"El primero mira hacia la igualdad de oportunidades, la
compensación de las diferencias, el desarrollo equilibrado
y la cohesión del cuerpo social en su conjunto; el otro,
hacia la eficacia (metas) y eficiencia (medios), evaluando rendimientos
e incentivando la innovación" (os. cit.:126)
Por otra parte, se señala
que será necesario, en el plano de las reformas institucionales,
producir cambios destinados a una mayor integración y
descentralización. "La primera se expresa a nivel
central a través del fortalecimiento de la capacidad
institucional que garantice la equidad y la integración
de todos los ciudadanos a códigos, valores y capacidades
comunes. La segunda se manifiesta en el ámbito local
a través de la descentralización y la mayor autonomía
de los establecimientos..." (op. cit.:126.) Mas adelante
se señala que el logro de esta autonomía es un
paso fundamental para el mejoramiento de la calidad, de la eficacia
y de la eficiencia del sistema en el sobre entendido que la
descentralización no es un fin en sí, sino el
mejor camino para llegar a los objetivos propuestos.
Que se hayan obtenido mayores resultados
en un aspecto considerado como instrumental (tal es el caso
de la descentralización) y no en otros, no puede ser
obra de la casualidad. El acento puesto en un determinado aspecto
por sobre otros indica que elementos, que según los discursos,
tendrían que ser un instrumento para el logro de los
objetivos superiores que hacen al mejoramiento de la calidad
educativa, se van transformando en objetivos finales. Esto es
debido, al menos, a dos razones:
a) La descentralización surgió como razón
del ajuste del Estado, bajo la consideración de problemas
fiscales y con propuestas que privilegian la reducción
del gasto público. En este marco se reivindicaron políticas
descentralizadoras como la llevada a cabo en Chile hacia 1980
al compás de la municipalización del sistema y
el incentivo a la competencia entre instituciones. Son numerosos
los estudios que analizan el impacto negativo con relación
a los problemas de equidad que han tenido experiencias de tipo
privatistas en educación, así como se señala
que los limitados avances en participación y, por ende,
eficiencia social y ambiguos en materia de eficiencia técnica
(Di Gropello, 1999) De todas maneras, un estudio realizado por
la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas
(FIEL) recomendaba la aplicación de un modelo similar
al chileno para el caso argentino. (FIEL, 1993)
b) Por otra parte se está,
de hecho, ante la idea de que mediante un proceso descentralizador
que modifique la escala de los sistemas educativos, se producen
avances sustantivos en la transformación educativa. Así
en ambas situaciones, lo que serían instrumentos (según
los discursos descentralizadores) para avanzar en una reforma,
se transforman en la práctica en los principales resultados
de la misma.
Pero como el tema de la descentralización
de los sistemas educativos es por demás complejo, sería
conveniente avanzar un poco en que se entiende por tal cosa
y de que manera ésta permite el logro de un objetivo
intermedio (como se ha definido a la autonomía de los
establecimientos educativos) en el transito hacia los objetivos
finales de mejora de la calidad, eficiencia, etc, etc.
Cuando se habla de descentralizar
se hace referencia al menos a tres diferentes formas y siguiendo
a Mark Hanson (1997) se puede estar frente a un proceso descentralizador
cuando se ha producido:
Delegación, que implica la
transfiere la autoridad en la toma de decisiones, pese a que
esta autoridad pueda ser retirada cuando la unidad que delega
lo considere.
Desconcentración, que se
expresa en la transferencia de tareas y el trabajo, pero no
la autoridad, a otras unidades al interior de una organización.
Traspaso, que significa la transferencia
de la autoridad a una unidad que puede actuar en forma independiente
y sin pedir permiso previo. La privatización es una de
las formas de traspaso en la cual los recursos y las responsabilidades
se transfieren desde el sector público al sector privado.
En nuestro país, producto del proceso de trasferencia
de los sistemas educativos a las provincias y a la Ciudad de
Buenos Aires, se estaría frente a una forma de traspaso
pero manteniendo el centro algunas atribuciones en el ámbito
curricular, en el de la evaluación de los resultados
y en la generación de políticas compensatorias
en procura de mejor la equidad, entre otras.
Un proceso descentralizador conlleva,
por consiguiente, una redistribución espacial del poder
que es trasferido desde el centro a otras escalas geográficas
donde se constituyen actores encargados de ejercerlo.
Ahora bien, la descentralización, ya se dijo hace diez
años (Hevia Rivas 1991) "es un dato en América
Latina" lo que no implica que haya grandes acuerdos sobre
lo que realmente es y "a pesar de los logros tan poco alentadores
que han obtenido los intentos reales de descentralización
que se han emprendido" (Weiler, 1996:210)
Estas dudas no son sobre el resultado
del proceso descentralizador en sí, sino que procuran
alertar precisamente sobre si con la descentralización
se han podido superar aquellos problemas detectados en los diagnósticos
que dieron impulso a las reformas educativas. Para responder
a este interrogante se podrían tomar los objetivos generales
de las reformas y analizar en que medida se cumplieron, pero
esto trasciende los objetivos de este trabajo.
Una de los temas que se discutirá
aquí es si un objetivo intermedio, como es el de "dotar
de autonomía a los establecimientos educativos"
como paso imprescindible para el cumplimiento de los objetivos
superiores de las reformas se ha cumplido o se está en
camino hacia su cumplimiento.
Desde la perspectiva de este trabajo,
el problema no pasa por discutir el grado y los tipos de descentralización,
sino por analizar si la descentralización conlleva la
autonomía de los establecimientos escolares. De no lograrse
dicho objetivo esta descentralización comenzaría
a carecer de su sentido principal no diferenciándose
sustantivamente de anteriores procesos descentralizadores que
fueron llevados a cabo en el continente por gobiernos autoritarios.
El salto cualitativo que podría dar un nuevo modelo de
gestión de los diferentes ámbitos de la conducción
del sistema (de la cúpula política a los establecimientos)
no se estaría produciendo y, en la medida que el logro
de este objetivo intermedio es considerado "condición
necesaria" para el cumplimiento de los objetivos finales,
se estaría ante un problema de difícil resolución.
Si la autonomía no se produce,
una posibilidad entre otras, es que se esté ante un sistema
educativo "policentrado" ( Sevilla Merino, 1996) entendiendo
por tal la multiplicidad de centros (por citar un ejemplo cercano)
provincias que tienen atribuciones y responsabilidades producto
del traspaso del sistema a unidades menores encargadas de la
gestión, pero en tanto y cuanto esta descentralización
no se exprese en las escuelas mediante la obtención de
verdadera autonomía no se esta frente a un cambio cualitativo.
La forma que adquiere un sistema educativo policentrado es muy
similar a del que tiene solamente uno, y los múltiples
nuevos centros reproducen los mecanismos de funcionamiento del
anterior sistema.
El supuesto que subyace al postular
la autonomía escolar como la fase más importante
del proceso descentralizador es que mediante su logro, se generan
las mejores condiciones para establecer un proceso dinámico
de participación e involucramiento de diversos actores
sociales capaces de construir una "imagen objetivo"
en las escuelas. Es esta construcción conjunta del proyecto
educativo la que retroalimentaría y crea sinergias que
permiten dar saltos cualitativos en la generación de
una nueva cultura institucional que impacta positivamente en
aquellas cuestiones detectadas como falencias del sistema.
En la medida que un sistema policentrado
exprese la continuidad del modelo vertical centralista, sería
cuanto menos difícil que se acorte la brecha de lejanía
que esas conducciones tienen de las necesidades y demandas sociales,
al tiempo que dificulta la posibilidad de contar con escuelas
que, insertas en su medio, puedan crear y recrear contenidos
significativos. Es que la autonomía trae aparejada la
necesidad de consolidar espacios de participación social
donde estén representados múltiples actores que
tienen que ver con la educación. Mas allá de lo
que tradicionalmente se entiende por comunidad educativa, será
necesario ampliar la base de sustentación social de una
transformación educativa incorporando a sectores de la
producción, del trabajo y de la sociedad civil expresada
por sus organizaciones intermedias.
La reivindicación de la autonomía
de las escuelas, no es para que el director, los docentes, los
alumnos o cualquier otro sector ejerza el poder por separado,
sino es en la autonomía de la menor unidad de análisis
del Sistema donde estos y otros sectores son contenidos. Tampoco
es esta una reivindicación por cuestiones de principios,
sino por que se reconoce a la escuela, si desarrolla sus potencialidades,
como la célula básica del sistema, como la unidad
de cambio, es este el lugar privilegiado donde el sistema toma
contacto con la realidad social que debe ser modificada, es
por eso la escuela autónoma la que se transforma en el
principal vínculo y polea de transmisión de las
demandas sociales hacia el sistema general. (Guevara,2000 a)
Vista desde esta perspectiva, la
autonomía no es solo (ni principalmente) el logro de
un "objetivo intermedio" que permite mayor calidad,
eficacia y eficiencia del sistema como postulan algunos programas
de reforma, sino la consecuencia de una nueva forma de gobernar
al Sistema donde se privilegian los espacios de acuerdo intersectorial
y la elaboración y construcción desde "abajo".
Hasta aquí se ha tratado
de exponer uno de los principales desafíos que aún
hoy, luego de tantos años tienen pendiente en general
las transformaciones educativas encaradas en la última
década. El próximo paso será esbozar algunas
razones que se supone, tienen que ver con esta demora y que
están relacionadas con la ineludible necesidad que tienen
los sistemas educativos de democratizar sus estructuras como
paso imprescindible para lograr la autonomía de sus establecimientos.
2.1- La gobernabilidad democrática de los sistemas
educativos
La descentralización, ya
se vio, puede ser realizada por gobiernos democráticos
o autocráticos, lo que implica que desde posiciones ideológicas
antagónicas puede utilizarse una misma estrategia. Pero
si a esta se le incluye la autonomía de los establecimientos,
desde el punto de vista de este trabajo será necesario
encarar mecanismos democráticos-participativos como vía
por la que transite el proceso autonómico y esto excluye
las posiciones autocráticas, lo que no quiere decir que
todo gobierno democrático tenga la voluntad de circular
por esta vía.
La gobernabilidad democrática
de un sistema educativo se expresa, entre otros aspectos, cuando
éste muestra capacidad de agregar y articular intereses,
al tiempo que logra resolver los conflictos interactorales (de
Puelles y Urzúa, 1996), lo que implica capacidad de atención
de las demandas sociales y posibilidades de tener respuestas
para las necesidades de educación de su población
incluida, a la par de desarrollar activas políticas que
permitan incluir a la población excluida.
La gobernabilidad democrática
supone también, desde la perspectiva de este trabajo,
la generación y consolidación de espacios de participación
de numerosos agentes sociales que, mediante la construcción
de acuerdos, van diseñando un proyecto común que
los involucre.
La gobernabilidad democrática
así entendida, atraviesa los diferentes espacios del
sistema y permite arribar al logro de la autonomía escolar.
Esto implica que deberá incluir a los diferentes ámbitos
o niveles del sistema en esta práctica ya que es difícilmente
imaginable que el sistema transite un camino que confluya en
prácticas democráticas en el ámbito de
la unidad básica del sistema, si no se entablan relaciones
simétricas en los demás niveles.
De tal manera que uno de los supuestos
de este trabajo es que los pocos logros en materia de autonomía
escolar se deben a las dificultades que tiene el sistema educativo
en recorrer un camino que lo encauce en la práctica de
gobernabilidad democrática-participativa. Una consecuencia
de esta situación es la falta de participación
real de los diferentes actores educativos en el análisis
y solución de los problemas del sector debido, entre
otras causas, a la carencia de espacios de participación
real, ya se dijo, en todos los ámbitos del sistema.
Para concluir esta parte quizá valga una aclaración:
El trabajo no tiene por interés fundamentar mayor descentralización
territorial desde la perspectiva de "municipalizar"
ya que la falta de ejercicio de gobernabilidad democrática
no es vista aquí como un problema de escala de los sistemas.
Teóricamente es posible pensar practicas democráticas
independientemente de la escala y la ausencia de estas remite
a concepciones ideológicas y de decisión política
y no al tamaño, ya que no está demostrado que
los pequeños sistemas sean más democráticos
que los grandes.
2. 2- Condiciones objetivas y
condiciones subjetivas para una reforma.
El análisis del contexto
por donde transita un proceso de transformación educativa
remite a la explisitación de las condiciones objetivas
y subjetivas en que se desenvuelve. Este tema será tratado
a continuación de manera esquemática.
Cuando analizan las condiciones
objetivas del Sistema Educativo, los diagnósticos que
fundamentan gran parte de las transformaciones educativas coinciden
en resaltar de manera general una serie de problemas entre los
que resaltan:
Ø El continente vivió,
a partir de 1960 un importante proceso de expansión de
los sistemas educativos expresado en un considerable aumento
de la cobertura, pero esta expansión no fue acompañada
de mejoras sustanciales en los contenidos educativos ni en la
inversión necesaria, lo que trajo aparejado importantes
problemas de repitencia, abandono, sobre edad, etc.
Ø La mala calidad en la formación
y en los programas de actualización docente unidos a
los problemas de deterioro de las condiciones de trabajo y del
salario trajo como consecuencia, docentes desinteresados y no
capacitados para el ejercicio de su profesión.
Ø Se constata la existencia
de escuelas publicas con recursos, generalmente utilizadas por
los sectores medios y altos y escuelas carentes de los mismos,
pobladas por los sectores bajos, lo que trae como consecuencia
mayor inequidad producto del acceso desigual a los saberes.
Ø Quizá también
sea producto de su expansión, que si se analiza por ejemplo
la distribución espacial de la oferta del subsistema
de educación técnica, se pueda concluir que esta
conformado por un conjunto de establecimientos con superposición
de ofertas que no se asientan sobre necesidades y características
regionales.
Ø Se comprueba el divorcio
entre el sistema educativo y el mundo del trabajo, lo que redunda
en la escasa preparación que tienen los egresados para
insertarse en el mercado laboral.
Ø Así, entre las condiciones
objetivas detectadas en los diagnósticos previos a las
transformaciones o reformas del sector, se puede resaltar la
existencia de sistemas educativos más segmentadores que
integradores que se vuelven cada vez más inadecuados
frente a las demandas del mundo del trabajo (Ottone 2000) donde
se expresa la impotencia del sistema para producir resultados
que puedan satisfacer las necesidades y expectativas sociales.
Por otra parte, cuando se habla
de condiciones subjetivas se está haciendo referencia
a dos cuestiones:
1. Por una parte a la voluntad política
y la perspectiva ideológica que permitan definir el modelo
general de gobierno así como la especificidad del sistema
educativo que se pretenda recrear. Esto remite a la necesidad
que tienen quienes gobiernan la educación provincial
de precisar su propuesta política, sus objetivos y metas
que permitan vislumbrar una mejora de esas condiciones "objetivas",
pero también (y fundamentalmente) debería expresar
claramente su estilo de gobierno dentro del que están
las reglas de juego para la participación ciudadana.
La conducción de los sistemas educativos provinciales
debería proponer su estilo de gobierno del sistema e
incluir expresamente los mecanismos que permitan generar espacios
participativos, así como acciones tendientes al logro
de la democratización del mismo.
2. Por la otra, se está haciendo referencia a la manera
en que la sociedad civil vislumbra las condiciones objetivas
mencionadas y, principalmente, cual es su disposición
a involucrarse de manera activa en la solución de los
mismos, bajo el supuesto que su inclusión es fundamental
para producir ese salto cualitativo que modifique las condiciones
objetivas en las que se está desenvolviendo el sistema.
Puede ser esta sociedad civil expresada en una serie de organizaciones
intermedias barriales y en ONG, s las que se incorporen a un
proceso de transformación educativa y de hecho esto sucede
en numerosos establecimientos. El problema radica que en la
actualidad esta inclusión es producto generalmente de
las características que tenga la conducción de
cada escuela y no de una política sistemática
dirigida desde los gobiernos educativos centrales.
Cuando se inician procesos de reformas
o transformaciones educativas como los propuestos durante la
década del 90 cuyo discurso incorpora nociones de descentralización
y principalmente, autonomía de las instancias menores
del sistema, para que estas propuestas no queden solo como un
discurso, será necesario atender a las dos condiciones
anotadas, ya que no solo basta con que las "objetivas"
indiquen lo imperioso del cambio, pues si no están creadas
(o no se pueden crear) esas "condiciones subjetivas",
son escasas las posibilidades de que el cambio a nivel general
sea factible.
En nuestro caso si bien las condiciones
"objetivas" (con variaciones en cuanto a la magnitud)
podrían ser comunes al conjunto de los sistemas educativos
provinciales las "subjetivas" no lo son en igual medida.
Por tal razón es posible suponer que la democratización
necesaria podrá sufrir un proceso desigual según
dichas condiciones que tendrán que ser analizadas en
cada caso concreto.
Lo paradójico para el caso
argentino, es que en gran medida un aspecto de las condiciones
subjetivas (aquel que se refiere a la sociedad civil) estuvo
dado a partir de la última vuelta a la democracia cuando
una parte importante de la sociedad se movilizó e involucró
en torno a los problemas educativos (Albergucci 1995) pero esta
movilización fue decayendo, quizás debido a la
impotencia del Estado en la promoción y generación
de espacios que permitan una construcción conjunta entre
el gobierno educativo y la sociedad civil.
Ni el debate político, ni
la sanción de una Ley garantizan el necesario acuerdo
societal y menos aún la participación de múltiples
actores imprescindibles a la hora de implementar transformaciones
educativas que se sabe, requieren de tiempos largos y continuidad
en las acciones, aspectos no fácilmente articulables
con los tiempos políticos. Se requiere de cierta cohesión
social, para la concertación de objetivos y estrategias
y si bien, la educación es responsabilidad inalienable
del Estado, no significa que sea de responsabilidad exclusiva
de un gobierno ni que el Estado deba construir planes y proyectos
educativos "interpretando" las necesidades sociales.
Sería precisamente lo opuesto, la construcción
conjunta en diversidad lo que promovería la participación
y la elaboración de saberes concertados que facilitarían
la mayor posibilidad de continuidad en el tiempo.
En ese sentido se entiende la construcción
de "política de estado para el caso de la educación"
donde deberá estar el Estado (Nacional y Provincial)
y la sociedad de manera que lo societal y lo estatal se constituyan
a este efecto reconociendo que lo determinara en última
instancia la naturaleza y garantizará la continuidad
de las transformaciones será el nivel y solidez de los
acuerdos logrados en el ámbito societal.
Para eso será necesario partir
de un preconcepto referido a las posibilidades de concertar
algunas políticas y las dificultades (imposibilidades?)
que tiene la concertación de otras. Aquellas que son
dirimidas en el ámbito de la diferencia por el uso y
distribución del excedente económico y que hacen
a modificaciones estructurales en el patrón de acumulación
y distribución, no se las vislumbra como capaces de ser
concertadas pues hacen a antagonismos, algunos de clase y a
otros del orden de la cultura en sentido amplio (genero, raza,
origen migratorio, edad, etc) que cada vez se expresan con más
fuerza en las sociedades "post capitalistas". Por
el contrario, para el caso de algunas políticas (como
por ejemplo la educativa) es pasible de que en su entorno se
construya acuerdos y se actúe en consecuencia.
Para iniciar este camino un primer
paso sería el reconocimiento expreso de que la participación
es, en términos generales, escasa y la democratización
de los sistemas prácticamente nula ya que la tensión
principal no estriba en centralización o descentralización,
que puede (y de hecho así ha sucedido) ser realizada
por gobiernos dictatoriales o democráticos, la tensión
principal es gobernabilidad democrática participativa
o gobernabilidad autocrática. (Guevara 2000a) Avanzar
en este camino es condición necesaria para arribar a
la autonomía de los establecimientos tantas veces proclamada.
3-Desarrollo económico local: Las posibles
sinergias de un sistema educativo participativo.
3.1. Capitales Intangibles
Hace algún tiempo que quienes
estudian los problemas del desarrollo han reivindicado como
condición para el mismo un conjunto de dimensiones que
hacen al "capital intangible" y que están en
el orden de la cultura. Así las características
endógenas de un territorio del orden del fortalecimiento
de lazos de solidaridad, reciprocidad, cooperación, etc.,
ubicadas en dimensiones simbólicas, sociales o cívicas
adquirirían tanta o mayor relevancia que aquellas del
orden estrictamente material o de inversión como es el
caso de la infraestructura existente. En forma paralela al análisis
de las características endógenas se diferencia
el crecimiento (cuestión cuantitativa que remite a la
economía) del desarrollo (que hace a la naturaleza cualitativa
de las relaciones que se entablan en una sociedad) resaltándose
el hecho que el "derrame" del crecimiento económico
no impacta necesariamente en la mejora del nivel de vida de
las personas.
El crecimiento sin empleo que analiza
el informe sobre Desarrollo Humano del Programa de Naciones
para el Desarrollo de 1993 (PNUD) indica el creciente alejamiento
entre las necesidades humanas y la dinámica de los aparatos
productivos (Villanueva, 1995) mientras que la generalización
de las políticas de ajuste de corte neo-liberal ahondaron
los niveles de inequidad social resaltando que el problema entre
crecimiento económico y distribución del ingreso
está claramente relacionado con las particularidades
del modelo de desarrollo por el que se opte.
"...tal parece que la dificultad
para reflexionar sobre la naturaleza subjetiva, axiológica,
compleja del desarrollo, lleva a "cosificar" el concepto
para aprehenderlo con mayor facilidad y en tal caso la cuantificación
resulta inevitable. Así se confundirá el "desarrollo"
con objetos materiales (más casas, más caminos,
más escuelas, más hectáreas de tal o cual
cultivo) y rara vez se admite que lo que interesa es cambiar
las situaciones y procesos" (Boisier, 1998)
El mismo autor señala múltiples
formas de capital intangible entre las que rescata el cognitivo,
el simbólico, el cultural, el institucional, el psicosocial,
el social y el cívico. Dependería de una adecuada
articulación entre sí de estos capitales las factibilidades
de encarar un proceso de desarrollo y lo que determinaría
las posibilidades de este camino sería la utilización
del capita sinérgico entendiendo por tal "la capacidad
societal de promover acciones en conjunto dirigidas a fines
colectiva y democráticamente aceptados". (Boisier,
op.cit.)
3.2. Capital Social
En similar línea de trabajo,
se utiliza la categoría de "capital social"
para hacer referencia a formas de asociatividad basadas en la
confianza entre actores sociales, a la integración social
donde imperan normas de reciprocidad. (Klisberg, 1999) Otros
ponen énfasis en que esta forma de capital tiene que
ver con las normas, instituciones y organizaciones que promueven
la confianza y la cooperación entre personas, en las
comunidades y en la sociedad en su conjunto. (Durston, 1999)
Así, el capital social podría ser el componente
de capital humano que permite a los miembros de una sociedad
dada, confiar el uno en el otro y cooperar en nuevos grupos
y asociaciones. (Boisier op.cit) De esta manera, la existencia
de capital social puede facilitar el desarrollo de organizaciones
de la sociedad civil con gestión de base efectivas que
agrupen diversos actores sociales fortaleciendo la sociedad
civil. (Durston 2000)
En la medida que uno de los conceptos
centrales al paradigma de capital social es la reciprocidad,
se reconocen los aportes que la antropología brinda a
la fundamentación teórica del tema y a Marcel
Mauss en su reconocido trabajo "Ensayo sobre el Don"
(Durston 2000)
Así, autores como Karl Polanyi
(1976) que al analizar los elementos integradores de la sociedad
rescata la redistribución (lo que supone la existencia
de alguna forma de centralidad distribuidora); el intercambio
(que requiere la formación del mercado) y la reciprocidad
(que por suponer simetría gana fuerzas como forma integradora)
que puede utilizar la redistribución y el intercambio
como formas subordinadas (Guevara 2000 a).
También Elman Servic (1973)
quien analiza diversos tipos de reciprocidad distinguiendo la
generalizada de carácter altruista (donde la "devolución"
como retribución material es improbable) que se encuentra
especialmente en las relaciones de parentesco; la negativa (donde
se procura obtener un beneficio a expensas de alguien en condiciones
de debilidad relativa) que está expresando la falta de
reciprocidad y; la equilibrada (entendida como la "verdadera")
que reconoce el ida y vuelta; la circulación en dos direcciones;
que para Marshall Shalins (1974) es la "más económica"..."y
que tal vez el efecto social esté compuesto por un intercambio
equitativo de necesidades diferentes."
Refiriéndose al mismo tema
Raymod Firth afirma, al interrogarse sobre la razón que
obligue a retribuir lo recibido, que tal obligación se
explica por las sanciones sociales al incumplimiento y a la
necesidad de continuar relaciones económicas que son
vistas como útiles por el grupo social.
Para algunos, (Portes, 1998) al
capital social se lo debe analizar en el plano individual y
familiar pero no es atributo de sociedades. Otros, rescatando
a P. Bordieu como uno de los iniciadores del tema (quien recomienda
profundizar la institucionalización de las relaciones
grupales) distinguen la existencia de dos formas de capital
social: el individual y el comunitario. El primero está
referido a las relaciones de confianza y reciprocidad egocentradas,
mientras que el segundo se basa en normas y estructuras que
conforman las instituciones de cooperación grupal como
forma de "institucionalidad social del conjunto" y
quienes participan del mismo plantean el bien común como
objetivo (Durston 1999) que no reside en las relaciones interpersonales
diádicas, sino en sistemas complejos en sus estructuras
normativas, gestionarias y sancionadoras. (Durston 2000)
También existe un espacio
de debate entre los que expresan dudas sobre la posibilidad
de generación del capital social en sociedades que carecen
de él, o en todo caso suponen que la construcción
de instituciones confiables y de normas de cooperación
y de participación cívica demandaría décadas
(Robert, Putman, citado por Durston, 1999). Para este último
autor, quien participó de un programa de desarrollo en
comunidades rurales de Guatemala, fue posible "crear capital
social en estas comunidades y a través de ello convertir
a un sector excluido en un actor social en el escenario microregional
(Durston, 1999)
El supuesto de trabajo fue que las
dimensiones sociales y culturales no son conjuntos inmutables
y pueden ser re-elaboradas en determinadas condiciones, especialmente
por el involucramiento de determinados agentes que interactúan
en la arena social y que, mediante su participación pueden
provocar cambios rápidos. Una de las bases donde se asentó
la estrategia fue en la recuperación de antiguas prácticas
de cooperación y fundamentalmente de mecanismos de reciprocidad
comunal. Aparentemente, en el caso presentado fue posible construir
capital social comunitario gracias a la existencia previa de
prácticas de reciprocidad en la cultura local, la posibilidad
de definir un actor social mediante un proyecto de desarrollo
y la apropiación de capacidades de autogestión
comunitaria por parte de los actores sociales (Guevara, 2000
a).
"Tanto el capital social individual
como el comunitario son parte de la cultura compartida y hasta
cierto punto internalizada por los individuos que componen la
comunidad. El capital social comunitario es la institucionalidad
formal e informal que integra las normas culturales de confianza
entre individuos, por un lado, con las prácticas de cooperación
entre todos los miembros de un sistema social. Los aspectos
individuales y colectivos se compenetran." (Durston, 2000:24)
En esta línea también
avanzan quienes reivindican el fortalecimiento de la capacidad
de gestión del poder local para profundizar estrategias
de participación ya que la participación organizada
requiere de interlocutores sociales próximos y espacios
reducidos. (Schejtman, 1999)
4- Educación
y Desarrollo: un posible espacio de trabajo articulado entre el
Estado y la Sociedad Civil
Hasta aquí se han planteado
algunos problemas que hacen al sistema educativo y otros que están
relacionados con las perspectivas de desarrollo. En esta última
parte que a su vez opera como conclusión, se procurará
analizar cual podría ser la forma de trabajo articulado
entre el Estado y Organizaciones de la Sociedad Civil, en esa
idea de producir sinergias.
En primer lugar interesa exponer
cuatro consideraciones:
1) Hay un punto de llegada en los
dos temas tratados y es que la vía de partida para producir
los cambios necesarios debería ser la construcción
democrática y participativa de un proyecto colectivo,
la construcción de una "imagen objetivo" que
respete diferencia y articule intereses. El camino adecuado
es sin duda, el fomento de la participación social que
esta íntimamente relacionado con el fortalecimiento de
la sociedad civil para organizarse en procura de intereses concretos.
(Tomassini 2000) El proceso de participación social a
la vez que estimula la capacidad de los actores en la identificación
de sus necesidades e intereses, permite desarrollar prácticas
de negociaciones y acuerdos multiactorales.
2) Huelga afirmar que la educación
juega un papel fundamental en las posibilidades de desarrollo
de una sociedad. También es un lugar común decir
que los sistemas educativos no están a la altura de las
necesidades que la sociedad les demanda (entre otros aspectos)
con relación a su aporte al desarrollo. Estos sistemas
cuyos resultados (por citar solo algunos) son la profundización
de la segmentación social, la lejanía de las necesidades
de formación que los jóvenes tienen para su posterior
inserción productiva, se asientan sobre un punto de inequidad
en la calidad y distribución espacial de su oferta que
trae como resultados mayores aportes al sostenimiento de la
inequidad social. (Guevara 2000 b) .Por estas razones es que
los sistemas educativos están ante el enorme desafío
de producir cambios fundamentales que les permita concretar
acuerdos entre los disímiles acores sociales.
3) Por otra parte, como se ha dicho
anteriormente, uno de los elementos fundamentales para el desarrollo
es el capital social que está formado por componentes
intangibles como son el conjunto de elementos que engloba el
capital sinérgico. Componentes que dependen de valores
societales que están en el ámbito de la cultura,
creados y recreados en diversos momentos históricos por
lo que es posible suponer que, el proceso de construcción
y reconstrucción de identidades culturales individuales
y colectivas es un espacio donde la educación puede brindar
un aporte sustantivo.
4) La discusión sobre el
rol del Estado no está saldada y evidentemente si el
debate pasa por su tamaño será difícil
que esta se salde. Es verdad que al Estado Benefactor se le
ha decretado la quiebra y sobre esta situación se montan
las propuestas de Estado Mínimo. Pese a que el interés
de este trabajo no es discutir las concepciones de Estado hay
un tema que deberá ser definido: la responsabilidad de
la educación debe ser una de las responsabilidades del
Estado, lo que implica contar con un Estado capaz de elaborar
propuestas que mejoren la calidad de la educación y,
especialmente, que garantice la equidad desde su rol de velar
por el bien común. La reducción del Estado encarada
a partir de los '90 cuyo eje central fue el traspaso al mercado
de importantes funciones que antes desarrollaba y la transferencia
a instancias subnacionales (provinciales y municipales) de un
conjunto de responsabilidades sociales sin los recursos y formación
técnica necesaria, generó la imposibilidad de
dar respuestas satisfactorias a las expectativas y demandas
sociales. Una consecuencia fue que la sociedad civil a través
de sus organizaciones comenzó a ocupar el espacio vacante
de las políticas sociales (especialmente en ámbitos
locales) ahora agudizadas por los sucesivos programas de ajuste
y sus consecuencias de fragmentación social.
No es aquí el lugar apropiado
para analizar con detenimiento las Organizaciones de la Sociedad
Civil, tarea a la que se abocan otros trabajos en este libro,
sino solo para resaltar algunos espacios que estas pueden ocupar
en un proceso de incorporación de la educación
a una propuesta de desarrollo. En este trabajo se supone que
no solo es posible, sino deseable que las Organizaciones de
la Sociedad Civil se involucren activamente en los problemas
de educación y desarrollo y esto es debido al menos,
a dos razones centrales.
a) Una deuda fundamental que tienen
en general los procesos de transformación educativa,
son los magros resultados con relación al logro de la
autonomía de los establecimientos educativos, debido
-según se supone aquí- a la carencia de acciones
democratizadoras en los Sistemas Educativos. Esta situación
tiene como resultado un divorcio cada vez mayor entre las necesidades,
expectativas y demandas de la sociedad y las propuestas que
elabora el sistema educativo.
b) Una de las líneas que
trata de resignificar alguno de los postulados del desarrollo,
considera un conjunto de capitales intangibles y/o sinérgicos
que estando (o siendo recreados) en el ámbito de la sociedad,
son la base por donde se puede instalar el camino virtuoso del
desarrollo.
Por otra parte, algunas de las particularidades
de las Organizaciones de la Sociedad Civil, son básicas
para potenciar esos aspectos.
a) Por sus características
muchas de estas organizaciones tienden a ocupar un espacio diferente
al Estado, al gobierno y al mercado lo que posibilita la expresión
de una lógica de valores diferentes a los que expresan
tanto el sector público como el privado.
b) Quizá, la principal fortaleza
de muchas de estas organizaciones esté referida a la
consecuencia en una aproximación tendiente al reconocimiento
de la construcción intersubjetiva del saber. El reconocimiento
de la ausencia del saber "objetivo" lleva a la reivindicación
del trabajo intersubjetivo y al respeto por la diferencia como
practica de construcción del saber. Esto hace que se
desarrollen propuestas comunitarias participativas que permiten
el involucramiento a diversos sectores y sujetos sociales.
c) Debido al espacio que ocupan
y, principalmente, al método de construcción de
los saberes, son algunas de estas organizaciones de la sociedad
civil las que están en optimas condiciones de revalorizar,
resignificar y reconstruir aquel capital social que, en estado
mas o menos larvado en algunos casos y manifiestamente expuesto
en otros, se encuentra en la organización social y que
parece ser condición indispensable para el buen camino
del desarrollo.
d) Aquellas organizaciones que desarrollan
trabajo de base comunitario, están en inmejorables condiciones
de realizar aportes sustantivos a la creación de las
condiciones subjetivas. Especialmente en el punto referido a
la toma de partido e involucramiento de la sociedad civil en
las transformaciones educativas que contemplen expectativas,
necesidades y demandas sociales. En este sentido, se entiende
a la sociedad civil como el reservorio de la cultura de una
sociedad y precisamente al compás de la transformación
de los valores producto de la modernidad, se fortalece la conciencia
de la importancia de la sociedad civil y de su presencia frente
al gobierno y el Estado (Tomassini, 1999) considerando que importantes
sectores de la sociedad civil participando activamente de un
proyecto, pueden desarrollar instituciones y prácticas
solidarias y procurar asociaciones de cooperación a partir
de objetivos comunes.
La capacidad de potenciar las posibilidades
que tiene el Sistema Educativo para contribuir a generar condiciones
virtuosas de desarrollo, promoviendo en involucramiento de la
sociedad civil a través de sus organizaciones dependerá
básicamente, de sus propuestas.
Un tema que está sobre la
mesa es el referido (desde la lógica del financiamiento
a la demanda y no a la oferta educativa) a "profundizar"
la descentralización vía la municipalización
y luego la utilización de bonos (voucher) que el Estado
entrega a los padres bajo el supuesto que estos puedan "elegir"
la mejor escuela para sus hijos. Esta posición lleva
implícita un conjunto de consideraciones de las que se
señalan dos:
Ø Como se supone que un problema
principal es la poca eficiencia que muestra el Sistema, una
política de mercado (oferta y demanda) garantizarían
el mejoramiento de la calidad ya que los voucher operan como
incentivo para la captación de matricula por parte de
las escuelas que tendrían que competir mejorando su oferta.
Ø Se la considera una propuesta
equitativa para los padres que envían a sus hijos a escuelas
pagas y que a su vez deben financiar la educación publica
por vía impositiva.
Las objeciones a la propuesta esta
en el orden de:
Ø Las escuelas no son empresas
que deban operar mediante el criterio de maximización
de ganancias.
Ø Se señala que los
desiguales resultados de aprendizaje se explican más
por el nivel socioeconómico de los alumnos que por el
tipo de escuela a que concurren.
Ø No es posible hablar seriamente
de un "mercado educativo", ni tampoco pensar que el
Estado abrirá diversas escuelas en un barrio (y menos
aún en zonas rurales) para que se pueda elegir entre
un "menú de opciones".
Ahora bien, hay otro tipo de propuestas
que llevan implícita una visión crítica
de estas posturas de extensión de la "lógica
de mercado" al diseño de las políticas sociales.
En este caso interesa desarrollar en forma breve un modelo de
intervención para la reorganización de las ofertas
de formación técnica en escala local denominado
SILOSE que fue desarrollado en el Instituto Nacional de Educación
Tecnológica (INET) .
El objetivo general del modelo
es aportar a la configuración, en diversos ámbitos
territoriales, de sistemas de ofertas educativas técnico-profesional
incorporando a un conjunto de actores públicos y privados
entre los que sobresalen el personal, padres y alumnos de los
establecimientos involucrados, actores vinculados al mundo del
trabajo (cámaras empresariales y sindicatos) organizaciones
de la sociedad civil y autoridades políticas del gobierno
local.
Mediante un intenso trabajo de negociación
y acuerdos interactorales se propone arribar a la reorganización
de las ofertas formativas que básicamente tomen en cuenta
a los requerimientos de formación acorde a la dinámica
socio-productiva zonal y a las necesidades de aprendizaje de
diferentes grupos de población.
Ante los problemas derivados de
la existencia de instituciones con baja matrícula y carencias
en su capacidad instalada se propone la elaboración de
proyectos compartidos entre establecimientos bajo el criterio
de priorizar la cooperación por sobre la competencia
por ofertas y/o matrícula. Este grado de cooperación
podrá asumir diversas formas y está relacionado
con la cultura local, la cultura institucional, la participación
de la conducción política del sistema educativo
y con la práctica de los actores en un proceso que deberá
generar confianza mutua.
Para desarrollar con éxito
este proceso, una condición fundamental es que cada institución
abandone la idea de definir la oferta formativa desde su realidad
( básicamente capacidad instalada y especialidad de sus
docentes) tema que tiene larga tradición en el sistema.
La otra, es el reconocimiento de que la unidad de análisis
pasa a ser el territorio donde el conjunto de los establecimientos
existentes deberán dar cuenta de las demandas y necesidades
sociales, al tiempo que deberán reconocer que el proceso
de detección y análisis de esas necesidades no
es un tema propio (o apropiado) por el Sistema Educativo, sino
que será definido mediante el trabajo conjunto de los
actores involucrados.
Aparte de llevar una crítica
implícita a la extensión de la lógica de
mercado, este tipo de propuestas considera que la práctica
de inserción en el territorio conduce al fortalecimiento
organizacional de cada una de las instituciones que operan en
el territorio lo que facilita la obtención de la autonomía
institucional. Por otra parte, producto del trabajo conjunto
se va tejiendo una asociación en red de instituciones
donde se valora la cooperación, la ayuda mutua y la confianza.
Al conjunto de estas actividades
se las entiende en su doble papel de generadoras y utilizadoras
del capital social comunitario. Por lo tanto, es una muestra
de las posibilidades que tiene el sistema educativo de incorporarse
y hasta promover acciones destinadas al desarrollo económico
local no sólo en su tradicional rol de formación
de recursos humanos en el sentido restringido.
Una de las condiciones para que
este tipo de actividades desarrolladas desde el Estado pueda
tener éxito, es su sostenimiento en el tiempo, si producto
de cambios en la esfera política o de alguna otra razón
las conducciones educativas provinciales no sostienen las acciones,
es cuanto menos difícil que la sola inercia de una localidad
permita arribar a buen puerto con la experiencia.
Eso no quiere decir que las organizaciones
de la sociedad civil solas no puedan impulsar actividades destinadas
al fortalecimiento del capital social comunitario, pero en este
trabajo se opto por analizar algunas posibilidades que tiene
el Estado para impulsar acuerdos y trabajos en conjunto con
sectores que lo trascienden.
Una condición es contar con
un Estado fuerte, regulador, que atienda a la compensación
de las diferencias y se plantee desarrollar políticas
que promuevan la equidad. Un Estado esencialmente orientado
a abrir canales de comunicación y de interacción
con la comunidad y la ciudadanía en el diseño
y la ejecución de políticas sociales. (Tomassini
2000)
Por lo tanto la generación
de espacios institucionales donde importantes sectores de la
sociedad civil se organizan y participan activamente de las
políticas públicas, desde la perspectiva de consolidar
valores, instituciones y organizaciones que promuevan el beneficio
recíproco, la cooperación y fortalezcan los lazos
de confianza, son actividades que refuerzan y amplían
el capital social comunitario.
Esta actividad puede ser motorizada
por el gobierno, por las Organizaciones de la Sociedad Civil
o en políticas conjuntas que es lo deseable desde la
perspectiva de este trabajo. Dependerá del posicionamiento
que el gobierno tenga la posibilidad de transitar esta senda.
Una cuestión destacable es que el capital social puede
ser construido, como se vio para el caso de una comunidad guatemalteca,
desde la perspectiva de creación de un potencial sinérgico
mediante el trabajo conjunto de organizaciones comunitarias
y el gobierno. Por otra parte, son varios los autores (Coleman,
Hirschman, Boisier) que consideran que el capital social, al
igual que otras formas de capital intangible, aumenta en la
medida que se lo practica y disminuye cuando cae en desuso.
En este sentido las políticas
desde el Estado destinadas a promover e incentivar confianza,
asociación y cooperación entre instituciones y
personas, así como otras formas solidarias, tiende al
fortalecimiento y consolidación del capital social comunitario.
Por el contrario aquellas que promueven la competencia asimilando
la lógica del mercado a las políticas sociales
tenderían a la disolución de este capital de igual
modo que "el exceso de mercado debilita las relaciones
de intercambio comunitario" (Putman, citado por Durston
2000)
La construcción de capital
social esta asociada al fortalecimiento de la sociedad civil
y de sus organizaciones de base comunitaria que pueden ser,
por ocupar un lugar privilegiado que les permiten rescatar expectativas
y demandas sociales, una adecuada correa de transmisión
y retroalimentación que permita elaborar políticas
conjuntas estado-sociedad civil-comunidad, revirtiendo la lógica
estatal de elaborar e implementar políticas "desde
arriba"
Este esquema significa que si el
Estado desarrolla dentro de su ámbito de competencia,
políticas que eleven y aumenten normas, organizaciones
e instituciones que originen confianza, reciprocidad y cooperación
(que son las bases del capital social) produciría el
desarrollo de espirales sinérgicos que impacten en los
niveles local y comunitario, trayendo como beneficio el fortalecimiento
de la sociedad civil y el aumento del capital social comunitario.
Bibliografía.
Aguerrondo, Inés y Morduchowicz, Alejandro. Políticas
educativas: ¿mercado o estado?
Albergucci, Roberto. Ley Fedral y Transformación Educativa.
Troquel, Buenos Aires 1995.
Boisier, Sergio, El desarrollo territorial a partir de la construcción
del capital sinérgico. CEPAL, Santiago Chile 1998
CEPAL/UNESCO. Educación y Conocimiento: Eje de la transformación
productiva con equidad, Santiago, Chile 1992
De Puelles, M y Urzúa, R. Revista Latinoamericana de
Educación Nº 12, Madrid, España 1996
Di Gropello, Emanuela. Los modelos de descentralización
educativa en América Latina, Revista de la CEPAL, Santiago
Chile, agosto de 1999
Durston John. ¿Que es el capital social comunitario?
Serien temática Nº 38 CEPAL Santiago, Chile julio
de 2000
Durston, John. Construyendo el capital social comunitario, CEPAL,
Series Políticas Sociales Nº 30, Santiago Chile,
1999
Elman Servic. Los Cazadores. Ed. Labor, Barcelona España,
1973
FIEL, Descentralización de la escuela primaria y media,
Buenos Aires, Argentina 1993
Gajardo, Marcela. Reformas Educativas en América Latina.
Balance de una década. PREAL 1999, Http:// www.preal.cl
Guevara, Claudio ed. Planeamiento de Ofertas formativas y desarrollo
económico local, GTZ Buenos Aires, Argentina, 2000,.Proyecto
INET-GTZ.
Guevara, Claudio (a) Autonomía de las escuelas, planificación
de ofertas formativas y desarrollo económico local, En:
Planeamiento de Ofertas formativas y desarrollo económico
local, Claudio Guevara Ed. GTZ Buenos Aires, Argentina, 2000,Proyecto
INET-GTZ.
Guevara, Claudio. (b) Provincia de Buenos Aires: Índice
del nivel de riesgo de exclusión educativa y algunas
características en la distribución espacial de
la oferta de Nivel Medio. En: Planeamiento de Ofertas formativas
y desarrollo económico local, Claudio Guevara Ed. GTZ
Buenos Aires, Argentina, 2000,.Proyecto INET-GTZ.
Hanson, Mark. La descentralización Educacional: Problemas
y Desafíos. PREAL 1997, Http: // www.preal.cl
Hevia Rivas, R. Política de descentralización
en la educación básica y media en América
Latina. Estado del Arte. UNESCO/REDUC, Santiago, Chile 1991
Karl Polanyi
Klisberg, Bernardo, Revista de CEPAL Nº 69,Santiago, Chile1999
Ottone Ernesto. La apuesta educativa en América Latina
en Revista de la CEPAL Nº 70.
Schejtman, Alejandro. Las dimensiones urbanas en el desarrollo
rural. En: Revista de la CEPAL Nº 67, Santiago, Chile 1999
Sevilla Merino, 1996
Tomassini, Luciano. Cultura y Desarrollo Revista de la CEPAL,
Santiago Chile, agosto de 1999
Villanueva, Ricardo. La educación en la encrucijada del
desarrollo, OEI, Madrid España 1995
Weiler, Han. Enfoque comparados en descentralización
educativa. En: Globalización y descentralización
de los sistemas educativos: fundamentos para un nuevo programa
de educación comparada. Pereyra, García, Gomez
y Beas compiladores. Pomares-Corredor, Barcelona, España
1996