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Resignificando el Desarrollo



CAMBIO CULTURAL O CAMBIO CLIMÁTICO

Por Lucio Capalbo
lcapalbo@unida.org.ar


"El Pentágono advierte a Bush sobre una catástrofe climática.
Dice que los cambios en el clima podrían generar megasequías, migraciones masivas y guerras -algunas nucleares- en las próximas décadas. Y plantea que la amenaza es mayor a la del terrorismo. Los cambios climáticos de los próximos 20 años podrían generar una catástrofe mundial que costará millones de vidas en guerras y desastres naturales.
"

El párrafo anterior pertenece a un informe secreto elaborado por el Pentágono, silenciado por los responsables estadounidenses de Defensa y obtenido por The Observer, tal como lo señala El Clarín del 24 de febrero de 2004.

Recibimos la noticia con sorpresa y curiosidad.
Con recursos algo más limitados, esto es algo que pequeñas ONG´s del sur del planeta ya sabíamos hace más de quince años...






Reproducimos un ya "antiguo" artículo sobre la temática.


Hasta hace pocos años, la comunidad científica internacional consideraba que el llamado "efecto invernadero" era sólo una hipótesis probable. Se promovía el "principio precautorio" que decía: "no sabemos si habrá calentamiento de la Tierra, pero debemos actuar como si lo fuera a haber, ya que si esperamos a constatarlo, será entonces muy tarde para actuar".

Hoy, para la comunidad científica el "efecto invernadero", que provocará el llamado "cambio climático global", es un hecho constatado.

Nuestra actividad libera crecientes cantidades de sustancias termoactivas, que como su nombre lo indica, contribuyen al calentamiento de la Tierra. La principal de ellas es el dióxido de carbono (CO2) que está presente en toda combustión: desde las hornallas de nuestras cocinas hasta las grandes centrales eléctricas que queman hidrocarburos, pasando por los automotores. Hay otras sustancias termoactivas generadas por el hombre: el metano (CH4) que se libera en escapes de tuberías de combustible y en los arrozales, los clorofluorocarbonos -también responsables de destruir el ozono-, los compuestos nitrogenados, el vapor de agua.

Todas ellas se estabilizan a cierta altura en la atmósfera, y actúan ni más ni menos que como el vidrio de un invernadero "atrapando" el calor. En efecto, la radiación ingresa libremente, pero cuando la Tierra intenta devolver el calor en forma de radiación infrarroja, estos termoactivos actúan como una barrera. Esto se debe a que vibran en la frecuencia de la onda infrarroja, y al vibrar rozan con otras moléculas de la atmósfera, generando calor que se reemite a la Tierra.

Y así, nuestra atmósfera ha comenzado lentamente a calentarse. La concentración de dióxido de carbono se incrementó en un 30 % desde el inicio de la era industrial, y la temperatura media mundial, consecuentemente, es hoy algunas décimas de grado por sobre los valores normales. En los últimos 15 años han tenido lugar los 5 años más calurosos desde que existen registros meteorológicos.

Pero este calentamiento es cada vez más acelerado. Se estima que a mediados del siglo XXI, nuestro planeta tendrá un clima entre 2 y 3 grados celcius más cálido.

Qué consecuencias produce esto? Si bien habrá más evapotranspiración global, aumentando el régimen de lluvias, estas se distribuirán en forma diferente. Muchas regiones que hoy son fértiles podrían pasar a ser desiertos, y otras hoy secas pasarán a ser lluviosas, muchas serán mas cálidas, algunas mas frías, sin dar tiempo a que las comunidades animales y vegetales puedan transladarse.

Las sequias y la desertificación obligarán a pueblos pobres a talar más árboles, reduciendo aún más la ya diezmada masa forestal del planeta. Como los árboles en crecimiento ayudan a absorber el dióxido de carbono, esto reforzaría aún más el efecto invernadero.

Por otra parte, el calentamiento global, producirá el derretimiento de los hielos continentales (fenómeno que muchos científicos antárticos consideran que ya ha comenzado, con desprendimientos de enormes masas de hielo). Estos hielos al licuarse, elevarán el nivel del mar un metro y más durante el siglo XXI, con la consecuencia de anegamiento de áreas costeras, en particular los deltas (el Rio de la Plata entre ellos) y salinización de las aguas dulces, por mayor presión marina.

Habrá decenas, tal vez cientos de millones de refugiados ambientales.
También la destrucción del ozono refuerza el efecto invernadero. Al pasar más radiación ultravioleta, el plancton de los océanos se destruye, y así merma otro de los recursos que tiene el planeta para absorber el dióxido de carbono.

¿Qué podemos hacer para evitar esta, posiblemente la mayor calamidad ambiental, por sus dimensiones universales?
Las comisiones especializadas de los gobiernos proponen medidas pragmáticas y técnicas: controlar las emisiones de dióxido de carbono y demás termoactivos, según los convenios suscriptos en
Rio 92 y otros foros internacionales, y aumentar las medidas de eficiencia energética. En resumen: tratan de seguir fomentando el consumo y la producción, con algunas medidas paliativas(1).

Sin embargo, las proyecciones de estas líneas de acción, aún cuando fueran universalmente acatadas y aplicadas, solo muestran que los niveles de contaminación y elevación de la temperatura, apenas tardarán una o dos décadas más en alcanzarse. Más que una verdadera solución, la aplicación de medidas pragmáticas y técnicas, solo permite ganar algo de tiempo.

La verdadera solución es, en cambio, una drástica reducción en los patrones de consumo. Para ello se necesita llevar la cuestión a nivel de principios. Cuestionar el consumismo, y abandonar la idea de que el progreso y el desarrollo requieren de producir más y más.

Se trata de cambiar el eje del desarrollo: ya no el crecimiento económico como única meta -que por otra parte solo beneficia a un sector cada vez más reducido de la humanidad- sino un desarrollo que priorice los valores humanos, la participación, la justicia, la equidad social, la diversidad cultural y la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres.

En definitiva, abandonar el sentido materialista de la existencia humana, y poner en el centro la dimensión espiritual de los pueblos, entendida como servicio y participación universales. El futuro ya no puede continuar siendo escrito por algunos privilegiados, hoy está en manos de todos cuantos habitamos en la Tierra.

Seremos capaces de reaccionar a tiempo?
Los procesos de globalización siguen avanzando ciegamente. Pronto nos daremos cuenta de que por ese camino habremos tonado nuestro planeta, en un mundo inhabitable. Hay otra opción: la de la Unidad Mundial en Diversidad.
Para quien sabe mirar bien, la única que queda.


(1)Hoy existen los así llamados "Mecanismos de Desarrollo Limpio", por los cuales, un país cuyo sector industrial desee producir y contaminar más, esto es, por sobre los cupos establecidos por el Protocolo de Kioto, puede comprar bonos de carbono a otro país en el cual, por el contrario, un emprendimiento "verde" podría servir de sumidero al dióxido. De este modo, los ricos pagan para poder seguir contaminando, y el "sur" se beneficiaría con el ingreso de divisas. Resultado: menor ralentización del efecto invernadero, con respecto a la que se lograría si el emprendimiento "verde" se hiciera igual, pero no pudieran transferirse permisos de contaminación al norte. Estos MDL se me antojan como un enfermo de cáncer de pulmón, que recibiendo la noticia de que gracias a la terapia el tumor remitió, "aprovecha" para fumar un poco mas

 

 




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Boletín Unid@s
Publicación de Fundación UNIDA
Año 1 Número 2
Abril 2004
Coordinación Editorial: Haleh Maniei
Secretaría de Redacción: Eva Cajigas
Diseño y Realización: Adrian Scalise
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Lucio Capalbo, Roberto Grana, Horacio Ravenna, Fabián Román, Horacio Russo, Sebastián Valverde, Clarisa Voloschin.

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