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"El mundo está prisionero
de su propia actividad, excepto cuando los actos se realizan con
devoción."
Bhagavad Gita
El mundo es una prisión hecha
por el hombre. Las murallas están construidas por las acciones
que este lleva a cabo. Los cimientos son el egoísmo, intereses
partidarios y la lucha por el poder.
Los ladrillos: la guerra, el genocidio,
la discriminación, la destrucción del medio ambiente,
el arrasamiento de las culturas, el consumismo exagerado, la destrucción
de los derechos humanos, la explotación de los niños,
la aniquilación de la educación, los prejuicios
raciales y étnicos, los extremos de la pobreza y la riqueza,
el individualismo despótico.
Y la lista es muy larga, tan larga
que la muralla está a punto de tapar al sol, fuente de
la existencia. Ese que hace nacer y florecer la verdadera esencia
de la humanidad, las virtudes y los actos puros.
La oscuridad está marchitando
la vida.
Sólo depende de estos actos
de devoción romper con esta estructura maléfica
hecha por el hombre.
Por medio de un acto puro y de voluntad
consultiva podemos comenzar con abrir una ventana hacia la vida,
hacia la paz, hacia las virtudes y las potencialidades del ser
humano.
Con las acciones puras y libres del
egoísmo y con la mirada hacia el beneficio de todos podemos
lograr revivir este mundo agotado.
¿Es probable que los actos
de devoción surjan a través de las organizaciones
alentadas por nuevos valores?
Una cosa es segura y es que los procesos
participativos pueden ser la base.
¿Pero cuál puede ser
el espíritu y método de una participación
que no sea una vez más la lucha de poderes, la búsqueda
de predominio de unos egos sobre otros?
¿Cómo podemos redefinir las relaciones humanas,
para priorizar el nosotros, por sobre el yo? ¿En definitiva,
cómo podemos redefinir el poder, de aquel caracterizado
por relaciones en las que unos pocos se benefician a expensas
de los demás, a aquel otro que surge de aquella realidad
mayor a las partes que se construye junto con los otros?
Y en definitiva, ¿en base a
qué pacto, qué valores lo haremos?
¿Acaso necesitaremos
un nuevo pacto social, una nueva ética global, y nuevas
instituciones que nazcan inspiradas en ellos?
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