Y
nosotros somos los habitantes de este mundo sagrado. Los actos
puros y nobles nos llevan a estar en armonía con él
y dar inicio a una nueva civilización bajo el lema de
la Unidad en Diversidad.
Entonces, cuando hablamos del "Desarrollo"
nos referimos a una dimensión más amplia que el
mero"crecimiento económico". Nos referimos,
como dicen Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín
Hoppenhayn a un "Desarrollo a Escala Humana" y haciendo
hincapié en la décima necesidad, la "Trascendencia",
nos remitimos a un Desarrollo que no es la suma de la satisfacción
de las necesidades físicas, sociales y afectivas solamente,
sino un profundo cambio hacia parámetros espirituales.
Tomando en cuenta la Trascendencia,
nos extendemos más allá de los límites
del materialismo y el individualismo despótico, hacia
la esencia espiritual de la humanidad.
Podemos percibir los signos de estos
cambios. Ya no es mas utópico mencionar "la unidad",
"el bien común", "la justicia". Podemos
ver claramente el lenguaje de muchos grupos sociales, equipos
de trabajo, organizaciones de base, asambleas barriales, embellecido
con estas palabras. Y si observamos bien, vislumbraremos, mas
allá de las palabras, que también las acciones
están empezando a dirigirse a esa UNIDAD, JUSTICIA, al
BIEN COMÚN.
¿Y cómo es eso posible?
Puede ser que se estén cumpliendo "las leyes del
caos" de Ilya Prigogine, la emergencia de un nuevo orden
social a partir del caos, o "el orden implicado" de
Bavid Bohm, apareciendo lo que estaba plegado, oculto, o puede
ser que se esté dando lugar "el universo cuántico"
del cual habla Fritjof Capra, en el campo social.
¿Acaso importa la causa o
el efecto? Esto quedará a criterio de cada uno.
El proceso ha comenzado y nosotros como auxiliares del cambio
somos responsables de preparar el camino para la realización
de las potencialidades humanas y preparar el tránsito
hacia una civilización mundial.
Si los nuevos movimientos sociales,
las organizaciones de la sociedad civil y cuantos trabajamos
por un mundo mas equitativo y sustentable queremos lograrlo
con intervenciones sólo sociales y técnicas de
desarrollo, sin tomar en consideración los valores espirituales,
sólo prolongaremos la agonía.
Con ellos, en cambio, se hace más
claro el acercarse a un mundo sagrado por medio de cooperación,
la fraternidad universal, la paz mundial, la igualdad de derechos
para el hombre y la mujer, el cumplimiento de los derechos humanos
y la abolición de todo tipo de prejuicios.
Y por cierto, el mundo es
sagrado.
Pues entonces hagamos sagrados nuestros actos para llegar a
merecer ser sus habitantes.