"El Pentágono advierte a Bush sobre una catástrofe
climática.
Dice que los cambios en el clima podrían generar megasequías,
migraciones masivas y guerras -algunas nucleares- en las próximas
décadas. Y plantea que la amenaza es mayor a la del terrorismo.
Los cambios climáticos de los próximos 20 años
podrían generar una catástrofe mundial que costará
millones de vidas en guerras y desastres naturales."
El párrafo anterior pertenece a un informe
secreto elaborado por el Pentágono, silenciado por los
responsables estadounidenses de Defensa y obtenido por The Observer,
tal como lo señala El Clarín del 24 de febrero
de 2004.
Recibimos la noticia con sorpresa y curiosidad.
Con recursos algo más limitados, esto es algo que pequeñas
ONG´s del sur del planeta ya sabíamos hace más
de quince años...
Reproducimos un ya "antiguo" artículo sobre
la temática.
Hasta hace pocos años, la comunidad científica
internacional consideraba que el llamado "efecto invernadero"
era sólo una hipótesis probable. Se promovía
el "principio precautorio" que decía: "no
sabemos si habrá calentamiento de la Tierra, pero debemos
actuar como si lo fuera a haber, ya que si esperamos a constatarlo,
será entonces muy tarde para actuar".
Hoy, para la comunidad científica el "efecto
invernadero", que provocará el llamado "cambio
climático global", es un hecho constatado.
Nuestra actividad libera crecientes cantidades
de sustancias termoactivas, que como su nombre lo indica, contribuyen
al calentamiento de la Tierra. La principal de ellas es el dióxido
de carbono (CO2) que está presente en toda combustión:
desde las hornallas de nuestras cocinas hasta las grandes centrales
eléctricas que queman hidrocarburos, pasando por los
automotores. Hay otras sustancias termoactivas generadas por
el hombre: el metano (CH4) que se libera en escapes de tuberías
de combustible y en los arrozales, los clorofluorocarbonos -también
responsables de destruir el ozono-, los compuestos nitrogenados,
el vapor de agua.
Todas ellas se estabilizan a cierta altura en
la atmósfera, y actúan ni más ni menos
que como el vidrio de un invernadero "atrapando" el
calor. En efecto, la radiación ingresa libremente, pero
cuando la Tierra intenta devolver el calor en forma de radiación
infrarroja, estos termoactivos actúan como una barrera.
Esto se debe a que vibran en la frecuencia de la onda infrarroja,
y al vibrar rozan con otras moléculas de la atmósfera,
generando calor que se reemite a la Tierra.
Y así, nuestra atmósfera ha comenzado
lentamente a calentarse. La concentración de dióxido
de carbono se incrementó en un 30 % desde el inicio de
la era industrial, y la temperatura media mundial, consecuentemente,
es hoy algunas décimas de grado por sobre los valores
normales. En los últimos 15 años han tenido lugar
los 5 años más calurosos desde que existen registros
meteorológicos.
Pero este calentamiento es cada vez más
acelerado. Se estima que a mediados del siglo XXI, nuestro planeta
tendrá un clima entre 2 y 3 grados celcius más
cálido.
Qué consecuencias produce esto? Si bien
habrá más evapotranspiración global, aumentando
el régimen de lluvias, estas se distribuirán en
forma diferente. Muchas regiones que hoy son fértiles
podrían pasar a ser desiertos, y otras hoy secas pasarán
a ser lluviosas, muchas serán mas cálidas, algunas
mas frías, sin dar tiempo a que las comunidades animales
y vegetales puedan transladarse.
Las sequias y la desertificación obligarán
a pueblos pobres a talar más árboles, reduciendo
aún más la ya diezmada masa forestal del planeta.
Como los árboles en crecimiento ayudan a absorber el
dióxido de carbono, esto reforzaría aún
más el efecto invernadero.
Por otra parte, el calentamiento global, producirá
el derretimiento de los hielos continentales (fenómeno
que muchos científicos antárticos consideran que
ya ha comenzado, con desprendimientos de enormes masas de hielo).
Estos hielos al licuarse, elevarán el nivel del mar un
metro y más durante el siglo XXI, con la consecuencia
de anegamiento de áreas costeras, en particular los deltas
(el Rio de la Plata entre ellos) y salinización de las
aguas dulces, por mayor presión marina.
Habrá decenas, tal vez cientos de millones
de refugiados ambientales.
También la destrucción del ozono refuerza el efecto
invernadero. Al pasar más radiación ultravioleta,
el plancton de los océanos se destruye, y así
merma otro de los recursos que tiene el planeta para absorber
el dióxido de carbono.
¿Qué podemos hacer para evitar esta,
posiblemente la mayor calamidad ambiental, por sus dimensiones
universales?
Las comisiones especializadas de los gobiernos proponen medidas
pragmáticas y técnicas: controlar las emisiones
de dióxido de carbono y demás termoactivos, según
los convenios suscriptos en
Rio 92 y otros foros internacionales, y aumentar las medidas
de eficiencia energética. En resumen: tratan de seguir
fomentando el consumo y la producción, con algunas medidas
paliativas(1).
Sin embargo, las proyecciones de estas líneas
de acción, aún cuando fueran universalmente acatadas
y aplicadas, solo muestran que los niveles de contaminación
y elevación de la temperatura, apenas tardarán
una o dos décadas más en alcanzarse. Más
que una verdadera solución, la aplicación de medidas
pragmáticas y técnicas, solo permite ganar algo
de tiempo.
La verdadera solución es, en cambio, una
drástica reducción en los patrones de consumo.
Para ello se necesita llevar la cuestión a nivel de principios.
Cuestionar el consumismo, y abandonar la idea de que el progreso
y el desarrollo requieren de producir más y más.
Se trata de cambiar el eje del desarrollo: ya
no el crecimiento económico como única meta -que
por otra parte solo beneficia a un sector cada vez más
reducido de la humanidad- sino un desarrollo que priorice los
valores humanos, la participación, la justicia, la equidad
social, la diversidad cultural y la igualdad de oportunidades
para mujeres y hombres.
En definitiva, abandonar el sentido materialista
de la existencia humana, y poner en el centro la dimensión
espiritual de los pueblos, entendida como servicio y participación
universales. El futuro ya no puede continuar siendo escrito
por algunos privilegiados, hoy está en manos de todos
cuantos habitamos en la Tierra.
Seremos capaces de reaccionar a tiempo?
Los procesos de globalización siguen avanzando ciegamente.
Pronto nos daremos cuenta de que por ese camino habremos tonado
nuestro planeta, en un mundo inhabitable. Hay otra opción:
la de la Unidad Mundial en Diversidad.
Para quien sabe mirar bien, la única que queda.
(1)Hoy existen los así llamados
"Mecanismos de Desarrollo Limpio", por los cuales,
un país cuyo sector industrial desee producir y contaminar
más, esto es, por sobre los cupos establecidos por el
Protocolo de Kioto, puede comprar bonos de carbono a otro país
en el cual, por el contrario, un emprendimiento "verde"
podría servir de sumidero al dióxido. De este
modo, los ricos pagan para poder seguir contaminando, y el "sur"
se beneficiaría con el ingreso de divisas. Resultado:
menor ralentización del efecto invernadero, con respecto
a la que se lograría si el emprendimiento "verde"
se hiciera igual, pero no pudieran transferirse permisos de
contaminación al norte. Estos MDL se me antojan como
un enfermo de cáncer de pulmón, que recibiendo
la noticia de que gracias a la terapia el tumor remitió,
"aprovecha" para fumar un poco mas