¿Qué desarrollo queremos?
Probablemente en la historia de
la humanidad no existe un concepto que haya sido tan ampliamente
utilizado en el lenguaje de los gobiernos, de las instituciones
y de las personas y en torno al cual se haya producido una cantidad
tan impresionante de documentos oficiales. A pesar de ello sigue
siendo un concepto absolutamente polisémico, equívoco
y como tal, inhibidor de una real comprensión del fenómeno
al cual denota.
Con el concepto de desarrollo ocurre lo que con muchos otros
conceptos que se han ido trivializando y banalizando, llegando
en definitiva, a perder todo el contenido que en un momento
pudieron tener para denotar un fenómeno determinado.
Eso por un lado, pero por otro, el uso del concepto se ha ido
pervirtiendo y deformando, llegando a connotar, incluso lo opuesto
a lo que primitivamente indicaba.
Un intento de aclaración
Hemos creído durante largo
tiempo que cualquier iniciativa que nos llevase a una mayor
modernidad era buena; se llegó a creer, parafraseando
las visiones conservadoras, "que todo tiempo futuro sería
mejor".
Cuando hablamos de desarrollo estamos
pensando en algo que es bueno, algo que nos conduce en pos de
algo mejor de lo que somos o tenemos. La noción de desarrollo
tiene relación con "rollo", con algo que está
enrollado, replegado; y que se desensoga, se despliega. Desarrollar
es amplificar, desenvolver, explicar, aumentar, crecer, madurar,
progresar, extender. Desarrollo es sinónimo de adelanto,
aumento, crecimiento, desenvolvimiento, incremento, maduración,
madurez, progreso, prosperidad. Hoy también, de "modernidad".
Hasta ahí todo va bien, pero
lo que ocurre es que este concepto, al igual que todas las cosas
tiene dos caras; una dice relación con los beneficios
del proceso, otra, con los costos de él.
El tema del desarrollo debería
suscitarnos inmediatamente algunas preguntas, que parecen obvias
pero no lo son tanto. ¿Desarrollo, para qué y
para quienes? ¿Qué tipo de desarrollo?
La cara positiva la tenernos suficien-temente
clara, es exhibida todos los días por los medios de comunicación,
en los discursos empresariales y políticos, la mencionamos
en los logros que en términos de bienestar afectan nuestra
vida cotidiana. La otra cara no está tan a la vista.
Esa es la que creo necesario abordar en esta reflexión.
La otra cara del desarrollo
Hoy coexisten en el mundo dos tipos
de pobreza. El primero es la pobreza tradicional que afecta
a una proporción importantísima de la población
mundial. Pobreza que incluso se ha agravado notablemente debido
a su deterioro relativo; pobres que se han transformado en miserables
debido a la acción de la modernización de sus
países o regiones donde ellos viven.
Diversos estudios dan cuenta del
hecho anterior, veamos las afirmaciones contenidas en la siguiente
cita referida a Guatemala:
"La estrategia de exportación
no tradicional no se reduce a incorporar al campesino al mercado
externo. Es un esfuerzo por cambiar la agricultura desalentando
la producción tradicional. Y la estrategia estaría
empeorando el nivel de vida de los campesinos. Las exploraciones
de campo evidenciaron que reconvertir la agricultura bajo el
modelo descrito, produce uno que otro éxito y muchas
quiebras. Aquellos que pierden, pasan a engrosar el ya numeroso
ejército de pobreza extrema en este país".
En la siguiente cita, que hace referencia
al libro de J. Choncol "Modernización agricole et
exclusions des paysans en Amerique Latine", se contienen
las siguientes afirmaciones de carácter más general:
"La revolución verde,
el gran progreso técnico de la agricultura contemporánea
es puesto en cuestión. Casos como México y la
India, mostrados en algún momento como ejemplos paradigmáticos
del éxito de su aplicación en países menos
desarrollados, comienzan después a ser fuertemente problematizados
por distintas razones: resultados mucho menos espectaculares
en tierras menos buenas; introducción de especies que
resultaron débiles frente a las condiciones climáticas;
dependencia creciente de los fertilizantes en la medida del
debilitamiento de los suelos. Esta modernización suele
generar una situación peor para muchos campesinos a través
de efectos de mayor dependencia, endeudamiento y hasta su expulsión
a las ciudades sin posibilidad clara de un nuevo trabajo."
El segundo tipo de pobreza es la
"pobreza modernizada" como la denomina Ivan Illich.
Estamos viviendo también un empobrecimiento que es producto
de la modernidad: dietas con exceso de proteínas animales
que se traducen en enfermedades cardiovasculares; concentración
urbana excesiva que genera estrés y enfermedades respiratorias;
exceso de individualización que provoca soledad, aislamiento,
alcoholismo y drogadependencias; y para qué seguir.
"La pobreza modernizada aparece
cuando la intensidad de la dependencia del mercado alcanza un
cierto umbral; subjetivamente, quienes sufren la mutilación
de una apabullante dependencia de las riquezas de la productividad
industrial experimentan como consecuencia una opulencia frustrante.
Simplemente los priva de la libertad y del poder de actuar con
autonomía, de vivir creativamente; los confina a la supervivencia
por el hecho de estar insertos en las relaciones del mercado.
Y precisamente porque padecen esta nueva impotencia de modo
tan profundo la expresan con dificultad".
Vivimos actualmente un subdesarrollo
del crecimiento y a la vez un crecimiento del subdesarrollo:
países que se empobrecen a pesar de su creciente riqueza
material y un incremento absoluto de los pobres tanto en los
países pobres como también en los países
ricos.
"Existen alrededor de 1.200
millones de pobres en los países en desarrollo - cifra
que se estima crecerá a 1.300 millones al año
2.000 y probablemente a 1.500 millones en el año 2.025...
Los países industrializados muestran, mientras tanto,
que el promedio más alto de ingreso no es garantía
de erradicación de la pobreza. Cerca de 100 millones
de personas en los países industrializados de Occidente
viven aún bajo la línea de la pobreza- 200 millones
si se incluye la ex URSS y Europa Oriental.
¿Crecimiento o Desarrollo?
Nuestras sociedades se caracterizan
por su casi absoluta incapacidad para distinguir entre crecimiento
y desarrollo. Esto se debe a que la ideología del crecimiento
es extremadamente atractiva y que ofrece una solución
a la pobreza sin requerir transformaciones profundas en las
actuales formas de distribución de los bienes y servicios
y de la regulación del crecimiento de la población.
Enfrentar estos dos profundos desafíos
morales requiere profundos cambios perceptivos y conductuales.
Entonces es mucho más fácil recurrir al autoengaño
de la ilusión del crecimiento.
El lenguaje desarrollista ha ido
generando un conjunto de mitos respecto a las bondades del crecimiento.
Mito que han alimentado en forma ininterrumpida durante ya más
de cuatro décadas las esperanzas de los pobres en el
mundo. Sin embargo hay hechos indesmentibles proveídos
por la realidad histórica, que se encargan de mostrar
la falacia oculta tras estos mitos.
Algunos de los mitos del desarrollismo
Una de las cosas más fascinantes
en la historia de la humanidad es la facilidad con la cual creemos
en las cosas más extravagantes. No importa que luego
más adelante reconozcamos el equívoco y lamentemos
nuestra estupidez. Parece existir una necesidad intrínseca
a la condición humana de inventarnos creencias y mitos
par darnos seguridad y orientar nuestra existencia en la dirección
de un futuro ficticio.
MITO 1.
El crecimiento es la mejor manera de combatir la pobreza, porque
permite una mejor distribución.
Durante largos años la practica
desarrollista se ha basado en el argumento de que si en los
países pobres o "en vías de desarrollo"
se redistribuyera la riqueza existente, lo que ocurriría
sería generar un empobrecimiento generalizado, y que
por lo tanto el único camino posible es el crecimiento
económico -se habla del crecimiento de la torta- para
hacer posible una mejor distribución. Sin embargo constituyen
vulgares falacias las propuestas de hacer crecer la torta, para
después distribuir. La evidencia histórica muestra
exactamente lo contrario.
En Chile entre 1978 y 1988, en un
contexto de importante crecimiento económico, el quintil
(20%) más pobre de la población redujo su participación
en el gasto desde un 5,2 a un 4,4 por ciento del total, mientras
que el más rico lo aumentó desde un 43,2 a un
51,0 por ciento.
Si hacemos un simple cálculo
distributivo para el caso chileno, de una reducción del
gasto del quintil más rico en un 10%, que equivaldría
a un 5% del gasto total para transpasarla íntegramente
al quintil más pobre, estos últimos duplicarían
su nivel de gasto mientras que los primeros lo habrían
reducido en una décima parte. Unos podrían saciar
su hambre crónica, mientras que los otros se acostarían
con un menor nivel de indigestión por comer en exceso.
Unos podrían ir por "primera vez" en su vida
a otra ciudad o de vacaciones, mientras que los otros reducirían
la distancia a "volar" en sus próximas vacaciones.
Según las Naciones Unidas:
"Entre 1969 Y 1989 los países que concentran el
20% más rico de la población mundial aumentaron
su participación en el PGB mundial desde un 70,2% al
82,7%. En los países donde vive el 20% más pobre
de la población mundial, la participación se redujo
del 2,3% al 1,4 %."
Pero la información contenida
en estas cifras se nos hace más evidente viendo esta
otra cita del mismo documento: "La relación entre
el ingreso del 20% más rico y el 20% más pobre
pasó desde 30:1 en 1960, a 32:1 en 1970, a 45:1 en 1980,
y fue de 59:1 en 1989."
Si agregamos a estos datos que comparan
países ricos y países pobres la consideración
de la distribución interna existente en estos países
llegamos, según el informe mencionado, a una relación
de ingresos en 1990 de 150: 1.
Podemos también examinar
la información referida a la participación de
los quintiles más rico y más pobre de los países
del mundo en los procesos económicos globales, como lo
muestran los datos siguientes:
20% países más ricos
20% países más pobres
Ingresos 82,7 0,4
Comercio Internacional 81,2 0,0
Préstamos Comerciales 94,6 0,2
Ahorro Interno 80,6 1,0
Inversión Interna 80,5 1,3
Los datos anteriores son el resultado
de más de 40 años de aplicación persistente
de la misma receta; más y más crecimiento para
eliminar la pobreza en el mundo. Los resultados están
a la vista.
Podemos considerar los datos anteriores
como algo natural, pero surge la pregunta: ¿Es normal
nuestra aceptación de la obscenidad que implica la aberrante
distribución del ingreso existente en el mundo y en nuestros
propios países? ¿Estamos ya acostumbrados a aceptar
y considerar normales aberraciones tan grandes como las que
existen en relación a la distribución de los ingresos
y del consumo (y obviamente de la riqueza) que nos muestran
las cifras anteriores?
MITO 2.
El crecimiento de las exportaciones es conveniente para todas
las economías.
Otro de los mitos afirma que en un mundo crecientemente internacionalizado
y donde se ha ido constituyendo un mercado mundial, lo más
conveniente para toda economía, sea ella local, regional,
nacional o continental, es aumentar sus exportaciones, ya que
ello le significará obtener mayores divisas que podrá
usar para incrementar sus importaciones y así considerar
una economía más próspera.
Pero, ¿Ocurre realmente lo
que afirma el mito? ¿Cuánto reciben los productores
del valor de lo producido?
Los siguientes datos respecto a
Guatemala nos indican que la parte que queda en el país
exportador es muy reducida, pero que es muchísimo más
reducida aquella parte que reciben los productores.
Cuando en EE.UU. se compra un melón
de Centroamérica, cada dólar se distribuye así:
US$ 0,79 a los distribuidores en EE.UU. ("broker",
transporte, venta mayoreo y detalle); US$ 0,09 al transporte
internacional; US$ 0,02 a quién procesa y exporta: US$
0,05 agroquímicas y semillas importadas; US$ 0,04 agroquímicos,
semillas y transporte nacionales; y US$ 0,01 al productor.
Información proveniente de
una investigación realizada en Chile corrobora la información
anterior:
"Chile de hoy, que participa
con casi el 45% en el comercio frutícola del hemisferio
sur y el 14,1% del tráfico mundial, siendo el primer
exportador de uvas de mesa en el mundo, con el 28,7 por ciento
del total... El total de lima que Chile exporta a 46 países
de los cinco continentes -1.123.000 toneladas en la temporada
90/91 tiene un valor de mercado mayorista de unos 2.500 millo-nes
de dólares, pero en el retorno a Chile, el dinero que
efectivamente llega al país en pago de ella, es -según
datos del Banco Central- poco más de 1.185 millones,
apenas por encima del 47%. Lo demás 'queda en el camino'
en con-cepto de gasto, pago de aranceles y -obviamente- rentabilidad
de cada uno de los eslabones de la cadena comercial... La tajada
externa es importante, claro, pero el verdadero asombro comienza
a dibu-jarse con otras cifras mucho -muchísimo-- más
modestas. Los cultivadores, los que 'hacen' el producto que
mueve a todo el sector, tienen un retorno neto de 40 millones
de dólares. El 1,6% del precio en los mercados mayoristas
o el 3,4% del dinero ingresado al país a cambio de la
fruta. O para expresarlo de otra manera: tres centavos y medio
de dólar por kilo de fruta cultivada durante un año.
Como dato comparativo: los aranceles que la fruta chilena paga
sólo en Europa suman unos 70 millones de dólares,
casi dos veces lo que perciben los productores a cambio de satisfacer
más del catorce por ciento del mercado mundial."
Por otra parte, las economías
dependientes de las exportaciones son fundamentalmente inestables
y vulnerables a las fluctuaciones del mercado. Hans Singer mostró
ya a comienzos de Ia década de los 50 mediante una serie
de datos que abarcaron más de 70 años, que existe
una tendencia a la caída de los precios de los productos
primarios, en relación a los precios de los productos
industriales exportados por los países más desarrollados.
La globalización permite además que las empresas
multinacionales se muevan hacia lugares con mano de obra más
barata en busca de mayores beneficios, en tanto que los trabajadores
no tienen ventajas comparativas porque no se pueden desplazar
de sus países.
MITO 3.
El crecimiento económico, actualmente llamado modernización,
único camino para mejorar la calidad de vida.
Parte de la Ideología del
Desarrollo es la asociación indebida que se hace entre
más y mejor, entre el crecimiento de los bienes y la
calidad de vida. Ello se ancla en la introducción en
todas las relaciones económicas y también sociales
del reino de la escasez. En la medida en que la civilización
occidental fue tomando contacto con las diversas culturas que
existían en el planeta, fue progresivamente disolviendo
dichas culturas, mediante el contagio de sus valores, los cuales
actuaron con una enorme capacidad destructiva, de las formas
de vida mucho más armónicas que habían
logrado crear esos pueblos. Hoy nuestros valores han cambiado
radicalmente respecto a los de nuestros padres, nos hemos acostumbrado
a vivir en un mundo absolutamente artificial donde hemos llegado
a un punto en que nos asusta embarrarnos los pies o que nos
moje la lluvia; vivimos tratando de negar nuestra identidad
más profunda, en todo lo que ella tiene de animal, nos
echamos kilos de desodorante pues no asumimos lo natural que
es sudar y expeler el olor propio de todo cuerpo.
Hace ya casi dos décadas
Denis Goulet analizó muy agudamente este tema planteando
como estrategias normativas, para un desarrollo sano cuyo propósito
sea reducir el dolor y aumentar la felicidad en los seres humanos,
las siguientes:
1. El consumo en el Tercer Mundo
no podrá ser substancialmente mejorado mientras que la
capacidad productiva no sea expandida en gran medida.
2. Las nuevas aspiraciones usualmente se centran sobre bienes
de consumo teniendo prioridades más bajas que los urgentemente
necesitados bienes vitales.
3. Las desenfrenadas aspiraciones de los consumidores interfieren
con el crecimiento de la solidaridad entre clases diferenciadas,
cuya auto-conciencia está emergiendo nuevamente.
4. La ausencia de límites sobre el deseo refuerza la
tendencia inherente en los procesos tecnológicos para
llegar a ser bienes absolutos en vez de simples medios.
5. Los deseos, son ellos mismos evidentemente insaciables. Fomentar
la ilusión de que ellos pueden ser saciados prepara el
camino para la anomia social generalizada, la frustración
y la acedia (pereza, flojera).
MITO 4.
Las necesidades son cambiantes, ilimitadas y siempre crecientes.
Durante muchísimo tiempo
se ha creído que las necesidades humanas constituyen
una suerte de barril sin fondo, donde cada vez que se "satisface"
alguna, inmediatamente surge en su lugar otra nueva, aún
más acuciante y más voraz que la anterior. De
allí se ha derivado una concepción del ser humano
como un ser que en forma permanente está tensionado por
una necesidad tras otra: y de la economía como el esfuerzo
racional por proveer a éste de los bienes y elementos
que demanda para colmar sus necesidades. Con una visión
como ésta el único camino a seguir es el de una
economía orientada a producir mas y más bienes
en cuanto elementos que permiten saciar esa "voracidad"
y esa "codicia" esenciales, inherentes a la naturaleza
humana. O sea una economía que sólo es concebible
en cuanto organización racional del crecimiento "imprescindible",
y en cuanto tal, inevitable.
Pobre visión ésta
-por lo reduccionista- y además equivocada. ¿Dónde
quedan los llamados evangélicos de Jesús a imitarlo
en algún grado en su amor a los otros o a intentar emular
a los lirios del campo? Parafraseando a Jesús se podría
decir: "mirad a los lirios del campo, ellos no acumulan,
ni ahorran pensando en su retiro de la fuerza de trabajo";
o "amaos los unos a los otros, tal como yo los he amado
hasta el punto de darles parte de mi vida" (sacrificando
la jubilación, las rentas, los ahorros, etc.)
El error típico que se ha
cometido en los análisis acerca de las necesidades humanas
es que no se explicita la diferencia esencial entre lo que son
propiamente necesidades y lo que son los satisfactores de esas
necesidades. Es indispensable hacer una distinción entre
ambos conceptos por motivos tanto epistemológicos como
metodológicos. Por ejemplo la alimentación, la
vivienda y el abrigo son satisfactores de la necesidad de subsistencia.
Al igual que la educación formal o informal, la investigación
y la estimulación precoz son satisfactores de la necesidad
de entendimiento. O que los sistemas curativos, la prevención,
la higiene la medicina natural lo son de la necesidad de protección.
En un trabajo anterior, Desarrollo
a Escala Humana , propusimos una concepción del ser humano
como un ser de necesidades vistas a la vez como carencias y
también como potencialidades. Siendo las necesidades
pocas, finitas y clasificables, constituyen un sistema donde
interactúan, asimismo, los satisfactores y los bienes
económicos. Siendo los satisfactores los elementos que
cada sistema económico, social y político, adopta
para la satisfacción de las mismas necesidades humanas
fundamentales. En cada sistema, éstas se satisfacen (o
no se satisfacen) a través de la generación (o
no generación) de diferentes tipos de satisfactores.
Uno de los aspectos que define a
cada cultura es su elección de satisfacto-res. Las necesidades
humanas fundamen-tales de un individuo que pertenece a una sociedad
consumista son las mismas de aquel que pertenece a una sociedad
ascética. Lo que cambia es la elección de los
satisfactores y las posibilidades de tener acceso a los satisfactores
requeridos.
Inviabilidad del estilo de desarrollo
existente
Las principales críticas
al estilo de desarrollo dominante y a las nuevas versiones del
antiguo discurso del crecimiento, resumiéndolas son:
1. Que la abundancia material (crecimiento)
no necesariamente conduce al mejoramiento del bienestar (calidad
de vida).
2. Que la economía no puede crecer indefinidamente porque
existen limites físicos para ello, límites de
los cuales estamos muy cercanos si es que no los hemos ya tocado.
3. Que el problema económico fundamental no es el crecimiento
sino la distribución; aunque los sistemas que se orientaron
a enfrentar prioritariamente ésta no lo hayan hecho bien,
ello no significa que el problema como tal no exista y que no
sea el fundamental.
Creo que no es posible una humanidad
viable sin profundos cambios en al menos tres dimensiones básicas:
a) la esfera de la distribución; b) la esfera de la relación
con la naturaleza; e) la esfera de la participación.
Día a día, debería
resultarnos más evidente que la causa de la mayor parte
de los problemas de guerra, violencia, crimen y delito están
profundamente relacionadas con el problema de la distribución.
Tenemos sociedades que están produciendo crecientes niveles
de conflictividad social en razón de las enormes diferencias
económicas y sociales internas que han construido. En
el contexto de la confrontación ideológica de
los dos bloques dominantes que vivimos durante largos años,
el plantear estos temas refería inevitablemente a esta
confrontación e impedía acceder al problema de
fondo. Hoy, caído también el velo que nos impidió
durante tanto tiempo darnos cuenta de la enorme desigualdad
que ha creado el estilo de "desarrollo económico"
experimentado por la humanidad en las últimas décadas.
¿Por qué imitamos
en forma suicida el camino de aquellas sociedades de mayores
niveles de consumo masivo y, aparentemente de mayor nivel de
bienes-tar material? ¿Es posible que seamos tan necios
y cortos de vista como para no darnos cuenta de que es imposible
hacer lo que ellas han hecho y que no es posi-ble repetir?
Hay dos simples y elementales razones
que demuestran la imposibilidad física de repetir el
camino seguido por los países industrializados:
1) Lo hecho es irrepetible por razones
de límites del sistema conformado por la biósfera.
Si todos los habitantes del planeta consumiéramos en
promedio lo mismo que los habitantes de EE.UU, la catástrofe
ambiental sería absoluta. Pero ni siquiera es necesario
llegar a eso.
En un trabajo realizado por un grupo de biólogos y ecólogos
de la Universidad de Stanford se ha calculado que el 25% del
potencial global (terrestre y acuático) del Producto
Primario Neto (PPN) es ahora apropiado por los seres humanos.
El PPN es la cantidad de energía usada en su propio crecimiento
y reproducción. El PPN es entonces el recurso alimentario
básico para cualquier ser vivo sobre la tierra no capaz
de fotosíntesis. Esto es el uso directo por los seres
humanos (alimentos, petróleo, fibras, madera) más
la reducción del potencial debido a la degradación
de ecosistemas causada por los humanos. Lo anterior refleja
la deforestación, desertificación, pavimentación
y conversión humana a sistemas menos productivos (tales
como la agricultura). Superando cierto nivel de apropiación
humana del PPN estaremos viviendo no de los intereses del sistema
formado por la biósferas sino comiéndonos también
su capital.
Tomando la cifra anterior del 25 % es evidente que duplicar
dos veces la escala humana dará 100%, ya que esto significaría
cero energía dejada para las especies no humanas y no
domesticadas, y ya que los humanos no pueden sobrevivir sin
el servicio de ecosistemas, los cuales son realizados por otras
especies, queda claro que duplicar dos veces la escala humana
es una imposibilidad ecológica aunque aritméticamente
posible. Como referencia baste decir que las propuestas contenidas
en el Plan de Acción derivado del Informe sobre "Nuestro
Futuro Común" de la Comisión Mundial sobre
Medio Ambiente y Desarrollo plantea requerimientos equivalentes
a duplicar siete veces el actual nivel del Producto Mundial.
Por otra parte, en términos de pérdida de biodiversidad,
algunos breve datos permiten ilustrar este fenómeno:
Se estima que nuestro planeta tiene una antigüedad de 3.600
millones de años. En ese período han existido
500 millones de especies, de las cuales un 98% de ellas han
desaparecido. Es decir, existen actualmente alrededor de 10
millones de especies vivas, de las cuales aproximadamente, respecto
al ritmo de desaparición de especies vivas, muestra lo
siguiente: Se estima que en el año 1900 se perdía
una especie al año; que para el año 1950 se perdían
seis especies por año; que al año 1975 se perdían
más de 400 especies por año; que al año
1990 se perdieron casi 8.000 especies por año y que al
año 2000 estarán desapareciendo alrededor de 50.000
especies por año. Todo ello como producto de la persistente
destrucción de hábitats que se lleva a cabo en
nombre del "avance" y del "progreso" de
la humanidad.
2) Porque el camino seguido no conduce
como se cree a una mayor felicidad humana. No necesariamente
satisface mejor sus necesidades humanas fundamentales quien
tiene más, algunos estudios hechos respecto a lo que
está ocurriendo con las sociedades más desarrolladas
-en Estados Unidos y el Reino Unido - muestran más bien
lo contrario, que pasado un cierto umbral de abundancia material
es creciente la infelicidad. En esos países, a pesar
de un crecimiento económico sostenido, la calidad de
vida de las personas se está deteriorando de manera dramática.
En cualquier sociedad, hay un período
histórico en el cual el crecimiento económico
mantiene una relación positiva con el aumento de la calidad
de vida, pero se llega a un punto -el punto umbral- a partir
del cual todo crecimiento económico adicional se traduce
en deterioro de la calidad de vida, expresado en términos
de stress, enfermedades cardíacas, enfermedades mentales,
violencia, delincuencia, accidentes, drogadicción, alcoholismo,
contaminación, etc.
La pregunta respecto a ¿cuánto
es suficiente? que nadie se hace hoy en día y que debiera
hacerse desde el nivel individual hasta el nivel colectivo,
es la pregunta más importante que uno se puede hacer
hoy en cualquier parte del mundo. En los países más
pobres, conociendo donde está el punto umbral, crecer
distribuyendo adecuadamente hasta ese punto y detener allí
el crecimiento, pero continuando su desarrollo. En los países
ricos, los que ya cruzaron el punto umbral, para que se readecuen
al resto de la humanidad y participen de una política
global de redistribución de la riqueza.
Nuestras formas de vida tienden
al crecimiento, ya que confunden "el más con el
mejor". Ello es propio de una civilización que ha
establecido como sus símbolos fundamentales el consumo
obsesivo, el despilfarro y la ostentación. Que confunde
la felicidad con el tener cada vez más, con acumular
mas bienes y artefactos, con obtener más capacidad de
aceleración, más potencia de salida, más
bytes de memoria. Todo apunta en esa dirección. Pero
hay en todo un umbral que traspasado, conduce inevitablemente
a la catástrofe. El sonido excesivo de una bella melodía
se transforma en estruendo y nos deja sordos. El exceso de información
nos tensa y paraliza. El exceso de licor nos embriaga.
Creo necesario que todos comencemos
individual y colectivamente a redescubrir los límites
que la naturaleza de las cosas nos pone y a inventar formas
de desarrollo más coherentes con el bienestar que todos
buscamos. Porque si hay algo que me parece evidente, es que
el camino del crecimiento no conduce a la felicidad.
Me surge la interrogante de si es
posible, inmerso en la locura, darse cuenta de la condición
en la cual uno se encuentra. Esto es, ¿un demente está
en condiciones de poder saber si está loco o no? la experiencia
psiquiátrica nuestra que es muy difícil para un
loco reconocer su condición de tal, realizando un enorme
despliegue de imaginación y de construcción impecable
de discurso para demostrar que no posee tal condición.
Incluso, nuestra vida cotidiana nos enseña que mientras
más nos obsesionamos con algo, mas nos cuesta darnos
cuenta de la enorme cantidad de variables o elementos que hay
en juego en la situación que nos obsesiona.
El problema de fondo es que mucha
gente cree -y también muchos economistas- que sólo
existe lo que puede ser medido, cuantificado, y valorado económicamente.
Al pensar así excluyen todo lo que por su naturaleza
no es posible incluir en sus modelaciones de la realidad, vale
decir aquello a lo cual no es posible asignarle un precio. Pero
los precios son posteriores al surgimiento de lo económico,
por lo tanto el problema es del instrumento -los precios o el
mercado- no de la realidad. La fiebre era tratada por los médicos,
incluso antes que ellos, por los propios afectados, mucho antes
de disponer de los termómetros.
Desafíos y paradojas por
resolver
La pregunta fundamental que creo
necesario abordar es la siguiente: ¿Cómo lograr
compatibilizar la paradoja fundamental de nuestro tiempo -economías
pujantes, dinámicas, tecnolocrecientes, que obtienen
flujos de mayor dinamismo gracias a proporcionar un bienestar
descomunal para unos pocos, pero inevitablemente excluyentes,
elitistas y asimétricas, frente a economías centradas
en la búsqueda de bienestar rezagadas en velocidad de
circulación de los flujos económicos, científicos,
tecnológicos, políticos y culturales?
¿Es que acaso la simetría,
la igualdad, el compartir, tienden a ser inmovilizantes, atenuadores
de los ritmos de la existencia, homeostatizantes? ¿Es
que sólo el conflicto creciente logra movilizar la historia
y las historias?
De ser así, no tendríamos
salida como especie. Estaríamos inevitablemente condenados
a la extinción o a la deshumanización.
¿A qué fuerzas recurrir
que no sean solamente las tendencias más egoístas
del ser humano, para progresar y modernizar, para lograr crecimiento
y desarrollo?
Obviamente no es posible nada en
el marco de ese discurso o lenguaje. De allí el necesario
rechazo al lenguaje modernizante. ¿Pero cómo recuperar
la parte positiva de lo moderno, o es que debe condenarse a
fardo cerrado la modernidad? ¿Es esta una utopía,
y en cuanto tal algo imposible de alcanzar y sólo referente
ideal de futuros, o es una pura ideología propia de las
fuerzas dominantes en este momento histórico?
Creo y siento que ni tanto ni tan
poco. Hay indudablemente rasgos positivos que deben recuperarse
y reciclarse en un nuevo proyecto civilizatorio, siempre y cuando
no distorsionen el carácter y el sentido de las relaciones
sociales de ese nuevo proyecto histórico.
Relaciones cuyos rasgos fundamentales
tienen relación con ideas fuerza como las siguientes:
1. Deberemos intentar que
todos los habitantes del planeta puedan llegar a "tener
lo suficiente" en orden a "ser más".
2. Ello requerirá de una amplia Solidaridad Universal
que se traduzca en un vasto e intenso proceso redistributivo
en escala planetaria.
3. Ello demandará una amplia participación popular
en las decisiones que deberán adoptarse a partir de las
escalas locales, desde abajo hacia arriba, desde lo micro a
lo macro, desde las escalas humanas a las escalas institucionales.