"El proposito del desarrollo no es sino sentar las
bases de un orden social inédito que permita aflorar
las inmensas potencialidades latentes en la conciencia humana"
El presente trabajo está referido al "desarrollo".
Contextualiza históricamente la génesis del concepto
en la versión que todavía aparenta ser dominante,
recorre suscintamente su evolución, examina críticamente
sus supuestos basales, desenmascara las contradicciones insalvables
que encierran discursos recientes que, sin abandonar aquellos,
pretenden tornarlo sustentable y socialmente equitativo mediante
un barniz de ambiguedades, rescata aquellos enfoques innovadores
que realmente se han desligado del núcleo del modelo
perimido y propone pautas complementarias que contribuyan a
resignificarlo de modo tal que resulte coherente con el nuevo
paradigma emergente, es decir, útil en la nueva era a
la que la humanidad, no sin turbulencias, está haciendo
su ingreso colectivo.
I. Semántica del desarrollo:
distorsión y empobrecimiento
Si procurásemos identificar conceptos focales que han
actuado como motores para la actividad científica, técnica,
económica, política y social durante las últimas
décadas, muy probablemente surgirán las palabras
"progreso", "crecimiento" y "desarrollo".
La idea de progreso -la primera en instalarse cuando el pensamiento
científico moderno abrió caminos a un gran número
de invenciones que prometían resolver todos los problemas
de nuestra especie- está fuertemente vinculada a la de
un "avance" o "adelanto", los cuales discurren
a lo largo de recorridos lineales de causa-efecto, controlados
estos últimos por intervenciones racionales y voluntarias.
Esta progresividad es a su vez figurativamente ascendente, siendo
cada estado superior al precedente.
El crecimiento contiene en cambio una connotación biologicista,
pudiendo por lo tanto involucrar tramos no lineales o saltos
cualitativos, tal como ocurre con los organismos vivos. Persigue
sin embargo un final, describe un ciclo, acotado dentro de un
entorno en el que los márgenes de variabilidad están
dados por las condiciones ambientales actuantes a lo largo del
proceso, pero sin poder apartarse demasiado de la previsión
genéticamente determinada.
El concepto de desarrollo es, posiblemente el más abarcativo,
y el que reviste potencialmente mayor complejidad.
Remite a algo "plegado" o implicado, que podrá
volverse manifiesto, pero no necesariamente dentro de una previsión
fijada en las condiciones iniciales. Aunque puede incluir segmentos
progresivos, admite instancias que si bien desde una perspectiva
lineal y cuantitativa pueden ser vistas como retrocesos o involuciones,
también pueden ser altamente significativas, en cuanto
repliegues o puntos de inflexión desde los que puede
retomarse un cause imprevisto y diferente.
Sus momentos de crisis son siempre positivos en cuanto sirven
de oportunidad y aprendizaje al sujeto del desarrollo. Este
sujeto además, es el protagonista fundamental del desarrollo,
ya que si la energía principal que impulsa el proceso
le fuera externa, no se trataría ya realmente de des-arrollar
algo que estaba plegado dentro de él.
Finalmente es un proceso inteligente -aunque tal inteligencia
está distribuida en el conjunto y no es asequida totalmente
por ninguna de las partes- es plenamente abierto y no está
necesariamente limitado a un ciclo, pudiendo ser virtualmente
indefinido.
¿Qué clase de significados han sido impuestos
a la palabra "desarrollo" por el discurso político,
empresarial y mediático de los últimos cincuenta
años, infiltrando el concepto y reduciendo brutalmente
su potencial semántico?
Si, conviniendo con Max-Neef y Elizalde (1) que el lenguaje
dominante es el que operativiza finalmente la realidad, podemos
entonces, considerando los efectos devastadores que en lo cultural,
lo social y lo ambiental ha tenido, comprender que la idea dominante
de desarrollo:
a) Ha heredado de la idea de progreso el mecanicismo y la linealidad,
y una firme fe en el racionalismo para el control del proceso.
El futuro aparece como mera extrapolación ingenua de
las posibilidades tecnológicas del presente.
b) Ha tomado del crecimiento su aspecto cuantitativo, soslayando
complejidades no lineales de la evolución orgánica.
En particular se ha asociado fuertemente al "crecimiento
económico", priorizando lo mensurable y lo acumulativo.
El ámbito de acción de este "desarrollo",
es la materia.
c) Es determinista, por cuanto su margen futuro de variabilidad
solo se da dentro de posibilidades científicas y técnológicas,
siguiendo las cadenas causales que llevan de un conocimiento
racional a otro. Por fantásticas que pudieran parecer
estas posibilidades, no escapan a los efectos de la razón
en su dominio por la naturaleza. Su dinámica es la expansión
del tecnosistema a expensas de ecosistemas, siendo paradógicamente
irracional al no percatarse de que tal expansión no puede
ser ilimitada.
d) Es fragmentario al creer que la realidad total puede comprenderse
por la mera yuxtaposición de las partes analizadas. Toma
como punto de partida los conocimientos y logros explícitos
presentes, siendo incapaz de sopesar las potencialidades ocultas,
plegadas o no desarrolladas.
e) Es uniformizante y centralizador, promovido por una parte
que concentra los medios de control sobre el resto -lo que se
hace aún más evidente en su última fase
de globalización-. No se orienta a despertar capacidades
latentes en los pueblos de la Tierra, ni a activar su inteligencia
distribuida. Mas bien los intenta obligar a servir a un proceso
emulativo de aquellas naciones que ostentan con mayor grado
ese "desarrollo", arrasando toda forma de diversidad
cultural.
Obvía así la premisa elemental de que si algo
ha de des-arrollarse, es por el potencial que subyace en él.
En definitiva, en aras de estos distorsionados conceptos de
desarrollo, crecimiento y progreso, se ha procurado manipular
al género humano mecanicistamente, como si se tratase
de un sistema físico
-no olvidemos que ni aún los mismos sistemas físicos
pueden ya ser descriptos en términos mecanicistas desde
que la teoría cuántica nos muestra un universo
indeterminado, poblado de significados y sincronicidades que
responden al orden de la totalidad- o modelizarlo como un sistema
orgánico, pasando por alto el hecho de que si bien el
suprasistema social comprende el nivel biológico, incluye
además dimensiones superiores que no pueden ser explicadas
sólo desde esta perspectiva.
II. Cisma y nacimiento
"Prefiero ver su rostro a oir su nombre" (proverbio
Zen)
La modernidad nace de un cisma profundo entre ciencia y religión,
materia y espíritu, lo racionalizable y lo intuitivo,
lo comunicable y lo que sólo puede ser contemplado mediante
una silenciosa conciencia participativa. (2)
Huelga decir que el discurso dominante de occidente en lo político
y social, se hizo cargo del primer término de cada uno
de estos pares, relegando los segundos al ámbito privado,
no sin tácito menosprecio.
¿Cómo se produjo esta escición entre estas
modalidades complementarias de aproximación a la realidad
total, y esta prevalescencia de lo exteriorizable?
Intentar una explicación excede las posibilidades de
este trabajo. Diremos simplemente que uno de los factores concomitantes
fue la aparente contradicción de ciertos libros sagrados
con los descubrimientos científicos del llamado Renacimiento.
Decimos "aparente", porque la interpretación
literal era por entonces lo corriente, no habiéndose
desarrollado aún una exégesis que tome en cuenta
el lenguaje mítico y simbólico, y sus diferentes
niveles interpretativos, para los textos revelados.
Decimos "ciertos libros sagrados" porque por entonces
existían otros, de más reciente data, que lejos
de contradecir a sus predecesores, los continuaban y adaptaban
a la progresiva evolución de la conciencia humana. Estas
enseñanzas permitián continuar el proceso civilizatorio
y del desarrollo integrando lo espiritual con lo social, y ambos
con lo material. De esto da cuenta la civilización islámica.
Pero tales conocimientos quedaron excluidos de la Europa medioeval
y renacentista, gracias a un cerco inviolable -sostenido incluso
por la espada- y edificado por el clero dominante, que de otro
modo se hubiera visto obligado a modificar su situación
de privilegio.
El pensamiento moderno, incapaz de abrir el cerrojo, se separa
del contexto de la fe y las creencias, relegándolas a
un compartimento estanco, e inicia una aventura de pretendida
objetividad, pero en realidad plagada de otras creencias, llamada
ciencia. Esta ciencia, privada de operadores espirituales que
la enriquezcan y acompañen, comienza su declive hacia
el materialismo.
No solo las crecientes potencialidades de una técnica
sin contraparte espiritual, sino también la observación
de un Universo que empezaba a perfilar su profundidad insondable,
a la par de la "conquista" del extenso continente
americano, exacerbaron la avidez de dominio indiscriminado,
el espíritu mercante, la expoliación de los recursos
naturales, y la del otro social.
Un planeta aún muy vasto, poco densamente poblado, donde
los accidentes geográficos eran aún serios obstáculos
para estar al corriente de lo que pudiera ocurrir tras ellos,
parecía confirmar la lógica fragmentaria y mecanicista
que permitía analizar y manipular cada ecosistema y cada
cultura, sin mayor preocupación por la interdependencia
y las interconexiones de la totalidad.
La razón fue endiosada, pero fue la racionalidad instrumental
el general que asoló todos los planos de la existencia.
Los procesos de acumulación, favorecidos por los recursos
aparentemente ilimitados de los inmensos dominios coloniales,
se conjugaron con la nueva tecnología maquinal y con
la incipiente abundancia de mano de obra "ociosa"
en la Europa rural, que atraida por el espejismo de la mejora
de su "calidad de vida" (una frase ambigua y peligrosa)
vino a servir miserablemente a la producción, trocando
su pobreza en marginación.
Surge así la llamada revolución industrial en
Inglaterra, cuyo modelo a emular rápidamente se propaga
al resto del planeta.
Los sistemas sociopolíticos dominantes, con sus ideologías
aparentemente contrapuestas en el Este y el Oeste (una negando
explícitamente los valores espirituales, la otra relegándolos
estratégicamente al espacio de lo individual y lo intangible
para evitar su interferencia) adoptaron unánimemente
la idea de industrialización como sinónimo de
desarrollo.
Nace así una ecuación que persiste hasta nuestros
días: desarrollo igual industrialización (y por
lo tanto desarrollo igual a producción y consumo de materialidades),
lo que queda evidenciado por las frases "país desarrollado"
y "pais industrializado", virtualmente sinónimas
en el discurso político y mediático.
III. El contexto histórico
¿Pero qué lugar ocupa la modernización,
la industrialización, el progreso tecnológico
y la lógica del crecimiento económico en un contexto
histórico universal?
La versión más aceptada es que el renacimiento
científico, el racionalismo, el positivismo, la industrialización
y el paneconomicismo son creaciones del impulso civilizatorio
occidental.
Para Arnold Toynbee, la civilización occidental era una
más entre veintiuna de su especie que hasta hoy ha logrado
dar a luz la humanidad. (3)
Cada una de ellas reconoce un ciclo de nacimiento, crecimiento,
colapso y desintegración.
Toynbee establece relaciones de paternidad-filiación
entre pares de civilizaciones, habiéndose dado hasta
tres generaciones de civilizaciones. La Civilización
Cristiana Occidental sería filial de la Helénica,
y esta a su vez, de la Minoica, que al igual que otras como
la Sumeria, que hunde sus raices en la alborada de la historia.
Una civilización deja de crecer -colapsa- cuando mueren
las energías creativas que le dieron origen.
En ese momento, surgen los llamados "estados universales",
imperios y naciones que aglutinan bajo un único sistema
sociopolítico los estados parroquiales que formaron parte
del proceso civilizatorio.
Normalmente la metrópolis de estos estados universales
está fuera de la cuna de la civilización, en lo
que fuera sólo una provincia o territorio periférico.
Así, el Imperio Romano fue el estado universal de la
civilización Helénica.
El estado universal debe vérselas con dos proletariados:
el externo, constituido por potencias rivales más allá
de sus límites, y el interno, integrado por las inmensas
mayorías descontentas y oprimidas que el estado universal
alberga en su seno.
Aparecen en la fase final de una civilización, las "minorías
creativas", ligadas a nuevas iglesias y movimientos espirituales.
Finalmente, ambos proletariados terminan por producir la desintegración
de la civilización, y la minoría creativa tiene
un rol central en el alumbramiento de una civilización
filial.
En el caso de la Civilización Helénica, en su
fase final de estado universal (Imperio Romano), el proletariado
externo (los "bárbaros") y el proletariado
interno, terminan por derrumbar el imperio, y es allí
que la nueva iglesia, en este caso el cristianismo, libera su
potencial, dando nacimiento a una nueva civilización,
la cristiana, en sus dos versiones: Cristiana Occidental y Cristiana
Ortodoxa.
Siempre según Toynbee, a mediados del siglo XX, la Civilización
Occidental era la única que no había detenido
su crecimiento. Si bien había extendido sus tentáculos
por todo el planeta, atrapando y paralizando a las restantes
civilizaciones mediante su lógica económica, -al
punto que resultaba ya dificil visualizar un proletariado externo-,
Toynbee mantenía que todas las civilizaciones son comparables
entre sí, no pudiendo establecerse criterios de supremacía
de unas sobre otras.
En cierto sentido Toynbee asumía una visión cíclica
de la historia, sin enfatizar algún tipo de progresividad
con el correr del tiempo, ni siquiera a través de la
sucesión generacional de las civilizaciones.
Este criterio trataba de contrarrestar el eurocentrismo de muchos
historiadores y de las primeras escuelas antropológicas,
que proponían un "evolucionismo lineal", mediante
el cual, si se dejara a las diversas culturas continuar su proceso
evolutivo, llegarían en su fase superior, al estilo de
desarrollo de la civilización occidental.
Veremos que estas ideas, hoy desechadas por el pensamiento antropológico
continuaban fuertemente arraigadas en los teóricos del
desarrollo durante la segunda mitad del siglo XX.
La antropología contemporánea se inclina hoy mas
bien por el principio conocido como "relativismo cultural".
De acuerdo con este principio, no sólo entre civilizaciones,
sino también entre todo tipo de cultura, no existiría
criterio válido de supremacía a favor de una u
otra, considerando en cambio que desde la más "sencilla"
tribu australiana al más "complejo" sistema
sociocultural extendido sobre millones de kilómetros
cuadrados y albergando a cientos de millones de personas, nada
puede decirse acerca de cual de los estados sea superior o paradigmático.
Aún mas, algunos antropólogos consideran que el
éxito de una cultura puede medirse en función
de su grado de adaptación al ambiente -un criterio válido
y especialmente relevante hoy en día-y bien pudiera resultar
que la sencillez material de la comunidad aborigen australiana,
terminara siendo más exitosa en ese sentido, que la complejidad
del Occidente en su conjunto.
Una visión alternativa que merece ser considerada es
la de Shoghi Effendi (1897-1957). (4)
Según se desprende de la lectura de este autor, existiría
una manera de conjugar la dinámica civilizatoria propuesta
por Toynbee, con el principio del relativismo cultural, y, entramado
con ambos, un proceso evolutivo universal, que no es patrimonio
de una u otra cultura, sino del estado de conciencia de la humanidad
en cada época.
Para Effendi la dinámica de nacimiento-crecimiento-colapso-desintegración
de las civilizaciones es válida, y en particular hay
una profunda coincidencia con Toynbee en cuanto al papel relevante
de las minorías creativas espiritualmente inspiradas,
en el nacimiento de las civilizaciones.
Sin embargo Effendi considera que, más allá de
las diferencias culturales -él mantiene que éstas
deben ser preservadas y potenciadas- existe un proceso evolutivo
de la humanidad en su conjunto que evidencia la tendencia a
constituir sistemas socio-políticos cada vez más
abarcativos e integradores.
La humanidad, al igual que uno de sus miembros individuales,
habría atravesado su infancia y adolescencia colectiva,
a lo largo de las cuales ensayó como modelo dominante,
primero la organización tribal, luego las ciudades estado,
y finalmente, la nación moderna.
En la actualidad la especie humana se encontraría al
borde de su madurez definitiva, cuyo correlato sería
un super-estado mundial y una civilización planetaria.
Pero estos saltos cualitativos en el grado y abarque de los
sistemas sociopolíticos no son impulsados por una u otra
cultura, sino que dependen del estado evolutivo de la conciencia
humana en su conjunto.
Desde esta perspectiva, el sistema imperante que se ha extendido
a todo el planeta, caracterizado por el desarrollo científico
y tecnológico, la integración económica,
y las supercomunicaciones correspondería, volviendo a
la metáfora del desarrollo de un ser humano individual,
a la constitución de su "cuerpo físico"
de adulto, pero aún no dotado de un espíritu de
madurez y equidad, lo que explica las injusticias del mundo
globalizado.
Si estas potencialidades integradoras se subordinaran a nuevos
valores, la "globalización" dejaría
tan solo algunos elementos favorables sin quererlo -ya que su
espíritu hoy es muy distinto, alentado como está
por el capital que busca su expansión- para dar paso
a la realidad completamente distinta de la "unidad mundial
en diversidad", una mancomunidad de naciones que cedan
parte de su soberanía a un gobierno mundial, y conserven
como aporte al concierto mundial la riqueza contenida en su
diversidad cultural, articulando la mundialidad con un profundo
respeto por la determinación local.
En este sentido, serían precisamente los pueblos aborígenes,
por no haber sido tan profundamente contaminados por el lodo
del materialismo moderno, los que mejores valores conservan
y mayores contribuciones podrán realizar.
Para Effendi esta civilización mundial -en palabras de
Teilhard de Chardin, la planetización de la humanidad
(5)- es el próximo paso en la evolución colectiva
de nuestra especie.
Se abren así dos posibilidades. Que la modernización,
la industrialización, el desarrollo tecnológico
exacerbado y el paneconomicismo, enmarcados en una construcción
conceptual del mundo de base materialista, mecanicista, lineal,
fragmentaria y uniformizante sean:
a) Un emprendimiento propio de la Civilización Occidental
b) Un ensayo transcultural -en el que Occidente tuvo un rol
inicial relevante al haberse originado en circunstancias históricas
atinentes a su ámbito- pero propio de la presión
evolutiva de la conciencia humana, la cual, al verse disociada
de sus potencialidades espirituales inherentes, toma una dirección
excluyentemente racionalista y materialista. Tal descompensación
lleva a contradicciones insalvables, y el ensayo está
destinado al colapso. Pero tal colapso, desde una perspectiva
no lineal del desarrollo, puede servir como punto de inflexión
para un salto cualitativo inédito.
Aunque sin una perspectiva histórica suficiente, parecería
haber motivos para inclinarse hacia la segunda alternativa.
En primer lugar, el énfasis en el desarrollo tecnológico
habría estado ligado, al menos en principio, a la búsqueda
de nuevas modalidades de operar sobre la naturaleza, para permitir
la subsistencia de una humanidad que alcanzaba dimensiones demográficas
sin precedentes.
Por otra parte, la modernización por la industrilazación
y el desarrollo del tecnosistema ha sido un modelo aceptado
por gobernantes (y hasta cierto punto por la gente corriente)
de todo el planeta.
Llama la atención que un país como Japón,
exponente de una civilización basal distinta a la occidental,
sea hoy de los más adentrados en el modelo. O la misma
Rusia, en rigor heredera de una civilización también
diferente a la europea occidental, que desarrolló un
modelo en muchos sentidos idéntico al de esta última,
por sobre las aparentes diferencias ideológicas y políticas.
Con este punto de vista, el modelo sería también
un agregado reciente inclusive para los valores culturales previos
de la Civilización Occidental.
Así, una capa industrializante-tecnologizante aparece
con la capacidad de yuxtaponerse a cualquier sustrato cultural
o civilizatorio precedente.
Con este probable contexto histórico universal en mente,
veremos ahora con mayor detalle, como ha evolucionado el concepto
de desarrollo en la segunda mitad del siglo XX.
Aunque parezca poco creible, las ideas dominantes de desarrollo
llevan aún hoy implícitos no sólo el determinismo,
la linealidad, la fragmentariedad y el mecanicismo hace más
de un siglo abandonados por la física, sino además,
la visión evolucionista lineal, según la cual
todos los pueblos del mundo deben verter sus aguas a la gran
corriente de un estilo de vida alcanzado por los paises más
ricos e industrializados.
IV. Evolución del concepto
de desarrollo
La historia del "desarrollo" en su versión
aún dominante, se inicia luego de la Segunda Guerra Mundial,
a partir de los resultados logrados por el Plan Marshall para
la reconstrucción de Alemania y los paises europeos occidentales
más afectados por la conflagración.
La lógica de los planificadores del desarrollo a mediados
de siglo, fue que lo que resultó "exitoso"
en Europa, bien valía la pena ser aplicado en el resto
del mundo.
Como puede verse, esta "lógica" pasa por alto
un hecho fundamental: el de la diversidad cultural.
Los teóricos de lo que puede ser llamado la "corriente
principal desarrollista" en los años 50, propusieron
como estrategias para los planes de desarrollo:
a) La formación de capital, partiendo de un sector lider.
b) Una fuerte planificación centralizada
c) El aprovechamiento del "exceso" de mano de obra
rural (considerado de escaso o nulo valor económico)
en la industria (profundizando un proceso que se había
iniciado mucho antes).
d) Transferencia de tecnología desde afuera, hacia los
paises "subdesarrollados".
Se aprecia claramente como esta estrategia está dirigida
perfectamente a contracorriente de lo que podría constituir
las bases de un desarrollo participativo, surgido de la energía
y decisión de las comunidades de base, de acuerdo con
su propia identidad.
En efecto, la planificación centralizada nos habla de
una dirección "de arriba hacia abajo" para
el proceso del desarrollo; la transferencia de mano de obra
desde el campo actua en reversa a la decentralización
y, por último, la transferencia de tecnología
confirma la voluntad uniformizante y emulativa del modelo.
Para Rostow (6), existían cinco etapas claramente identificables
en el camino de un pueblo hacia su desarrollo:
1) La sociedad tradicional o pre-newtoniana.
2) La irrupción de fuerzas desarrollistas externas, con
la alianza de una minoría interna
3) El despegue económico o "take-off", cuando
las resistencias tradicionalistas son vencidas y la economía
comienza a crecer a un ritmo del 5 y hasta 10 % anual
4) El progreso sostenido, período en el que los beneficios
del nuevo modelo se extenderían al conjunto de la población.
5) La era de la madurez o del alto consumo masivo.
Obsérvese que no es casual que una sociedad tradicional
o "primitiva" fuera tildada de "pre-newtoniana".
Esto señala que, de algún modo, el mecanicismo
es el modelo a alcanzar.
(probablemente Rostow ignorara los hallazgos de Heisemberg,
Pauli, Bohr u otros físicos cuánticos)
Es llamativo también, que la "madurez" estuviera
asociada al alto consumo.
Por grotescos que puedan resultar estos postulados, veremos
que, en su esencia, no han sido abandonados.
Se esperaba (y se sigue aún hoy esperando, o al menos
diciendo que se espera) que cuando el proceso de este desarrollo
-esencialmente crecimiento económico- se pusiera en marcha,
los beneficios económicos comenzarían a llegar
al total de la población.
Una década transcurrió, y en los sesenta se observó
que tal "derrame" no ocurría, que los pobres
dentro de cada país eran cada vez más pobres,
y, aún más alarmante, que la brecha entre paises
ricos y pobres, se había agrandado.
Surge entonces una primera revisión del modelo inicial
de la corriente desarrollista.
Se supuso que el error estaba en subvalorar el agro como factor
del desarrollo.
Se entendió entonces que el agro también debía
modernizarse. Estos argumentos fueron desarrollados por Theodore
Schultz. (7)
La Fundación Rockefeller patrocinó por entonces
el proyecto Puebla (1967), que mostró que una hectarea
que producía con agricultura tradicional una tonelada,
podía producir cuatro o cinco, con las nuevas tecnologías.
Se trataba entonces de transformar el "estado del arte"
de la agricultura tradicional, y luchar con los campesinos para
que abandonaran sus hábitos arraigados y poco productivos.
Comienza así la mecanización de la agricultura,
la práctica de monocultivo y agricultura extractiva,
el uso de agroquímicos y la manipulación genética.
Se lo conoce como la "revolución verde".
El modelo fue llevado a diversas regiones del mundo, en algunas
como América Latina tuvo éxito, y en otras, como
la India, donde las prácticas campesinas tenían
una inserción muy profunda, fue mas resistido.
La "revolución verde" es ejemplar para comprender
como una visión fragmentaria y lineal puede llevar a
graves errores.
Los impulsores del desarrollismo creyeron que los resultados
del proyecto Puebla se podian extrapolar linealmente al mundo,
y que habian hallado panacea para el hambre.
Pero veamos que ocurrió en realidad en el mundo de las
complejidades no lineales.
Desde un punto de vista ambiental, el monocultivo representa
una drástica reducción en el índice de
diversidad del ecosistema. Para sostener artificialmente la
sustentabilidad de aquel, deben inyectarse crecientes cantidades
de fertilizantes, y utilizar plaguicidas. A la larga, el terreno
se degrada y pierde la productividad aún con el uso de
agroquímicos.
Este es uno de los factores, por los que la humanidad debe obtener
cada año un 2% más de alimentos a partir de una
superficie mundial cultivable que disminuye cerca de 200000
km2 en el mismo período.
Los alimentos llegan a las mesas contaminados, y los fertilizantes
percolan las napas de agua.
Además, el notable incremento de la productividad mediante
las tecnologías modernas se logra gracias a un incremento
aún mayor del costo energético por cada tonelada
de cosecha, debido al mayor uso de recursos, muchos de ellos,
como el petróleo, no renovables.
La agricultura tradicional es, desde un punto de vista energético,
más eficiente.
Entre tanto, cada vez menos campesinos pueden pagar el alto
costo energético de esta modalidad productiva, sea en
maquinaria o en productos químicos, y no pudiendo competir
con los grandes productores, debe abandonar el campo y migrar
a la ciudad, profundizando aún más el proceso
de concentración urbana y de marginalidad característicos
de este estilo de "desarrollo".
De esa forma, se va produciendo una concentración en
la tenencia de la tierra. Hoy, en América Latina, un
19 % de los terratenientes, son propietarios de más de
un 80 % de la tierra.
En la década del 70, después de algunos años
de incorporación de las prácticas de la Revolución
Verde a numerosos programas de desarrollo, la tendencia no se
había modificado: los pobres eran cada vez más
pobres, y los ricos, más ricos.
Toma así lugar la segunda revisión en la "teoría"
dominante del desarrollo, que nace de la creencia de que, si
bien no existiría un conflicto en el largo plazo entre
crecimiento económico y distribución del ingreso,
los hechos mostraban que en lo inmediato ese crecimiento se
estaba logrando a expensas de una injusta distribución
de la riqueza.
Se explicó la incapacidad de revertir hasta entonces
la tendencia al aumento de la brecha entre ricos y pobres, por
un crecimiento poblacional mayor al esperado durante el tercer
cuarto del siglo XX, a diferencias culturales mayores a lo previsto
entre el habitante rural y el urbano, y, lo que es remarcable,
a que la estrategia de importación de tecnologías
había comenzado a generar desempleo estructural.
Nacen así los enfoques del "crecimiento con redistribución"
(RWG) (Mc Namara(8), Ayres(9)) y el de "necesidades básicas"
(Streeten(10)), concepto todavía profundamente arraigado
en el discurso social.
Con ciertas variantes, ambos propusieron la intervención
de los gobiernos para reorientar los excedentes de ingreso -colectados
mediante recaudación impositiva- hacia los pobres, y
la promoción del acceso de estos, a los servicios públicos.
El enfoque de necesidades básicas -menos aceptado por
los organismos internacionales- iba un poco más allá,
y proponía estimular el condicionamiento del mercado
hacia la producción de bienes y servicios básicos.
En los años 80, para algunos el "decenio perdido",
todo fue desconcierto en la mesa de los planificadores del desarrollo.
Los indicadores de distribución de la riqueza eran ahora
aún más alarmantes, lo que significaba que tres
décadas de desarrollismo, habían fracasado.
Faltos de explicaciones, los gobiernos tendieron entonces a
suprimir toda política redistributiva e intervencionista,
a liberar los mercados y hasta comienzan a privatizar servicios
públicos esenciales.
Implícita o explícitamente, vuelven a un enfoque
desarrollista en su estado más original y primitivo.
Se comienza a alegar "tendencias inexorables", que
no pueden ser detenidas sin una debacle económica aún
mayor, se aprieta a fondo el "acelerador" del tren
del crecimiento tecnológico y económico, suponiendo,
en aras de quien sabe que esperanza o creencia mágica,
que en el futuro el "derrame" se produciría
de algún modo.
Inclusive se pusieron en discurso las ideas de "posmodernismo"
y de muerte de la historia.
V. Críticas al desarrollismo
Desde luego que la corriente principal desarrollista tuvo críticas
severas y profundas.
Para algunos, entre ellos Denis Rondinelli (11), el problema
residía en la distancia existente entre la planificación
tecnocrática y la praxis en campo.
Proponía Rondinelli que el proceso de puesta en marcha
de grandes proyectos de desarrollo fuera abordado a través
de cuatro etapas sucesivas y expansivas.
Primero, debía comenzarse con proyectos experimentales,
de pequeña escala, de naturaleza exploratoria y de alto
riesgo. Una vez superada esta primera instancia, se debía
pasar a los "proyectos piloto", a través de
los cuales los resultados logrados en los proyectos experimentales
serían sometidos a una variabilidad de condiciones a
fin de adaptar sus métodos y técnicas.
Luego, en una tercera etapa, debían ejecutarse los proyectos
"demostrativos", para exhibir la eficacia de los proyectos
piloto y lograr la aceptación de las nuevas técnicas
en el contexto social.
Solo entonces podía pasarse a los proyectos para entrega
de servicios en gran escala.
Otro grupo de críticos, entre los que se destaca Susan
George (12), alzaron sus voces para denunciar la injusticia
social intríseca del modelo de desarrollo dominante.
Según estos autores, la pobreza y el hambre de los paises
pobres no es resultado de la geografía, de la elevada
tasa de nacimientos o de la pereza inherente de sus pueblos.
Es más bien el resultado de una perversa maquinación
de los paises ricos, que necesitan de la existencia de una mayoria
de naciones pobres para sostener sus condiciones de bonanza.
Lo logran mediante la asignación internacional de la
producción y el permanente incremento de la brecha en
los términos de intercambio entre productos primarios
y productos de alta tecnología.
Desde esta perspectiva, el escenario del desarrollo podría
ser comparado con un banquete en el que un 20 % de los presentes
se sientan cómodamente a deleitarse, mientras que el
80 % restante les sirve, recibiendo acaso algunas migajas que
caen de la mesa, a fin de que puedan seguir atendiendoles. Esta
amplia mayoría es mantenida en la ilusión de que
mediante su esfuerzo llegarán algún día
a ocupar un puesto en la mesa, pero en realidad existe un problema
estructural: es necesario que exista esa mayoría en estado
de servidumbre para hacer posible el privilegio de los menos.
Todavía otros, entre los que la figura más relevante
fue probablemente E.F.Schumacher (13), sostenían que
la trampa involucrada en el modelo de desarrollo es que, a diferencia
de lo que sostiene la economía convencional, el problema
de la producción no ha sido resuelto.
Surge así el concepto de "tecnología apropiada"
El desarrollismo ha priorizado una producción centralizada,
de gigantesca escala, muchas veces alejada de las fuentes de
materias primas, maquinizada y deshumanizante.
Schumacher propone una reorientación de la ciencia y
la tecnología hacia lo orgánico, lo amable, lo
no violento, lo elegante y lo hermoso. Una tecnología
con "rostro humano".
Según él lo que se necesita son métodos
y equipos que sean suficientemente baratos y al alcance de todos,
agradables de operar, apropiados para ser utilizados en escala
pequeña y compatibles con la necesidad creativa del hombre.
Esta corriente impulsa así la descentralización
de la producción, basándola en materiales locales
y para uso local, y la creación de puestos de trabajo
allí donde los seres humanos viven, deteniendo el proceso
migratorio hacia las grandes ciudades.
Finalmente debemos mencionar un cuarto grupo de críticas,
fundamentadas en la crisis ecológica y el agotamiento
de los recursos naturales.
Según Lester Brown (14), la Civilización Maya,
cuya población durante más de dos milenios se
había venido duplicando cada cuatro siglos, alcanzó
los cinco millones de habitantes hacia el 900 D.C. En ese momento,
se desplomó subitamente, quedando su población
reducida a una décima parte.
La causa, poco esclarecida, parece haberse relacionado con la
erosión de los suelos: la capa fertil fue arrastrada
hacia los lagos de la región, y las tierras de cultivo
perdieron bruscamente su productividad.
Si estas tensiones ambientales fueron capaces de socavar antiguas
civilizaciones que crecían al ritmo de una duplicación
poblacional cada varios siglos, se pregunta Brown: ¿cuál
será el efecto ahora, que la población mundial
crece al ritmo del 2% anual, al mismo tiempo que las tierras
de cultivo disminuyen a un ritmo similar?
Los tres biomas que sustentan el sistema económico están
seriamente comprometidos: los bosques por la deforestación,
los pastizales por el sobrepastoreo y la desertificación,
y los océanos por la pesca excesiva. A esto debe sumarse
el agotamiento potencial de los hidrocarburos, sobre los que
descansa casi un 90% de la energía usada por el ser humano,
antes de que fuentes sustitutas, renovables y no contaminantes,
puedan reemplazarlos.
Para Brown la solución no se logrará tan solo
con un uso más racional de los recursos naturales, sino
que el desafío al que se enfrenta la humanidad es de
tal magnitud que exige nada menos que la supresión del
materialismo, en una verdadera redefinición del propósito
central de la existencia humana.
VI. Desarrollo "sustentable"
En los años 90, una nueva variable hace su aparición
en el discurso del desarrollo: el requisito de la sustentabilidad
ambiental. Con la expansión de la conciencia ecológica,
una frase -probablemente impulsada por un grupo de empresarios
durante la Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente
y el Desarrollo (Rio de Janeiro, 1992)- se instala en la declamatoria
de gobiernos, ONGs y empresas: desarrollo sustentable.
El desarrollo sustentable sería aquel desarrollo que
pueda ser conseguido sin socavar las necesidades ambientales
de las generaciones presentes y futuras. (15)
Pero es importante comprender que este "desarrollo sustentable"
-otra frase ambigua y peligrosa- no se propone modificar la
dirección del desarrollo hacia el crecimiento económico
y la industrialización, sino más bien continuar
avanzando hacia tales objetivos, aunque ahora dentro de las
limitaciones y exigencias impuestas por la preservación
de los ecosistemas.
Si bien no existe un consenso generalizado de cómo lograr
el "desarrollo sustentable", la postura más
aceptada es mantener el desarrollo economicocéntrico
dentro de la capacidad de sustentación del ecosistema
terrestre, mediante un conjunto de medidas pragmáticas
y técnicas, englobadas dentro del concepto de gestión
o manejo ambiental: usar racionalmente los recursos del planeta
-mares, suelos, bosques-, utilizar sustitutos abundantes o renovables
para los recursos más amenazados, adoptar medidas de
eficiencia energética, tratar efluentes, reciclar, y
exigir procesos de evaluación de impacto ambiental mediante
una legislación adecuada, a fin de evitar, minimizar,
o en última instancia reparar, el daño ambiental.
Ya lo decía el entonces secretario general de las Naciones
Unidas, Boutros Ghali, en el discurso inaugural de la CNUMAD
92: "Producir, consumir, pero también reciclar:
este es el tríptico del porvenir" (16)
Es importante reparar en dos cosas. Por un lado, en la linealidad
asombrosa con los que se pretende predecir el impacto ambiental,
matrices de Leopold incluidas. Estos procedimientos no dan cuenta
de la complejidad fantástica de los lazos de retroalimentación
que vinculan un ecosistema con otro sin solución de continuidad,
ni de las perturbaciones ilimitadamente amplificables que pueden
introducirse al estilo del "efecto mariposa" de Ilya
Prigogine.
Mucho más peligrosos aún son los enfoques que
pretenden cuantificar y valorizar monetariamente el daño
ambiental, (principio contaminador-pagador) lo que constituye
un intento del subsistema económico por fagocitar al
interior de su lógica al ecosistema.
Por otro lado debe observarse que el requisito de la sustentabilidad
aparece mucho más como una limitante al máximo
crecimiento económico, que como un resultado intrínseco
de un estilo de desarrollo diferente, animado por otros propósitos.
Para Nijkamp y Dourojeanni (17), no puede lograrse simultáneamente
un óptimo de desarrollo económico al mismo tiempo
que un óptimo de sustentabilidad ambiental y una máxima
equidad social. Estos autores proponen una fórmula conceptual
del "desarrollo sustentable" como función de
tres variables: crecimiento económico, sustentabilidad
ambiental y equidad.
Pero para lograr el máximo desarrollo sustentable, ninguna
de las tres variables puede estar en su máximo.
Dicho en otros términos: la sustentabilidad del ambiente
y la equidad social, son embarazosos frenos al objetivo del
crecimiento económico, que además, fuera del discurso,
no tienen enraizamiento en los proyectos reales del desarrollo.
Si consideramos el daño ambiental como resultante del
producto:
"población x tecnología utilizada x consumo
per cápita" veremos que el discurso del desarrollo
sustentable se centra casi exclusivamente en la minimización
de los dos primeros factores.
Es propio de paises del "norte" (otra conceptualización
divisionista y artificial de un mundo que sintió un vacío
cuando la línea este-oeste se hizo más difusa)
centrar sus argumentos en la limitación al crecimiento
demográfico del "sur". Alegan que de cada diez
niños que nacen hoy, nueve lo hacen en los paises pobres.
Pero si tomamos en cuenta que ese niño rico contaminará
y destruirá el ambiente en la misma medida que treinta
niños pobres, el argumento parece mas bien dirigido a
prevenir una excesiva presión poblacional y la consecuente
presión social de las masas hambreadas para que las minorías
privilegiadas no se vean perturbadas, que a una propuesta seria
de sustentabilidad.
La gestión ambiental opera mayormente, en cambio, sobre
el segundo factor, procurando introducir tecnologías
preservadoras del ambiente.
Si el segundo factor tiende a cero, tambien lo haría
el daño ambiental; esto es teóricamente posible.
Ahora bien, dicha disminución debe producirse a tiempo,
antes que el daño ambiental global resultante supere
un umbral crítico y ponga en marcha lazos retroalimentativos
que desencadenen un "efecto dominó" llevando
al planeta a su crisis terminal.
Los tratados y convenios internacionales no son suficientemente
drásticos como para que esta transformación tecnológica
hacia el uso racional de recursos y la disminución de
la contaminación se produzcan dentro de los plazos seguros
sugeridos por los principios precautorios.
Valga como ejemplo que, si todos los paises del mundo adoptaran
decididamente todas las tecnologías de eficiencia energética
consideradas aplicables dentro del modelo económico vigente,
una duplicación de las emisiones de dióxido de
carbono (principal termoactivo responsable del efecto invernadero)
sólo podría ser demorada un par de décadas.
(18)
Arribamos así al diagnóstico de Lester Brown:
solo operando sobre el tercero de los factores, es decir, disminuyendo
el consumo (lo que lleva implícito una supresión
o disminución del materialismo), podría reducir
rápida y drásticamente la crisis ecológica
global.
Y de esto es de lo que en verdad no habla el discurso del "desarrollo
sustentable". Se preocupa en producir en un modo más
limpio, se propone consumir recursos renovables, enfatiza la
prevención -si es posible- o la minimización de
los impactos negativos, pero jamás se menciona la idea
de producir menos.
En última instancia hablar de un desarrollo sustentable
carece de sentido. Según qué definición
demos al desarrollo, el adjetivo "sustentable" podrá
resultar de cumplimiento imposible, o bien redundante.
VII. El PNUD y el Indice de Desarrollo
Humano
Resulta evidente que las sucesivas revisiones y ajustes del
concepto de desarrollo, a lo largo de los últimos cincuenta
años, han sido tan sólo matices mas o menos superficiales,
pero que en ningún momento han puesto en tela de juicio
su supuesto básico materialista: que el desarrollo es
principalmente crecimiento económico.
Un paralelismo con la dinámica explicada por Kuhn (19)
para la evolución del pensamiento científico,
nos permite comparar a esta "teoría" del desarrollo
con una teoría científica que, encontrándose
con ciertos hechos que caen fuera del campo de sus predicciones
-el derrame distributivo que no se produce- incorpora nuevas
hipótesis ad hoc, pero no modifica su núcleo.
Inclusive el "desarrollo sustentable" deja intacto
ese núcleo.
Anualmente el PNUD emite un informe sobre la distribución
de la riqueza. Divide la población mundial en cinco quintiles,
y asigna a cada quintil el porcentaje de riqueza de que dispone.
A lo largo de cinco décadas de desarrollo, el quinto
más rico no ha dejado de incrementar su riqueza total,
y los más pobres, de reducirla.
El gráfico de la distribución del ingreso, por
su forma, es conocido como la "copa de champaign".
Actualmente el 20 % más rico dispone de un 86 % de los
recursos del planeta, mientras que el 20 % más pobre,
debe sobrevivir con menos del 1 %.
Entonces podemos preguntarnos: ¿desarrollo de qué,
y para quién?
El resultado del modelo ha sido el enriquecimiento de un 20
% de la población mundial, distribuido en los paises
ricos y en las capas enriquecidas de los pobres.
Todo esto a costa de la miseria de una inmensa mayoría
y de una crisis ecológica mundial sin precedentes y de
dificil reversión.
E inclusive ese 20% se ha "desarrollado" en una única
dirección: la económica, pero no está libre
ni de la crisis ambiental misma, ni de nuevas pandemias como
el VIH SIDA, ni de problemas sociales como la violencia, la
drogadependencia, el alcoholismo, los tráficos ilegales,
ni del aislamiento, la angustia, la falta de sentido en su existencia
y otros males psicológicos y espirituales.
Desde este punto de vista, el modelo aplicado, no puede ya,
en justicia, ser llamado "desarrollo".
El desarrollo ha de ser alguna otra cosa, que aún no
se ha dado a escala general en ninguna parte del mundo.
Con respecto a ese otro desarrollo, el planeta entero, está
subdesarrollado.
Entre los distintos intentos por desacoplar la idea de desarrollo
de parámetros puramente economicistas, debe mencionarse
el concepto de "desarrollo humano" del PNUD.
Para el PNUD el desarrollo es resultante de un conjunto de factores,
tales como la salud, la educación, el ingreso, la posición
de la mujer, el estado de la infancia, la situación del
ambiente, el grado de conflictos y la madurez político
participativa. "El fin es el desarrollo humano, el crecimiento
económico es un medio" (20)
El PNUD propone también un indicador para el desarrollo,
que no sea meramente el ingreso per cápita. Así
establece el "Indice de Desarrollo Humano" (IDH).
Este índice, sin embargo, incorpora solo tres de las
dimensiones mencionadas: la salud, medida en función
de la expectativa de vida al nacer, la educación, cuantificada
a partir de la tasa de alfabetización y matriculación
combinada, y el ingreso, este último no tomado en forma
directa en todos los casos, sino que para paises con valores
de ingreso superiores a la media mundial, modificado por una
fórmula de conversión que limita drásticamente
su peso relativo en el índice.
Esta última consideración es válida en
el intento por reflejar cuantitativamente, que a partir de cierto
punto, los incrementos en el ingreso no corresponden a mejoras
proporcionales en las condiciones de vida.
El desarrollo humano y su IDH aparejado, constituyen un intento
loable, que sin embargo, no parece lograr tampoco modificar
el núcleo de la "teoría del desarrollo".
Observando los paises del mundo clasificados por IDH en lugar
de por ingreso per cápita, aparecen leves modificaciones
en las posiciones. Pero básicamente, siguen ocupando
la parte superior de la parte superior de la tabla de IDH, los
paises ricos.
Esto se explica tanto por la fragmentariedad de los criterios
adoptados en el índice, como por la ligazón que
existe entre la salud y la educación, medidas como se
las mide, con el ingreso. No se trata en realidad de tres variables
verdaderamente independientes, ya que son los paises más
ricos los que mejores sistemas sanitarios y educativos poseen.
El IDH general, no da cuenta, además, de la distribución
del ingreso.
Por último, puede cuestionársele, que continúa
dentro de una visión lineal, que procura encontrar indicadores
objetivos para el desarrollo, sin incorporar en algun modo la
percepción subjetiva que los pueblos puedan tener de
sus propias condiciones de vida.
VIII. Desarrollo a Escala Humana
Manfred Max-Neef y Antonio Elizalde, economista autodenominado
"hereje" y premio Nobel alternativo el primero, y
sociólogo el segundo, ambos chilenos, junto con otros
autores, han sistematizado un enfoque del desarrollo altamente
innovador, el "Desarrollo a Escala Humana"(21)
Incluye una teoría económica alternativa, la "Economía
a Escala Humana", que en la opinión de algunos especialistas,
es, luego de "La Riqueza de las Naciones" de Adam
Smith, y "El Capital" de Karl Marx, la obra más
revolucionaria del pensamiento económico.
El primer postulado de Max-Neef y Elizalde, es que el desarrollo
se refiere a las personas y no a los objetos.
Por otra parte, ellos explican que la economía convencional
(clásica y neoclásica), incurre en un error fundamental:
el de considerar las necesidades humanas como crecientes e ilimitadas.
El "Desarrollo a Escala Humana" mantiene, en cambio,
que las necesidades humanas son limitadas, constantes en toda
cultura, y, en términos del período histórico,
también invariables en el tiempo.
Para estos pensadores, son concretamente nueve: subsistencia,
protección, afecto, ocio, creación, libertad,
entendimiento, identidad y participación.
Consideran una décima necesidad: la trascendencia. Sin
embargo, no la agregan a la lista, por entender que no está
completamente consensuada.
Lo que varía con el transcurrir del tiempo, y de una
cultura a otra, son los satisfactores de estas necesidades,
que son todo objeto, servicio, actividad, relación, institución
o costumbre creada por el hombre para la satisfacción
de estas nueve necesidades.
El grave error de la economía convencional puede ser
expresado también como la confusión de las necesidades
humanas con sus satisfactores.
Hasta aquí, aparece una primera diferencia sustantiva
con el enfoque dominante del desarrollo: si bien el Desarrollo
a Escala Humana contempla los aspectos materiales de la existencia
humana, los mismos forman sólo una parte no central ni
mayoritaria, en un sistema de necesidades que incluye aspectos
intangibles, de tipo cultural, intelectual, afectivo o espiritual.
Los autores insisten, además, que no importa el orden
de las necesidades, ninguna es priorizable a otras.
A su vez, Max-Neef y Elizalde, clasifican los satisfactores
en cinco grandes grupos:
a) Los violadores o destructores, que no sólo no satisfacen
la necesidad a la que aparentemente están dirigidos,
sino que impiden la posibilidad de satisfacción de otras
necesidades del sistema. Suelen estar asociados al autoritarismo.
Ejemplo de ellos pueden ser las armas nucleares, que aunque
pretenden satisfacer la necesidad de protección, no sólo
no lo hacen, (al aumentar la posibilidad de ser blanco nuclear
prioritario para otras potencias), sino que destruyen la posibilidad
de satisfacción de otras necesidades, como la subsistencia,
el entendimiento o el afecto.
b) Los inhibidores, que satisfacen inadecuadamente, (en general
sobresatisfacen) la necesidad a la que se dirigen, inhibiendo
la posibilidad de satisfacción de otras. Estarían
vinculados a costumbres e instituciones arraigadas. Un ejemplo
de satisfactor inhibidor sería una educación paternalista
y sobreprotectora, que inhibe la satisfacción adecuada
de las necesidades de identidad, creación o libertad.
c) Los pseudo-satisfactores, que dejan permanentemente insatisfecha
la necesidad a la cual apuntan. Generalmente devienen de las
modas, la publicidad y las presiones del mercado.
Por ejemplo, las propagandas que promocionan una marca como
símbolo de identidad, dejando obviamente la necesidad
insatisfecha.
d) Los singulares, que satisfacen una sola de las necesidades
del sistema, siendo neutros con respecto al resto de las necesidades.
Son característicos de los planes de gobierno, de los
programas de desarrollo convencional, y el asistencialismo.
Un ejemplo sería un plan alimentario, que satisface la
necesidad de subsistencia, pero nada más.
e) Los sinérgicos, que satisfaciendo la necesidad a la
que se dirigen, ponen a su vez en marcha otros procesos, permitiendo
la satisfacción de varias o todas las necesidades del
sistema.
Suelen surgir de los procesos participativos de base, cuando
una comunidad busca consultivamente sus propias soluciones.
Un ejemplo sería una organización comunitaria,
orientada a promover la participación. Desde esa participación,
pueden provocarse la sinergía para satisfacer otras necesidades.
Otro ejemplo es la leche materna, que aparentemente solo satisface
la subsistencia; sin embargo también lo hace con el afecto,
la protección o la identidad.
Se entiende ahora mejor por que los autores insisten en que
no existe un orden de prelación en el sistema de necesidades:
si los satisfactores son sinérgicos, cualquiera sea la
necesidad que los haya motivado, esta puede ser la "puerta"
para iniciar procesos retroalimentativos que beneficien a todo
el sistema de necesidades.
Nótese el contraste con el enfoque de necesidade básicas,
casi prioritariamente materiales, o el conocido y falaz argumento
que no se puede abordar problemáticas más sutiles
-intelectuales, culturales, creativas- con quienes tienen hambre,
si primero no se les da de comer.
Max-Neef y Elizalde llaman a los cuatro primeros tipos de satisfactores,
exógenos, por proceder en todos los casos de afuera del
grupo que ha de satisfacer sus necesidades.
Los sinérgicos, son en cambio los únicos endógenos,
pues surgen de la participación y voluntad de aquella
comunidad que busca la satisfacción de sus necesidades.
Tomando en consideración lo expuesto, podría decirse
que el "Desarrollo a Escala Humana" no es sino la
generación (participativa) de satisfactores sinérgicos
(los paréntesis se colocan para señalar la redundancia:
si no es a través de la participación, no surgirán
satisfactores sinérgicos).
Este concepto de desarrollo, lleva a una redefinición
del rol del estado: de ser quien impone satisfactores exógenos
a las personas, -en el mejor de los casos singulares- pasaría
a ser un facilitador de los procesos de generación de
satisfactores sinérgicos surgidos de las bases.
Hay fundadas razones para pensar que el "Desarrollo a Escala
Humana" sí rompe con el "núcleo duro"
de la vieja "teoría del desarrollo", ya que
no se centra el crecimiento económico ni lo prioriza.
No es de corte materialista, aunque contempla los aspectos materiales.
Otras notables diferencias que surgen de comparar ambos conceptos
de desarrollo son:
-El Desarrollo a Escala Humana promueve proyectos de abajo hacia
arriba, a la inversa que el desarrollo económicocéntrico
-Impulsa la participación local y comunitaria, y con
ella la descentralización, por el contrario al desarrollo
convencional, que es centralizador, y uniformizante en torno
a un modelo a emular.
-Parte de la propia percepción de la problemática
y la búsqueda de soluciones por parte de quienes han
de iniciar su proceso de desarrollo, y no del entendimiento
que de ese probléma tengan "expertos" o élites
externas.
-Tiene un enfoque sistémico, al incorporar el concepto
de sinergía, a diferencia de la visión lineal
y fragmentaria del desarrollo dominante.
El "Desarrollo a Escala Humana", al igual que otros
enfoques innovadores del desarrollo, tiene todavía y
como es de esperar, poca experiencia de aplicabilidad en campo,
si se lo compara con los proyectos del desarrollismo. Sin embargo,
es preferible abrir nuevas sendas en la maleza en la dirección
correcta, que circular por la amplia y cómoda autopista
que conduce al abismo.
IX. Pautas dadas desde una dialéctica
evolucionaria
Es difícil vislumbrar como una humanidad atrapada en
una lógica economicista, con instituciones y empleo fuertemente
dependientes de la continuidad del modelo, podrá escapar
al abismo de la progresiva exclusión sistemática
de las mayorías, o a la catástrofe ecológica.
Quizá la transición habrá de darse con
imprevistas turbulencias, innovaciones creativas emergentes
de las potencialidades distribuidas de los pueblos y comunidades
del planeta, y muy presumiblemente, con sufrimientos aún
mayores a los actuales.
Es posible que una vez más la evolución histórica
demuestre su dinámica no lineal, y que, tal como lo insinúa
Edgard Morin, suceda lo menos probable, o que, al estilo de
los sistemas complejos alejados de sus condiciones de equilibrio
estudiados por Ilya Prigogine (22), se produzca un fenómeno
inédito de reorganización "espontánea",
con la consecuencia de una profunda reconfiguración de
las relaciones del hombre con el hombre y las de éste
con la naturaleza.
Siendo que el modelo que actualmente choca contra sus propias
contradicciones y se derrumba ha sido promovido por élites
privilegiadas, imponiendo proyectos "desde arriba"
-en última instancia buscando su interés particular
sin haber percibido que desde un punto de vista sistémico
tal interés no podría haberse dado jamás,
en el largo plazo, sin contemplar el beneficio del conjunto-
un nuevo orden no podrá sino surgir de la amplia base
de la humanidad toda.
Ambos procesos, el desplome de un viejo orden materialista,
centralizado y divisionista, y la emergencia de proyectos participativos
de base -que se está cristalizando con el surgimiento
de miles de organizaciones de la sociedad civil, probablemente
el hecho social más relevante de la actualidad- trabajan
en la misma dirección: el primero abre caminos al segundo,
dejando espacios a la creatividad allí donde no tiene
más respuestas.
En este contexto, y coincidiendo con Max-Neef y Elizalde, los
gobiernos deben necesariamente dejar de ser el de cómplices
de las élites privilegiadas, para transformarse en servidores
y potenciadores de los procesos surgidos de la participación.
Y es precisamente la participación universal de todos
cuantos habitamos en la Tierra donde reside la energía
potencial para un nuevo estadío en el desarrollo social
de la humanidad (23). Por lo tanto, ninguna parte o facción
controla el proceso: éste mas bien, es resultante de
la sinergía del conjunto.
Con todo, algunas pautas de este nuevo desarrollo pueden ser
puntualizadas, no como receta o ideario, (lo que constituiría
una repetición del viejo modelo "arriba hacia abajo")
sino como sistematización de las características
de aquellos proyectos que parecen diferenciarse más de
los estilos operativos del viejo desarrollo, y que están
hoy ofreciendo modelos alternativos, aunque en su mayoría
de tipo embrionario y local, con el potencial de expandirse
exponencialmente en la medida que el grado de deterioro de las
viejas estructuras sea más avanzado.
Para orientar el análisis adoptaremos la ya expuesta
comparación entre la humanidad en su conjunto y uno de
sus miembros individuales.
Puede objetarse que no necesariamente debe existir una relación
isomorfa entre sos sistemas de abarque tan disímil. Con
todo, el subsistema ofrecido por un ser humano individual resulta
mucho más inclusivo de leyes y relaciones que pueden
ser extendidas al suprasistema de la humanidad, que un mecanismo
físico o un organismo biológico. Comparten una
dinámica evolucionaria, tanto en lo físico como
en lo psico-espiritual, desde una perspectiva jungiana la humanidad
posee un inconsciente colectivo, y ambos sistemas, adoptando
el enfoque del psicológo vienés Victor Frankl
(24), estarían dotados de una intencionalidad orientada
a la búsqueda de sentido y trascendencia. Dentro de un
marco conceptual holístico puede afirmarse además
que el todo (la humanidad) está de algún modo
inscripto en la parte (el ser humano individual).
Esta comparación permite aplicar al género humano
una dinámica dialéctica: un primer estado (tesis)
correspondiente a la infancia, un segundo (antítesis)
a la adolescencia, y un tercer estado (síntesis) a la
madurez.
La humanidad podría encontrarse, dentro de esta modelización,
en el turbulento final de su adolescencia colectiva, en la que,
dotada de un "cuerpo físico" adulto, lucha
por lograr su madurez definitiva.
Si se establecen varios ejes de análisis, los mismos
pueden ser recorridos a lo largo de las instancias de tesis
y antítesis, y a partir de las propiedades características
de estas dos primeras instancias, inferir un estado posible
para la instancia de síntesis en cada uno de aquellos.
Por persistentes e instalados que los estados característicos
propios de las etapas de tesis y antítesis pudieran parecer
dentro de cada eje, sólo corresponden, con respecto a
la escala temporal de la humanidad, a su infancia y adolescencia
colectivas.
X. Primer eje: Los sistemas sociopolíticos
y su grado de abarque
En la etapa de tesis aparece como estructura dominante la tribal.
Está caracterizada por relaciones primarias y comunitarias.
Como antítesis, ya dentro del período histórico,
se presenta la figura del "estado", sea en forma de
ciudad-estado, reino, imperio y naciones modernas, en los que
las relaciones comunitarias sufren una progresiva dilución,
a medida que estos sistemas abarcan conjuntos poblacionales
y áreas geográficas cada vez mayores.
En esta línea de pensamiento, el próximo paso
en la evolución de la conciencia humana, en dirección
a una síntesis, es el establecimiento de una civilización
mundial caracterizada por la unidad mundial en diversidad.
A la vez que continúa la expansión del grado de
abarque al planeta entero (unidad mundial), involucra una recuperación
de la dimensión comunitaria (diversidad).
Dotada de medios físicos para un emprendimiento de esa
magnitud -las supercomunicaciones mundiales y la velocidad del
transporte hacen que el planeta entero resulte hoy más
"pequeño", en términos relativos, que
un imperio de la antigüedad, e inclusive que una nación
moderna del siglo XIX- la humanidad puede ahora avizorar su
futuro desde una perspectiva planetaria.
Esta primera capacidad física debe dar paso a un "espíritu"
que la anime, esto es, la conciencia de "ciudadanía
mundial". De acuerdo con "La Prosperidad de la Humanidad"
(25) "Con la unificación física del planeta,
alcanzada en el siglo XX, y el reconocimiento de la interdependencia
de cuantos viven en él, comienza ahora la historia de
la humanidad como un solo pueblo"
Tal civilización planetaria requerirá de instituciones
mundiales: un gobierno mundial, un tribunal internacional de
justicia, una moneda unificada y, probablemente, un idioma universal
auxiliar.
Quizás sean unas Naciones Unidas transformadas -a pesar
de todas las limitaciones actuales del sistema- la institución
destinada a asumir tan magna misión.
El reconocimiento de pertenencia al planeta Tierra no se opone
a un sano y legítimo patriotismo -del mismo modo que
el amor a la provincia natal no ha impedido el sentimiento de
pertenencia a la nación entera- sino que lo integra a
una lealtad más amplia: al género humano y su
casa común.
El concepto de diversidad es la contraparte indisoluble de la
unidad mundial. Un nuevo orden mundial que pretenda resolver
con éxito las dramáticas circunstancias de nuestra
aflijida especie, no puede repetir la aventura uniformizante
y centralizadora del desarrollismo convencional.
Todos los pueblos del mundo deben encontrar en la mundialidad
espacios articuladores e integradores de su expresión
local y autóctona, del mismo modo que los instrumentos
musicales deben conservar timbre y melodía propios, para
contribuir mejor a la armonía de la orquesta en su conjunto.
En el marco de este respeto y potenciación de la diversidad
cultural es posible reestablecer la dimensión comunitaria,
que intermedie entre la dimensión macrosocial (nacional,
regional, mundial) y la esfera familiar y primaria.
Es precisamente en la preservación de la diversidad cultural
en la mundialidad -que puede con justicia compararse al caudal
genético en el organismo o a la biodiversidad en la naturaleza-
donde aparece la diferencia sustancial con la globalización.
Esta última es centralizante y uniformizante, y aunque
está marcada sin saberlo por la presión evolutiva
hacia un alcance geográfico mundial, sigue animada por
los principios mecanicistas, economicistas y elitistas del viejo
desarrollo.
Para Edgar Morin "de su diversidad la humanidad puede extraer
sus mayores tesoros, siempre y cuando recobre el secreto de
su unidad, y se replantee el futuro solidariamente en una Tierra
que es su casa común"; "lo universal no se
opone a las patrias, sino que las une concéntricamente
y las integra a la patria Tierra" y "todo arraigo
étnico es legítimo si va acompañado por
uno más profundo a la identidad humana terrestre".
(26)
Considera también Morin que "la diversidad es el
tesoro de la unidad y esta, a su vez, lo es de la diversidad".
El principio de la unidad mundial, basado en la aceptación
de la unidad esencial de la única familia humana, es
la piedra basal de todo proyecto del nuevo desarrollo, y requiere
ser abrazado de todo corazón, definitivamente y sin reservas,
por todos cuantos habitamos en la Tierra.
XI. Segundo eje: La relación del hombre con la naturaleza
Durante la "tesis" se presenta el ser humano como
parte indisoluble de la naturaleza: es la infancia caracterizada
por una relación simbiótica con la "madre
naturaleza", en la que no puede verse a si mismo diferenciado
de ella.
En el ensayo correspondiente a la antítesis, carácteristico
de tiempos históricos, la humanidad reconoce su posición
distintiva entre todos los seres vivientes, adopta una actitud
racional e instrumental, se disocia de la naturaleza perdiendo
el sentido de conciencia participativa, y se lanza al dominio
y la conquista.
Hoy con la mangnitud poblacional humana y los medios físicos
disponibles, ese dominio ha cobrado características depredativas
y destructoras, amenazando con llevar al planeta a una catástrofe
ecológica global.
Se insinúa una síntesis necesaria donde la humanidad,
sin perder su potencial modificatorio sobre la naturaleza -indispensable
para soportar la actual densidad demográfica humana-
lo adecue a las pautas permitidas por aquella, a través
de lo que podría denominarse "transformaciones compatibles".
La extendida falacia de que toda acción humana implica
algún daño al ambiente, y que la "contaminación
cero" no existe, queda refutada si consideramos la milenaria
coexistencia y cooperación del hombre con la naturaleza
a través de transformaciones compatibles apoyadas en
tecnologías apropiadas, desarrollada por innúmeras
culturas en el diseño de su habitat, el uso de los recursos
o la agricultura, no sólo manteniendo sino enriqueciendo
la diversidad ecosistémica.
Pero tales transformaciones compatibles no pueden lograrse con
la mera yuxtaposición de medidas prácticas y técnicas
de carácter paliativo a la actual modalidad del desarrollo,
sino que exige de una profunda reformulación de la intencionalidad
colectiva del género humano sobre el planeta. No ya el
"ser por el tener" denunciado por Eric Fromm, y el
crecimiento material y económico, sino "sentar las
bases de un nuevo orden social capaz de cultivar las ilimitadas
potencialidades latentes en la conciencia humana" (27)
deberá ser considerado el verdadero propósito
del desarrollo.
Los siguientes textos resultan esclarecedores: "En el discurso
del desarrollo van produciéndose modificaciones que atienden
diferencias culturales y de sistema político, y que atienden
a los alarmantes peligros de la degradación medioambiental.
Sin embargo, los supuestos materiales en que se basan siguen,
en esencia, sin ser cuestionados"... "ya no es posible
sostener la creencia de que el abordaje del desarrollo social
y económico nacido de una concepción materialista
de la vida sea capaz de satisfacer las necesidades de la humanidad.
Los pronósticos optimistas sobre los cambios que generaría
se han desvanecido en el abismo, cada vez más hondo,
que separa los niveles de vida de una minoría pequeña
y relativamente decreciente de los habitantes del mundo,y la
pobreza que experimenta la mayoría de la población
mundial" ... "a no ser que el desarrollo de la sociedad
encuentre un propósito más allá del mero
mejoramiento de las condiciones materiales, fracasará
aún en la consecución de estas metas". (28)
Coincidiendo con Lester Brown en que el desafío actual
consiste nada menos que en la superación del materialismo,
y con Paul Ekins (29), quien entiende indispensable la noción
"subversiva" de frugalidad en el estilo de vida, como
condiciones para resolver la crisis ecosistémica, parecería
ser que el éxito de la humanidad en su empresa por la
sustentabilidad ambiental se ve mucho más garantizado
por la adopción nuevos valores "intangibles"
como propósito de su existencia, y la consecuente reducción
del consumo, que por las tecnologías y medidas pragmáticas
de la gestión ambiental, los procesos de evaluación
de impacto o las legislaciones que procuren atenuar y controlar
proyectos faraónicos y centralizados concebidos e impuestos
por grupos dominantes.
Esa garantía de sustentabilidad ambiental está
a su vez complementada por la diversidad de visiones que se
logre involucrar en la generación participativa de proyectos
de desarrollo. Numerosos emprendimientos de base participativa
muestran que, en general, cuanto mayor sea la diversidad de
actores intervinientes en su concepción y diseño,
mayor resulta ser su compatibilidad ambiental.
XII. Tercer eje: La relación
de los seres humanos con otros seres humanos
Si en la etapa primigenia o ensayo de tesis, las relaciones
entre grupos humanos se caracterizaban por su baja intensidad
debida al aislamiento provocado por una reducida densidad demográfica
y los obstáculos geográficos entonces insalvables,
el movimiento antitético, que aparece con los encuentros
históricos entre culturas y civilizaciones, se vió
dirigido hacia el conflicto, la agresividad y la búsqueda
de supremacía de un grupo sobre otro.
Tal actitud no solo se materializó en las guerras, sino
que fue llevada al conflicto económico, a la lucha de
poderes entre naciones "soberanas", a la lucha política
partidista, y a la competencia empresarial o entre grupos sociales.
Tan enquistado llegó a estar el conflicto en los asuntos
humanos, que llegó a generalizarse la creencia -apoyada
en erróneas extrapolaciones biologicistas- en la agresividad
intrínseca del ser humano.
Por prolongado que haya sido el reinado de la conducta conflictiva,
la misma sólo corresponde a las etapas de infancia y
adolescencia colectivas de la humanidad. No existe motivo alguno
para suponer que lo que hasta hoy ha sido, deba seguirlo siendo
en el futuro.
El "Manifiesto de Sevillla sobre la violencia", emitido
por más de un centenar de científicos y pensadores
de todas las disciplinas, convocados en esa ciudad por la UNESCO
a mediados de los 80, afirma que no existe ninguna evidencia
científica de que la agresividad humana tenga un origen
genético o irreversible, sino que es, en última
instancia, una construcción cultural. (30)
El patrón de conflicto aparece aún en la "negociación",
en la que cada parte asume que debe ceder algo de su aparente
interés, para llegar a una solución de compromiso,
evitando así otro tipo de enfrentamiento. El principio
smithiano de que del interjuego de fuerzas sociales, cada una
buscando su propio rédito, aparece una "mano invisible"
que beneficia al conjunto, queda hoy plenamente desechado luego
de que dos siglos de aplicación irrestricta del modelo
dieran como resultado una mayoría creciente de oprimidos
y excluidos, como lo evidencia el progresivo ensanchamiento
de la boca de la "copa de champaign".
Se torna necesaria como pauta para la instancia de síntesis
o madurez humana colectiva, una redefinición sustantiva
acerca de la cuestión del poder.
Para Max-Neef y Elizalde (31), la pregunta "¿quién
tiene el poder?" es de importancia secundaria, siendo la
pregunta relevante "qué es el poder?".
En la etapa de la madurez, los actores del desarrollo no pueden
ya ser minorías privilegiadas, sino todos los seres humanos
del planeta. El poder aparece así distribuido en el conjunto,
y ya no más asociado a las prebendas de sectores minoritarios.
Al respecto, volvemos a citar "La Prosperidad de la Humanidad":
"Las generaciones futuras hallarán incomprensible
que en una era que rinde homenaje a la filosofía igualitaria
y los principios democráticos que engloba, no obstante,
en la planificación del desarrollo las masas sean vistas
como (meras) receptoras de los beneficios de la asistencia y
el entrenamiento"... "A pesar del reconocimiento de
la participación como principio, el espacio reservado
para la toma de decisiones a la mayor parte de la población
mundial, es cuanto más secundario y limitado a una gama
de opciones formuladas por organismos que le son inaccesibles,
y que son determinadas por metas irreconciliables con su propia
percepción de la realidad".
Aquí es aplicable un segundo par de opciones relevante-secundaria
planteadas por Max-Neef y Elizalde: la opción secundaria
es "dictadura o democracia", cuando la relevante es:
"gobierno autoritario o gobierno participativo". Las
democracias contemporáneas y convencionales, contemplan
una participación reducida principalmente al sufragio,
que aparentemente legitima el accionar del gobierno, aunque
en la praxis se dan los espacios suficientes para que los proyectos
de desarrollo estén orientados a sostener espacios de
privilegio y a complacer a poderosas minorías.
La verdadera participación exige en cambio el involucramiento
de todos los seres humanos en la generación de "satisfactores
sinérgicos", para la prosecución de los caminos
del propio desarrollo.
Nuevamente la participación universal, gracias a su diversidad
de percepciones que involucra, al igual que ocurre con la sustentabilidad
del ambiente, garantiza la equidad social en un modo en que
los proyectos asistencialistas, bajados "desde arriba",
jamás podrían hacerlo.
Pero esta participación universal requiere de un instrumento
novedoso que trascienda el limitado patrón de conflicto
con sus negociaciones y compromisos.
Tal instrumento es la "consulta", que implica el desprendimiento
del interés por imponer la idea propia, poniendo en cambio
esa idea propia al servicio desinteresado de la búsqueda
del beneficio del conjunto. Dotadas de tal actitud, las comunidades
humanas pueden "llegar a un consenso sobre una situación
dada sobre la elección más sabia entre las opciones
disponibles en un determinado momento del curso de acción".(32).
Tal metodología en el proceso de toma de decisión
es completamente ajena al espíritu partidista y proselitista
que regula la dinámica de la mayoría de las instituciones
dominantes del viejo orden. Exige, además, nada menos
que el apoyo entusiasta a la decisión de la mayoría.
Los miembros del cuerpo decisorio no representan a grupo, facción
o partido alguno, sino que lo integran como servidores del todo,
y llegan a él sin campañas proselitistas o propaganda
de ninguna especie.
"La consulta es la expresión operativa de la justicia
dentro de los asuntos humanos" y es "el principio
organizativo de todo proyecto" (33).
El expansivo fenómeno social del surgimiento de miles
de organizaciones de la sociedad civil -dedicadas a una variedad
de problemáticas sociales, ambientales, culturales- es
de por sí promisorio, en cuanto permiten un desarrollo
de base participativa. Su éxito y alcance se verá
incrementado en la medida en que estas instituciones sean capaces
de incorporar en su operatoria el espíritu y la metodología
consultivos, preservándose así de repetir el patrón
de conflicto y competencia característicos de las instituciones
del pasado.
Un último y fundamentalísimo aspecto de la participación
consultiva, si es que esta ha de ser universal, es que involucre
plenamente a la mitad históricamente relegada de la humanidad
-en realidad la leve mayoría numérica- constituida
por las mujeres.
El grado de involucramiento de las mujeres es un indicador del
nuevo desarrollo, siempre y cuando tal involucramiento sea dado
desde su propia y genuina percepción del mundo, y no
en una carrera de competencia por ocupar espacios sociales dentro
de un modelo que, por su naturaleza constitutiva es patriarcal.
Es de esperar que la etapa de síntesis o madurez de la
humanidad se caracterice por la igualdad de derechos y oportunidades
para la mujer, igualdad de derechos y oportunidades que lleve
a la constitución de una sociedad en la que lo femenino
y lo masculino aparezcan equilibrados y cooperativamente integrados,
y no a una mayor presencia de mujeres en el mismo orden divisionista,
conflictivo y machista actual.
XIII. Cuarto eje: El método
de conocimiento
Si en la etapa de la infancia (tesis) el modo dominante en
la percepción del mundo ha sido la intuición y
el pensamiento mítico-simbólico, la reacción
antitética se caracterizó por una exacebada actitud
racionalista y luego cientificista.
Sería presumible que a la síntesis pudiera corresponderle
el equilibrio e integración mutuamente potencializadora
de ambas formas de aproximación a la percepción
de la realidad.
Con el adevenimiento de la revolución cuántica
de la física, a inicios del siglo XX, se abandona la
modelización determinista y mecanicista del universo.
El principio de indeterminación de Heisemberg, los experimentos
de Einstein-Podolsky-Rosen (34), o el ejemplo del "gato
de Schrödinger" (35) que permite llevar los sorprendentes
hallazgos del mundo subatómico al macroscópico,
hacen que la física contemporánea acepte definitivamente
la inseparabilidad entre el "observador" y lo "observado",
y la interdependencia entre mente y materia. El mundo cuántico
es un caldo de posibilidades latentes donde es nada menos que
la percepción consciente lo que contribuye a cristalizar
una de ellas, para transformarla en "realidad".
Para el físico Arthur Koestler: "antes pensábamos
que la materia era la roca, ahora la roca es la mente"(36).
El universo tal como es comprendido ahora, se parece no ya a
una gran maquinaria, sino a un inmenso pensamiento.
Vale la pena hacer evidente la paradoja de que, mientras la
física hace ya más de un siglo que abandonó
el modelo mecanicista y newtoniano, las ciencias sociales, políticas
y económicas, y hasta la visión corriente del
mundo expresada como "sentido común", tratando
tal vez de imitar la rigurosidad de aquella disciplina, siguen
ancladas en su perimida versión mecanicista.
Las sucesivas corrientes epistemológicas se alejan cada
vez más de la doctrina de una "realidad objetiva"
y de la observabilidad de los hechos, pretendidas por el inductivismo
y otras corrientes tempranas, para asumir que toda actividad
científica involucra carga teórica, y es inseparable
de los supuestos y creencias del investigador. "Todo acto
de conocer, trae a un mundo a la mano" afirman Humberto
Maturana y Francisco Varela (37).
Mucho más que a conocer el universo tal como es, "la
cosa en si" al decir kantiano, el conocimiento parece hoy
estar orientado a perfeccionar las modelizaciones del mundo,
de tal suerte que permitan mejor la adaptabilidad y desarrollo
del ser humano en su medio.
Aparecen nuevas explicaciones del todo, en los que los fenómenos
no pueden ser comprendidos a partir del análisis fragmentario
de su entorno causal inmediato, sino desde la totalidad y el
orden profundo que vincula todas las cosas a todas las cosas.
Los enfoques del "orden implicado" y el "paradigma
holográfico" de David Bohm, Karl Pribram y otros
científicos contemporáneos (38), explican así
que hechos de superficie, en el mundo de lo explícito
o desplegado, que parecerían no tener conexión
causal inmediata, pueden ser manifestaciones de un mismo fenómeno
en lo profundo, el orden de lo implicado o plegado, -al igual
que islas que aparecen como objetos distintos sobre la superficie
del mar, pero están conectadas por debajo-.
Esto da cuenta de muchas sincronicidades significativas en el
mundo de las ideas o de los hechos.
Los campos formativos de Sheldrake (39), constituyen una teoría
que permite justificar como una vez que un fenómeno novedoso
hace su aparición en el plano de lo manifiesto, el mismo
se torna más facilmente repetible, por medios de una
especie de memoria distribuida en la totalidad.
Estas nuevas visiones del mundo, nacidas del pensamiento avanzado
contemporáneo, muestran profundas similitudes con las
cosmologías religiosas ancestrales, tema que ha sido
desarrollado por F. Capra, F. Varela y otros autores. (40) (41)
Aún en el mundo de lo manifiesto se comienza a reconocer
una complejidad que requiere de nuevos instrumentos de abordaje
conceptual. Para Edgar Morin (42), principal exponente del "pensamiento
complejo", entre estos instrumentos deben considerarse
la teoría de la información, que permite la emergencia
de lo nuevo en forma de información organizada, la teoría
cibernética, con sus lazos de retroalimentación
y sus curvas causales -a diferencia de la causalidad lineal-
y la Teoría General de Sistemas, desarrollada por Ludwig
von Bertalanffy (43), o el enfoque holístico de Gregory
Bateson (44), que parten del principio de que el todo es más
que la suma de las partes y reconoce las cualidades emergentes
de la organización o sinergía
A ellos agrega Morin el principio dialógico, por el que
lo contrario de una verdad no es necesariamente un error, el
principio de recursión organizativa, por el que los efectos
son productores de lo que los produce -tal como el individuo
produce la sociedad que es a su vez su productora- y el principio
hologramático, por el que el todo se halla inscripto
en la parte.
Otra característica relevante de los nuevos marcos conceptuales
es el abandono del disciplinarismo y la superespecialización
excluyentes, para dar lugar a los abordajes transdisciplinarios.
Para Francesco di Castri es precisamente la ecología
la ciencia paradigmática que ha redirigido el pensamiento
del siglo XX hacia la transdisciplinaridad, a fin de poder dar
cuenta de las intrincadas interrelaciones que se presentan entre
la sociedad humana y la naturaleza. Para Di Castri se requiere
una integración vertical y horizontal entre todas las
disciplinas, a través de cuatro niveles que van desde
las ciencias básicas hasta la esfera de la decisión
política, tomando en cuenta la retroalimentación
entre todos ellos (45).
Estas concepciones están implícitas o explícitas
en el conocimiento religioso de todos los tiempos: la creación
como pensamiento y la Mente Primordial en su origen o el surgimiento
del orden a partir del caos.
El pensamiento hologramático se hace evidente en asertos
tales como "lo que está arriba es como lo que está
abajo", simbólicamente representado en la estrella
de David, o en la frase atribuida al iman Alí: "¿Te
consideras sólo una débil forma, cuando dentro
de ti está plegado el universo?"
El proverbio zen "cuando levantas tu meñique repercute
en las estrellas" evoca una relación sistémica
u holística entre todas las cosas del universo, aseveraciones
tales como "la sabiduría es un punto que los ignorantes
han multiplicado" o las múltiples referencias a
la unidad esencial del género humano y a su armonizacion
con las restantes formas creadas, contienen tanto puntos de
contacto con el orden implicado como con la ecología
profunda.
Esto, por citar sólo algunos ejemplos.
Cabe preguntarse, entonces: ¿por qué las cuestiones
espirituales han sido mantenidas fuera del discurso del desarrollo?
Como se ha explicado más arriba, el discurso convencional
del desarrollo es heredero de una cosmovisión materialista
y racionalista moderna, originada en el cisma entre ciencia
y religión iniciado hace algunos siglos en Europa.
A su vez, el discurso cientificista, seguro como estuvo en sus
primeros tiempos de su autoasumida objetividad, ha rechazado
y menospreciado las proposiciones, carentes de "pruebas
objetivas" de las distintas corrientes teológicas
rivales.
A este descrédito del pensamiento religioso contribuyó
sin duda y en gran medida el progresivo deterioro y oscurecimiento
dogmático que los cleros ocasionaron a las enseñanzas
originales.
La historia ha mostrado, sin embargo, que a pesar de tales tergiversaciones
del fenómeno religioso, nacidas de la búsqueda
clerical de poder y del fanatismo, la potencia de los influjos
originales ha sido tan intensa, que ha sido la principal fuente
motora para el surgimiento de vastas civilizaciones, en las
que el desarrollo social y material se dieron integrados al
espiritual, como el caso del Islam, si referimos uno de los
ejemplos más recientes, o el reino budista de Asoka o
el esplendor aqueménida, influenciado por el zoroastrismo.
Tomando en cuenta el actual reconocimiento de la imposibilidad
de separar la investigación científica de los
supuestos y creencias previas de los investigadores, y de lograr
una percepción objetiva, verificable y comunicable de
la "realidad", todo lo que ha logrado el cientificismo,
es crear un nuevo dogmatismo, privando a la cognición
humana de sus potencialidades no racionales.
Si la amplia mayoría de los seres humanos mantienen creencias
religiosas y espirituales que no necesitan ser demostradas,
si el discurso materialista del desarrollo ha llevado a la humanidad
y al ecosistema planetario al estado de crisis extrema, y si
el mismo pensamiento "científico" está
progresivamente reconociendo la necesidad de explorar nuevos
abordajes conceptuales para dar cuenta de una complejidad física,
biológica y social antes insospechada que el paradigma
mecanicista y lineal ya no puede penetrar, es dable pensar entonces
que el signo característico para la era de síntesis
o madurez colectiva humana en el eje de la cognición,
es un diálogo cada vez más intenso entre ciencia
y religión, y la integración de las facultades
racionales con las simbólico-intuitivas de la mente humana.
Pero se trata de una nueva forma de religión, libre de
cleros y dogmatismos, fuertemente comprometida con la equidad
social y que abandone todo resabio de la idea paralizante que
justificó por siglos la miseria, como algo inevitable
que soló podría ser resarsido en el otro mundo.
Por su parte la actividad científica, también
deberá ser objeto de una revisión profunda. El
afán de justicia tendrá que reorientarla al bienestar
de la generalidad de la humanidad y no al aumento de las ventajas
tecnológicas de minorías privilegiadas. "Si
esta actividad es vista principalmente como propiedad exclusiva
de élites residentes en un número reducido de
naciones, es obvio que la brecha que tal planteo ya ha creado
entre los ricos y los pobres de la Tierra, no hará sino
agrandarse"... "Si la mayoría de la humanidad
continúa siendo considerada meramente consumidora de
productos de ciencia y tecnología creados en alguna otra
parte, entonces los programas ostensiblemente diseñados
para atender sus necesidades, no pueden ser, con justicia, denominados
desarrollo"... "Instrumentos de cambio social y económico
tan poderosos deben dejar de ser patrimonio de segmentos sociales
aventajados y deben organizarse de modo que permite a la gente
de todas partes participar en dicha actividad, de acuerdo a
la capacidad" (46).
XV. Conclusión.
El paradigma mecanicista y cartesiano, y las ideas de progreso
de base materialista que de él se derivaron, están
agotados.
El desarrollo, entendido como crecimiento económico y
mera mejora de condiciones materiales, ha caido en contradicciones
que, abordadas desde su propia lógica, son insalvables.
Asistimos al derrumbe de un orden institucional responsable
de crecientes injusticias sociales, de un acelerado deterioro
del ambiente, y de permanentes conflictos, discriminación
y divisionismo.
Simultaneamente, y expandiendose tanto más aceleradamente
cuanto más estrepitoso se torna el derrumbe del antiguo
modelo, poderosas energías latentes en la conciencia
colectiva de la humanidad comienzan a desplegarse, siendo uno
de sus signos el surgimiento de millares de organizaciones de
la sociedad civil.
Un nuevo paradigma, que reconoce la profunda interdependencia
de todos los pueblos del planeta en su maravillosa diversidad,
y la de éstos con la compleja trama ecosistémica,
y que concilia las potencialidades racionales e intuitivas,
científicas y espirituales de la humanidad, está
emergiendo.
Tal visión del mundo, a diferencia de las que la precedieron,
no deriva de un fragmento selecto del género humano,
sino que está siendo edificada por todos los habitantes
del planeta, que inician así su historia como un solo
pueblo, en dirección a la constitución de una
civilización planetaria, cuyo signo es la unidad mundial
en diversidad.
En este punto de inflexión inédito de la historia,
que constituye el pasaje de la humanidad a su madurez definitiva,
comienza a desplegarse una nueva concepción del desarrollo,
con respecto a la cual todos los pueblos y naciones del mundo,
están, hasta hoy, subdesarrollados.
No todo lo que ha dejado el viejo desarrollo es negativo: privado
de múltiples dimensiones que han sido sacrificadas a
la material, ha permitido no obstante la adquisisición
de capacidades científicas y tecnológicas, que
dotan a la humanidad de medios físicos para su integración.
Ellos, podrán ser útiles, reorientados más
equitativamente, en el proceso de unificación espiritual
de la humanidad.
El desarrollo se encuentra así en un tránsito
no lineal hacia una redefinición sustancial.
Puede proponerse, que todo emprendimiento humano estará
tanto más orientado al estilo de desarrollo emergente,
cuanto mejor y en mayor medida posea las propiedades de ser:
1) De base participativa, involucrando activamente como actores
a todos y cada uno de los miembros de la comunidad de referencia.
Tal involucramiento debe partir desde la misma instancia de
percepción y definición del problema a abordar,
e inclusive en la generación y consensuamiento de los
conocimientos necesarios para tal abordaje.
2) Concebido dentro de la visión de unidad mundial en
diversidad, es decir, articulando la genuina expresión
cultural y comunitaria locales -lo que asegura la diversidad
propia del emprendimiento- con un reconocimiento y respeto de
las restantes diversidades, originado en el sentimiento de ciudadanía
mundial -que garantiza su armonización con suprasistemas
humanos mayores y concéntricos, hasta abarcar el planeta
entero-.
3) Nutrido en una medida igualitaria, en cuanto a derechos y
oportunidades, de la participación de mujeres y hombres,
cooperando e integrando sus respectivas percepciones de la realidad
y capacidades, en la desinteresada procura del beneficio del
conjunto.
4) Dotado de un espíritu y metodología consultivos
en todo proceso de toma de decisión, evitando el predominio
y control por parte de individuos o facciones, y toda forma
de partidismo, competencia o conflicto, promoviendo en cambio
el liderazgo distribuido y comunitario, y otorgando máxima
prioridad a la unidad entre todos los actores del proceso.
5) Comprometido con el logro de resultados, pero flexible y
adaptable mediante permanente monitoreo y retroalimentaciones
correctivas, de forma tal que, aunque tales resultados previstos
no puedan lograrse siempre, el emprendimiento resulte en todos
los casos un espacio de aprendizaje colectivo y de consolidación
comunitaria, en el contexto de una relación de recursividad
entre transformación individual y grupal.
6) Cimentado en las potencialidades integrales del ser humano,
no solo en cuanto a sus facultades racionales, sino también
en los penetrantes poderes que derivan de su percepción
intuitiva y espiritual del mundo.
7) Inspirado en un marco conceptual holístico y apoyado
en un abordaje transdisciplinario, que reconozcan la complejidad
e interdependencia de todos los elementos, sistemas y niveles
interactuantes, compatible así con el equilibrio de la
sutil trama ecosistémica, y ajeno a todo intento simplificatorio,
fragmentario, mecanicista o lineal, aún cuando esto lo
prive de la posibilidad de cuantificación, de mensurabilidad
o de modelización matemática.
8) Orientado por criterios de moderación, frugalidad,
descentralización y desaliento de toda forma de consumismo,
de tal forma que tales criterios, junto con la multiplicidad
de visiones involucradas en la participación, garanticen
la sustentabilidad ambiental y la equidad social en modo intrínseco
a la naturaleza del emprendimiento, y no como solución
de compromiso agregada.
9) Dirigido al cultivo de las "ilimitadas potencialidades
latentes en la conciencia humana", es decir no unilateralmente
a la mejora de las condiciones materiales, -"la riqueza"-,
sino a una potenciación armónica, sinérgica
y contínua del conjunto de "las riquezas",
la mayoría de ellas intangibles, que se corresponden
con las múltiples dimensiones de la realidad individual
y social humana.
Referencias
(1) Manfred Max-Neef y Antonio
Elizalde, "Sociedad Civil y Cultura Democrática,
mensajes y paradojas", CEPAUR, Santiago de Chile
(2) Morris Berman, "El Reencantamiento del Mundo",
Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1995
(3) Arnold Toynbee, "Estudio de la Historia", Compendio
de Somervell, Planeta-Agostini, Barcelona, 1985
(4) Shoghi Effendi, "El Desenvolvimiento de la Civilización
Mundial", EBILA, Buenos Aires, 1972 y "Llamado a las
naciones", EBILA, Buenos Aires, 1978
(5) Pierre Teilhard de Chardin, "Génesis de un pensamiento",
Taurus, Madrid, 1965
(6) W. Rostow, "The stages of economic growth. A non-communist
manifesto", Cambridge University Press, 1960
(7) Theodore Schultz, "Transforming traditional agriculture",
Chicago, The University of Chicago Press, 1964
(8) Mc Námara, discurso dado en Nairobi, 1974
(9) Robert Ayres, "Banking on the poor. The World Bank
and World Poverty", Massachussetts, The MIT Press, 1985
(10) Paul Streeten, "Growth redistribution and basic human
needs", en "The challenge of urban poverty",
Vol I, Deutsche Stifung Fur Internationale Entwick Lung Dse,
1987
(11) Dennis Rondinelli, "Development projects as policy
experiments. An adaptative approach to development", New
York, Metheun, 1983
(12) Susan George, "How the other half dies. The real reasons
for the world hunger", Rowan and Allanheld, 1977
(13) E. F. Schumacher, "Lo pequeño es hermoso",
8va edición, 1ra en castellano, España, Blumme,
1980
(14) Lester Brown, "El estado del mundo 1984", Worldwatch
Institute, Canadá, 1984
(15) CEPAL, "Economía y ecología: dos ciencias
y una responsabilidad frente a la naturaleza", Lima, Perú,
1994
(16) Boutros Ghali, discurso inaugural de la CNUMAD, pronunciado
en Rio de Janeiro el 3 de junio de 1992
(17) Axet Dourojeanni, "Procedimientos de gestión
para el desarrollo sustentable", Serie ensayos ILPES, Santiago
de Chile, 1989
(18) U.S. Working Group on Global Energy Efficiency: Levine,
Gadgil, Meyers, Sathaye, Stafurik and Wilbanks, "Energy
efficiency, developing nations ane Eastern Europe", International
Institute for Energy Conservation, Washington, 1991
(19) Thoms Khun, "La estructura de las revoluciones científicas",
Fondo de Cultura Económica, México, 1971
(20) PNUD, "Informe sobre el desarrollo humano", 1999
(21) Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde, Martín Hopenhayn,
"Desarrollo a Escala Humana", Icaria, Barcelona, 1994
(22) Ilya Prigogine, "Las leyes del caos", Grijalbo-Mondadori,
Barcelona, 1997
(23) Bahá í International Community, "Quien
está escribiendo el futuro? Reflexiones sobre el Siglo
XX", EBILA, Buenos Aires, 1999
(24) Victor Frankl, "El hombre en busca de sentido"
(25) (27) (28) (32) (33) (46) Bahá í International
Community, "La prosperidad de la humanidad", DEPAZ,
Universidad Nur y EBILA, Santa Cruz de la Sierra, 1995
(26) Edgar Morin, "La Tierra como patria", El Correo
de la UNESCO, Noviembre 1995
(29) Paul Ekins, "Una noción subversiva", El
Correo de la UNESCO, Enero 1998
(30) UNESCO, "Manifiesto de Sevilla sobre la violencia",
Centre UNESCO de Catalunya, Barcelona, 1992
(31) Manfred Max-Neef y Antonio Elizalde, "Programa y reflexiones
para las instituciones del mundo
contrahegemónico", CEPAUR, Santiago de Chile.
(34) (35) John Gribbin, "En busca del gato de Schrödinger",
Salvat, Barcelona, 1985
(36) Arthur Koestler, Arnold Toynbee y otros, "La vida
después de la muerte", Sudamericana, Buenos Aires,
1977
(37) Humberto Maturana y Francisco Varela, "El arbol del
conocimiento", Debate, Madrid, 1999
(38) David Bohm, "La totalidad y el orden implicado",
David Bohm, Karl Pribram y otros "El paradigma holográfico",
Kairós, Barcelona, 1989
(39) Rupert Sheldrake, "Siete experimentos que pueden cambiar
el mundo", Kairós, Barcelona
(40) Fritjof Capra, "El Tao de la física",
Sirio, Málaga, 1997
(41) Francisco Varela, E. Thompson, E. Rosch, "De cuerpo
presente", Gedisa, Barcelona, 1992
(42) Edgar Morin, "Por una reforma del pensamiento",
El Correo de la UNESCO, Febrero 1996
(43) Ludwig von Bertalanffy, "La teoría general
de los sistemas", Fondo de Cultura Económica, México,
1995
(44) Gregory Bateson, "Pasos hacia una ecología
de la mente", Lohlé-Lumen, Buenos Aires, 1998
(45) Francesco di Castri, "La ecología moderna:
génesis de una ciencia del hombre y de la naturaleza",
El Correo de la UNESCO, Abril 1981